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Predicación expositiva Parte 10 Artículo escrito por: Fran Schmidt ObreroFiel.com usa este artículo con permiso del autor Este artículo continúa una serie de reflexiones sobre la predicación expositiva. La base de estas reflexiones ha sido una definición de la predicación expositiva ofrecida por el profesor de predicación Haddon Robinson: “La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de y trasmitido por un estudio histórico, gramatical, y literario del pasaje en su contexto, el cual el Espíritu Santo primero aplica a la personalidad y experiencia del predicador y después a través de él a los oyentes.” Recientemente en la serie, nos enfocamos en la última parte de la definición, la parte sobre cómo el predicador debe aplicarse a sí mismo primero la verdad bíblica que va a predicar. Vimos que el proceso de aplicar la Biblia a nosotros mismos es un proceso, bañado en la oración y la dependencia de la iluminación del Espíritu Santo, en que seguimos unos cuatro pasos: Paso #1 interpretar bien el texto Paso #2 buscar un principio universal en el texto. Paso #3 personalizar este principio Paso #4 trazar un plan para llevar a cabo el cambio. Hoy, vamos a enfocarnos más en la última parte de la definición arriba: “aplica…después a través de él A LOS OYENTES.” Note que si el predicador no aplica el concepto bíblico a los oyentes, su predicación realmente no concuerda con la definición de la predicación bíblica. Algunos que tienen un mal concepto de la predicación expositiva y le tildan de aburrida o de irrelevante a lo mejor oyeron malos ejemplos de predicación “expositiva” en que los predicadores pasaron mucho tiempo en la explicación del texto sin aplicarlo. La verdadera predicación expositiva no sólo explica el texto sino que también lo aplica a la audiencia. Sería fácil reaccionar, “Pero, mi trabajo sólo es exponerles la verdad bíblica; ¡es trabajo de cada hermano ver qué hacer con la verdad!” Es cierto que cada oyente es responsable para tomar a pecho el sermón; sin embargo, para el creyente promedio le es muy difícil ver las aplicaciones por su propia cuenta si el predicador no sugiere algunas. Si nosotros como predicadores muchas veces luchamos para encontrar las aplicaciones adecuadas, ¿cuánto más le va a costar a un hermano que no ha pasado mucha de la semana estudiando el texto? El predicador y profesor de seminario Jay Adams advertía del peligro de predicar contenido bíblico sin aplicarlo al decir, “Predicadores, enseñados a predicar como si dieran una lección en una aula en vez de un sermón, hablan de la Biblia (y sus temas) en vez de hablar de Dios y de sus congregaciones desde la Biblia” (énfasis del autor).

Quizá los que predicamos o enseñamos con cierta frecuencia podemos reflexionar en qué tan aplicativas tienden a ser nuestras prédicas. Voy a mencionar unas posibles indicaciones de debilidad en la aplicación: Primero, puede existir debilidad en la aplicación si casi todo el sermón tiende a estar en tercera persona y en el pasado; por ejemplo, “Pablo dijo a los gálatas que no hicieran caso a otro evangelio” está en tercera persona y en el pasado. En contraste, si decimos, “Hermanos, cuando nos llegue un mensaje que es otro evangelio, no hagamos caso” está en el presente y en primera persona plural. Por supuesto, está bien usar la tercera persona pasado en la explicación del texto bíblico, pero la aplicación se destaca por estar en el presente en la segunda persona (“tú”, “usted” o “ustedes”) o en la primera persona plural (“nosotros”). Si hay carencia de esto, a lo mejor hay carencia de aplicación. Segundo, puede existir debilidad en la aplicación si las aplicaciones son muy generales. Si la aplicación no trae a la mente imágenes mentales de lo descrito, es muy general. Por ejemplo, si decimos, “Hermanos, seamos más comprometidos” a lo mejor no surge ninguna imagen mental en la mente de los oyentes, porque así lanzamos un reto sin definir en qué consiste ser comprometido. Queda muy general. Si decimos, „Hermanos, no mintamos” es más específico, pero no es suficientemente concreto para evocar una imagen mental de la aplicación. Por el otro lado, la siguiente aplicación sí va a evocar una imagen mental: “Hermanos, cuando en su trabajo la empresa tiene una semana de atrasos con los pedidos y usted está en su oficina y cae una llamada de un cliente molesto, no le mienta diciendo que su pedido llegará mañana cuando sabe que no va a poder cumplir. Eso es mentira.” Tercero, puede existir debilidad en la aplicación si a través del tiempo frecuentemente hace las mismas aplicaciones en diferentes sermones. Los predicadores tenemos ciertos temas sobre los cuales nos ponemos apasionados. Estos temas pueden convertirse en “caballos de batalla” que sacamos en cada sermón. Si hacemos esto con mucha frecuencia, estamos dejando que nuestro interés en ciertos temas tome precedencia sobre las aplicaciones que surgen naturalmente de los textos bíblicos y también sobre la gran variedad de necesidades reales que tienen los hermanos. Cuarto, puede existir debilidad en la aplicación si las aplicaciones se guardan para la conclusión y sólo ocupan unos 30 segundos. Digo esto con un poco de temor y temblor porque a veces es legítimo guardar conclusiones hasta el final, especialmente si la aplicación es bastante extendida y muestra cómo aplicar la idea central del sermón. Sin embargo, una aplicación que consistentemente sea tan breve como describí arriba a lo mejor será insípida y general y dejará la impresión de estar cumpliendo con una formalidad. Y si diferentes puntos del sermón se prestan para aplicaciones, a la audiencia promedio le cuesta esperar hasta el final para ver cómo el texto tiene que ver con su vida. La verdad es que la aplicación no es fácil, independientemente de si estamos aplicando la Biblia a nosotros o a otros. Requiere tiempo y esfuerzo. Sin embargo, para ser buenos predicadores expositivos, hagamos el esfuerzo para aplicar bien la Palabra. Nos profundizaremos más en cómo hacerlo en artículos futuros. ObreroFiel.com- Se permite reproducir este material siempre y cuando no se venda.