Exhortaciones desde el Santuario - Recursos Escuela Sabática

28 dic. 2013 - nos con labios temblorosos y afligidos, otros con escarnio y burla. El Espíritu Santo ilumi- nó su mente y poco a poco se fue eslabonando la cadena de la evidencia. En Jesús, magullado, escarnecido y colgado de la cruz, vio al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La esperanza se mezcló con ...
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COMENTARIOS DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA IV Trimestre de 2013

El Santuario

Prof. Sikberto R. Marks Lección 13 28 de diciembre de 2013

Exhortaciones desde el Santuario Prof. Sikberto Renaldo Marks Versículo para memorizar: “Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10: 21,22).

Introducción Muchos de nosotros quizás tenemos un gran conocimiento teológico. Otros podemos ser eficientes predicadores. Otros, grandes conferencistas, capaces de atraer multitudes. Otros incluso podemos ser capaces de dar estudios bíblicos con mucha facilidad. Y puede que haya especialistas en sanar enfermedades, en el estilo de vida saludable, y cosas por el estilo. Pero no vale de nada si no llevamos todos, cada día, una vida cristiana práctica. Debemos revisar constantemente nuestra vida cotidiana. Sería excelente si, al final de cada día, las familias se detuvieran a reflexionar en lo que se hizo correctamente, en donde hubo fallas, y arreglar todo con Dios. “No os quedéis fuera de Cristo, como hacen muchos que hoy se dicen cristianos. El permanecer ‘en mí, y yo en vosotros’ es una cosa posible de hacerse, y no se haría la invitación si vosotros no pudierais hacerlo. Jesús nuestro Salvador os está atrayendo continuamente mediante su Espíritu Santo, trabajando con vuestra mente para que moréis con Cristo… Las bendiciones que concede están todas relacionadas con vuestras propias acciones individuales. ¿Será rechazado Cristo? Él dice: ‘Y al que a mí viene, no le echo fuera’ (Juan 6:37). De otro grupo de personas dice: ‘Y no queréis venir a mí para que tengáis vida’ (Juan 5:40). “¿Hemos comprendido plenamente la bondadosa invitación: ‘Venid a mí’? Él dice: ‘Permaneced en mí’, no permaneced conmigo. ‘Entended mi llamamiento. Venid a mí para estar conmigo’. Concederá gratuitamente todas las bendiciones implícitas en él a todos los que acudan a él en busca de vida…” (En los lugares celestiales, p. 57).

Acceso al Santuario celestial “La sangre del Hijo de Dios era simbolizada por la de las víctimas inmoladas, y Dios quería que tuvieran ideas claras y definidas para distinguir entre lo sagrado y lo común. La Recursos Escuela Sabática ©

sangre era sagrada, porque sólo mediante el derramamiento de la del Hijo de Dios podía haber expiación por el pecado. También se empleaba la sangre para purificar el santuario de los pecados del pueblo, para representar de este modo el hecho de que la sangre de Cristo únicamente puede purificar del pecado” (La maravillosa gracia de Dios, p. 55). ¿Por qué sólo por la sangre de Jesucristo podemos alcanzar perdón y purificación de nuestros pecados? De tanto estudiar estas lecciones no debiera ser difícil responder a esa pregunta. Ocurre que Jesucristo se hizo un ser humano en las condiciones de Adán y Eva después del pecado, o sea, mortal. Pero desde el punto de vista moral, Jesús vino como Adán antes del pecado, o sea, puro. Entonces, Jesús era un ser puro, sin pecado, pero mortal, que envejecería y moriría de alguna manera. En otras palabras, era un Ser moralmente perfecto que vino a esta Tierra a sujetarse a las condiciones en que cayeron los descendientes de Adán y Eva. En esas condiciones Él vivió por más de tres décadas, siendo tentado continuamente de alguna forma, pero sin caer nunca en pecado. Aun cuando haya sido posible, Él nunca falló. Aun cuando había riesgo, Él nunca pecó. Es en este punto que se explica por qué su sangre vale para salvarnos. Es una sangre pura, que posee vida sin pecado. Otro punto que debemos conocer es que sólo la sangre del Hijo de Dios (nacido como ser humano, pero sin pecado) puede salvarnos. Ocurre que quien fue desafiado en el Cielo no fue Dios Padre ni el Espíritu Santo, sino Dios Hijo, pues Lucifer quería ocupar su lugar. Por lo tanto, era Él quien debería exponerse aquí en la Tierra en la forma de ser humano y en esas condiciones luchar contra Satanás en favor de los hombres. Solo Él podría hacer esa pelea porque Él fue desafiado. Lucifer quería el trono de Jesús para hacerse un miembro de la Trinidad y ardió de envidia cuando lo vio participar del concilio celestial que decidió la creación del hombre en la Tierra; él quería estar en el lugar del Hijo de Dios. En cuanto a Dios Padre, lo que estaba en juego era su carácter, si realmente era amor y justicia. Jesús demostró que sí. Por lo tanto, la única sangre que servía delante de Dios y delante de Lucifer para salvar al ser humano era la de Jesús, no como Dios, sino como ser humano, y eso es lo que fue hecho. En eso quedó demostrado cuán grande es el amor de Dios por nosotros. ¡Gracias a Dios!

Purificados y sinceros Llego tal como estoy, pero no quedo tal como vine. Humildes, obedientes y de corazón sincero, así es como debemos vivir. Una pregunta inquietante es: ¿Qué es lo que hace la diferencia entre una mente que es humilde y otra que no lo es? ¿Cómo una mente orgullosa puede hacerse humilde, siendo que es ella misma la que toma sus decisiones? Una situación difícil. La propia mente debe convencerse de que ella misma debe cambiar. Por eso es tan difícil que un pecador tenga el deseo de volverse puro y humilde, pues su mente, que se maneja a sí misma, necesita sentir la necesidad de ese cambio. Ese es el punto. Recursos Escuela Sabática ©

Muchos dicen así: “Tiene que dominar tu mente, necesitas controlarla”. Pero eso no es real, pues quien domina la mente es la propia mente. Lo que puede ocurrir es un delicado momento en que la propia mente percibe que está equivocada. Eso generalmente ocurre cuando nos enfrentamos, o mejor, cuando la mente se enfrenta con algún sermón, alguna lectura, algún himno decente, etc. La mente se emociona y siente alguna necesidad de cambio. Si ella misma no se decide por el cambio en ese momento, entonces ella estará fortaleciendo la resistencia al cambio, lo que puede ser llamado rebeldía. Y la verdad es que todos nosotros tenemos algo de rebelde en nuestra mente. Por otro lado, cuando la mente descubre algo nuevo que sea promisorio, verdadero, como la promesa de la vida eterna, y percibe la posibilidad de cambiar esta vida llena de riesgos por otra sin riesgo alguno, puede entonces darse cuenta de que es necesario cambiar. Cuando percibe que tiene un Salvador capaz de mejorar nuestra vida, tal vez ella se interese, y así, nosotros nos interesaremos. No sé si entre los lectores haya alguien que lo percibió, pero a veces sentimos que hay algo en nosotros que está por encima de nuestra mente. Parece que hay una Fuerza superior, por medio de la cual comandamos nuestra mente. Y eso es verdad, es el poder del Espíritu Santo. Tenemos ese poder a nuestra disposición para que no quedemos a merced de nosotros mismos, de nosotros y de nuestra mente frágil, llena de vicios y tendencias malvadas. De esa forma, en aquellos momentos en que estemos siendo tocados por ese Poder superior, debemos acercarnos a Dios con corazón sincero, o sea, con mente sincera. Debemos concordar con lo que ese poder superior nos diga en ese momento. Fue eso lo que ocurrió con uno de los ladrones en la cruz. Examina el relato: “Había oído a Pilato declarar: ‘Ningún crimen hallo en él’ (Juan 19:4). Había notado su porte divino y el espíritu compasivo de perdón que manifestaba hacia quienes le atormentaban. En la cruz, vio a los muchos que hacían gran profesión de religión sacarle la lengua con escarnio y ridiculizar al Señor Jesús. Vio las cabezas que se sacudían, oyó cómo su compañero de culpabilidad repetía las palabras de reproche: ‘Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros’. Entre los que pasaban, oía a muchos que defendían a Jesús. Les oía repetir sus palabras y hablar de sus obras. Penetró de nuevo en su corazón la convicción de que era el Cristo. Volviéndose hacia su compañero culpable, dijo: ‘¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación?’ Los ladrones moribundos no tenían ya nada que temer de los hombres. Pero uno de ellos sentía la convicción de que había un Dios a quien temer, un futuro que debía hacerle temblar. Y ahora, así como se hallaba, todo manchado por el pecado, se veía a punto de terminar la historia de su vida. ‘Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos—gimió —porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo’. “Nada ponía ya en tela de juicio. No expresaba dudas ni reproches. Al ser condenado por su crimen, el ladrón se había llenado de desesperación; pero ahora brotaban en su mente pensamientos extraños, impregnados de ternura. Recordaba todo lo que había oído decir acerca de Jesús, cómo había sanado a los enfermos y perdonado el pecado. Había oído las palabras de los que creían en Jesús y le seguían llorando. Había visto y leído el título puesto sobre la cabeza del Salvador. Había oído a los transeúntes repetirlo, algunos con labios temblorosos y afligidos, otros con escarnio y burla. El Espíritu Santo iluminó su mente y poco a poco se fue eslabonando la cadena de la evidencia. En Jesús, magullado, escarnecido y colgado de la cruz, vio al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La esperanza se mezcló con la angustia en su voz, mientras que su alma Recursos Escuela Sabática ©

desamparada se aferraba de un Salvador moribundo. ‘Señor, acuérdate de mí— exclamó—cuando vinieres en tu reino’. “Prestamente llegó la respuesta. El tono era suave y melodioso, y las palabras, llenas de amor, compasión y poder: “De cierto te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). “Durante largas horas de agonía, el vilipendio y el escarnio habían herido los oídos de Jesús. Mientras pendía de la cruz, subía hacia él el ruido de las burlas y maldiciones. Con corazón anhelante, había escuchado para oír alguna expresión de fe de parte de sus discípulos. Había oído solamente las tristes palabras: ‘Esperábamos que él era el que había de redimir a Israel’. ¡Cuánto agradecimiento sintió entonces el Salvador por la expresión de fe y amor que oyó del ladrón moribundo! Mientras los dirigentes judíos le negaban y hasta sus discípulos dudaban de su divinidad, el pobre ladrón, en el umbral de la eternidad, llamó a Jesús, Señor. Muchos estaban dispuestos a llamarle Señor cuando realizaba milagros y después que hubo resucitado de la tumba; pero mientras pendía moribundo de la cruz, nadie le reconoció sino el ladrón arrepentido que se salvó a la undécima hora. “Los que estaban cerca de allí oyeron las palabras del ladrón cuando llamaba a Jesús, Señor. El tono del hombre arrepentido llamó su atención. Los que, al pie de la cruz, habían estado disputándose la ropa de Cristo y echando suertes sobre su túnica, se detuvieron a escuchar. Callaron las voces airadas, Con el aliento en suspenso, miraron a Cristo y esperaron la respuesta de aquellos labios moribundos. “Mientras pronunciaba las palabras de promesa, la obscura nube que parecía rodear la cruz fue atravesada por una luz viva y brillante. El ladrón arrepentido sintió la perfecta paz de la aceptación por Dios…” (El Deseado de todas las gentes, pp. 697, 698).

Fe: tener confianza La confianza en Dios es un requisito para que seamos salvos. Hay una buena cantidad de evidencias que nos permiten confiar. La cruz del calvario, las promesas cumplidas, las profecías que ya se cumplieron (y faltan pocas por cumplirse), nuestra transformación de vida, el texto bíblico, y así por el estilo. Podemos confiar por la fe y por medio de las obras que hacemos por los otros. Por la fe confiamos en la certeza de que lo poco que aún falta por cumplir, se cumplirá. ¿O será que la parte mejor que aún falta no se hará realidad? ¿Si Él ya murió por nosotros, no vendrá ahora a salvarnos? Por las obras fortalecemos nuestra confianza porque vemos a otras personas siendo salvas. No hay cómo apartar de nosotros el amor de Dios, pero sí hay maneras de apartarnos nosotros de Él. O sea, es imposible apartar a Dios de nosotros, siendo muy fácil que nosotros nos separemos de Él. Satanás es quien hace eso. “Induce a los hombres al escepticismo, haciéndoles perder la confianza en Dios y separarse de su amor; los induce a violar su ley, luego los reclama como cautivos suyos y disputa el derecho de Cristo a arrebatárselos. Sabe que aquellos que buscan a Dios fervientemente para alcanzar perdón y paz, los obtendrán; por lo tanto les recuerda sus pecados para desanimarlos. Constantemente busca ocasión de acusar a aquellos que procuran obedecer a Dios. Trata de hacer aparecer como corrompido aun su servicio mejor y más aceptable. MeRecursos Escuela Sabática ©

diante incontables designios muy sutiles y crueles, intenta obtener su condenación” (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 173). El enemigo quiere separarnos de Dios. Es la única alternativa que tiene para conseguir alguna victoria. Para eso, recurre a la ruptura de confianza en Dios. Nos juzgamos tan pecadores a veces, que consideramos que nunca más seremos aceptados por Dios. O, en el otro extremo, nos encontramos tan despreocupados con los pecados que acariciamos, aquellos que ya no nos incomodan, que pensamos que ellos no necesitan ser abandonados. Por una u otra vía, estamos siendo separados de Dios. O sea, por un lado hay pecados que nos asustan demasiado, y por otro hay pecados que no nos preocupan. No debemos quedarnos ni en la situación de los que piensan estar demasiado perdidos ni en la de los que desconsideran algunos pecados. Esos dos extremos son una estrategia de Satanás para llevarnos a la perdición.

Esperanza: firmes sin fluctuar “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 1:3). ¿Qué es lo que hace firme la esperanza en Jesús? No viene de nosotros fortificar la fe o la esperanza, o de nosotros mismos tener esperanza en Jesús. Esto viene de Él, por lo que Él hizo y por lo que está escrito. ¿Cuál es hoy nuestra gran esperanza? Sin ninguna duda de que es la de ver el regreso de Jesús. Esta es la gran solución para la humanidad, sea para los salvados, e incluso para los perdidos. ¿Y podemos tener seguridad de que volverá? Nuestra seguridad está en la Biblia – o confiamos en ese libro o no hay cómo tener esperanza, o ese libro es verdadero o estamos perdidos. La Biblia relata muchos hechos que, si ellos fuesen verdaderos, no sería racional no creer que Jesús volverá. ¿Y será que son verdaderos esos hechos relatados en el sagrado libro? Por mi parte, creo que sí. Hay evidencias de que lo son. Además, podemos tener una experiencia personal con Dios. Esa es otra base de nuestra esperanza. Aun cuando nunca veamos a Dios, Él se manifiesta en nuestra vida y para que sepamos sobre eso debemos prestar atención. Tengo una colección de innumerables hechos que atribuyo a la acción de Dios en mi vida. Es por eso que no tengo el derecho de dudar, pues sería despreciar lo que Dios ya ha hecho por mí. Entonces todos podemos tener fundamentos sólidos para tener una firme esperanza, sin quedarnos dudando de Dios ni teniendo una certidumbre débil o superficial. Debemos tener el conocimiento sobre Jesús, y este conocimiento viene de la Biblia, y tenemos que tener una experiencia positiva con Jesús, la cual viene de una vida diaria de entrega a Él.

Amor: animémonos unos a otros Somos seres sociales. Lo que le interesa a uno, puede interesar a muchos otros. Lo que uno sabe, puede ser el deseo de saber de otros. Si me interesa la salvación, es un hecho que hay otros interesados en ella. Si veo una falla en mi hermano, es un hecho que le puede interesar que le advierta con mucho amor. Recursos Escuela Sabática ©

Somos una sociedad de amor. Esto es, debemos amarnos los unos a los otros. Fue lo que Jesús nos enseñó, y esto es su ley: que nos amemos mutuamente y amar a Dios sobre todas las cosas, por encima de todo. Amar a Dios más que a nuestros seres queridos resulta en más amor para estos, pues cuando amamos a Dios, y cuanto más lo amamos, más amor tendremos para dar a nuestros conocidos, amigos y seres queridos. Por lo tanto, debemos tener cuidado en llevar una vida espiritual práctica. No es tan solo ir a los cultos, asistir y regresar. No es eso lo que Dios quiere de nosotros. ¿Qué es lo que Él realmente quiere de nosotros? ¿Qué es lo que significa amarnos los unos a los otros? Debemos mantener interés por la vida de nuestros hermanos. ¿Cómo están? ¿Enfrentan problemas? ¿Necesitan de consejo? ¿Alguien necesita de motivación o apoyo espiritual? ¿Necesita que oremos por él? ¿Hay enfermos? ¿Hay personas hospitalizadas? ¿Hay quienes estén enfrentando problemas conyugales? ¿Quién esté desempleado? ¿O con problemas económicos? La gama de situaciones buenas y malas es enorme. Y mucho mayor es la lista de los problemas que de las situaciones positivas. Debemos animarnos mutuamente, sea con un apretón de manos, con un abrazo, con un consejo, con algún tipo de ayuda, y cosas semejantes. Debemos ser una comunidad de apoyo recíproco – un día es uno el que necesita, otro día es otra persona. Debemos tener una comunidad de amigos que se ayudan recíprocamente.

Aplicación del estudio I.

Síntesis de los principales puntos de la lección 1. ¿Cuál es el principal enfoque? • Es muy útil aquí la frase que hace tiempo pensé y que fue citada al comienzo: “Llego como estoy, pero no quedo tal como vine”. O sea, necesitamos cambiar, un poco cada día. Debemos tener el deseo de ser transformados por el poder de lo alto. Y principalmente nos hace falta incentivar a otros a permanecer en el camino, bajo la influencia de Apocalipsis 12:17 y 14:12. ___________________________________________________________ ___________________________________________________________ 2. ¿Cuáles son los tópicos relevantes? • Acerquémonos a Cristo con confianza, con fe, por medio de la oración, haciendo una entrega diaria. Nuestra esperanza en las promesas debe ser firme e inquebrantable, aunque parezca que se está demorando, aunque parezca que el mal está venciendo. 3. ¿Has descubierto otros puntos que podrías añadir? ________________________________________________________________ ________________________________________________________________

II. ¿Qué cosas importantes podemos aprender de esta lección? Mantener siempre viva la fe en Dios, pues únicamente por ella es que venceremos. En relación a los seis mil años de pecado, faltan aún unos pocos años para Recursos Escuela Sabática ©

que Jesús vuelva. Y de la misma forma, en relación a nuestro corto tiempo de vida, Jesús está pronto para regresar. 1. ¿Qué aspectos puedo agregar a partir de mi estudio? ________________________________________________________________ _________________________________________________________________ 2. ¿Qué medidas debemos tomar a partir de este estudio? a. Orar y trabajar, lo cual quiere decir, mantener una estrecha relación con Dios todos los días. Debemos comunicarnos con él varias veces al día, y también hacer alguna cosa significativa en beneficio de los otros para que igualmente se salven. Nunca nos salvaremos sin llevar a otros a Cristo. 3. ¿Qué es lo bueno en mi vida que me propongo a reforzar y lo malo para cambiar? _________________________________________________________________ _________________________________________________________________ 4. Comentario de Elena G. de White “Solamente un día es nuestro, y en él hemos de vivir para Dios. Por ese solo día, mediante el servicio consagrado, hemos de confiar en la mano de Cristo todos nuestros planes y propósitos, depositando en él todas las cuitas, porque él cuida de nosotros. ‘Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis’ (Jeremías 29:11). ‘En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza’ (Isaías 30:15” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 86). 5. Conclusión general “Si buscamos a Dios y nos convertimos cada día; si voluntariamente escogemos ser libres y felices en Dios; si con alegría en el corazón respondemos a su llamamiento y llevamos el yugo de Cristo—que es yugo de obediencia y de servicio—, todas nuestras murmuraciones serán acalladas, todas las dificultades se alejarán, y quedarán resueltos todos los problemas complejos que ahora nos acongojan” (Ibíd.). 6. ¿Cuál es el punto más relevante al que llegué mediante este estudio? _________________________________________________________________ _________________________________________________________________

Prof. Sikberto R. Marks Traducción: Mario Dávila & Rolando Chuquimia RECURSOS ESCUELA SABÁTICA ©

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