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Los Maestros y Discípulos del Espíritu. Por Karma Yeshe Yiatso. (Antonio Vicente Sierra de Cárdenas). M.V. Maestro Fundador del Linaje. KARMA-TAO ...
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Los Maestros y Discípulos del Espíritu Por Karma Yeshe Yiatso (Antonio Vicente Sierra de Cárdenas)

M.V. Maestro Fundador del Linaje KARMA-TAO


Copyright 2014 by Isabelle L. Varlet Boespflug  Información sobre derechos: www. Diseño cubierta por Isabelle L. Varlet Boespflug Diseño del libro por Isabelle L. Varlet Boespflug Transcripción: Yikten Gompo y Lacho Drolma   Primera publicación en formato digital: Noviembre 2014   Web: www.guerrerosdemaitreya.es E-mail: [email protected]

! Venerable Maestro Lopon Sechu Rimpoché Este es un homenaje póstumo a mi amado y Venerable Maestro Lopon Sechu Rimpoché, que me ofreció todo su amor compasivo y unas preciosas enseñanzas que transformaron toda mi vida. 


Maestros Karma Yeshe Yiatso (Antonio Vicente Sierra de Cárdenas) y Yikten Gompo - El Chela (Daniel Porras Rodriguez)

“Maestro, ¿Qué es el Tao? - El sonido del agua del río te dará la respuesta.”


PREFACIO Quiero dejar ante todo, una cosa bien clara, tal como es: la realidad de “LA INMORTALIDAD DEL SER HUMANO”; ¿yo no sé ustedes?, ¿a lo mejor yo he sido el último en darse cuenta? De lo que si estoy seguro, es de que no he sido el primero, ya que todas las maestras y maestros que he tenido a lo largo de esta existencia, así me lo han demostrado, y me lo han dejado bien claro dándome sus pruebas, porque yo he sido tan torpe, que así lo he necesitado, para que me diera cuenta y no tuviese más duda de ello. ¡Bien venidos y benditos seáis todos aquellos que habéis venido hasta esta puerta del verdadero y puro conocimiento de la realidad de nuestras existencias! ¡Bien venidos y benditos seáis todos aquellos que habéis generado la virtud del saber recibir porque en ello habéis generado las bendiciones del poder otorgar! ¡Bien venidos y benditos seáis todos aquellos que habéis llegado a esta puerta en un bienaventurado y precioso renacimiento humano, libre y bien dotado para poder comprender este conocimiento! ¡Bien venidos y benditos seáis porque esta puerta se halla completamente abierta ante vosotros! ¡Bien venidos y benditos seáis todos aquellos que ahora os halláis aquí, ante mí! Permitidme que me presente ante vosotros. Yo soy él chela y quiero deciros ante todo, que todo conocimiento consiste tan solo en darse cuenta. Todo es uno y uno es todo, lo que nos sucede es que a veces no sabemos que nuestra existencia actual es efímera y transitoria, no queremos desprendernos de los egos ilusorios, no osamos aniquilar todo vestigio de la personalidad por miedo a la perdida de la entidad, o no silenciamos nuestra mente aunque sea un solo instante permitiéndonos el que aparezca la clara voz del espíritu, para darnos verdaderamente cuenta de ello. Pero lo conozcamos, lo sepamos o no, ¡esto es así! Pero lo queramos, podamos o no, ¡esto es así! Pero nos atrevamos, lo hagamos o no, ¡esto es así! Pero nos callemos y silenciemos el eterno rumiar de la mente pensante o no, ¡esto es así! Todo es uno y uno es todo, eso es todo. Dada nuestra naturaleza espiritual, inmortal y eterna se nos hace preciso que despertemos al maestro interior, pues el es la puerta de todos los maestros. Pero para ello precisamos de la guía y ayuda de un verdadero maestro realizado y este es el que yo he encontrado. Y recuerda que: hasta que el chela no esta preparado, no aparece el maestro, y que así como es el chela, es el maestro. Con mi deseo mas ferviente de que encuentres pronto el “tu-yo”. Solo se precisa oír al corazón,

Como han dicho los maestros que nos han precedido, recuerda siempre que el triste “si-no” del ser humano es perderse fuera y no hallarse dentro. El Chela

PRÓLOGO Como un ávido lector y estudioso de temas espirituales, he observado que en castellano hay muy pocos libros o estudios serios y profundos que traten acerca de la importante relación entre el maestro y el discípulo espiritual. Esto es evidente, y también muy significativo, a pesar de la inmensa cantidad de publicaciones que se están lanzando al mercado últimamente sobre sanación, espiritualidad, psicoterapia, medicina natural, meditación, artes marciales y demás. Es necesario llenar ese vacío editorial por dos motivos que consideramos realmente importantes: el primero es que muchas personas que buscan la verdad han encontrado un sentido a sus vidas al entablar una relación con un maestro, y el segundo motivo es dar una información rigurosa sobre lo que es un verdadero maestro espiritual, con el fin de que todos los que lean este libro no puedan ser manipulados, engañados y defraudados por los falsos maestros, que tanto abundan en estos tiempos. Así, que en cierto modo, este libro es una guía para buscar y para elegir sin errores a un verdadero maestro que nos lleve de verdad al conocimiento de nosotros mismos y a nuestro perfeccionamiento como seres humanos. No obstante, deseamos aclarar que, a pesar de que estos son los objetivos de este libro, el motivo más esencial y primordial que me impulsó espontáneamente a escribirlo fue hacer algo como agradecimiento sincero a mi propio maestro, regalarle un homenaje póstumo a este gran ser venerable y puro, el “Precioso Maestro Décimo de Ceremonias”, el Gran Maestro de maestros Lopon Sechu Rimpoché, que falleció un 9 de Junio del año 2003 en un hospital de Bangkok, después de dar sus bendiciones, iniciaciones y enseñanzas a un grupo de discípulos entre sus miles de seguidores devotos a lo largo del mundo entero. Este hombre nacido en las preciosas tierras de Bután, era un Buda viviente, y verlo personalmente de cerca era como estar en presencia del mismo Buda Sakyamuni. Murió a la edad de 85 años. Se hizo monje a los 7 años, y estos dos datos implican que estudió la espiritualidad y meditó con fervor durante 78 años ni más ni menos. Yo estoy seguro de que, en su consciencia iluminada, desde el estado intermedio entre esa bendita vida que acaba de dejar y su vida siguiente que usará para ayudar a los seres, estará contento y orgulloso de este trabajo que yo le regalo para difundir la esencia del darma de Buda. De hecho, él ya me ha dicho en mi mente, después de fallecer, que está muy agradecido con este trabajo, y que él mismo me dará sus bendiciones y su inspiración para que lo que salga de aquí sea profundo, certero y una auténtica ayuda para reconocer la insoslayable importancia de la labor de los maestros espirituales. Si este hombre santo y despierto cambió mi vida por completo, si me dio una serie de prácticas meditativas que me hicieron evolucionar y madurar de un modo inimaginable para mí, si con su inmenso poder espiritual me dio sus bendiciones e inspiración miles de veces a pesar de estar separados por miles de kilómetros de distancia, si me llegó a autorizar para poder enseñar a otros el camino del Vajrayana tibetano, si me llevó con su amor a conocerme más a mí mismo, entonces, yo deseo ahora de veras que todos los seres experimenten esta misma felicidad, y que se acerquen por este libro, con plena confianza y devoción, a un verdadero maestro, sea de la tradición que sea.

No es congruente ni inteligente hablar a la ligera de los maestros espirituales en general, si no hemos sido nosotros mismos sus discípulos devotos, o si no hemos llegado al grado de maestros tras años de estudio y búsqueda entregada. Pero de todos modos, cualquier ser humano es siempre un maestro por dos motivos principales: 1º- Porque siempre puede enseñar algo a alguien. 2º- Porque todos tenemos en lo más profundo un maestro interior. Todas las personas que nos rodean tienen algo que enseñarnos, ya sea con su propia vida, con sus palabras, o con el mismo amor que sintamos hacia ellos, pero el problema es que la mayoría de nosotros no somos lo bastante humildes para ver, para escuchar de verdad, y para percibir y sentir lo que la vida del otro puede enseñarnos. Y tratando otro aspecto del asunto, el espíritu del ser humano posee de forma innata una naturaleza despierta, una consciencia sabia, o un maestro interior que puede estar más o menos oculto, según el karma y la cantidad de pensamientos o emociones negativas que la persona en cuestión arrastre en su corriente de consciencia. Es por consiguiente el doble enfoque hacia el maestro exterior y hacia nuestro íntimo maestro interior, el que nos dará éxito y satisfacciones en nuestro progreso espiritual. No obstante, el actual problema que hemos de reconocer y analizar en profundidad con respecto al concepto del maestro interior es que muchas personas creen erróneamente que se bastan a sí mismas para encontrar su camino, y que no necesitan a ninguna clase de maestro. Pero el asunto de fondo es que estas personas están demasiado apegadas a sus opiniones personales y a sus conceptos mentales, de modo que se construyen una falsa idea de independencia y libertad. Estas personas, que son cada vez más numerosas en estos tiempos, ignoran y no desean reconocer que son realmente orgullosas, y que sus egos han usurpado su lugar al verdadero maestro interior. Todos podemos aprender mucho de los maestros del pasado y del presente, y quien no quiera reconocerlo, está engañándose a sí mismo. También deberíamos considerar, que en la sabia y profunda tradición del budismo tibetano, se enseña a este respecto, que antes de ser guiados por el maestro interior, debemos encontrar y seguir a un verdadero maestro exterior de carne y hueso. Y esto es así porque el maestro espiritual genuino, con su enseñanza y su irradiación, lo que hace en realidad es despertar a nuestro buda interior. Entonces, ya desde este prólogo, rogamos al lector que sea humilde para reconocer y prevenirse de que, el propio ego puede apropiarse de la idea del maestro interior para hacer y justificar toda clase de tendencias egoístas, y para olvidar tristemente, que hay muchos maestros vivos y muertos que tienen muchísimo que enseñarnos. Lo que sigue, relacionado con la enseñanza budista de “los ocho darmas mundanos”, pondrá un poco más claro lo que queremos expresar: “Si buscas el placer y temes al dolor, estás lejos de tu maestro interior. Si te mueves y actúas motivado por el deseo de riquezas y odias ser pobre, estás lejos de tu maestro interior. Si anhelas y dependes de las alabanzas, y te enfadas con las críticas, estás lejos de tu maestro interior. Si persigues la fama y te afecta la mala reputación o la crítica ajena, estás lejos de tu

maestro interior.”

INTRODUCCION Desde hace milenios, los maestros espirituales desarrollaron lo mejor de la humanidad. Ellos construyeron la historia y encaminaron a millones y millones de corazones humanos hacia la verdad y la bondad más pura. Más allá de los límites del tiempo y del espacio, los maestros del espíritu equilibraron el mundo humano, e impidieron que la gente se dejase arrastrar por sus instintos más bajos. Su influencia a menudo fue sutil, poco visible y aparente, pero a menudo lograron que muchos reyes, emperadores, gobernantes y personajes influyentes, no hiciesen más daño del que ya hacían a sus súbditos y a la gente en general. Siempre fueron como moderadores de todo exceso, y ello a pesar de las absurdas guerras religiosas y de las cruzadas e inquisiciones y persecuciones que jalonaron la historia de las creencias religiosas. El influjo y la presencia de los verdaderos maestros espirituales, por encima de los falsos fanáticos de mentes estrechas, hicieron mucho bien al mundo. Y hoy en día, es evidente que una de las tareas más importantes y valiosas de los maestros espirituales modernos es suavizar o disminuir la gran ola de materialismo y egoísmo que invade al mundo entero, volviendo a la gente más noble y altruista en la relación con los demás. Los maestros espirituales son los únicos que pueden curar la gran epidemia de egoísmo que asola a nuestro mundo humano. El egoísmo y la soberbia ignorante de los individuos no podrá curarse en ningún hospital ni en ningún despacho de psicólogos o psicoterapeutas, a pesar de que estos profesionales ayudan a muchas personas enfermas y desequilibradas. La gente necesita a los maestros y a su mensaje para reconocer que las relaciones humanas llenas de respeto y armonía son más valiosas que el dinero, el prestigio o la mera lucha por la supervivencia. El amor espiritual e incondicional a la familia, a los amigos, a la pareja, a los compañeros de trabajo, y en especial, a todos los seres en general, es algo mucho más importante que el consumo, la riqueza, el placer o la posición social. Cuando a todos nos alcance la muerte, la satisfacción de haber amado de verdad será más fuerte y más satisfactoria que la de ser dueño del mundo entero y de todos sus tesoros materiales. Los maestros nos revelaron a veces el origen de la humanidad, y mientras unos lo llamaron Dios, y otros la Realidad Absoluta, algunos otros no se pronunciaron al respecto. Todas las civilizaciones y culturas expresaron y formaron sus respectivas religiones y filosofías a través de sus maestros, y mientras que las enseñanzas de algunos de ellos persistieron durante varios milenios, las de otros solo duraron unos cuantos años. Y si eran verdaderos maestros del espíritu, en cualquier caso lo que dijeron era respetable, noble, y evidentemente sagrado y conmovedor. Todos los auténticos maestros dieron testimonio del afán de perfeccionamiento y de superación en el ser humano. En realidad no importa tanto que unos maestros intentasen definir claramente con palabras y

doctrinas el enigma y el misterio del universo con todos los seres visibles e invisibles que lo pueblan, y que otros prefiriesen guardar silencio en relación a esos temas; lo importante es que todos sin excepción, entregaron su vida y su corazón al bienestar espiritual de toda la humanidad sufriente. La reflexión y la enseñanza de los maestros no ha sido algo súbito generado en un punto concreto del espacio y del tiempo, pues desde la eternidad del mismo espíritu, no se puede definir o demarcar un comienzo de la espiritualidad en la historia humana. El mensaje espiritual y las doctrinas han ido evolucionando de forma lenta y difícil, originándose en ciclos desde el desarrollo del lenguaje humano, hasta la contribución madurada de las experiencias de millones de individuos. Simultáneamente, en varios puntos y culturas distantes del planeta tierra, los maestros iban desarrollando cada vez más una enseñanza más elaborada y precisa, en muchos casos muy parecida, y casi siempre apuntando a unas verdades esenciales. Lo que transmitieron los grandes iniciados de forma progresiva, siempre consiguió que mucha gente progresase desde la primitiva barbarie hasta el conocimiento, la razón y la más refinada bondad. Todos los creyentes de las diversas religiones tienen sus esperanzas de que la espiritualidad mundial llegará a un nivel supremo en un futuro impreciso. Si observamos la historia de las ideas y de los imperios y civilizaciones, veremos que se guían en su desarrollo por unos ciclos de nacimiento, expansión, degeneración, muerte y renacimiento. Por lo tanto, el fluir cíclico de la realidad universal, nos llevará con toda seguridad, a una nueva “Edad de Oro” en la comprensión y madurez espiritual de todo el género humano. Al igual que los imperios y civilizaciones, la religión y la espiritualidad es como un ser vivo, que nace, crece, envejece, muere y renace nuevamente para iniciar otro ciclo más maduro y más perfecto. Podemos asegurar que los maestros no fracasaron en su misión a lo largo del tiempo, a pesar del actual estado de confusión y guerra del mundo moderno, y como dijo el gran maestro de Yoga Sri Aurobindo: “Lo que debe emerger es un ser que realizó su Yo, es una edificación del Yo espiritual, una intensidad y un ímpetu del alma, la liberación y la soberanía de su luz, de su poder y de su belleza”. En otro orden de ideas, cada maestro aportó algo nuevo y único a la evolución espiritual de la gente, y también ellos mismos recibieron una buena parte de su sabiduría de la religión de sus antecesores y del contexto histórico-cultural en el que vivieron. En general, la enseñanza de todos los grandes maestros coincide en algunos puntos esenciales. Pero no obstante, en la estructura y progresión de este libro, aún no es el momento de especular sobre estos paralelismos sorprendentes, sino de crearnos una visión amplia y general de la importancia y el valor de los maestros espirituales. El caso es que todos los maestros reflexionaron sobre lo que ellos mismos podían aportar a la vida humana, partiendo de sus propias historias singulares, de sus experiencias personales y también de sus respectivas épocas históricas.

La historia de la vida de cada maestro fue un reflejo de su propia mente, y como la mente cambia y evoluciona, esa vida y esa enseñanza no fueron siempre estáticas, sino que progresaron en diferentes fases vitales. El infinito y complejo mensaje encerrado en la sabiduría y en la religión, se refleja, vive y palpita en la vida de todos los maestros espirituales del pasado, del presente y del futuro, más allá del tiempo y del espacio, en una intrincada relación de eternidad. La historia de cada maestro encierra una moraleja, una enseñanza y una parábola iniciática, y lo que ellos nos transmitieron en sus escritos o en los comentarios de sus discípulos, es en verdad un gigantesco laboratorio lleno de conocimientos profundos y de reveladores mensajes espirituales. Estudiando las vidas, las enseñanzas y la labor vital de los maestros espirituales, podemos conmover nuestro espíritu, y ver que si ellos pudieron realmente cambiar el mundo que les rodeaba con la fuerza de su amor y su sabiduría, nosotros también podemos hacerlo hoy, aunque solo seamos humildes buscadores de la verdad. Las narraciones, las leyendas, las historias y los conocimientos de todos esos maestros espirituales, que siempre se enfocan a la senda de la paz, no dejarán de tener un poder inspirador que nos hará crecer, madurar y perfeccionar nuestra humanidad. Todos los capítulos de este libro, con sus teorías y sus historias comentadas desde la tradición, pueden enseñarnos a no desesperar y a no sentirnos tristes cuando nos sobrevengan toda clase de dificultades y problemas. Cuando sabemos lo que significa y lo que implica ser un maestro espiritual, empezamos a despertar nuestras posibilidades únicas, y comienza a desplegarse todo nuestro potencial personal. Todo confluye hacia nuestra madurez y paz interior, porque a pesar de la inmensa ayuda que pueden brindarnos los maestros, nadie va a decirte con precisión cómo vivir tu propia vida. Si tienes un maestro muy carismático, eso no te va a librar del trabajo que a ti te corresponde. Por muy amable o convincente que sea tu maestro, él no podrá jamás vivir tu vida por ti, ni dirigir tu vida sin ti. Nadie ha vivido tu vida actual en el pasado. Tu mismo debes aprender a vivir con sabiduría. Vivir la verdad no es ni más ni menos que saber vivir sabiamente la vida que tienes en tus manos. Cualquier vida crece con un buen maestro, como árbol abonado de bondad y sabiduría, pues todo maestro tiene una serie de cualidades humanas únicas y valiosas: casi siempre saben mostrarse totalmente abiertos hacia todas las circunstancias de sus vidas, hacia toda clase de personas, y hacia la realidad tal como es. Viviendo así, los maestros pueden mostrar el camino a los demás, pero no tienen el poder de liberar a otros directamente. El verdadero maestro puede ser útil a la gente del mundo porque está bien consigo mismo, porque sabe relajarse en su eterno presente, y sobre todo, porque su corazón tiene abiertas las puertas de par en par. La conclusión de todo lo anterior, lo más importante aquí a la hora de que todo lo dicho sirva de algo, es comprender que puedes perdonar sin llegar a ser un gran santo, que puedes de verdad sacrificarte por los demás sin ser Buda o Jesús, y que puedes enseñar algo sin ser un maestro

formal. Aunque hay personas que tienen cualidades y aptitudes para ser líderes natos, y que además poseen un cierto carisma, la pura verdad es que cualquiera que se esfuerce con disciplina y constancia en un camino espiritual, puede convertirse en un maestro de la verdad. Y si ese es el caso, esa persona comprobará por sí misma que, en el mundo entero, no existe ninguna fuerza superior a la fuerza del amor de un maestro, y que tampoco hay ninguna negatividad o maldad que pueda resistirse a la fuerza de su compasión. Ningún demonio puede abatir la fuerza del gran corazón de un verdadero maestro del espíritu. Los verdaderos maestros, al fin y al cabo, solo nos enseñan una y otra vez su única lección: desarrollar en nosotros mismos un espíritu de grandeza, de compasión, y unir esto a un noble corazón. Las vías tradicionales del espíritu, a través de sus verdaderos maestros, nos hacen más conscientes. Y esta es solo una entre tantas y tantas bendiciones otorgadas por el maestro. Cuando somos más conscientes, podemos elegir el rumbo de nuestras vidas, y percibir cuáles son nuestras mejores posibilidades. Cuando el maestro nos regala el afinamiento y puesta al día de nuestra propia consciencia, podemos incrementar nuestra capacidad de perdonar cualquier daño u ofensa. Esa misma consciencia nos llevará a comprender y tolerar a toda clase de personas. De este modo, poco a poco, dejamos de ser arrastrados por esa defensa absurda del territorio del ego, y por esos estúpidos instintos de autoprotección, y…¡Qué feliz se siente uno sin miedos y sin el peso de tantas clases de rechazo y aversión! Si queremos despertar, deberemos forzosamente escuchar lo que nos dicen los maestros del espíritu. Hay que escuchar y aprender de la sabiduría del maestro, y con toda seguridad nos sentiremos inspirados por su ejemplo viviente. A lo largo de todo el contenido de este libro, nos iremos dando cuenta de que nadie tiene en exclusiva la vía directa a la verdad, y de que tampoco existe un camino único hacia el despertar o la perfección espiritual. Cada maestro aporta su grano de arena a la “Gran Montaña de la Sabiduría”, pero lo que de verdad importa es saber llegar a la cumbre de la montaña, y no quedarse demasiado absorto o entretenido en cualquier piedra del camino. Los maestros son las piedras, y los árboles que dan sombra en la dura ascensión, pero lo esencial es llegar a gozar de las preciosas vistas de la cima, lograr el objetivo final, pues ese es el deseo de todo maestro, y esa es la mejor forma de honrarlos y venerarlos. Por tanto, escojamos nuestra senda hasta la elevada cumbre de nuestra perfección humana, y avancemos resueltamente hacia arriba, siempre hacia arriba. …


… En el arte de disciplinar al discípulo, hay que enseñarle y explicarle que no es bueno prestar mucha atención a esa gente ni dejarse influenciar por ella. Si el alumno no lo hace así, sus estados mentales negativos aumentarán, y no podrá evitar de ningún modo el realizar acciones inapropiadas.

Este consejo no debe impulsar al discípulo a abandonar a todo el mundo. Para la disciplina del alumno espiritual es muy importante tratar con precaución y una cierta distancia a esas personas mundanas y no asociarse demasiado con ellas. Lo importante es ir quitando obstáculos a nuestra disciplina y preparar el terreno para hacer mejor nuestras prácticas, seguirlas y alcanzar nuestros mejores resultados. Lo más sagaz, no obstante, es que cuando los malos amigos aconsejen al discípulo, este no los contradiga. Hay que ser como un viejo buey que practica sus costumbres con obstinación, que fortalece su sabiduría y que finalmente, entra en el coraje de la verdadera lucha espiritual. En esta clase de situaciones tan habituales, además el discípulo debe evitar las discusiones. Cuando se forma un grupo de personas, se habla de muchas cosas que incrementan el apego o la hostilidad. Por propia experiencia, aunque llevemos varios años acosados por alguien que nos odia y no cesa en su empeño de querer arruinarnos y demandarnos en juicios, no es nada bueno hablar de ello ante otras personas o indignarse públicamente ante nuestros amigos. El proceso de poner todo esto en práctica se mejora considerablemente con la técnica tibetana de pensar con frases cortas o dichos breves que son llamados “el adiestramiento mental”.

Venerable Maestro Lopon Sechu Rimpoché