Condicionados por las necesidades y presiones Alfajores y ...

grupo de padres. Un empujón dentro del vestuario asusta a los que miran con ojos .... MAURO ALFIERI de los ersa entrre de los. URO ALFIERI agosto de 2009.
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Informe especial

Por Martín Castilla

De la Redacción de LA NACION sí que te llevaste a los pibes... ¿Quién c… te creés que sos? Ahora vas a ver lo que te espera. –Paren, ¿qué les pasa...? ¿Esto es porque ganamos? Esperen. ¡Uy…! –Vamos a ver si ahora te dan ganas de volver a dirigir... // // // Poco antes de un partido de baby fútbol, uno de los entrenadores de la categoría 1999 del club Minerao había escuchado la recomendación: “Mirá que el ambiente está caldeado”. Hace dos semanas, en uno de los partidos con Cideco, en Lanús, los minutos se hicieron interminables para el técnico Ariel Alonso. En medio de la mirada de los chicos, la intolerancia de un grupo de padres. Un empujón dentro del vestuario asusta a los que miran con ojos de niño; un puño anónimo pega con fuerza sobre el DT y una voz –la del dueño de los nudillos– arranca el diálogo mencionado en el comienzo de esta crónica. El relato de Alonso estremece. “Nosotros ganábamos 8-0. Faltando un minuto empezaron los insultos hacia nosotros, pero, lo que es peor, también a los nenes. Una vez en el vestuario, se me tiraron encima y me sacaron el hombro de lugar. Salí a correr para la calle, pero en el estacionamiento me volvieron a pegar. Eran como ocho, pude identificar a entrenadores y padres del otro equipo. Tirado en el suelo me volvieron a pegar patadas. Se detuvieron porque creo que pensaron que me habían matado y porque mi hijo Nicolás lloraba desconsolado. Uno de los papás de los chicos que dirijo me cargó en el auto y me llevó al hospital”, cuenta Ariel Alonso, que fue atendido durante seis horas en el Hospital Vecinal de Lanús. Terminó con el hombro dislocado y sufrió cortes sangrantes en la nariz, una oreja, más la fisura de una costilla, un ojo negro y golpes varios. Por este hecho, Alonso radicó la denuncia en la comisaría 2a de Lanús, que la amplió con la identificación de sus agresores. El baby siempre fue la representación del toque y de la gambeta. Del fútbol de potrero, el de antes. De esa sensibilidad trasladada a la pista, donde la pelota nunca se detiene. Donde sale poco, y va y viene. Con precisión, con clase y con piruetas también. Y con chicos de 6 a 13 años como protagonistas. Después de muchas situaciones reveladoras y de escuchar infinidad de veces la frase “el baby es así”, allí apareció el desafío por ingresar en este juego de chicos inmerso entre la presión de los grandes. Donde los niños a menudo conviven con situaciones y reacciones violentas. Donde muchas veces se les exigen resultados, goles, buen juego y, por encima de todo, que lleguen a primera división. Entrenadores y dirigentes coinciden en que el escenario cambió y mucho. Lo que hace unos años era el lugar para que los más pequeños se divirtieran, para apartarlos de las tentaciones de la calle, hoy parece ser la primera parte de un camino que roza lo profesional. Más que de juego y de jugadores, de un mercado propicio para la competencia por encima del espíritu formativo. Pudo ser un muestreo de lo que son los partidos de los chicos. De sus capacidades y de su comportamiento, de cómo algunos clubes les brindan contención y una cuota alimentaria necesaria. De la importancia que tiene ser parte de un equipo, con todo lo que eso implica. Pero se convirtió en la numeración de ejemplos de los estados alterados de los padres. Como sucedió hace

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Lunes 10 de agosto de 2009

unas semanas en el club Juventud de Devoto, donde un tumulto con no menos de 20 de personas suspendió el partido ante la mirada de los chicos; ahora la liga FAFI está analizando la suspensión del club. Desde un costado, casi de incógnito, se puede comprobar cómo los hijos tienen más claro que sus progenitores el hecho de que juegan por diversión. Aunque sufren una presión tremenda. Muchos hasta juegan por plata, por un viático, y lo hacen en varios partidos por fin de semana. En la zona sur, un chico conocido con el apodo “Pitino” tuvo que cambiar de club, amigos y de categoría, porque al padre le prometieron 200 pesos por partido. Casos como éstos hay muchos y son reconocidos por casi todos en éste ambiente. Fabián Castro, a cargo de la escuela de fútbol de Estrella de Maldonado, en Palermo, analiza el tema: “Muchos se olvidaron de que en el baby el resultado debe ser lo último. Esto ya se convirtió en un mercado persa, está instalado. Varios clubes de la Capital salen a buscar jugadores del conurbano, donde los chicos tienen más tiempo y lugar para jugar con respecto a otros de la ciudad”. Como muchas entidades de barrio tienen convenios con equipos de primera división, la actividad ha alcanzado una magnitud inimaginable para lo que supo ser. Tan amplia es la carrera por quedarse con los mejores que algunos clubes tienen hasta tres, cuatro o cinco planteles de una misma categoría para no perderse de anotar a ningún jugador por miedo a que se lo lleve otro club. Roberto Cemerena, profesor del club Arzeno, de Burzaco, entrega su visión: “Roban chicos descaradamente. Antes se los llevaba el club grande, como puede ser un Lanús, un Banfield, etcétera. Ahora hasta entre los equipos de baby se está dando esto. Ofrecen desde zapatillas hasta un viático para los padres, por chicos que tienen 6 años”. En la mayoría de los casos, existe un reglamento que regula la competencia y sanciona los malos comportamientos. El 1° de julio pasado, la liga de FAFI, con 8500 chicos fichados y 129 clubes inscriptos, debió modificar su reglamento como consecuencia de la cantidad de hechos de violencia que se habían dado en el último año. Desde invasiones del campo de jue-

Ramón Maddoni (*)

OPINION

EL FUTBOL ENTRE CHICOS DEBE SER UN JUEGO Una de las cosas más importantes cuando se trabaja con chicos es saber diferenciar entre lo prioritario, que es la enseñanza, y lo accesorio, que es el resultado. Los padres y los entrenadores deben tener bien claro esto. Cuando escucho y me encuentro con detalles que poco tienen que ver con la esencia del baby fútbol, no me gusta, pero no hay que rendirse. Cuando llega un chico, hay que empezar a trabajar en los fundamentos técnicos y buscar que entienda las pautas de la convivencia con sus pares y con el profesor. De a poco el jugador va logrando un aprendizaje que le permite avanzar en los conceptos nuevos. Muchos juegan bien, pero tienen muchas falencias en la parte técnica. Cabecean mal y no saben pegarle a la pelota con las dos piernas. Pero todo eso se va aprendiendo. Lo más difícil es asimilar, especialmente su entorno familiar, que esto es un juego. (*) Coordinador del fútbol infantil de Boca y del baby fútbol de Social Parque.

Lamela casi pasa del futbol de salón a Barcelona

go, agresiones al árbitro y disputas entre los padres. La otra entidad significativa es FEFI, con 25.000 inscriptos distribuidos en 240 clubes. Algunos clubes y sus delegados se han visto tan desbordados por el mal comportamiento de los familiares que hasta tuvieron que contratar policías. Por ejemplo, Talleres de Remedios de Escalada redujo la cantidad de incidentes a partir de pagar 150 pesos por cada efectivo que utiliza en los partidos de local. Gastos que se costean con una entrada de cinco pesos, que se cobra en los partidos considerados de “riesgo”. Los representantes, los empresarios o los veedores que trabajan para ellos colaboraron y mucho en el cambio de escenario en el mundo del baby fútbol. El primer paso para ellos es el de llegar temprano, o antes que otro, a ese aspirante a crack que siguen de cerca en los entrenamientos o en los partidos. ¿Cómo llegan a la familia? Observan, evalúan como si se tratara de profesionales, y se acercan a los elegidos –a veces con algún contacto que está en el propio club–, charlan con los padres, les ofrecen zapatillas, botines, ropa… Y si el chico es un talento del que se habla mucho en el ambiente, se va más allá, incluso con un viático mensual. La manera más común: un contrato privado con el padre. Canchitas convertidas en ollas a presión, jugadas en busca de un escape, campeonatos transformados en competencias descarnadas y cargados de intolerancia, a la vez. Locura, desesperación y violencia en las puertas mismas de la infancia. Sucesión de imágenes de pequeñas peleas en las que los más grandes muestran todas sus frustraciones. El fútbol infantil, una excusa.

Cuando Erik Lamela, que actualmente forma parte del plantel de River, tenía 11 años y era un destacado futbolista en las pistas del baby, los directivos de Barcelona le ofrecieron a su padre, José, un empleo en la ciudad catalana, 12.000 euros y los gastos de educación de todos los hermanos para que su hijo fuera a jugar en las inferiores blaugranas. Las ganas de la mamá Myriam ayudaron para que se quedara, pero para retenerlo River cedió un 15 por ciento del pase a la familia y concedió becas de estudios a los tres hermanos, entre otras cosas.

Condicionados por las necesidades y presiones Los DT y los dirigentes hablan de una problemática cotidiana Los entrenadores y los dirigentes coinciden en que la situación económica que viven las familias, amenazadas por la desocupación, y las cifras que maneja el mercado profesional incrementaron los sueños de salvación económica alrededor de los pequeños. Al frente de las categorías del club Estrella de Maldonado está Fabián Castro, con una mirada crítica sobre el tema. “Las presiones las tienen los chicos, pero porque los grandes se las trasladan. La tensión es constante y creo que el sistema de ascenso y descenso contribuye. Es inadmisible que un chico de 6 años sienta la frustración de lo que significa perder una final o perder la categoría”, cuenta Castro. En el club Social Parque, uno de los más reconocidos dentro del fútbol de los más chicos, está Hernán Medina, que trabaja en el equipo que supervisa Ramón Maddoni, actual coordinador del fútbol infantil de Boca. “Los padres se ponen bastante nerviosos y quieren que sus hijos jueguen, que hagan goles y que les aseguren que van a llegar a primera. Nosotros no podemos entrar en esa locura y simplemente tenemos que ocuparnos de formarlos y darles herramientas para que mejoren su técnica”, opinó Medina. Las problemáticas se repiten y las his-

torias que se recogen van dibujando el panorama que se vive cotidianamente. Como presidente de FAFI, Miguel Angel Bonelli describe: “En los últimos años nosotros vemos en los grandes mucha más agresividad que antes. Los papás ven las cifras que se manejan en el fútbol profesional y quieren que sus hijos sean profesionales en un lugar donde sólo deben divertirse. Nosotros, si comprobamos la agresión a un chico o a un árbitro, lo castigamos con la suspensión”. Como presidente de FEFI, Marcelo Pulse también reconoce la ansiedad marcada que se está dando en los padres: “Es indudable que cuando se observa detenidamente a un padre que está a un costado, uno se da cuenta de que ese padre está viendo en su hijo a un profesional. Todos tienen instalado en su cabeza que ven en su hijo un futuro Messi”. Todos hablan de presiones; ninguno las niega, pero también entran en escena las exigencias de terceros. Roberto Cemerena, del club Arzeno, es bastante autocrítico. “Muchos empresarios se acercan, se encargan de organizar torneos y te invitan a jugar, pero después intentan llevarse a los jugadores con promesas insólitas, como que van a hacerlos jugar en primera. Como van las cosas, estamos arruinando a los pibes”.

La pérdiida de la niñez El baby fútbol vive una influencia creciente de innumerables presiones: hay casos de padres que golpean a los entrenadores y a los árbitros, clubes que se roban jugadores, partidos con presencia policial y empresarios que aprovechan la ansiedad familiar

Alfajores y sándwiches, apenas un parche La mala alimentación es la causa de lesiones e incluso provoca desmayos en los jugadores

La ilusión de los niños, inmersa entre ersa entr re la presión de los grandes FI ER RI // M AUU RO AALL FIE

De un tiempo a esta parte, una estructura armada de dirigentes, profesores, preparadores físicos y hasta psicólogos, según los casos, se mueve alrededor de los chicos. Uno de los temas que más preocupa a todas las partes es lo mal alimentado que llegan los chicos. No son habituales, pero los desmayos en el medio de un partido o de un entrenamiento fueron una mala noticia frecuente en los últimos años. Una particularidad como para poner la atención en la nutrición de los niños. “Yo estuve en partidos en los que hubo desmayos y, aunque no puedo asegurar los motivos, creo que el problema principal fue la alimentación. Y te puedo decir que no fue en una sola oportunidad. Nosotros, según la horas, le damos un alfajor con leche o un sándwich de milanesa”, dijo Roberto Cemerena, profesor del club Arzeno, de Burzaco. Diego Marquiani, médico pediatra (MN

103.212), del Hospital General de Agudos Vélez Sarsfield, opinó: “La actividad física es una característica natural de los niños y los adolescentes. Existen numerosos factores que atentan contra ella, y uno es la mala alimentación. La dieta para las actividades deportivas debe contar con aporte calórico adecuado que brinde los nutrientes necesarios, pero de no ser así el crecimiento y el cuerpo sufren las consecuencias”. Y agrega: “La malnutrición puede deberse a una ingesta incorrecta o insuficiente, o a una deficiente absorción de los alimentos. La ingesta puede estar limitada por un aporte que no alcanza, malos hábitos dietéticos, el desinterés por la comida o factores emocionales. Algo que se debe seguir de cerca en los chicos”. Nos es un tema de fácil resolución porque son muchos los factores que ponen al fútbol de los más chicos en un estado

de alerta. La mala alimentación, el poco descanso y las presiones psicológicas son causas de lesiones. Una realidad que perciben quienes trabajan diariamente con ellos. Ramón Maddoni explica: “Uno trata de descifrar cuándo un chico tiene esos problemas. Cuando uno ve una situación trata de acercarse y pagarle una comida o acercarle un sándwich. No, nosotros no podemos detectar si un chico está mal comido. Quisiéramos hacerlo, pero no tenemos los recursos y las herramientas para afrontarlo”, reconoce Bonelli, con resignación. Casi como un parche, surge la intención de mitigar el problema en aquellos casos que son muy marcados o que se repiten. ¿Cómo? Muchos clubes se encargan de dar una merienda o, en el mejor de los casos, llevan adelante un comedor para que los chicos, al menos, se alimenten una vez al día.