Los que bajaron de los barcos En manos de Pol Pot Galería ...

8 ago. 2009 - una de las grandes influencias de Quentin Tarantino. Y hasta Vincent Cassel, en este libro valorado por su interpretación en Dobermann, pero, ...
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EL PORTAL. PRISIONERO DE LOS JEMERES ROJOS

HISTORIAS DE LA INMIGRACIÓN EN LA ARGENTINA

CULT PEOPLE POR NICANOR LORETI

POR FRANÇOIS BIZOT

POR MARÍA BJERG

FAN EDICIONES 199 PÁGINAS $ 46

RBA TRAD.: MANUEL SERRAT CRESPO 267 PÁGINAS $ 30

EDHASA 190 PÁGINAS $ 36

Los que bajaron En manos de los barcos de Pol Pot

Galería extravagante

“V

E

enimos de los barcos”, se ha dicho con justa expresión, pues el barco fue el primer eslabón unificador de los inmigrantes, ya sea procedentes de Cádiz, Génova, Marsella, Hamburgo o tantos otros puertos del Viejo Mundo desde donde embarcaron por millones. Aquí se dispersaban: unos se instalaban en las grandes ciudades, otros en los pueblos y otros más en el campo. Trataban de conservar sus tradiciones, su idioma, y durante un tiempo lo lograban, hasta que la escuela común los englobaba y les daba la lengua unificada del país. Ésta es la epopeya que narra María Bjerg en una obra que, si bien se podría considerar de divulgación, va más allá, pues discurre en numerosas ocasiones en la interpretación de los hechos y en el manejo de datos propios de la bibliografía especializada. Es así que Historias de la inmigración en la Argentina cobra un vuelo descriptivo que se ve enriquecido además por la inclusión de cinco historias de vida. Como muestra de esta profundización, basta mencionar que Bjerg aborda la discutida cuestión de la Argentina como “crisol de razas”, una noción contrapuesta a la de “cultura nueva” y a la de “pluralismo”. La autora favorece esta última idea, pues sostiene que vale hablar de una sociedad cosmopolita marcada por una “heterogeneidad preñada de obstáculos para la integración acrisolada”. Caracterizada por numerosas oleadas y multiplicidad de orígenes, la inmigración fue alentada en distintas etapas por el Estado argentino pero, por ejemplo, a principios de la década de 1890 hubo más regresos que arribos. La tendencia se revirtió hacia finales del siglo. En la década de 1930 disminuyó el flujo de llegadas desde Europa, que se recuperó después de la Segunda Guerra Mundial, y decayó definitivamente hacia mediados de los años cincuenta del siglo pasado. La inserción en zonas urbanas y rurales de los inmigrantes es analizada en sus múltiples facetas: las formas de asentamiento en ciudades y pueblos, la colonización agraria, los complejos lazos familiares, las redes laborales y las numerosas asociaciones que integraban los inmigrantes. Asimismo, le confiere especial atención a la prensa étnica. Si bien la autora dedica la mayor parte de la obra a la inmigración por motivaciones económicas, no deja de ocuparse de los exiliados provenientes de las naciones que durante la primera mitad del siglo XX cayeron en las garras de los fascismos. Así, describe cómo los gobernantes argentinos posteriores a la Primera Guerra cambiaron el punto de vista sobre la aceptación de los inmigrantes: de recibirlos con los brazos abiertos, pasaron a limitar su entrada cuando los percibieron como “peligrosos para la paz social”.

18 | adn | Sábado 8 de agosto de 2009

E

l portal, nuevo libro de François Bizot, especialista en budismo, muestra que la palabra Vietnam es hoy el símbolo de una de las confrontaciones más sangrientas del siglo XX. Las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, la experiencia de la ocupación japonesa y el conflicto de Francia en Argelia hicieron que la colonia de Indochina se independizara en Camboya, Laos y un inflamable Vietnam dividido en uno del Norte (apoyado por el bloque comunista) y otro del Sur pro occidental. La Segunda Guerra de Indochina o de Vietnam (1958-1975, la mayor confrontación armada que tuvo Estados Unidos) finalizó con la derrota de la intervención estadounidense y la unificación del país bajo una República Socialista gobernada desde el norte por Hanói. Pero son los preámbulos de la que puede ser considerada la Tercera guerra de Indochina (de 1978 a 1989, cuando Vietnam invade Camboya y se enfrenta a China), así como el genocida experimento del comunismo de los jemeres rojos de Pol Pot de hacer de Camboya la República Popular de Kampuchea, donde se enmarca El portal. Bizot, prisionero en 1971 durante tres meses de los Jemeres, fue sumergido en esta versión drástica de un comunismo agrario “a lo chino” que, intentando retrotraer la historia a un mundo primigenio idílico y bucólico de igualdad y cooperativismo, eliminó la intelectualidad, vació las ciudades e incluso abolió el dinero, además de cobrarse la vida de casi dos millones de personas, un cuarto de la población del país. El volumen muestra y amplifica las contradicciones, lealtades y vaivenes que cruzaron la identidad de los Jemeres Rojos: mientras que inicialmente lucharon junto al Vietcong de Vietnam, fueron luego parte de una pequeña “guerra fría intra e intercomunista” cuando el cisma entre China y la URSS en los años cincuenta los enfrentó a sus antiguos aliados vietnamitas. El mismo Bizot también verá modificarse, no sólo su percepción de los hechos, sino también su acción. Por ser francés existía “un foso abierto históricamente entre nosotros”, pero “esos tormentos que me eran infligidos modificaban por completo mi modo de ver al campesinado jemer. Nunca había tomado la medida de su auténtica personalidad”, a pesar de su asiduo trato con ellos desde 1965. Tras su liberación por falta de pruebas, Bizot trabajó un tiempo como nexo y traductor entre el nuevo gobierno de Pol Pot y los franceses en Phnom Penh. En 1975, cuando los jemeres expulsaron a todos los extranjeros y sellaron las fronteras camboyanas, abandonó el país, no sin antes cerrar el portal de la embajada francesa donde su experiencia terminó y su libro comienza.

l “cine de culto” necesitaba un “libro de culto”, y ese libro acaba de aparecer. Es la increíble pero real colección de entrevistas que el periodista argentino Nicanor Loreti, conocido por su trabajo en la revista especializada La Cosa, presenta en Cult people, por donde desfilan David Carradine, Wes Craven (Pesadilla, Scream), Dario Argento, George A.Romero (La noche de los muertos vivientes), Eric Bogosian (protagonista de La radio ataca) y Shinya Tsukamoto (Tetsuo), entre muchos otros realizadores, actores y productores que el lector no iniciado recién tendrá el placer de conocer en estas páginas. Como Anthony Taylor, productor de Incubus (1965), una película de satanismo protagonizada por William Shatner (el capitán Kirk de Star Trek) y hablada…¡en esperanto! O Billy Drago, eterno actor secundario que por salvajismo y sangre fría deslumbra en la piel de Frank Nitti en Los intocables (1987, Brian de Palma). O H.G.Lewis, a quien se le atribuye la invención del “gore”. O Jack Hill, aventajadísimo discípulo de Roger Corman, que gracias a Spider baby (1964) se convertiría, décadas más tarde, en una de las grandes influencias de Quentin Tarantino. Y hasta Vincent Cassel, en este libro valorado por su interpretación en Dobermann, pero, sobre todo, por haberse casado con Monica Bellucci. Con vocación de enciclopedia bizarra, Cult people pone al fan del cine fantástico y de horror ante sus grandes próceres. Y el encuentro siempre es enigmático y divertido, con sorpresas para todos los gustos. Loreti entrevista a sus ídolos con admiración y curiosidad de historiador freak, actitud que no siempre permite que los personajes transmitan lo mejor de sus experiencias e ideas en un mundo en el que la gloria de las películas “se transmite boca a boca, un tipo de enfermedad que no puede ser generada en el estéril ambiente de la maquinaria corporativa”, en palabras del prologuista, Lloyd Kaufman. A la manera de las obras a las que rinde homenaje, Cult people es irregular pero inolvidable, desprolijo y honesto. Y lleno de grandes momentos, como el diálogo en el que David Carradine reconoce que de sus más de cien películas “algunas son bastante malas, sí, pero ninguna es especialmente odiosa”. O la confesión de Anthony Taylor, para quien “no hay peor idea en la industria del cine que usar dinero propio para producir una película”, idea, por cierto, que él llevó a cabo en Incubus y que arruinó a más de uno de los protagonistas de Cult people, hasta convertirlos en lo que son: artistas heridos por la pasión de su trabajo, aquí entrevistados por un fanático que, al menos por un instante, coloca a cada uno en el pedestal que sin dudas merecen.

Julio Orione

Andrés Criscaut

Leonardo Tarifeño

© LA NACION

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