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CAMPO

| Sábado 17 de mayo de 2014

productividad y ambiente | foro internacional de croplife latin america

Aporte de la tecnología para alcanzar la seguridad alimentaria Cultivos genéticamente modificados aumentaron la productividad en la región, dicen en CropLife

Aplicación sobre un lote de hortalizas en Santa Fe

archivo

Producción sustentable: el uso de agroquímicos no tiene margen para el error

Las buenas prácticas son el camino para lograr una agricultura amigable con el medio ambiente, concluyeron en Quito representantes de la industria Roberto Seifert LA NACION

QUITO, Ecuador.– Es una controversia que no se agota. El uso de agroquímicos sigue en el centro de la escena. Sus fabricantes lo defienden, justifican y sostienen su uso para obtener la mayor productividad de alimentos que el mundo requiere, y rechazan los efectos nocivos que provocan, según afirman los grupos ambientalistas, aunque reconocen que todavía hay mucho camino por recorrer en materia de buenas prácticas agrícolas para evitar los problemas que ocasionan su mala aplicación. Por ese motivo, asociaciones y cámaras de esta industria instan cada vez más a profundizar campañas de información y capacitación en productores y aplicadores. Fue lo que expresaron en el último foro internacional de CropLife Latin America, realizado recientemente en Quito y al que asistieron 270 personas. Croplife es una organización gremial internacional, sin fines de lucro, integrada por nueve compañías y una red de 23 asociaciones en 18 países de América latina. Aunque el encuentro estuvo enfocado al potencial de la pequeña y mediana agricultura en América latina (como se informa por separado) la atención se centró en la necesidad de cumplir con las buenas prácticas agrícolas. Fue en este contexto que José Perdomo, presidente ejecutivo de CropLife Latin America respondió a una consulta de la nacion sobre intoxicaciones denunciadas en la provincia argentina de Córdoba: “Es una realidad, ocurrió”, y agregó que en estos casos “hay falta de educación, ignorancia y negligencia”. Pero también habló de “pelear contra las ideologías extremistas del miedo”. Y por eso enfatizó: “Tenemos que invertir más en educación, en cursos y en el entrenamiento de los agricultores ”. Al respecto, el presidente de la Cámara Argentina de la Sanidad y Fertilizantes (Casafe), Jorge Pari-

zzia, dijo que “hay una asignatura pendiente en estimular y generar lo que son las buenas prácticas agrícolas y en esto tiene que estar vinculada toda la cadena: la industria, los canales de distribución y, obviamente, el productor. Hay que controlar más el manejo del suelo, saber qué fertilizantes se usaron, qué protector de cultivo se empleó...”. No obstante aclaró que desde la entidad hay programas de capacitación. En este aspecto, Federico Elorza, coordinador técnico de Casafe y encargado del área de capacitación, explicó que esos cursos consisten básicamente en el uso seguro y responsable de productos fitosanitarios; en el manejo responsable de envases de productos fitosanitarios; en el almacenamiento y transporte seguro de productos; en toxicología de los fitosanitarios; en el uso de equipos de protección personal (EEP), y en las distancias seguras de aplicación y calibración de equipos pulverizadores. “El año pasado capacitamos a 13.000 personas en 138 cursos. En 2014 el objetivo es llegar a los 200, llegando a entrenar a 16.000 personas. Estamos bien, aunque no en el nivel en el que quisiéramos estar”, apuntó el técnico. Agregó Elorza que hace varios años desde la Cámara vienen planteando la necesidad de llegar con el mensaje al productor, de cómo usar responsablemente los productos. “No sólo queremos llegar a los agricultores, sino también a aplicadores, trabajadores rurales y público en general”, sostuvo. A propósito dijo que recientemente la entidad firmó un convenio con la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) para capacitar a todos sus afiliados durante este año. Explicó que los casos más frecuentes de problemas con fitosanitarios son el mal uso. “Me refiero a la no utilización de los equipos de protección personal, lo cual puede producir intoxicaciones agudas leves por estar en contacto directo con lo productos. Estos están indi-

cados claramente en las etiquetas de los productos”. Otros problemas comunes, explicó, son los efectos perjudiciales de aplicaciones de herbicidas a lotes vecinos (derivas), producto de la mala utilización y falta de calibración de las pulverizadoras. Y más allá del campo, también hay accidentes domésticos con productos fitosanitarios para el jardín, “sobre todo con los niños, producto de que no se almacenan correctamente”, explicó Elorza. Por último, Juan Cruz Jaime, director ejecutivo de la entidad señaló: “En Casafe consideramos preocupantes los casos de contaminación por mala praxis, por eso nuestros programas de capacitación permanente son parte del corazón mismo del trabajo de la Cámara”. Desde la escuela En respuesta a lograr una industria más responsable que tome conciencia de la salud humana el presidente saliente de la Junta Directiva de Croplife Latin America, Roberto Giesemann, señaló que “las buenas prácticas deben comenzar desde la escuela”. En ese sentido, José Perdomo, dijo que Croplife “tiene dos programas específicos: Cuidagro, que el año pasado entrenó a 145.000 agricultores, y Campolimpio, que en América latina recogió más de 50.000 toneladas de envases plásticos vacíos”. De todas maneras Perdomo enfatizó que los agroquímicos son desarrollados “tanto o más cuidadosamente que los productos medicinales”, por eso está la etiqueta que tiene cada envase de agroquímico, que explica cómo usarlo y protegerse. “El hecho de que se desarrolle tanto tiempo un producto es para que no sólo no haga daño al ser humano, sino que tampoco cause impacto negativo en el ambiente: agua, tierra y cultivos. Los productos están diseñados para que con las buenas prácticas sean seguros. Si se usan mal, van a causar problemas”, concluyó.ß

La clave está en la capacitación instan a la aplicación de las buenas prácticas agrícolas

josé perdomo presidente/croplife al

“Los productos están diseñados para que con las buenas prácticas sean seguros. Si se usan mal, van a causar problemas”

jorge parizzia presidente/casafe

“Hay una asignatura pendiente en estimular y generar las buenas prácticas agrícolas; tiene que estar vinculada toda la cadena”

federico elorza coordinador tec./casafe

“El año pasado capacitamos a 13.000 personas en 138 cursos. Estamos bien, aunque no en el nivel en el que quisiéramos estar”

QUITO, Ecuador.– “Al hablar de innovación y tecnología, tenemos que mencionar, sin dudas, a la biotecnología; estimamos hoy que la producción agrícola actual caería entre un 40 y un 50 por ciento sin la ayuda de los productos fitosanitarios”, dijo Roberto Giesemann, presidente saliente de la Junta Directiva de Crop life Latin America, al presentar el VII Foro Internacional de la organización. Agregó el ejecutivo que “los cultivos genéticamente modificados se han sembrado exitosamente incrementando de manera sustentable la productividad de los cultivos como el algodón, el maíz y la soja”. En el mismo sentido, Eduardo Estrada, presidente de Bayer Crop Science para Brasil y América latina, añadió que “a través de innovaciones y del uso correcto de las soluciones de protección de cultivos, el rendimiento total prácticamente se podría duplicar, garantizando un suministro alimentario seguro”. Estimó Estrada que hacia 2050 la producción global de alimentos deberá crecer en un 60 por ciento y que en la Tierra sólo queda un 3 por ciento del área cultivable. Y agregó que América latina es la que cuenta con mayor capacidad para esa producción. “Sesenta millones de nuevas hectáreas aún pueden ser desarrolladas en América latina sin deforestación”, concluyó. Certificaciones Un capítulo aparte en esta cuestión es el de las certificaciones, como las que emite Global GAP, una organización sin fines de lucro creada hace 16 años en Europa. El argentino Flavio Alzueta, su director de Marketing y Estrategia, dijo que la misión del organismo “es

ser la herramienta para reducir riegos en la fase de producción, tanto en agricultura, cultivos en general, apicultura y floricultura y sentar las bases de una agricultura sostenible”. Este organismo certifica a empresas y productores individuales el cumplimiento de normas sostenibles y está presente en 112 países. Agregó que hay un compromiso de las 500 marcas más grandes del mundo de comprar sólo productos certificados. “Con el certificado se demuestra que las cosas se hacen bien. En la Argentina están certificados todos los productores de limones y de caña de azúcar de Tucumán y los de peras y manzanas del Valle del Río Negro”, concluyó Alzueta. Conclusiones Otras conclusiones del cónclave fueron las siguientes: ● La ciencia debe tornar mucho más eficiente la productividad. ● El productor debe apoderarse de las nuevas tecnologías y prácticas agrícolas para aumentar su productividad y garantizar la calidad de su producto. ● En la actualidad se pierde el 48 por ciento de los productos de la tierra que salen de las campos agrícolas, en los diferentes escalones de la cadena de comercialización, lo que significa que hay que desarrollar tecnologías innovadoras que permitan reducir drásticamente este indicador. ● Asistir a los agricultores con capacitación, técnicas, créditos y comercialización. ● La educación es el eje fundamental en todos los procesos de desarrollo. ● Estudiar el mercado para descubrir las demandas de nuevos productos. ● Buscar alianzas en cada etapa de la cadena productiva y comercial de la agricultura que permitan negociar los productos en igualdad de condiciones.ß

El potencial de la pequeña agricultura en la región Según la FAO, el 70 por ciento de los alimentos provienen de fincas familiares QUITO, Ecuador.– En el foro de Crop life, realizado en esta ciudad, se instó a dar más aliento a la pequeña y mediana agricultura, y dentro de ella a la empresa familiar, para que accedan a la tecnología y capacitación en buenas prácticas que les permita mejorar su productividad y, consiguientemente, su rentabilidad. Se recordó durante el encuentro que, según el último reporte de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el 70 por ciento de los alimentos que se consumen provienen de fincas familiares. Además, el 97 por ciento de los agricultores en el mundo están en países en vías de desarrollo. En ese sentido, José Perdomo, presidente ejecutivo de Croplife Latin América, enfatizó que hay que acercar las herramientas al agricultor para mejorar la productividad. Se refirió a la tecnología, como por ejemplo los fertilizantes que mejoran las cosechas y los agroquímicos que las protegen de las plagas. “Pero también es cierto que hay que mejorar el financiamiento para que los pequeños agricultores puedan invertir en esa tecnología”, dijo por su parte Roberto Giesemann, presidente saliente de la Junta Directiva de Croplife Latin America. Realidad heterogénea Jim French, gerente del Programa de Agronegocios y Comercialización del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) citó tres grandes desafíos para la agricultura de América latina: alimentar a un mundo que demanda más alimentos; producir más pero sosteniblemente y sacar de la po-

breza rural a la pequeña y mediana agricultura. Explicó que la pequeña y mediana agricultura en América latina se caracteriza por tener una realidad muy heterogénea, con las mayores limitaciones y menores rendimientos respecto de la agricultura comercial, pero con gran potencial: “Es la actividad económica con mayor potencial para aumentar la oferta de alimentos y mejorar las condiciones de vida de la población rural más vulnerable. En ese sentido, señaló que para aprovechar su potencial “hay que mejorar sus rendimientos y su conexión con el mercado”. En su presentación, French mostró en pantalla que en la Argentina hay 251.100 explotaciones de agricultura familiar, representando un 75,3 por ciento del total, y que la superficie media de las explotaciones de agricultura familiar en la Argentina es de 142 hectáreas, lo que representa un 20,3 por ciento de la media total, que es de 593 hectáreas. Comparado con otros países, indicó que en Brasil hay 4.367.900 explotaciones familiares, con el 84,4 por ciento del total; 737.900 en Colombia (87%); 739.900 en Ecuador (88%); 254.000 en Chile (95%); 264.800 en Paraguay (91,4%), y 32,600 en Uruguay (57,2%), por citar algunos ejemplos. Jorge Parizzia, presidente de Casafe, dijo que si bien el modelo agroproductivo en la Argentina se enfoca más hacia los grandes productores “también hay un grupo de empresas familiares que hoy se dedican a la floricultura y horticultura que no hay que minimizar por el aporte que le hacen al país”. Según el ejecutivo, todo depende de los parámetros que se tomen: “Lo social, lo cultural, lo que involucran, la inclusión; entonces podemos decir que la pequeña y mediana empresa agropecuaria en la Argentina es muy relevante, porque toma mucho recurso humano”.ß