INTRODUCCIÓN A LOS ATRIBUTOS DE DIOS Por Shema - ObreroFiel

una creencia correcta acerca de Dios se librará de millones de otros problemas en la vida. La persona que tiene un concepto equivocado de Dios añadirá un ...
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INTRODUCCIÓN A LOS ATRIBUTOS DE DIOS Por Shema “Usado con permiso”

POR QUE DEBEMOS PENSAR CORRECTAMENTE ACERCA DE DIOS ¿Qué dirías que es la cosa más importante acerca de tí? ¿Tus dones? ¿Tus logros? ¿Tu apariencia? ¿Tu educación? ¿Tu trabajo? ¿Tu familia? ¿Tus fondos de jubilación? Yo creo que lo más importante es qué lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios. La cosa más importante acerca de cualquier ser humano no es lo que pueda decir o hacer en un momento dado, sino qué piensa de Dios en lo más profundo de su corazón. ¿Por qué? Porque lo que pensamos acerca de Dios determina todo lo demás que podamos pensar o hacer o llegar a ser. Hay una ley sobrenatural del alma que dice que tendemos a movernos hacia la imagen mental que tenemos de Dios; tendemos a convertirnos en lo que concebimos que Dios es. Si nuestro Dios no tiene estándares, no tendremos estándares. Si nuestro Dios no tiene absolutos, no tendremos absolutos. Si nuestro Dios es cruel y desamorado, nos convertiremos en crueles y desamorados. Si no tenemos Dios, nos convertiremos en ateos. Si nuestra concepción de Dios es pura y santa, nos convertiremos en puros y santos. Si nuestro Dios es amoroso y amable, nos volveremos amorosos y amables. Si nuestro Dios es verdadero y eterno, viviremos para siempre. Si nuestro Dios es falso y temporal, seremos temporales y moriremos eternamente. Casi todos los problemas de la vida y sus soluciones son teológicos. La persona que llega atener una creencia correcta acerca de Dios se librará de millones de otros problemas en la vida. La persona que tiene un concepto equivocado de Dios añadirá un millón problemas a su vida. Difícilmente hay un error doctrinal o fracaso ético que no pueda trazarse hasta pensamientos imperfectos e indignos acerca de Dios. Es imposible que un individuo mantenga sus prácticas morales sanas y sus valores y actitudes correctas cuando su idea de Dios es errónea o inadecuada. Casi todos se han dado cuenta que nuestra sociedad se encuentra en un problema serio. Durante los últimos cuarenta años ha habido una declinación marcada en la educación y la moral también un incremento igualmente marcado del crimen, asesinato, aborto, drogas, divorcio y otros males sociales. Los expertos están esforzándose en entender las razones de esta súbita declinación. ¿Es la economía? ¿Es la culpa de los grupos de interés especial? ¿Es resultado de los grandes negocios? ¿Es la política? ¿Son los republicanos? ¿Los demócratas? La verdad es que casi todo lo que está mal en nuestra sociedad se debe al hecho de que como nación hemos estado perdiendo el conocimiento de Dios. Antes que nuestra sociedad comience a declinar, tuvo lugar la corrupción en teología simple y básica. Nuestras iglesias y sinagogas respondieron equivocadamente a la pregunta de: ¿Cómo es Dios? ¿Cuándo declinó el elevado concepto de Dios, declinaron los estándares, la moral y adoración de iglesias y sinagogas? Yo creo que gran parte de la culpa de la declinación de nuestra nación la tienen nuestras sinagogas e iglesias. Tanto la iglesia como la sinagoga han estado perdiendo el concepto de santidad y majestad de Dios. En muchas de las iglesias y sinagogas de nuestra nación Dios es presentado como un amigo que no juzga o un “buen amigo” o como un abuelo viejo o como un terapeuta. Pero Dios no es realmente así. Uno de los pecados más comunes en nuestra sociedad actual es el de idolatría. La idolatría no consiste solamente en arrodillarse delante de estatuas o adorar objetos visibles. La esencia de la idolatría es el mantener pensamientos acerca de Dios que son indignos de él. El corazón idólatra asume que Dios es otro de lo que él realmente es. Sustituye con un dios a su imagen al verdadero Dios. Un dios creado en la imaginación de nuestros corazones será digno y puro, cruel o amable, según el estado moral de la mente del cual emerge. Esto es lo que dice Dios al malvado en el Salmo 50:21: “Pensaste que era como tú”. Un dios creado en la oscuridad del corazón humano caído no puede de ninguna manera igualarse al verdadero Dios.

Puede ser culpable de idolatría aún cuando no haya tenido lugar un acto de adoración obvio porque la idolatría comienza en la mente humana. El corazón humano se inclina al pecado de idolatría y es un terrible error creer que la gente civilizada está libre de ello. El rabino Pablo nos informa que al inicio de la historia humana, aunque la humanidad conoció a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias; sino que se volvieron fútiles en sus pensamientos y sus necios corazones fueron entenebrecidos. Fue sólo cuando la humanidad se entonteció en sus pensamientos acerca de Dios que siguió la adoración a imágenes de hombres, aves, animales y reptiles. Luego siguieron conductas horribles, impías, inmorales, malvadas y auto destructivas. Esta serie de eventos de degradación comenzaron en las mentes de hombres con ideas equivocadas acerca de Dios. No honrar a Dios como Dios y mantener ideas erróneas acerca de él son la fuente de la cual manan las aguas contaminadas a la idolatría y que terminan en el pozo del comportamiento humano auto destructivo. Esta declinación del conocimiento de Dios ha traído casi todos nuestros problemas. Un redescubrimiento de la majestad de Dios hará muchísimo para curarlos. La obligación más importante para la iglesia y la sinagoga actuales es purificar el concepto de Dios hasta que sea una vez más digno de él. Si podemos retrotraer el verdadero poder espiritual a nuestras vidas y sanar a nuestra nación, debemos pensar acerca de Dios como él es, no como creemos que él es. PENSANDO CORRECTAMENTE ATRIBUTOS.

ACERCA

DE

DIOS

AL

CONOCER

SUS

Una manera de pensar correctamente acerca de Dios es aprender acerca de sus atributos (midot en hebreo). Un atributo expresa la verdadera naturaleza y ser de Dios. Los atributos de Dios son todo lo que Dios nos ha revelado como cierto acerca de sí mismo. Un atributo no es parte de Dios. Es como es él. LA INCOMPRENSIBILIDAD DE DIOS Aunque esta serie de mensajes tratará de responder a la pregunta: “¿Cómo es Dios?”, al comenzar debemos reconocer que jamás podremos responder a esa pregunta. Lo más cerca que podemos llegar es a decir que Dios no es exactamente como cualquier otra cosa o cualquier persona que conozcamos. El profeta Isaías preguntó: ¿A quién te compararán? o ¿A qué lo podrán igualar? ¿A quién me podrán igualar? Dice el santo. En otras palabras, finalmente, Dios es incomprensible. Nunca podremos conocerlo totalmente. Cuando el profeta Ezequiel vio las visiones de Dios, se encontró viendo algo para lo cual no tenía el lenguaje apropiado para describir. Lo que vio fue algo completamente diferente de cualquier cosa que haya conocido antes. “Al acercarse más al trono de Dios, estaba más inseguro en sus palabras: “Por encima de la expansión que estaba sobre sus cabezas había algo que se parecía a aun trono, de apariencia de lapislázuli; y sobre aquello que parecía un trono, en lo alto, estaba una figura con la apariencia de un hombre. Luego me dí cuenta de la apariencia de sus lomos y hacia arriba algo como metal bruñido que lucía como fuego por todo el derredor dentro de el y por la apariencia de sus lomos y hacia abajo vi algo como el fuego; y había un brillo alrededor de él...como la apariencia de la semejanza de la gloria del Señor”. (Ezequiel 1). Dios es totalmente real pero completamente distinto a cualquier cosa que conozcan los hombres sobre la tierra. Con el fin de comunicar la idea de lo que vio, el profeta tuvo que usar palabras tales como, parecer, semejarse, algo como, la semejanza de la apariencia. Aprendemos al usar lo ya conocemos como un puente hacia lo que no conocemos. Es casi imposible para la mente humana crear o imaginar algo de la nada. Cuando se trata de Dios, nuestro problema es cuando tratamos de imaginar cómo es Dios, por necesidad debemos usar lo que no es Dios como materia prima para que nuestras mentes trabajen sobre ello. Debemos imaginar a Dios como que es algo que no es, porque hemos construido nuestra imagen con algo que él ha hecho y lo que ha sido hecho no es Dios. Si insistimos en tratar de

imaginarlo, terminamos con un ídolo, no hecho con las manos, sino con pensamientos. Y un ídolo de la mente humana es tan ofensivo para el Señor como lo es un ídolo hecho con las manos. Cuando las escrituras establecen que el hombre fue hecho a la imagen de Dios, no nos atrevemos a añadir a esta declaración una idea de nuestra propia mente para que signifique "a la exacta imagen” de Dios. Hay una pared que es infinitamente alta que separa a Dios, aquello que es Dios de lo que no lo es. Pensar en la criatura y el creador en iguales términos es robarle a Dios la mayoría de sus atributos y reducirlo al estatus de una criatura. Abandonados a nosotros mismos tendemos a reducir a Dios a términos manejables. Queremos tenerlo en donde podamos usarlo. Queremos a un Dios al que podamos controlar. Para una persona promedio Dios es una composición de todas las figuras religiosas que haya visto, toda la mejor gente de la que haya oído y las mejores ideas que haya tenido. Pero eso no es Dios. Las escrituras afirman la inutilidad de la mente humana para conocer el gran misterio que es Dios. Dios no puede ser totalmente conocido por el hombre a menos que el incognoscible pueda ser conocido y el invisible contemplado y el inaccesible alcanzado, el incomprensible entendido. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; es demasiado alto, no lo puedo alcanzar, admitió el Rey David. Dios es finalmente incognoscible por las cosas creadas. Nunca podrá ser comprendido como él es en sí mismo. Él habita en luz inmarcesible (1Tim. 6:16). Ningún humano lo puede ver cara a cara, totalmente revelado en toda la hermosura de su gloria y esplendor y sobrevivir aquel santo encuentro. Si alguien propusiera algún concepto mediante el cual se pudiera conocer a Dios, no sería un concepto verdadero porque Dios está más allá de cualquier concepto que la mente humana pueda albergar. Esto se expresa cuando el pueblo judío recita la oración del "Kaddosh" "Bendito y alabado, glorificado y exaltado, ensalzado y honrado, adorado y engrandecido sea el nombre del santo, bendito sea él, más allá de todas las bendiciones e himnos, alabanzas y consolaciones que se hablen en el mundo ". Esta oración reconoce que aún cuando estamos adorando, la cual es una de las más altas formas de expresar pensamientos espirituales, somos completamente inadecuados para expresar quién es realmente Dios. El deseo de conocer lo que no se puede conocer, de comprender al incomprensible, de tocar lo inalcanzable, surge de la imagen de Dios en lo profundo de la naturaleza humana. El alma percibe sus orígenes y ansía retornar a su fuente y lo profundo llama a lo profundo. Si lo que concebimos, que es Dios, no es realmente él, entonces ¿Qué debemos pensar de Dios? El rey David y el rabino Pablo nos dicen que podemos comenzar a conocerlo un poquito mediante su creación. Los cielos cuentan de la gloria de Dios y su expansión declara la obra de sus manos. Desde la creación del mundo sus atributos invisibles, su poder eterno y naturaleza divina han sido vistos claramente, siendo entendidos por medio de lo que ha sido hecho. Podemos conocer a Dios por medio de su creación, de la misma manera que podemos saber algo del artista por medio de una obra de arte. Podemos saber que hay un Dios que tiene una vasta sabiduría, inteligencia y poder. Pero el conocimiento al que podemos arribar acerca de Dios por medio de su creación es limitado. También vemos sufrimiento, crueldad y muerte en la naturaleza. La naturaleza no puede responder a nuestras preguntas: ¿Es este Dios bueno? ¿Es amable? ¿Vale la pena orar a él? ¿Merece mi adoración? Dios se ha revelado a sí mismo más claramente por medio de las santas escrituras. Por medio de Moisés y los profetas, por medio de los salmistas y los apóstoles, Dios ha comunicado claramente al hombre como es él. Pero tenemos un mayor auto despliegue de Dios que el que viene de las palabras de los profetas. La mayor revelación de Dios viene por medio del Mesías Yeshua nuestro Señor. En el Mesías y por el Mesías, Dios efectúa un auto despliegue completo para la humanidad. Dios vino hasta nosotros en la encarnación del Mesías. Ningún hombre ha visto a Dios nunca. El Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha revelado. Dios, luego que habló hace mucho a los padres en los profetas en muchas porciones y de muchas maneras, en estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo. Él es el resplandor de su gloria y la exacta representación de su naturaleza. ¿Quieres realmente saber

cómo es Dios? Fíjate en el Mesías Yeshua. “Nadie conoce al Padre excepto el Hijo, y todo aquel a quien el Hijo quiere revelarlo” (Mt. 11:27). Isaac Watts, un gran músico de hace dos siglos, escribió estas bellísimas palabras: "Los cielos declara tu Gloria Señor, en cada estrella brilla tu sabiduría pero cuando nuestros ojos contemplan tu palabra, leemos tu nombre en líneas más bellas." El resplandor total del sol de la revelación llegó en la encarnación cuando la palabra eterna se hizo carne y habitó entre nosotros. Por fe en la palabra de Dios y confianza en el Mesías Yeshua podemos asomarnos a la misma presencia y llegar conocerlo tal cuál él es. Dado que conocer a Dios es la cosa más importante acerca de ti o cualquier otro, haz que el conocerlo mejor sea tu prioridad en la vida. Dedícale tiempo. Elimina otras cosas de tu apretada agenda. Lee su palabra. Medita en el Mesías Yeshua. Contempla aquellos cuatro libros que revelan más claramente al Mesías: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pasa más tiempo con él y su palabra, en su presencia, adorándolo, pidiéndole que revele más de sí mismo a ti que lo que antes haya hecho. Dale tiempo. No lo lamentarás. Él es el más maravilloso, el más emocionante, el más desafiante objeto para el pensamiento, contemplación y adoración humano. Si lo haces, te parecerás más a él. Serás transformado a su imagen y semejanza. Será una inversión que rendirá ahora y por toda la eternidad. Estoy en deuda con el conocimiento del Santísimo (The Knowledge of the Holy) de A.W. Tozer por éste artículo. Traducido por Fred Basurco, Peru.

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