Una ópera que vuelve loca a la gente

Algunos podrían preguntarse por qué. El rapto no tiene la consideración que se merecería por su calidad teatral y musical. Simplemente porque el mis- mo Mozart la relegó a cierto lugar de menor valía al escribir, en menos de una década, Las bodas de Figaro, Don. Giovanni, Così fan tutte, La clemencia de Tito y La flauta ...
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Espectáculos

Página 2/LA NACION

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Domingo 27 de septiembre de 2009

MUSICA CLASICA La primavera llegó al Colón: dos propuestas para sacarse el invierno de encima

Pulsaciones, un ballet con corazones rockeros La obra de Vittorio Biagi, en el programa de primavera

Biagi, un coreógrafo con pinta de rock star

El ambiente oriental, un sinónimo de misterio que marcó a varias obras del género lírico CAROLINA SANTOS

MAXIE AMENA

Una ópera que vuelve loca a la gente Con régie de Willy Landin y dirección musical de Jonas Alber, el Colón presenta El rapto en el serrallo, de Mozart Desde La finta giardiniera a Così fan tutte, muchos acostumbran llamar a las óperas de Mozart por su nombres originales en italiano. Sin embargo, sólo los expertos o los germanohablantes pueden repetir, sin vacilaciones, el título Die Entführung aus dem Serail. La dificultad estriba en que El rapto en el serrallo, que así, en castellano, es como la recuerda la mayoría, no es, genéricamente hablando, una ópera sino un singspiel, es decir, un tipo de teatro que incluye números musicales. Algo así como la variante alemana de la zarzuela española, la ballad opera inglesa o la opéra comique francesa. Pero como de Mozart estamos hablando El rapto no es meramente un singspiel, es decir, una obra popular con formas musicales simples, arias en estilo de canción y mucho diálogo, sino una verdadera y maravillosa ópera, con todo lo que esto implica, que en lugar de recitativos tiene diálogos hablados. Mozart recibió el encargo de El rapto en 1781 pero por diferentes motivos, que no tuvieron que ver con su fenomenal velocidad de composición, la partitura sólo estuvo disponible en 1782. Su estreno, en el Burgtheater de Viena, significó uno de los mayores éxitos de su carrera. El emperador Joseph II, que, indirectamente, había sido quien le había encomendado el trabajo, no sólo que se mostró muy satisfecho sino que, además, opinó con un comentario que ha-

ría historia: “Demasiado refinada para nuestros oídos y demasiadas notas, mi querido Mozart”. Más allá de que la alabanza de Joseph puede haber sido cambiada, modificada y tal vez hasta tergiversada, la respuesta de Mozart también dejó huellas profundas: “Sólo las precisas, majestad”.

Terreno de la comedia El rapto en el serrallo fue la primera obra maestra de Mozart en el terreno de la comedia y fue su ópera más representada fuera de Austria. El asunto de la obra debe ser enmarcado dentro de las llamadas óperas de rescate, muy en boga en la época y de las cuales, qué duda cabe, ésta es la más lograda. Belmonte, un noble español, junto a Pedrillo, su criado, emprende una larga travesía, con todos los riesgos que ello implica, para ir a encontrar y liberar a su prometida Constanza que, con su doncella Blonde, ha sido secuestrada por piratas y vendida como esclava al Pashá Selim. Opera de final feliz, después de muchas peripecias y aventuras que permiten una larga serie de arias y escenas de conjunto como sólo la mano maestra de Mozart podía imaginar, las dos parejas, Belmonte y Constanza, Pedrillo y Blonde, parten felices de regreso, desde la exótica Turquía, bajo el manto protector de Selim, que optó por lucir magnánimo en lugar de ordenar la ejecución de los cuatro, que era lo

que le proponía su guardián Osmín, en definitiva, el malo de la ópera. Más allá del tema del rescate, con El rapto también se avanzó en el establecimiento de óperas que transcurrían en ambientes orientales y que habrían de extenderse durante largo tiempo. Después de todo, el estereotipo del orientalismo misterioso y sugerente para el desarrollo de diferente tipo de historias, funcionó hasta bien avanzado el romanticismo. En El rapto, Mozart no sólo que escribe la mejor música sino que también logra crear situaciones dramáticas, definir musical y psicológicamente a los personajes y generar angustias, felicidades y temores. A Belmonte y a Constanza, los nobles de la historia, Mozart les otorga las arias más profundas y dificultosas. A Pedrillo y a Blonde, en cambio, les caben los momentos más sencillos. Selim fluctúa entre el poder y la caballerosidad del final y Osmin, entre la crueldad y la malicia. Y en todos los casos, con la garantía de Mozart. Algunos podrían preguntarse por qué El rapto no tiene la consideración que se merecería por su calidad teatral y musical. Simplemente porque el mismo Mozart la relegó a cierto lugar de menor valía al escribir, en menos de una década, Las bodas de Figaro, Don Giovanni, Così fan tutte, La clemencia de Tito y La flauta mágica. Nada más que por eso.

Después del estreno, en una carta a Leopold, su padre, Wolfgang le escribió: “La gente se vuelve loca por esta ópera”. Los argentinos –en realidad, todos los habitantes del planeta– acostumbramos a ponernos locos por muchas cosas, incluso por aquellas que no merecen la pena. Sin embargo, sería fantástico que pudiéramos reaccionar de ese modo, como lo hizo el público vienés que asistió a aquellas representaciones de 1782. En todo caso, y en esto consiste el arte de la interpretación, no sólo de la partitura esto depende. Ojalá que todos los involucrados en el armado de este singspiel contribuyan para que la mejor y más saludable locura pueda tener lugar.

Pablo Kohan

Vittorio Biagi vino por primera vez a la Argentina cuando era un joven bailarín. Ahora, él dice que conoce a nuestro país “con Perón, sin Perón, con Evita, sin Evita”, y enumera de memoria los años de todas sus visitas: “63, 69, 74, 83, 93, y ahora en 2009”. En este caso, el coreógrafo italiano pasó dos semanas de invierno en Buenos Aires para preparar con el Ballet Estable del Colón la reposición de Pulsaciones, su obra más conocida, que integrará el programa de primavera que la compañía presenta hoy, a las 19, en el parque Centenario, y que se completa con Vivaldi en concierto, de la directora del elenco, Lidia Segni, y Sinfonía de los salmos, de Mauricio Wainrot. Biagi entra en el salón donde el cuerpo de baile ensaya en la Sociedad Hebraica íntegramente vestido de negro, con lentes de sol y su melena, también oscura, al viento. Algunos bailarines se sonríen cuando este hombre supercarismático se saca la campera de cuero y, así, en musculosa y con una energía sorprendente, agarra los palillos de la batería estacionada en un rincón y empieza a golpear parches y platos con intenciones serias. “Parece Pappo”, suelta uno de los más jóvenes, por lo bajo. Más tarde, Biagi, de 68 años, asentirá tal comparación durante una entrevista con LA NACION cuando se defina “un rocketaro”. –¿Por qué tiene este feeling con la Argentina? –No sé, es así mi vida. Puede ser una cosa: vine la primera vez a la Argentina como solista de la compañía de Maurice Béjart. Después regresé para poner la coreografía de Los cuentos de Hoffmann, en el Colón, y me llevé 12

El coreógrafo estuvo en Buenos Aires preparando al elenco estable del Colón MAXIE AMENA

Para agendar N El

rapto en el serrallo. La ópera de Mozart se presenta hoy, a las 17, y el martes y el miércoles, a las 20.30, en el Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125. Informes: 4816-5943. Desde 80 pesos. El reparto vocal está integrado por Katarzyna Dondalska (Polonia), Natasha Tupin, Todd Wilander (EE.UU.), Kevin Burdette (EE. UU.), Carlos Natale y Raúl Neumann.

N El Colón de primavera. El Ballet Estable del Teatro Colón presenta un programa mixto integrado por las obras Pulsaciones, de Vittorio Biagi; Vivaldi en concierto, de Lidia Segni, y Sinfonía de los salmos, de Mauricio Wainrot. Hoy y el domingo próximo, a las 19, en el Anfiteatro Eva Perón del parque Centenario, Díaz Vélez y Marechal. Gratis, se retiran desde dos horas antes.

bailarines a Francia para bailar conmigo. Cada vez que un bailarín argentino quedaba en Europa, la primera etapa la hacía en el Ballet de la Opera de Lyon con Vittorio Biagi. Ve, siempre tuve un feeling. Julio Bocca me llamó en 1993 para poner Pulsaciones en su compañía e hizo una gira muy grande con ella. Y ahora Lidia Segni, como nueva directora del Colón, me pidió que lo pusiera acá también. –¿Qué tiene Pulsaciones que nuestros mejores bailarines lo han bailado: Julio Bocca, Paloma Herrera, Iñaki Urlezaga, el Colón, el Argentino de La Plata? –Es verdad. Sabe una cosa... Pulsaciones no es un ballet común, porque pone así [abre los ojos, la boca, las manos] al que lo ve, al que lo baila, a todo el mundo. Es un poco chamánico, digo yo, como un ritual. Pulsaciones estuvo pensando por un joven Vittorio Biagi que sabía tocar la batería como cosa de niño. Y cuarenta años después... –¿Por qué cree que se mantiene el interés después de 40 años? –Es verdaderamente un caso. La percusión no tiene época, los pasos son académicos y pienso que porque no tiene edad se convirtió en un clásico, como un Beethoven o un Mozart. –Otras coreografías posteriores suyas han seguido otro camino. –Completamente. No he hecho nada parecido a Pulsaciones. Trabajé mucho Prokofiev, Debussy, Ravel; últimamente hice un ballet en Italia, Tango, amor y rock & roll. –Es que usted parece una estrella de rock. –Soy rocketaro. Soy de la época de Elvis Presley. Cuando el rock llegó a Europa, yo tenía 14 años y era campeón de rock & roll. Después empecé a estudiar clásico, pero mi alma es de rocketaro. El italiano, que vive en Roma, donde tiene su propio elenco, Danza Prospettiva, habla de sí en tercera persona. Con su vitalidad como mejor testimonio, dice que “este ballet sólo lo pueden hacer bailarines que tienen músculos y energía” y define la obra “muy simple; tanto, que es difícil”. Claro. Técnicamente el vocabulario es clásico y muy exigente, demanda mucha precisión al ensamble que se mueve según el solo de batería que aquí aprendió el músico Daniel Bugallo. En total, estima Biagi, cuando el Colón salga a escena en plan primaveral, serán más de una veintena de bailarines –ellas con puntas– y, sobre el final de la pieza, cada uno ofrecerá su especialidad. “Un salto, un giro, una levantada. Por eso, al cierre lo llamo «fuegos artificiales».” –Las estrellas de rock tienen un hit, ¿el suyo es Pulsaciones? –Sí, yo pienso que sí. Por lo menos, en la Argentina, seguro.

Constanza Bertolini