Mafalda tendrá su escultura en una esquina de San Telmo

16 ago. 2009 - elocuente sobre la ignorancia como clave para la felicidad. Y fue elogiada por presti- giosos medios como Le Figaro Littéraire y. L'Evénement.
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CULTURA

Domingo 16 de agosto de 2009

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HOMENAJE s A 45 AÑOS DE SU CREACION

15

MIENTRAS TANTO

Ignorancia y felicidad

L

JUANA

LIBEDINSKY En Cómo me convertí en un estúpido, Page escribió un alegato bastante elocuente sobre la ignorancia como clave para la felicidad ANDRE KNIGHT

El escultor Pablo Irrgang, junto a la obra que rinde homenaje a un personaje entrañable

Mafalda tendrá su escultura en una esquina de San Telmo En Chile y Defensa se emplazará la célebre criatura de Quino, sentada en un banco SUSANA REINOSO LA NACION Con un vestido color verde, ella estará sentada, solita, en un banco de plaza amurado a una vereda recién pintada, en la esquina de Chile y Defensa. Mafalda volverá, el 30 de este mes, a las tres de la tarde, al barrio de San Telmo, donde nació. A pocos metros del umbral del edificio donde se sentaba a cavilar sobre el mundo y sus circunstancias, la inolvidable criatura de Joaquín Lavado –el reconocido Quino– tendrá su escultura, realizada por el artista Pablo Irrgang, discípulo del maestro Juan Carlos Distefano. La obra es parte de un extenso homenaje a Quino en Buenos Aires. Del acto de emplazamiento de la escultura participarán, además de Quino, sus amigos Hermenegildo Sábat, Carlos Garaycochea y Rep, y el coordinador general del Programa Puertas del Bicentenario, del gobierno porteño (responsable del homenaje), Carlos Ares. Además, se descubrirá una placa en Chile 371, que fue domicilio de Quino, con la leyenda: “En esta casa «vivió» Mafalda”. Y el historietista recibirá la primera Medalla del

Bicentenario, entre las 200 con las que se reconocerá a 200 ciudadanos ejemplares de la ciudad. El jueves próximo, a las 19, la Academia Nacional de Periodismo honrará a Quino en el Museo Mitre. Hablarán el historietista y Hermenegildo Sábat. El 25 de este mes, a las 19, en el Teatro de la Ribera, en La Boca, Quino participará de un diálogo público, coordinado por la periodista Astrid Pikielny.

Mafalda de Buenos Aires LA NACION tuvo acceso exclusivo a la escultura, recién salida del molde, y pudo comprobar que, al saltar de las dos dimensiones del papel a la obra tridimensional, Mafalda preservó su identidad, tal y como se la conoce en el mundo. Irrgang dice: “Está hecha en resina epoxi, reforzada con fibra de vidrio. Es muy resistente mecánicamente y los colores están incluidos en el material”. Todo ello fue previsto para hacer frente a los posibles actos de vandalismo. La obra, que mide 0,80 m, no tendrá medidas de protección, para que la gente pueda interactuar con el personaje. La figura estará sujeta al banco de plaza, de tal modo que sólo una topadora podría destruirla,

según Irrgang. Y en caso de recibir rayaduras, no se despintaría. “Esperemos que Mafalda despierte buenos sentimientos”, dice confiado. Irrgang mantuvo un fluido intercambio con Quino, que vive en Italia, durante el proceso de creación de la escultura. “Me resultó interesante la idea de que estuviera solita en un banco, cavilando sobre el mundo. De noche, será otro de los chicos que duermen a la intemperie.” El escultor –integrante del colectivo GIB de artistas (www.colectivogib.com.ar) releyó las tiras para inspirarse en el diseño de la obra. “Fue divertido, porque mientras leía, me colgaba en las tiras. Hace un mes nos reunimos con Quino para evaluar los últimos detalles. Fue una experiencia muy buena. Quino sabe muy bien lo que quiere. Siempre tuvo en claro cómo tenía que ser la escultura”, dice. Nacida en 1964, Mafalda es reconocida en muchos países, merced a las traducciones de sus libros. Con su sabiduría para radiografiar los problemas del mundo, sus tiras se publican en países tan distantes, como los centroeuropeos, o Japón, Corea y Taiwan. Pronto empezará a editarse en Tailandia e India.

Al recordar anécdotas en relación con las traducciones, el editor de Quino, Daniel Divinsky, de Ediciones De la Flor, dijo a LA NACION: “Hace un tiempo, un editor de Scholastic, que conocía la repercusión de Mafalda, se entusiasmó con publicarla en Estados Unidos. Un año después, me dijo era demasiado sofisticada para los chicos norteamericanos”. Sin embargo, en escuelas bilingües de América latina y España, los libros de Mafalda se venden sin pausa. “Está incorporada al folklore nacional”, dice Divinsky. Desde hace 45 años, recuerda, muchos eligen a Mafalda y sus amigos para dar ejemplo de la personalidad de alguien. Con ese peinado inenarrable y la expresión de perplejidad de quien busca respuestas, la escultura reactualiza las agudas reflexiones de Mafalda y agita la imaginación respecto de lo que diría el día de la inauguración, mientras todos pugnan por fotografiarse con ella. Cada lector tendrá su frase favorita y podrá dejarla hoy en LA NACION online. Una, entre muchas, podría ser esta reflexión inolvidable: “Todos creemos en el país; lo que no sabemos es, si a esta altura, el país cree en nosotros”.

ONDRES.– En ciertas librerías de esta ciudad, se acostumbra que los libreros, ávidos y cultísimos lectores, escriban de exquisito puño y letra, en prolijas tarjetas, sus recomendaciones literarias personales. Sin embargo, frente a la novela debut del francés Martin Page, en la tarjeta simplemente decía, en marcador grueso, algo así como: “Ete livro e’ güenísimo!!!”. Evidentemente, algún concienzudo librero se había tomado el trabajo no sólo de leer la novela (escrita en 2001, hoy considerada de culto), sino que se dejó afectar por ella. Porque bajo el elocuente título de Cómo me convertí en un estúpido, Page escribió un alegato bastante elocuente sobre la ignorancia como clave para la felicidad. Y fue elogiada por prestigiosos medios como Le Figaro Littéraire y L’Evénement. La novela trata sobre Antoine, un académico de 25 años, especialista en la traducción de Proust al arameo. Torturado por la profundidad de su intelecto y plagado por su conciencia extrema de las implicaciones morales de cada decisión de la vida cotidiana, Antoine se da cuenta de que sólo le queda una salida: debe liberarse de su inteligencia sea como sea. Está convencido de que la sensibilidad por lo que pasa en el mundo y la cultura necesaria para comprenderlo, convierten a uno en un ser triste, solitario y, encima, pobre. En cambio, analizando a los protagonistas de las noticias, Antoine ve que “al menos encubrir la inteligencia abre la posibilidad de ser inmortalizado en los diarios y así recibir la admiración de todos los que se creen lo que sale escrito”. Lo que sigue, entonces, son las aventuras de Antoine por las calles de París, donde prueba convertirse en alcohólico, patovica, adicto a Mc Donald’s o banquero, para aligerar, con una rara mezcla de nihilismo y optimismo, el peso de su cerebro.

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