LA RESURRECIÓN Por Allen Bradford 4 TITERES (1 PERIODISTA, 1 ...

Íbamos a ungirle en el sepulcro, pero su cuerpo no estaba. PERIODISTA: ¿Estás hablando de Jesús? MARÍA MAGDALENA: Sí, pues. Fui al sepulcro con ...
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LA RESURRECIÓN Por Allen Bradford

4 TITERES (1 PERIODISTA, 1 BARRABÁS, 1 MARÍA MAGDALENA Y 1 MENSAJERO)

PERIODISTA:

Buenos días. Soy el Sr. Noticias. Hoy día tenemos en nuestra ciudad de Jerusalén un reporte de las personas afectadas por la crucifixión del hombre quien se le llamó “El Hijo de Dios,” Jesús de Nazaret. Ahora, tenemos una entrevista con Barrabás. Sr. Barrabás . . .

BARRABÁS:

Sí, ¿qué quieres Sr. Noticias? ¿Por qué me miras?

PERIODISTA:

Sr., los televidentes del canal 6 . . .

BARRABÁS:

¿Estamos en televisión?

PERIODISTA:

Sí . . .

BARRABÁS:

Bueno, nunca he aparecido en televisión. ¡Hola, Mamá!

PERIODISTA:

Señor., esto es el tercer día desde que te soltaron de la cárcel y crucificaron a Jesús en tu lugar. Quiero saber tus opiniones sobre este hombre Jesús.

BARRABÁS:

¡Ja ja ja! ¡Lo engañaron! ¡ Ja ja ja! ¡Le dieron muerte y a mi me dejaron ir libre! No sé qué hizo, pero debería haber hecho algo malísimo para que me ganara como el hombre más malvado del mundo. ¿Y por qué lo mataron?

PERIODISTA:

Porque él dijo que era el Hijo de Dios.

BARRABÁS:

Oh… ¡ Ja ja ja! ¡Se molestaron los hombres religiosos! ¡Ja ja ja! Bueno, él era mi pasaje de liberación.

PERIODISTA:

Tuyo, sí. (mirando a la audiencia) Pero también es liberación verdadera para muchas personas durante todo tiempo.

BARRABÁS:

¿Cómo?

PERIODISTA:

Discúlpame.

BARRABÁS:

Ya, pues. Bueno, él está muerto. Yo estoy vivo. No me importa lo que pasó con él.

PERIODISTA:

Sabes que él dijo a sus discipulos que iba a recusitar hoy día?

BARRABÁS:

¡ Ja ja ja! Y yo soy Picachu.

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(entra un mensajero y le habla al peridodista en voz baja) PERIODISTA:

Estas noticias acaban de salir… ¡Han visto a Jesús de Nazaret vivo!

BARRABÁS:

¡No! ¡No! ¡Él quiere venganza! ¡Me busca! ¡Tengo que esconderme! (corre afuera)

PERIODISTA:

¡Espera Barrabás! ¿No sabes que no puedes esconderte de Dios? (entra María Magdalena)

MARÍA MAGDALENA:

¡Lo he visto! ¡Lo he visto! ¡Y me llamó por mi nombre!

PERIODISTA:

Espera un momento, por favor. ¿Quién eres? ¿Qué pasó? ¿Y qué tienes en tus manos?

MARÍA MAGDALENA:

Soy María Magdalena y éstas eran especias aromáticas.

PERIODISTA:

Supongo que eran, pero ahora se parecen más a hierbas de té que tomaste hace dos semanas.

MARÍA MAGDALENA:

Sí, pues, lloré mucho sobre ellas. Pero, no importa ahora, porque no las necesito. ¡Él está vivo! Íbamos a ungirle en el sepulcro, pero su cuerpo no estaba.

PERIODISTA:

¿Estás hablando de Jesús?

MARÍA MAGDALENA:

Sí, pues. Fui al sepulcro con Salomé y María – la otra María, no yo, aunque tenemos el mismo nombre. Bueno, muchas mujeres tienen mi nombre, pero no son yo. Es un nombre muy popular y, por supuesto, a veces esto causa mucha confusíon. No sé cuantas veces que he contestado cuando una persona llamaba a María, pero estaban llamando a otra María. Por nada hice el esfuerzo. Pero, cuando él me llamó en el jardín, yo sabía quien era él y que me estaba llamando a mí, no a las otras mujeres…

PERIODISTA:

Perdón, ¿Y, qué pasó?

MARÍA MAGDALENA:

Oh, sí. Fuimos hoy día en la mañana al sepulcro con estas especias aromáticas para ungir a nuestro Señor, pero nos decíamos entre nosotras: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? No me malentiendas. Soy fuerte, pero esta piedra es muy grande. He visto muchas piedras en mi vida y también he cargado muchas piedras en mi vida. Pero esta piedra es como un cerro - es decir que es alta y ancha y pesa. ¡Es enorme! Era necesario que muchos hombres la empujaran para colocarla en la puerta. Y, un hombre, pobrecito, se chancó su dedo. ¡Ay ay ay!

PERIODISTA:

Perdón, ¿Y qué pasó?

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MARÍA MAGDALENA:

Ya, bueno. Pero, cuando miramos, vimos removida la piedra, que era muy grande. ¿Te he dicho cuán grande es esa piedra?

PERIODISTA:

Sí, me dijiste, gracias. ¿Y qué pasó?

MARÍA MAGDALENA:

Cuando entramos en el sepulcro, vimos a un joven, sentado a la derecha, vestido de un manto blanco. Y yo podía ver que no estaba Jesús, no estaba su cuerpo. Por supuesto, pensaba que este joven era un ratero, pues, ¿quién se llevó a mi Jesús? Hay muchos rateros en estos días, ¿sabes? Pero él era muy bonito y los rateros no son tan bonitos, ¿verdad? Todos saben esto. Pero, de todas maneras, nos asustó. ¿Te hubiera asustado?

PERIODISTA:

¡Claro, pues! ¿Y qué pasó?

MARÍA MAGDALENA:

Pero, ¿sabes qué? Él nos dijo en voz melodiosa y dulce: “No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, él que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.” Sí, él nos dijo todo esto - ¿pero quién realmente pensaría que pudiera resucitar? No entendimos la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos para triunfar sobre la muerte y darnos la vida eterna. Y, como no entendimos, y todavía tuvimos miedo, entonces, ¿que hicimos?

PERIODISTA:

¿Corrieron?

MARÍA MAGDALENA:

¡Claro que sí! ¡Corrimos como si hubiéramos fuego en nuestras faldas! Y les dijimos a los discípulos, pero no nos creyeron. Y, bueno, me puse a llorar – por tristeza, por miedo, y porque quería preguntarle a Jesús que debía hacer en esta situación – pero él no estaba, pues. Pero, un hombre, como el jardinero o el guardián, se me acercó y me preguntó qué pasó— como un periodista, ¿no?

PERIODISTA:

Supongo.

MARÍA MAGDALENA:

Le dije que lloraba porque se habían llevado a mi Señor – O sea, primero lo mataron, era un hombre inocente, y soltaron a este Barrabás, un asesino. Y, encima, ahora ¡han robado su cuerpo! Pero, en este mismo momento, escuché mi nombre – no los nombres de las otras Marías, pero mi nombre. Él me llamó: “¡María!” Y me volví, y le grité “¡Raboni! ¡Maestro!” Y él me dijo: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; más vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” Así me mandó – casi se me olvidó. Eres muy amable, aunque me hiciste la misma pregunta muchas veces, pero no puedo pasar mi tiempo aquí conversando contigo. Tengo que ir y contarles a los discípulos. Están llorando, ¡pero, estarán felices! ¡Jesús vive! ¡Jesús vive! (ella sale corriendo)

PERIODISTA:

Bueno, entonces, tengo que irme yo también. Oh, hasta la próxima. Estás mirando canal 6. (él llama a un lado) ¡Barrabás – Jesús no te

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busca para venganza! ¡Jesús nos trae paz … perdón … vida eterna! ¡Sigámoslo! (sale corriendo)

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