Un último adiós a la Tierra Media

31 dic. 2014 - Un último adiós a la Tierra Media. Jackson ofreció el proyecto al reali- zador mexicano Guillermo del Toro. (Titanes del Pacífico) e intentó que ...
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espectáculos

| Miércoles 31 de dicieMbre de 2014

Un último adiós a la Tierra Media

cine

Desenlace a la altura de un viaje épico

cinE. Tras seis películas, Peter Jackson se despide del mundo de J. R. R. Tolkien con La batalla de los

cinco ejércitos, el último de sus tres films basados en El hobbit, que llegará mañana a los cines locales Viene de tapa

Jackson ofreció el proyecto al realizador mexicano Guillermo del Toro (Titanes del Pacífico) e intentó que la adaptación de la novela se hiciera como mucho en dos partes pero, finamente, la ambición –en el mejor y el peor de los sus sentidos– prevaleció. Jackson se entregó a ella por completo y sin restricciones: desplazó a Del Toro (quien conserva el crédito de coguionista) y se puso al frente de una nueva trilogía de nueve horas sobre otra aventura de un habitante del apacible Hobbiton en tierras extrañas y peligrosas. Desde el punto de vista de la adaptación, El hobbit es el reverso de El señor de los anillos. Esta última era una de esas novelas consideradas infilmables dado que, entre sus tres tomos, tiene casi medio centenar de personajes centrales, cada uno de ellos enriquecido con su genealogía y su historia personal. Además, el vasto conocimiento de Tolkien de la filología germánica fue volcado en un minucioso trabajo formal, en particular sobre la invención de nombres y lenguajes –uno de los rasgos cruciales que dan consistencia a su mundo– que es intraducible a la pantalla. Jackson luchó contra estos escollos y, tras una labor de adaptación de un año y medio, un rodaje monstruoso de diez meses y el triple de tiempo dedicado a la posproducción, emergió victorioso con tres películas –una por libro, aunque las historias no se corresponden al detalle– de alrededor de tres horas cada una que ya pertenecen a la historia del cine. El hobbit, por su parte, es una novela para adolescentes en un solo tomo de unas 300 páginas que cuenta, de modo accesible y directo, el viaje del hobbit Bilbo Bolsón hacia la Montaña Solitaria en compañía de trece enanos que aspiran a recuperar su reino. El desafío de la adaptación, en este caso, fue, inversamente, inflamar esta historia sencilla hasta tener tres películas épicas que estuvieran a la altura de la expectativas del público que había visto la trilogía original. La solución que encontró Jackson no fue muy novedosa. Es la misma que usaron los adaptadores de los tomos finales de Harry Potter, Crepúsculo y Los juegos de hambre, de los que se exprimieron dos películas por cada uno: tomarse todo el tiempo del mundo para narrar cada acontecimiento, expandir personajes secundarios y, sobre todo, insertar escenas de acción que no hagan avanzar el relato aunque todo esté en movimiento. Esto produce el efecto paradójico de que los films, al menos en sus primeras partes, parecen detenidos y no tienen conflictos específicos porque los plot points que los establecen vienen dados con cuentagotas. El señor de los hobbits En lo básico, El hobbit y El señor de los anillos son la misma historia: un hobbit abandona el confort y la tranquilidad de su vida hogareña para integrar un grupo de compañeros que se embarcan en una aventura que los transformará. Ambas aventuras están impulsadas por un objeto mágico que varias facciones rivales persiguen y que representa la tentación del poder absoluto (en un caso, un anillo que hace invisible a su portador y, en el otro, una gema, la Piedra del Arca, que otorga propiedad sobre un tesoro incalculable). Los ecos de las guerras mundiales se perciben en ambas historias que son, en términos políticos, una admonición contra el totalitarismo y, en términos morales, una contra el egoísmo y la avidez. El señor de los anillos fue escrito por Tolkien a pedido de su editor para aprovechar el éxito que había

obtenido El hobbit, publicado originalmente en 1937. Tolkien pretendió continuar la historia con lo que luego sería El Silmarillion (una cosmogonía del universo que incluye a la Tierra Media entre otros mundos, que quedó inconclusa y que fue publicada con parches para reemplazar las partes faltantes por su hijo, tras la muerte del autor). Su editor rechazó las entregas iniciales de ese texto porque no tenía mucho en común con la exitosa primera novela. Tolkien, en consecuencia, descartó lo que tenía hasta ese momento y se embarcó en lo que sería una continuación y, a la vez, una reescritura de El hobbit para lectores adultos. Al operar con dos historias gemelas, casi los mismos personajes y con el mismo equipo técnico y creativo, Jackson nos entrega una versión inevitablemente menos sorprendente y más automatizada de lo que ya hizo. Con una diferencia: así como la primera vez tuvo que ceñirse lo más posible al texto original para extraer lo esencial de una novela infilmable, aquí se adjudica el rol de co-creador del universo de Tolkien: se apropia del texto, lo expande, lo ensancha, lo estira o lo descarta para dar ya no la versión más fiel posible de la Tierra Media del escritor, sino para presentarnos la suya propia. El último episodio de la trilogía, La batalla de los cinco ejércitos (que se estrenará mañana en los cines locales) consiste en una imponente película bélica que dedica la mitad de su metraje (de dos horas y media) al combate del título que, en la novela, es descripto en apenas cuatro carillas. Aquí más que en ninguna otra de sus películas sobre los textos de Tolkien, Jackson hace de la Tierra Media un territorio propio. Sin la distracción de tener que hacer avanzar una historia, dispone del presupuesto más abultado del mundo para jugar con soldados y monstruos y puede dedicarse a triturar, empalar, decapitar, aplastar o mutilar orcos de las maneras más extravagantes. Es un juego divertido pero que se agota rápido (al margen de que la amenaza que representan los orcos empieza a diluirse cuando estas máquinas de guerra con cuerpo de luchadores de catch son demolidos por el mínimo roce de cualquiera de los protagonistas). Dado que cuenta casi una sola cosa, con todo el énfasis puesto en la acción y el gore (aunque limitado, porque debe incluir al público adolescente) este film resulta el menos episódico y el más dinámico y ameno de los tres. A la vez, es el más débil en su compromiso emocional con los espectadores. A pesar de las declamaciones shakespeareanas de buen actor Richard Armitage –que interpreta a Thorin Oakenshield, el rey de los enanos– y a la natural maestría de Ian McKellen para encarnar a la vez el inmemorial cansancio y la esperanzada vitalidad del mago Gandalf, la película carece de un centro de gravedad espiritual. El protagonista de la trilogía y depositario de nuestro afecto, Bilbo Bolsón (Martin Freeman), está ausente en buena parte del metraje, al punto de que no es más que un personaje secundario en su propio relato. Esta vez, el protagonista es el propio Jackson, su deseo que intervenir en el universo de Tolkien agregando personajes (la amazona Tauriel o el mago Radagast), monstruos (gusanos gigantes salidos directamente de Duna), romances entre elfos y enanos, y una batalla final para terminar con todas las batallas finales que, aunque es indudablemente entretenida, carece de trascendencia que tienen sus referencias cinematográficas (films como Trono de sangre o Ran ,de Kurosawa) y que también tiene Tolkien en sus textos. A pesar de su presupuesto pan-

Quién es quién en las películas Los personajes centrales de las seis entregas

El Hobbit: la batalla dE los cinco Ejércitos (tHE Hobbit: tHE battlE of tHE fivE armiEs, Estados Unidos-nUEva ZEl a nda /2014). ★★★★ m u y buena. dirección: guión:

yens, Peter Jackson y Guillermo del Toro, basado en la novela de

BILBO BOLSÓN. Los acontecimientos del El hobbit suceden 60 años antes de los de El señor de los anillos. En esta segunda trilogía descubrimos cómo el anillo de Sauron llega a su poder. Gracias a él, Bilbo vive más de 130 años y narra esta historia, que registra en su libro de memorias Historia de una ida y una vuelta. Es el único de los personajes interpretado por actores diferentes en los dos films (Martin Freeman y Ian Holm).

Thomas Bidegain y Eric Lartigau. fotografía: Romain Winding. música: Evgueni Galperine y Sacha Galperine y canciones de Michel Sardou. edición: Jennifer Auge. elenco: Karin Viard, François Damiens, Eric Elmosnino, Louane Emera, Roxane Duran, Ilian Bergala, Luca Galberg. distribuidora: Alfa Films. duración: 100 minutos. calificación: apta para todo público.

P

ara muchos franceses, La familia Bélier fue como un bienvenido regalo de Navidad. Una comedia familiar con todos los ingredientes que se esperan de lo que los norteamericanos llaman feelgood movies: producciones que contagian sentimientos agradables, prefieren apuntar a los aspectos más amables de la realidad y destacar sus costados más luminosos, transmitiendo mensajes positivos y esperan-

zadores. Sobre todo si en sus historias hay quien es capaz de enfrentar con fortaleza de ánimo y confianza indeclinable todos los obstáculos que le ha presentado la vida, y superarlos. Es parte de la convencional fórmula conocida, pero debe reconocerse que ha sido aplicada con apreciable mesura. Para los Bélier, por ejemplo, la sordera que padecen tanto los padres como su hijo adolescente no ha sig-

drew Lesnie.

música :

Howard

Shore. edición: Jabez Olssen. diseño de producción: Dan Hennah. elenco :

Martin Freeman, Ri-

chard Armitage, Ian McKellen, Orlando Bloom, Evangeline Lilly, Lee Pace y Luke Evans. distribuidora: Warner Bros. duración:

144 minutos. calificación:

apta para mayores de 13 años.

P ELROND.El señor de Rivendel es uno de los principales monarcas de la Tierra Media. Como todos los elfos de los films (a diferencia de en las novelas) se muestra distante y ajeno al mundo de los hombres (este rasgo de los elfos, sumado a sus orejas puntiagudas, hizo que muchos fans especularan con que habían sido moldeados por Jackson sobre los vulcanos de Star Trek). Aquí, tiene un rol menor, a la sombra de Galadriel.

GANDALF.Como sabemos, antes de ser Gandalf el blanco, Gandalf era gris. Aunque sus habilidades parecen algo menores, su sabiduría y su percepción de un orden predestinado en el desarrollo de los acontecimientos del mundo es la misma. En esta segunda trilogía su rol es más esporádico y suele aparecer mágicamente, como corresponde a su clase, cuando hay que salvar a los protagonistas de un peligro insalvable.

SARUMAN.En El señor de los anillos descubrimos que Saruman traicionó a sus aliados y cerró filas con Sauron, algo que la similitud entre los nombres ya anticipaba a los más perspicaces. En esta última aparición (también encarnado por Christopher Lee, a los 92 años), vemos el momento preciso en el que toma esa decisión, cuando parece comprender que no hay fuerza capaz de enfrentar al señor oscuro.

LEGOLAS. Aunque el personaje no aparece en la novela original, el hijo del rey elfo Thranduil regresó en esta nueva trilogía para mantener una relación platónica con Tauriel (una adición del director inexistente en los textos de Tolkien), la capitana de la guardia del rey. En cada nuevo film, el arquero realiza una hazaña que supera a todas las anteriores: en este caso, su proeza involucra a un troll y un derrumbe.

GOLLUM. Antes de ser Gollum, este personaje fue Smeagol, un hobbit corrompido por el poder del anillo de Sauron, que lo transformó física y mentalmente (también le permitió vivir más de 500 años). En El hobbit, Gollum pierde su precioso anillo, que va a parar a las manos de Bilbo Bolsón. Como en muchos personajes de la saga, el bien y el mal conviven en sus dos personalidades contrapuestas.

FRODO BOLSÓN.También conocido como “el portador del anillo”, Frodo fue el encargado de llevarlo en su largo viaje desde la Comarca hasta el Monte del Destino. Este hobbit, protagonista de la otra saga de Tolkien, fue adoptado por su tío y vivió con él en Bolsón Cerrado. Por este vínculo y, a modo de homenaje por su futura y trágica historia, aparece brevemente en El hobbit.

tagruélico, de los 270 días de rodaje y de las nueve horas de duración, la trilogía de El hobbit no deja de ser una reversión de la de El señor de los anillos. Según declaró el realizador, ésta es su última incursión en el filón de las adaptaciones de Tolkien, sin embargo, la despedida de la Tierra Media de estos films es mucho menos

satisfactoria, detallada y sentida que el final a la vez fúnebre y operístico que había dado a su primera trilogía. Jackson nos hizo volver a este mundo para dejarnos con una impresión disminuida de lo que había logrado previamente. Como era esperable, las primeras dos entradas de esta nueva saga funcionaron en la boletería tan bien co-

mo la primera trilogía. Esta tercera parte, sin dudas, replicará ese éxito. Sin embargo, sabemos que la mitología de la Tierra Media no se enriqueció con esto. Jackson pasó una década en compañía de los escritos de Tolkien y olvidó lo que ellos dicen una y otra vez: aunque se posea el objeto más fabuloso del mundo, llega el momento de dejarlo ir.ß

Feelgood movie a la francesa Stanislas Carré de Malberg, sobre una idea de Victoria Bedos, adaptda por

J.R.R. Tolkien. fotografía: An-

GALADRIEL. La princesa de Lothlorien no sólo es la más bella entre los elfos sino también una de las más poderosas de su raza. En esta última entrega, el personaje interpretado por Cate Blanchett tiene un inesperado enfrentamiento mano a mano con su mayor enemigo, en el que se revela la extensión de su poder y su importancia en el equilibro de la Tierra Media.

cine

la familia béliEr (la famillE béliEr, francia/2014, Hablada En francés y Español). ★★★ buena. dirección: Eric Lartigau.guion:

Peter Jackson.

Fran Walsh, Philippa Bo-

nificado un impedimento para llevar adelante el pequeño establecimiento de campo en el que crían ganado y elaboran quesos y tampoco para despertar en el jefe de la familia alguna ambición política: disconforme con el desempeño del alcalde, está dispuesto a presentarse en las próximas elecciones, aunque para ello deba recurrir al auxilio de su hija de 16 años, que no sólo habla y además domina la lengua de señas (por lo que resulta la intérprete ideal para sus padres y su hermano), sino que acaba de descubrir que está extraordinariamente dotada para el canto. Este inusual talento –descubierto por un simpático profesor fanático de Michel Sardou, que quiere llevarla a concursar en París– puede acarrear algún problema para los Bélier, que son muy unidos y depen-

Los Bélier, una familia luchadora

AlfA films

eter Jackson se despide del universo de J.R.R. Tolkien con su sexta película y tercera de la saga de El hobbit, tras Un viaje inesperado (2012) y La desolación de Smaug (2013). Y lo hace de manera convincente, regalando una de las épicas bélicas más monumentales del cine moderno, un despliegue de coreográficos y multitudinarios enfrentamientos en el marco de la batalla a las que alude el subtítulo del film. Vista por este cronista en la versión 3D de 48 cuadros por segundo en la inmensa sala IMAX, el despliegue visual de esta última entrega resulta estremecedor. La película arranca con otra espectacular secuencia de acción (el dragón Smaug, con la voz de Benedict Cumberbatch, incendiando un pueblo entero y siendo enfrentado desde una torre por el heroico Bardo que interpreta Luke Evans) y termina con la larga guerra en la que se cruzarán ejércitos de enanos, elfos, orcos y diversas criaturas caminantes y voladoras. En medio de esos dos picos de acción de las “apenas” poco más de dos horas de duración neta (la más corta de todas), aparece, claro, el derrotero personal de Bilbo Bolsón (Martin Freeman); la parte shakespeariana con el rey de los enanos, Thorin (un notable Richard Armitage), cegado por la codicia y paranoico ante el miedo a ser despojado del tesoro de Smaug, y la resolución del triángulo amoroso entre el pequeño Kili (Aidan Turner), la bella Tauriel (Evangeline Lilly) y Legolas (Orlando Bloom). Pero quizás el aspecto emocionalmente más potente de todo el film sea apreciar cómo Jackson va tendiendo los distintos puentes hacia lo que luego sería (aunque cinematográficamente fue previa) la saga de El señor de los anillos. Así, en una imponente secuencia, veremos juntos a Gandalf (Ian McKellen), Galadriel (Cate Blanchett), Elrond (Hugo Weaving) y a un Saruman (Christopher Lee, peleando espada en mano a sus… ¡92 años!) que ya va acercándose de a poco a Sauron. Se cierra, así, el círculo de toda una gran franquicia de seis películas. Fue lindo mientras duró.ß Diego Batlle

den de la chica para mantenerse en contacto con los vecinos y también con su clientela. Pero donde hay tanto cariño y tanta solidaridad como en esta familia ningún tropiezo es insalvable. Sencilla y generosa en situaciones y diálogos en los que no falta el humor (el profesor de canto que anima Eric Elmosnino aporta una buena dosis) y medida a la hora de apuntar a las emociones, la comedia tiene apoyo sustancial en un elenco admirablemente seleccionado. Si Karin Viard y François Damiens resultan especialmente encantadores como los dueños de casa, debe destacarse especialmente el brillo que aporta –como cantante y como actriz– la jovencita Louane Emera, ella misma surgida en 2013 de un certamen de televisión: el ciclo The Voice: la plus belle voix. “Maladie d’amour” y otras difundidas melodías de Michel Sardou, cuya popularidad en el mundo francófono se mantiene viva todavía, añaden algún atractivo nostálgico a la banda sonora.ß Fernando López