Cuarenta años haciendo éxitos para el teatro sin firmar

12 ene. 2014 - haciendo éxitos para el teatro sin firmar contratos. Carlos rottemberg. El empresario celebra su aniversario con quince espectáculos en cartel.
3MB Größe 6 Downloads 48 vistas
espectáculos | 13

| Domingo 12 De enero De 2014

Cuarenta años haciendo éxitos para el teatro sin firmar contratos

El método y las reglas de oro

Carlos rottemberg. El empresario celebra su aniversario con quince espectáculos en cartel

Laura Ventura PARA LA NACIoN

MAR DEL PLATA.– Una de la mañana. Mail a Carlos Rottemberg: “Hola Carlos, ¿cuándo puedo llamarte para hacerte una consulta? No hay apuro. Muchas gracias”. Un minuto después: “Llamáme ahora”. Nuevo mail al productor: “¿Seguro? Quizá es un poco tarde…”. 1.05. “Estoy trabajando, podemos hablar ahora.” Apodado “el señor de los teatros”, con 15 espectáculos en cartel y dueño de 15 salas (distribuidas en 8 teatros), este año celebra 40 años de actividad, a pesar de que cumplirá 57 años en los próximos meses. “Responder a cualquier hora y cualquier día hace a la esencia de una pasión, porque esto nunca fue un trabajo para mí.” Esta temporada acaba de marcar una cifra récord: superó los 1000 espectáculos estrenados en la escena comercial. Metódico y prolijo, Rottemberg celebra cada lustro de profesión con una adquisición que además de inmobiliaria se traduce como la incorporación de una pieza más de un gran engranaje de producción y programación: cuando celeb ró sus 5 años de carrera adquirió el Corrientes; a los 10, el Tabarís; a los 15, el Liceo; a los 20, el Mar del Plata; a los 25, el Blanca Podestá (hoy, Mul-

titeatro); a los 30, el Atlas; a los 35, el Neptuno; a los 40, el Metropolitan. No sólo tiene experiencia, sino también liderazgo, y preside la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet), desde hace tres períodos, elegido por los más de 120 miembros de la institución. Este año verá la luz un libro editado por Paidós con sus memorias, anécdotas y trayectoria, tarea minuciosa que realizan Carlos Ulanovsky y Hugo Paredero. Todo comenzó en 1965 cuando Rottemberg tenía 8 años, en su barrio, Mataderos. Sus padres lo llevaron a ver La novicia rebelde. Cuando empezó la película se emocionó y su mamá le preguntó qué le pasaba: “Cuando sea grande quiero trabajar en esto, mamá”, le dijo. Había reafirmado su vocación que había descubierto a los 4 años cuando en una función sus padres intentaban torcer su cabeza para que mirase a la pantalla. El pequeño estaba atento a otro espectáculo que no era ficción: el que ocurría en la sala, con la reacción del público, mientras contaba la cantidad de butacas. Cuando aún estaba en la secundaria comenzó a trabajar. Iba con su proyector a casas de familia y pasaba cintas infantiles de moda. “Hoy se puede estudiar lo que hago, hay cursos y universidades. En

María Valenzuela y Esmeralda Mitre

teatro

Los hombres, una dolorosa adicción adiCtas a vos. ★★★★ muy buena. autores:

Marcos Carnevale, Andrés

Gelos, Lily Ann Martin y Pablo Junovich. intérpretes: Betiana Blum, María Valenzuela, Cecilia Dopazo, Esmeralda Mitre, Erica de Sautu Riestra. escenografía: Daniel Feijóo. iluminación :

Gonzalo Córdova. Vestuario:

Javier Peloni. en multiteatro (co rrientes

1286). funciones: jueves y

viernes, 21.30; sábados, 20.30 y 22.30; domingos,

C

21. duración: 80 minutos.

omedias como Brujas, Confesiones de mujeres de 30 o Monólogos de la vagina reflejaron, en distintas épocas, en la cartelera teatral porteña, problemáticas femeninas a veces inesperadas que tocaron con fuerza a espectadores de diferentes generaciones. Situaciones pequeñas, personajes muy enteros e historias reconocibles resultaron disparadores perfectos para despertar la emoción del público y hasta, además, una sonrisa cómplice. En Adictas a vos, los autores utilizan esos condimentos y lo hacen construyendo un ajustado material dramático. Es una comedia sencilla en su estructura general pero en las criaturas que dan forma la trama hay una carga de humanidad muy rica y esto le posibilita a la obra una trascendencia. La acción muestra a cinco mujeres, muy disímiles, que se cruzan en la sala de espera de un aeropuerto. Afuera, las condiciones climáticas son más que adversas y los vuelos están muy demorados. Las protagonistas irán relacionándose de a poco y no tardarán en confesar no solo por qué están allí sino que, además, dejarán ver aspectos de sus intimidades de manera muy contundente. Ana, abandonada por su marido, es fanática de Julio Iglesias, preside un club de fans del músico y está allí

para recibir al cantante; Belén es la esposa de un hombre de negocios, tiene una vida muy acomodada. Sabe que él la engaña, pero no tiene reparos en jugar el rol de mujer perfecta. Carmen es adicta a su hijo, que vive en México, y está a punto de casarse con una joven a la que ella desprecia; Elizabeth profesa una profunda admiración por su destacado padre médico y Deborah es amante de un hombre que no está dispuesto a dejar a su familia para formalizar una relación con ella. Con distintos estatus sociales, estas señoras se revelan adictas a hombres nada contenedores. En sus fantasías ellos las alimentan, las ayudan a ser (aunque algunos dolores y/o rencores les hayan mellado el alma). Maridos, amantes, padres, hijos, ídolos conforman un espectro doloroso de seres que, solamente, en el marco de cierta intimidad podrían analizarse como carroña que ha paralizado y hasta obligado a esconder los verdaderos sentimientos de este conjunto de devastadas adictas. Marcos Carnevale (Elsa y Fred, en cine; La guerra de los Roses, en teatro) en tanto director, le aporta una vitalidad muy fuerte a este entramado de relaciones que se va configurando en escena. Cuenta con unas intérpretes de una gran solvencia y es así como, cada una a su tiempo, dejará volar su capacidad creativa para demostrar los dobleces de unos personajes que, en definitiva, terminan resultando verdaderamente entrañables. Las intérpretes demuestran mucha entrega y también una gran disposición a engrandecer esta pequeña trama poniendo la pasión y el profesionalismo que las caracteriza. El espectáculo posee momentos verdaderamente reveladores, en los que las conductas de esas mujeres no pueden pasar inadvertidas. Al final, la platea lo agradece con ganas.ß Carlos Pacheco

“Esto nunca fue un trabajo para mí”, dice Rottemberg, sobre su pasión teatral aquella época no se enseñaba, y, lo que es peor, cuando era pibe nadie me atendía ni me daba bolilla y no tenía contactos”, recuerda. Y hace una salvedad. Nombra a Juan Pelisch, inquilino del cine Majestic, en Pueyrredón 230 (sí, Rottemberg recuerda cientos de direcciones de salas con precisión). Fue Pelisch quien aconsejó al joven con grandes aspiraciones y le sugirió alquilar la sala cerrada hacía añares de Paraguay y Suipacha (por entonces, Baby, hoy N/D Ateneo). Rottemberg ya había ahorrado bastante con su cine itinerante, y el compromiso se limitaba a saldar las deudas del inquilino anterior durante tres años de explotación. El adolescente pudo hacerse cargo de esa sala, no sin antes lograr que su padre le firmara la emancipación. El teatro abrió sus puertas para el público infantil por las tardes con

un festival de Tom & Jerry. Pronto abriría el horario nocturno al teatro con el primer gran éxito del empresario, Equus, dirigida por Cecilio Madanes, con Duilio Marzio, y con un por entonces ignoto Miguel Ángel Solá: “Alejandro Romay había comprado los derechos de dos obras, Equus y Atrapado sin salida, con Rodolfo Bebán. Me ofreció las dos y me pareció que la primera, en una sala más escondida, iba a funcionar mejor. Fue uno de los grandes éxitos del teatro de los setenta”. Después vendrían otros sucesos como El negro no puede, con Alberto olmedo; Salsa criolla, de Enrique Pinti; Brujas, que estuvo más de diez años en cartel; y la reciente Toc Toc, en su cuarta temporada, que actualmente se presenta en Buenos Aires y en Carlos Paz. Rottemberg incursionó en un nuevo rubro, el de empresario tele-

mauro V. rizzi

visivo. En el verano de 1990 produjo Potiche, en Mar del Plata, con Mirtha Legrand, Juan Carlos Calabró, Juan Carlos Mesa y Linda Peretz. “Todas las noches después de la función íbamos a cenar. Mirtha se sentaba en la cabecera. Moderaba la mesa. Tiraba un tema, mantenía una conversación fluida con todos, se ocupaba de que cada comensal pudiese hablar. Entonces lo llamé a Daniel Tinayre y le dije: «¡Está haciendo el programa gratis, tiene que volver a la TV!» Así empezó y me convertí en su productor durante 20 años”, recuerda con una sonrisa inmensa. “La materia prima de este negocio son los seres humanos. Voy a celebrar los 40 años de carrera sin haber recibido jamás una carta documento de un actor. Es más, hace 20 años que no firmo contratos con los actores ni los productores. Es la palabra la que cuenta”, resume.ß

“Mi empresa debe estar adelantada un año. Lo que hoy hay en cartel lo programé hace un año. Cuando las marquesinas se iluminan y se abren las boleterías, la suerte ya está echada desde tiempo atrás. Recién ahí nos damos cuenta de los aciertos y errores cometidos en la programación”, explica. Rottemberg inventó en su adolescencia un modo de apaciguar “su enfermedad” como él la llama. Su avidez por conocer el desempeño de las salas se tradujo en un disciplinado método de análisis que consistía en estudiar la programación de los cines del centro para, a partir de esa información, trazar proyecciones. Todos los miércoles a la tarde, el día previo a los estrenos, se tomaba el subte y visitaba las 42 salas del centro en busca de los programas. Después de dos horas de periplo, de regreso en su casa, los desplegaba pegándolos en una enorme tabla de corcho. Estudiaba la cantidad de funciones, la calificación de las películas, las capacidades de las salas, los precios de las entradas, a qué circuitos pertenecían, la cantidad de semanas en cartel y otras variables. Aún conserva esos papelitos que la mayoría de los espectadores tira, pero que Rottemberg supo transformar en libros de texto. Romay le dio tres consejos, que aún hoy pone en práctica, y que recita como reglas de oro y máximas de su profesión: “Uno, que el 30% de la recaudación de la sala esté separado de la compañía; dos, nunca bajar a camarines; tres, mantener varios teatros a la vez, porque un éxito banca a los fracasos. Y la mayoría de las obras que se producen son fracasos”.ß