“eclesiástico” por excelencia. La Iglesia de Mateo aparece en la ...

La economía del reino de los cielos está orientada hacia .... Jesús de Nazaret es no sólo el que realiza la gran esperanza de Israel, sino también una época.
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LA IGLESIA DE MATEO Mateo es el evangelio “eclesiástico” por excelencia. La Iglesia de Mateo aparece en la redacción misma de la obra, en su estilo y composición, y en su orientación teológica. La comunidad eclesial se preocupa por organizar, como en una catequesis, las enseñanzas e incluso los relatos; lo que manifiesta la composición del evangelio con arreglo a ciertos procedimientos literarios: procedimientos nemotécnicos, agrupamientos numéricos, inclusiones, sinónimos y/o antítesis y ritmo de las estrofas. Pero más allá de estos mecanismos literarios se descubre un vivo interés por todo lo “eclesiástico” en ciertos agrupamientos temáticos. Es en Mateo donde se leen las palabras que otorgan a Pedro el poder de “las llaves del reino de los cielos” y edifican sobre él la Iglesia (16,18-19; cf. 18,18), así como los episodios que muestran el lugar especial de Pedro asociado a Jesús: la marcha sobre las aguas (14,2831), el pago del tributo del templo (17,24-27). La economía del reino de los cielos está orientada hacia la constitución de una Iglesia representada por la reducida comunidad agrupada alrededor de Jesús. Esta comunidad tiene su modo de presentar a Cristo, a los apóstoles y la vida cristiana. Comparada con el retrato trazado por Marcos, la presentación solemne del primer evangelio parece menos viva; aparece hundida en un aparato de citas proféticas y despojadas de esos trazos que encantan al lector de Marcos. Pero si no podemos calificarla de “bien vista”, merece el título de “bien vivida”. Un autor reciente hablaba de “la escuela de Mateo” diríamos más exactamente “la Iglesia de Mateo”, ya que este evangelio no está dominado sólo por una preocupación catequética, sino que tiene tras sí una comunidad, una liturgia. En la CRISTOLOGÍA de la Iglesia de Mateo se presenta a Jesús, lo hemos hecho observar antes, como aquel a quien anuncian las Escrituras; es también aquel a quien el lector reconoce como Cristo: de ahí el título preferido “Jesucristo”. Es también el Hijo de David y, finalmente, el Hijo de Dios a quien confiesa el creyente. Si Mateo centra su interés en esta proclamación de fe cristiana, se comprende que se sacrifiquen a menudo detalles agudos y observaciones psicológicas a la sobriedad. Así lo demuestra una rápida comparación con Marcos. En lo que se refiere a los sentimientos de Jesús, Mateo recoge recuerdos de su compasión (9,36; 14,14; 15,32; 20,34) y de su violencia (23,1-36), pero ignora los numerosos rasgos de Marcos que describen la cólera de Jesús (Mc 1,41), su irritación (Mc 1,43; 8,12; 10,14), su ternura (Mc 9,36; 10,16.21). Igualmente, si Jesús hace por dos veces preguntas como si fuera un hombre ordinario (Mt 16,15; 17,25), mientras son continuas en Marcos (Mc 5,9.30; 6,38; 8,12; 9,12.16.21.33; 10,3; 14,14), en Mateo esas preguntas expresan generalmente reproches (Mt 8,26; 14,31; 16,8; 19,17; 22,20). En el primer evangelio, la dignidad de Cristo aparece más firme. Así, en su patria, Jesús, según Mc 6,5, no pudo hacer ningún milagro; según Mt 13,58, no hizo muchos. Quizá también la respuesta de Jesús al joven rico ha perdido en Mt 19,17 el carácter abrupto que tenía en Mc 10,18. Además, el primer evangelio habla de los discípulos con un tono de admiración, el que se reflejaba en la comunidad primitiva (Hch 5,15; 19,12). Desde luego, los discípulos no están a tono con las enseñanzas de Jesús, y a veces el Maestro se impacienta; pero esto, comparado con la crudeza de las réplicas en Marcos, manifiesta la intención de atenuar la falta de inteligencia de los doce. Así, el autor de las Crónicas silencia los defectos de David que relata sencillamente el libro de Samuel. Relatar estos 1

defectos, ¿no sería atentar a la dignidad sobrehumana de que están investidos los apóstoles desde los comienzos de la Iglesia? Esta sobriedad en lo anecdótico, que nada resta al profundo valor histórico del testimonio eclesial, permite dibujar mejor la pedagogía de Jesús en Mateo. Después de suscitar la cuestión fundamental sobre su persona (8,27), Jesús agrupa y fortifica a sus discípulos (14,1-16,20), les revela el misterio de la pasión y les enseña la ley del servicio fraterno (16,21-20,28). Les va instruyendo cuidadosamente debido a su lentitud para entender las lecciones (16,8-11), y ellos acaban por comprender (16,12). Igualmente comprenden las parábolas (13,51). Al ver a Jesús andar sobre las aguas, reconocen en verdad al Hijo de Dios (14,33), se entristecen por la insistencia de Jesús en anunciar su pasión (17,23), pero no se indica que no le comprendan (Mc 9,32). La Iglesia de Mateo procura atenuar tanto la familiaridad de los discípulos con el Maestro como sus imperfecciones. ¿No son profetas, escribas de la nueva ley, sabios? ¿No tienen la autoridad y el poder mismo de Jesús? (9,8.6). La presentación de la doctrina de Jesús se concibe también en función de la necesidad de la Iglesia de Mateo. El sermón de la montaña parece haber adoptado al estilo sapiencial una predicación que fue originariamente profética. La presentación “social” que Lucas hace del discurso inaugural ayuda a ver con más claridad de qué manera centra Mateo el mensaje sobre la justicia cristiana; ésta indica los bienes escatológicos otorgados por Dios o, mejor dicho, en razón del contexto global del primer evangelio, las buenas obras que es preciso realizar para entrar en el reino de los cielos. A la luz de este reino, las bienaventuranzas se convierten en virtudes que hay que practicar para obtener la recompensa futura. De acuerdo con esta exhortación a vivir rectamente, hay que tener espíritu de pobreza y la dulzura que proviene de la humildad; hay que sentirse afligido en espera del consolador; hambriento de las obras de una vida cristiana cada vez más perfecta; hay que ser misericordioso, sencillo de corazón y convertirse en fautor de concordia (5,3-9). Al tema de la “puerta estrecha”, única que deja entrar en el reino (Lc 13, 23-24) está asociado el de los dos caminos (Mt 7,13-14), conocido por la Didajé (cap. I a V). Las explicaciones de las parábolas están imbuidas por la vida cristiana de la época de Mateo (13,1823.36-43.49-50). La parábola de la oveja perdida (Mt 18,12-14) va dirigida no a los fariseos (Lc 15,37), sino a los jefes de la comunidad. Si es cierto que están mezclados buenos y malos en la sala del festín de bodas, no pueden permanecer en ella sin llevar traje de boda, so pena de verse arrojados a las tinieblas exteriores (22,11-13). La amenaza que apuntaba a los judíos pesa igualmente sobre los cristianos. De esta manera, las parábolas sobre la fidelidad, sobre el deber de trabajar según los talentos recibidos, vienen a sacudir la inercia que amenaza a toda sociedad organizada. De esta manera, los “hermanos” que primitivamente son los correligionarios, son también, sin duda, los hermanos en la fe de Cristo (5,22-23.24; 7,3-5; 18,21.35), de acuerdo con el pensamiento de Jesús, quien había fundado su propia familia (12,46-50). El episodio que relata la tempestad calmada no es sencillamente una maravilla realizada por el Señor, sino una lección catequética para todos los creyentes que, habiendo seguido a Cristo, se encuentran embarcados en la “nave de la Iglesia”, según frase de Tertuliano. Mateo pretende dar al creyente deseoso de profundizar su fe y participar en la historia de la alianza divina con su pueblo, un testimonio sobre Jesucristo, Hijo de Dios, en quien se recapitula la historia de 2

Israel; y este testimonio confiere al acontecimiento del pasado una dimensión eterna. El tiempo de Jesús de Nazaret es no sólo el que realiza la gran esperanza de Israel, sino también una época privilegiada cuyos acontecimientos prefiguraban la historia de la Iglesia.

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