Narcojet: la droga llegó en camiones

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INFORMACION GENERAL

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Domingo 27 de febrero de 2011

EL TRAFICO DE 944 KG DE COCAINA A ESPAÑA s LOS JULIA SE REUNIERON CON NARCOS EN SANTA CRUZ DE LA SIERRA

FOTOS DE SANTIAGO HAFFORD/ENVIADO ESPECIAL

El coronel Amurrio Ordoñez, jefe antinarcóticos boliviano, que investiga el narcojet; Osorio Torres, un narco colombiano vinculado con el caso; secuestro de 29 camionetas O km que serían del cartel de Osorio Torres

Narcojet: la droga llegó en camiones Continuación de la Pág.1, Col. 5 colaboradores de los empresarios detenidos en Barcelona, España, aseguraron que la reunión se concretó en este complejo cinco estrellas, de amplios jardines poblados de palmeras, estilo colonial y lujo asiático, que cuenta con todos los servicios y el confort de un hotel de esta categoría. No fue casual que saliera de esta zona de Bolivia, casi invadida hoy por los carteles colombianos, la cocaína que la policía española secuestró cuando el moderno jet de los hermanos Juliá aterrizó en El Prat, Barcelona. Según un fiscal boliviano que fue consultado por LA NACION y que solicitó mantener su nombre en reserva, después de Colombia, en el Departamento de Santa Cruz de la Sierra se concentra la mayor cantidad de laboratorios clandestinos para la producción de clorhidrato de cocaína de alta calidad, de América del Sur. Según el coronel Gonzalo Quesada, director nacional de la Fuerza Espe-

La droga en números

15 fueron los detenidos durante la operación Tormenta Blanca. Entre ellos hay tres colombianos, uno de los cuales estaría involucrado con el grupo que contrató a los hermanos Juliá.

US$ 2500 Es la suma que cuesta el kilogramo de clorhidrato de cocaína de alta calidad, que es elaborada en laboratorios clandestinos instalados por colombianos en ciudades de Bolivia.

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30.000

Es el monto que aproximadamente pagan los traficantes de drogas europeos por cada kilogramo de clorhidrato de cocaína de alta pureza que salió de Bolivia y pasó por la Argentina.

de Sustancias Controladas había iniciado una investigación en las últimas horas, por pedido de las autoridades españolas. “No me compete a mí hablar de carteles de la droga, aunque sostengo lo que dijo mi jefe, el coronel Quesada”, afirmó Amurrio Ordoñez, vestido con chaleco antibalas, con la pistola 9 mm en la sobaquera y custodiado por agentes con ropa de fajina y que no dejaban de mostrar sus fusiles FAL.

Han jurado venganza Semejante despliegue de medidas de seguridad y armamento no es casual. En Santa Cruz de la Sierra los narcotraficantes han jurado venganza contra la policía y los fiscales que allanaron cinco laboratorios con capacidad para producir 100 kilogramos diarios de clorhidrato de cocaína en los últimos tres meses. La semana pasada los representantes del Ministerio Público se reunieron con los representantes del Ministerio de Gobierno de la Nación en esta ciudad, para denunciar que tenían la información que indicaba que los narcotraficantes iban a cometer atentados con bombas contra los fiscales que encabezaron las investigaciones de los tres casos grandes en los que se desbarataron fábricas de cocaína. Uno de esos casos se conoció como Tormenta Blanca. Uno de los detenidos por este hecho fue el mencionado Osorio Torres. También fue apresado el teniente de la Felcn, Julio René Navia, a quien el ministro de Gobierno boliviano, Sacha Llorenti, calificó como “integrante de una familia de delincuentes”. Tal afirmación se fundó en el hecho de que el padre del subteniente Navia es un coronel de la Felcn que también fue procesado por su colaboración con bandas de narcotraficantes. Durante la audiencia que anteayer presenció este enviado en el sexto piso del Palacio de Justicia, se determinó que Navia, que fue a tribunales con una fuerte custodia y vestido con un chaleco antibalas por miedo a que lo asesinen, siga preso junto con Osorio Torres, el supuesto nexo de los Juliá, en el penal de Palmasola. Al subteniente Navia lo acusaron de haber cobrado US$ 1.500.000 para dejar pasar droga por el aeropuerto internacional de Viru Viru.

Otros sospechosos

cial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn), se inició una investigación preliminar para tratar de establecer los vínculos entre un grupo de colombianos que está operando en la zona de Santa Cruz de la Sierra. Uno de ellos, identificado como Jesús María Osorio Torres, fue detenido cuando intentaba pasar 174 kilogramos de cocaína por el aeropuerto internacional Viru Viru. “Tenemos la hipótesis de que Osorio Torres es uno de los representantes más importantes del cartel del Norte del Valle en la región y estaría relacionado con otro colombiano, Díaz Vélez”, indicó Quesada, desde La Paz. En una conversación que mantuvo con LA NACION, el coronel Fernando Amurrio Ordoñez, a cargo de la delegación de la Felcn, en Santa Cruz de la Sierra, refirmó los dichos de su superior y admitió que la Fiscalía

A Osorio Torres, un ex defensor del Deportivo Independiente Medellín, de 51 años, y a Díaz Vélez, la policía boliviana agregó los nombres de otros dos sospechosos de integrar el grupo que habría contratado a los Juliá. Se trata de Guillermo Giraldo y John Jairo. El caso de Giraldo es el más llamativo. En la agenda del teléfono de Gustavo Juliá que la policía española le secuestró en Barcelona, aparecían dos números, uno con característica de La Paz, a nombre de Henry, y otro con característica de Santa Cruz de la Sierra, a nombre de MEM. Según uno de los investigadores consultados ayer por LA NACION, el número que figura a nombre de MEM correspondería a Memo, tal el sobrenombre de Guillermo, igual que en el caso de Henry. Por tal motivo, la policía boliviana ya comenzó a investigar si ese teléfono corresponde al mencionado sospechoso. Este cronista llamó a esa línea, pero nadie respondió.

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SANTIAGO HAFFORD/ENVIADO ESPECIAL

El hotel cinco estrellas Los Tajibos, el escenario donde se reunieron los narcotraficantes colombianos con los hermanos Juliá

Los hermanos Juliá simulaban un exitoso crecimiento de su actividad En el entorno atribuían el incremento patrimonial a que habían conseguido un cliente poderoso LORELEY GAFFOGLIO LA NACION Los allegados y amigos de la familia Juliá se aferran a una única convicción en medio del marasmo en que los sumió el tráfico de 944 kilos de cocaína a Barcelona: la certeza de que Gustavo y Eduardo Juliá simulaban ante su familia y su círculo íntimo un quehacer empresarial que, hoy rozando el grotesco, exageraba su legalidad y se jactaba de un inesperado golpe de suerte. Ni sus otros dos hermanos, Guillermo y Ricardo (comodoro pasado a disponibilidad, el primero, y ex agente de la SIDE, el segundo, procesado por falso testimonio y luego sobreseído en la causa por la muerte de Carlos Menem hijo), ni sus esposas e hijos jamás sospecharon una arista de ilegalidad en sus quehaceres empresariales, según afirmaron sus allegados a LA NACION. Ello, a pesar de que en el último año, su incremento patrimonial había sido por demás ostensible. Al menos a los ojos de los vecinos, que veían cómo de la casona de Perú 1256, en las barrancas de Acassuso, entraban y salían autos alemanes (BMW X6 gris y Audi Q5 blanco), cuando antes la familia se movía en vehículos de marcas nacionales. Todo en la misma casa que durante una década se negó a pagar los $ 800 mensuales en seguridad que brinda la cooperativa Siempre Alerta. Tan insospechado era su vínculo con el narcotráfico colombiano que, días antes de la detención de los Juliá en El Prat, su hermano Guillermo, de 52 años, desde Punta del Este hacía público su por entonces único desvelo: su inminente y esperado ascenso a brigadier. “Si no me ascienden, pido el retiro”, se envalentonaba diciendo el comodoro ante sus amigos, días antes de Año Nuevo. En Buenos Aires, en tanto, el devenir familiar de los Juliá transcurría como de costumbre. Amelia Domínguez, la mujer de

MAXIE AMENA

Ahora se nota mayor movimiento en la casa de Gustavo Juliá Gustavo, ambos de 48 años, que lo esperaba para salir de vacaciones, celebraba el título de licenciada en administración de empresas de la Universidad de San Andrés, de su hija mayor, Eugenia o “Maiu” para los íntimos, y el buen rumbo estudiantil de sus otros tres hijos varones. Con un promedio destacado, la primogénita, de 22 años, quien también estudia arquitectura en la UBA, fue siempre una estudiante ejemplar y destacada deportista, al igual que su padre, ex esgrimista y rugbier convertido en un competitivo triatlonista. “Los hijos de Juliá nunca mostraron las estridencias del dinero mal habido. «Maiu» a veces iba en bici a la universidad, a pesar de que los chicos tienen un Peugeot 207 para su uso; hasta llevaba su propia vianda y participaba en tareas solidarias como las de Un Techo para Mi País”, según la recuerdan. Muchos de sus compañeros la envidiaron el año pasado cuando, gracias a los US$ 30.000 de reserva anticipada, su padre le aseguró la vacante para un intercambio estudiantil en la uni-

versidad suiza de St. Gallen. Allí se instaló durante seis meses y, de paso, despuntó el vicio del snowboard y del esquí en los Alpes suizos junto a su hermano Juan Ignacio.

Preocupación Con su celular apagado desde que estalló el escándalo, todos los consultados temen por las futuras oportunidades laborales cercenadas para una alumna brillante, que desconocía los manejos turbios del padre y a la vez lo creía un santo. “Al más pequeño, Manuel, se lo ve ido. Y tan deprimido desde la detención del padre que muchos temen las consecuencias psíquicas en el seno de una familia que se tragó una farsa: la del padre hiperexitoso que había conseguido un cliente poderoso”, apuntan quienes los conocen íntimamente. Además de las causas por cohecho y de administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública por su paso como gerente financiero del PAMI, causas que esperan el juicio oral, a Gustavo Juliá la AFIP

también lo querelló y le embargó bienes. Desde 2007, le reclama una deuda de casi $ 300.000 por evasión fiscal de sus empresas. Con aparentemente menores ingresos y hasta enero sin esos sobresaltos judiciales, el devenir familiar del ex piloto de Austral Eduardo Juliá (“Piluso”), de 50 años, se dibujaba mucho menos dispendioso. Separado de su mujer, Evangelina Cutó, una secretaria de 39 años, el mayor de los Juliá alquilaba un dormy de dos ambientes en el Boating Club, un exclusivo barrio náutico de San Isidro. “Parecía el más hábil de los hermanos y era al revés. En el negocio aeronáutico, que es extremadamente chico, no estaban bien considerados”, comentó otra fuente de ese rubro. Era vox populi la sobrefacturación de los vuelos de Medical Jet a PAMI. Esas suculentas ganancias fueron ofrecidas por los Juliá a otros prestadores aéreos, cuando faltaban aviones. Pero era tan evidente la diferencia de precios que varios empresarios rechazaron el negocio ante el temor de terminar presos. “Nunca tuvieron una intensa vida social en San Isidro porque no son originalmente de allí. No van al CASI ni al SIC ni al Náutico. Crecieron en el barrio de Belgrano y gran parte de su adolescencia transcurrió en Mendoza, en un colegio marista, ya que su padre, José, estuvo años destinado en la base de El Plumerillo, en Mendoza, como parte de la elite de cazadores [pilotos de aviones caza]”, recordó un compañero del fallecido brigadier Juliá, jefe de la Fuerza Aérea entre 1989 y 1993. Los hijos heredaron la habilidad para los negocios del padre, pero lo superaron en intrepidez, según apuntó la misma fuente, y recordó la súbita disponibilidad de hangares a fines de los 80 y de salones VIP en Aeroparque para la empresa aérea Royal Class, de Yabrán, cuando ninguna firma del rubro podía acceder, por entonces, a esos “privilegios”.