La historia de la Cuenca del Ebro contaba a través de sus obras ...

arquitectos se servían de los zahories para detectar la localización de las aguas subterráneas. Las zonas especialmente áridas presentan numerosos pozos y ...
1MB Größe 12 Downloads 49 vistas
La historia de la Cuenca del Ebro contada a través de sus obras hidráulicas

Foto: Carlos Blázquez

Hombre y agua Las huellas de una lucha Aprovechar los recursos hídricos ha sido siempre, y sigue siendo, una de las máximas preocupaciones del hombre, y cada periodo histórico se ha caracterizado por una manera de plantear y solucionar los problemas vinculados al agua. En nuestra cuenca, el irregular régimen de lluvias ha determinado que todos los pueblos que se han asentado desde tiempos inmemorables en su geografía se hayan visto obligados a intervenciones importantes y sistemáticas con el fin de asegurarse unas disponibilidades de agua acordes con sus necesidades. Huella de esta difícil e histórica relación entre el hombre y el agua es el desarrollo

de una tecnología destinada a garantizar los riegos, los abastecimientos y la obtención de la energía necesaria para molinos, batanes y otras industrias, y en épocas más recientes, para generar electricidad. De esta lucha nos quedan las numerosas obras de distintas épocas (desde los hispanorromanos y musulmanes, hasta la actualidad), algunas aún en pleno rendimiento, utilizadas en el día a día por los habitantes de los valles de la Cuenca, y que en conjunto, dan cuenta de esta importante tradición hidráulica y nos acercan a la historia de la zona, permitiéndonos conocer los modos de ocupación del territorio desde tiempos remotos.

PRESAS Y AZUDES

En la Cuenca del Ebro, especialmente en la margen derecha donde los caudales son más pobres y se hace necesario acumular agua para poderla utilizar en los largos periodos de sequía, se han detectado numerosas presas y azudes de importantes dimensiones y de origen muy antiguo (algunos pueden remontarse al periodo romano o árabe), que han llegado hasta nuestros días gracias a su esmerada ejecución y son por tanto, de una gran importancia histórica. Estas infraestructuras constituyen el inicio de un sistema hidráulico compuesto, habitualmente, por una serie de obras relacionadas entre sí y que tienen como nexo de unión una acequia.

C

on esta miniserie de reportajes (este es el primero, a modo de introducción), vamos a intentar mostrar una parte del importantísimo patrimonio hidráulico histórico diseminado por los distintos territorios que intengran la Cuenca del Ebro. Y decimos, una parte, puesto que la lista podría ser interminable, dada la riqueza de obras que han llegado hasta nuestros días, por lo que nos centraremos en aquellas de mayor relevancia técnica e histórica. Pero antes de embarcarnos en esta exposición, queremos incidir en el hecho de que una parte importante de la actual infraestructura hidráulica, con un alto nivel de desarrollo gracias a modernas tecnologías, se apoya en estas antiguas obras e incluso, en algunas aún se puede descubrir parte de la factura original.

La primera referencia es indudable: Almonacid de la Cuba (Zaragoza), la presa de origen romano más alta que ha llegado hasta nuestros días, no sólo en España sino en todo el mundo. Se encuentra en la cuenca del Aguasvivas, que curiosamente acoge otras tres obras de grandes dimensiones bien conservadas, que son un claro ejemplo del buen hacer de los romanos en el campo de las obras hidráulicas: la presa de Hocino, la presa de la Ermita de la Virgen del Pilar y la Pared de los Moros. Y así, en este viaje vamos descubriendo que la Cuenca del Ebro concentra la mitad de las principales presas y azudes romanos en Hispania (junto a las ya citadas, Iturranduz, que mostramos en la foto inferior, Muel y La Pesquera) y de origen medieval (la Presas del Vado y Galindo y el Azud de Moneva, todas en la Cuenca del Aguasvivas).

No podemos terminar este apartado dedicado a nuestra presas históricas sin citar la presa de Arguís (Huesca), todo un reto para su época y la presa de Pignatelli (Navarra); ambas construidas entre los siglos XV al XVIII y aún en uso, y ya en el siglo XIX, las presas de Escuriza y Cueva Foradada (Teruel).

¿En qué se diferencia un azud de una presa?

B

ien podemos decir que un azud es una presa de pequeño tamaño que sirve para elevar el nivel del agua de un arroyo o río con el fin de derivar parte de su caudal a las acequias. La lista de aquellos que tienen cierto interés técnico o histórico podría ser interminable (Rabal, Fañanas, Almozara,, Parcilla, Camarera, Candevania, La Zaida…). Del conjunto destacan el ya citado azud romano de Moneva y dos espectaculares en el Somontano de Barbastro (zona conocida como La Huerta Romana): los azudes de San Marcos y Pueyée (Huesca). En la ribera baja del Ebro también nos sorprenden numerosos e interesantes conjuntos de azudnoria-molino-acueducto (Gelsa, Rueda, Velilla...) y en el Bajo Ebro, el azud de Xerta (Tarragona), de origen islámico.

H

ACEQUIAS Arterias y venas del riego

emos comenzado por cómo y dónde se ha almacenado el agua desde tiempos remotos, pero los sistemas hidráulicos implican otros elementos para la distribución y uso del agua. Formar una zona regable implica crear una red de canales más o menos desarrollada. Los vestigios encontrados en torno a Calahorra (los acueductos de Alcanadre, Agoncillo y Lodosa), Tudela (la acequia de San Salvador) y Zaragoza (riegos del Jalón, el Huerva y el Aguasvivas) señalan que el regadío en época romana tuvo, al menos en estas zonas, una cierta intensidad. Sin embargo, es el desarrollo tecnológico y científico de los musulmanes hispanoárabes el que propició una importante revolución agrícola en el siglo XI y así nacía el regadío en la Cuenca del Ebro. No construyeron grandes canales sino que prefirieron distribuir cerca de la toma mediante pequeñas acequias o tomar agua de los ríos y elevarla con artificios mecánicos. Aprovecharon los sistemas de riego que aquí encontraron (continuando con la herencia romana), los perfeccionaron y ampliaron, algo que también harían los cristianos en la Edad Media. En los siglos posteriores, pocas son ya las zonas nuevas de regadío, más bien se amplía lo existente ya que prácticamente todas las zonas susceptibles de ser regadas disponen de un sistema de riego. Foto: Carlos Blázquez

De esta forma, vemos que los epicentros fundamentales del regadío en los siglos XVI y XVII coinciden con unas zonas tradicionales Por ejemplo, los regadíos del AlfaroTarazona-Zaragoza, con las acequias de Canet (Alhama), Irues, Furón Mayor (Jalón) y las grandes acequias madres de Almozara y Almudafar (Ebro), Camarena, Candevania, Rabal y Urdán (Gállego), todas de gran interés histórico y estructural. Lo mismo puede decirse de las redes de acequias creadas para la puesta en riego de la cuenca del Huecha, de los regadíos de Teruel, de la huerta leridana y del Noguera Ribagorzana, con las acequias de Cap, Mitg y Major. Otros nombres propios son el Canal de Aragón y Cataluña, que aunque no se culminó hasta 1909 su historia se remonta hasta el siglo XIII, el

E

proyecto medieval del canal de Urgel (finalmente construido en el XIX) y por supuesto, el Canal Imperial de Aragón, considerada hasta ahora como una de las obras hidráulicas más importantes de la Europa renacentista y barroca, Sin embargo, Carlos Blázquez Herrero ha localizado

documentación que prueba que el agua de esta Acequia imperial llegaba a Zaragoza en 1560. Se tomaba desde la acequia de la Almozara y llegaba a las puertas de la ciudad…. Bueno, esta es una historia que contaremos en próximos reportajes.

ACUEDUCTOS Y MINAS Audaces obras de ingeniería hidráulica

n este apartado encontramos la que quizá sea la mayor obra de ingeniería romana conservada en Aragón y una de las obras hidráulicas más importantes en la península Ibérica: el acueducto romano de Albarracín-Cella (Teruel), una gran traída de agua de 25 kilómetros excavados en pura roca. Resulta un tanto misteriosa puesto que se desconoce cuál fue su uso (no abastecía a ningún gran núcleo de población) y además, puede ser uno de los primeros trasvases de aguas entre distintas cuencas en la historia (del Turia al Ebro). También resulta una visión muy espectacular el acueducto del sistema hidraúlico romano de Los Bañales (Zaragoza), que vemos en la imagen; el de La Mora (Zuera, Zaragoza), claramente árabe y el acueducto de Noain (Navarra), de 1790, con 94 arcos de hasta 18 metros de altura. Otra obra de ingeniería hidráulica

muy audaz es la Mina de Daroca (Zaragoza), una galería de unos 650 metros de longitud construida en el siglo XVI para solucionar los problemas de desbordamientos que

afectaban a su calle mayor por lluvias torrenciales. La factura final debió causar impresión en sus días, pues el propio Felipe II la recorrió en 1585 en compañía de toda su corte.

QANATS Una mención especial merecen los qanats, básicamente, unas galerías subterráneas perforadas, por las que se conduce el agua desde un pozo madre que la capta desde las capas freáticas. La mayoría son obras de buena factura y alto valor técnico que se remontan a la época árabe y siguen en uso aún para riego y abastecimiento. Sus arquitectos se servían de los zahories para detectar la localización de las aguas subterráneas.

E

n Los Monegros se han encontrado algunas de estas obras tan características de zonas áridas. Nos referimos al qanat del Monasterio de Lanaja, posiblemente de origen medieval cristiano (siglo XIV), el qanat del Camino del Pozo y muy especialmente, el qanat de La Madre, probablemente medieval islámico y en perfecto estado de uso. También descubrimos otras ubicaciones, en este caso, en la margen derecha del Ebro, que aprovechan los recursos subterráneos, como en los qanats Font de la Villa y de Moneva, en este último caso, una alineación de pozos cilíndricos que recogen aguas aluviales

L

Foto: Carlos Blazquez

BALSAS Y POZOS DE NIEVE

as zonas especialmente áridas presentan numerosos pozos y balsas, relacionadas en muchos casos con el abastecimiento de agua a los caminos que cruzan su territorio, herederos en muchos casos de las calzadas romanas. Es el caso del pozo del Pedregal o la balsa de Candasnos, que recogían aguas de pequeñas barranqueras. En invierno se congelaban, el hielo superficial se recogía y guardaba en pozos de nieve como el de Bujaraloz o Barbastro. Cerca de Huesca encontrados dos balsas de interés: las Albercas de Cortés y de Loreto que regulan y distribuyen las aguas y cuyo origen se remonta a principios del XVI.

NORIAS, MOLINOS Y FÁBRICAS Aprovechando la energía del agua La mayor utilidad que tradicionalmente ha proporcionado el curso de los ríos a los habitantes de los pueblos ribereños ha sido el aprovechamiento de su energía hidráulica, capaz de mover los abundantes ingenios, principalmente de molienda, instalados tanto en el río principal como en sus afluentes. La mayor parte de los sistemas hidráulicos hallados corresponden a grupos constituidos por un azud que abastece mediante una acequia a un molino y a una noria-acueducto destinada al riego. Ampliamente difundidos en el Ebro durante el siglo XVIII, hoy en día casi todos los molinos están abandonados como tales. A veces han sido rehabilitados como vivienda o fueron transformados en centrales eléctricas o en grandes fábricas de harinas.

S

in embargo, cerca de Zaragoza encontramos dos de estos artefactos mecánicos que han sido rehabilitados: la Noria del Monasterio de Rueda (Zaragoza), de la que queda la impresionante caja y adosada a ella, los restos de un acueducto y de un molino y en Velilla de Ebro, otro curioso ejemplar de norial, en este caso con capacidad para dos ruedas. El origen del sistema de Rueda puede ser anterior al siglo XI y según nos cuenta Carlos Blázquez, demostraría que la turbina se inventó en Aragón en el siglo XVI y no en Francia en el XIX. También hay otras obras asociadas a los azudes y sus acequias, en las que la energía hidráulica se aplicaba a fines distintos a los de los tradicionales molinos; es el caso de batanes, fábricas de papel, almazaras, fábricas de luz, etc. En la cuenca alta del Matarraña fue singular la curiosa acumulación de otro tipo de ingenios hidráulicos:

los molinos papeleros, encargados de batir una mezcla de paja, lino y cañamo. Cuando Madoz escribió su Diccionario en 1845, la localidad de Beceite contaba aún con 9 fábricas de papel, Vestigios de estos ingenios

son la Fábrica de Papel MartínFon, de Tosca (conserva parte de la maquinaria y una noria en buen estado), la de Tadro Gasulla y la de Solfa. También en el Guadalope encontramos los molinos de papel de Villarluengo (Teruel) que en el siglo XIX se reorientaron hacia la fabricación de textil y en la segunda mitad del siglo XX para su uso hostelero y una piscifactoría. Otras muestras de la arqueología industrial son los molinos de pólvora de Villafeliche (Zaragoza), que en 1764 contaba con 165 molinos que en el trascurso de los años llegaron a rebasar los 200; las ruinas de la Real Fábrica de Armas y Municiones de Eugui-Urbazeta (Navarra), eregida sobre la antigua ferrería del monte Aezkoa y abandonada en el siglo XIX y por último, la mina de planta de Calcena (Zaragoza), que se remonta al siglo XVI, donde sólo se conservan restos del acueducto y de las instalaciones de fundición pues el azud ha desaparecido.

SALINAS La composición yesífera de los suelos por los que discurren las aguas, las dota de una elevada concentración salina que las hace aptas para su explotación.

L

a antigüedad de estas explotaciones se puede llegar a remontar a época romana y todavía se conservan restos de algunas instalaciones, como es el caso de las Salinas de la Laguna de la playa (Bujaraloz, Zaragoza) y las Salinas de Añana (Álava). En concreto, las salinas del Valle Salado de Añana son una de las fábricas de sal más antiguas del mundo, con más de 6.500 años de historia produciendo de forma ininterrumpida la única piedra comestible de la naturaleza: la sal.

N

PUENTES

o podemos concluir este reportaje sin referirnos a las infraestructuras que permiten el paso de los ríos. Algunas son verdaderas obras de ingeniería con un alto valor histórico. Nuestra cuenca acoge puentes grandes, pequeños, antiguos y modernos. Tenemos bellos ejemplos como el puente medieval de San

Miguel de Jaca (Huesca), los puentes románicos de Capella (Huesca) y Puente la Reina (Navarra) o el curioso paso modelado por el río en Puentedey (Burgos). Otros puentes espectaculares los encontramos en Burgui (Navarra), en Cabacés (Tarragona), en Briñas (La Rioja), en Zaragoza (véase los puentes de Piedra, del Tercer Milenio y el Pabellón Puente) o en Frías (Burgos), con un puente medieval

sobre el río Ebro de 143 metros, cuyo paso fué en otros tiempos previo pago (cobro del pontazgo). Otro medio para atravesar los cauces eran los pasos de barca. Antiguamente fueron muy numerosos en el Ebro (por ejemplo en la zona de Sástago llegó a haber tres barcas) y aún podemos encontrar algunas en uso como las de Boquiñeni (Zaragoza) y Miravet (Tarragona).

Todas estas infraestructuras (presas, estancas y azudes; conducciones; acequias o canales, qanats, norias, molinos y batanes; salinas, puentes…), reflejan las necesidades de la población que habita estos valles y cómo se han solventado en función de las características del entorno. Así nos encontramos que en las zonas de ríos de montaña o muy caudalosos, como el propio Ebro, donde las grandes obras

de captación y acumulación de agua no eran tan necesarias puesto que ésta era abundante, si las había debían ser de factura precaria, fácilmente destruibles pero igualmente de fácil reconstrucción después de cada avenida. Por el contrario, para los pasos viales necesitaban obras estables y de gran envergadura, sino las comunicaciones se verían interrumpidas durante la mayor parte del año.

Nuestro agradecimiento a Carlos Blázquez. por la colaboración prestada.