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A20. el comercio

martes 24 de marzo del 2015

Opinión “Es indispensable que se conozca ya a quién ha estado respondiendo la DINI al espiar a políticos, empresarios y periodistas”. Editorial de El Comercio El padre del monstruo / 20 de marzo del 2015

editorial

Crédito agotado

T

El nuevo escándalo de la DINI deja a la primera ministra Ana Jara sin oxígeno político.

ras la divulgación del rastreo a políticos, periodistas y empresarios que se hizo desde la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) en los últimos cinco años, poco es lo que habría podido decir la presidenta del Consejo de Ministros, Ana Jara, durante su presentación en el Congreso para mejorar su situación política. Lo que dijo, sin embargo, la empeoró. No solo le correspondía dar la cara en este caso por ser la jefa del Gabinete, sino también por el hecho de que la referida institución está adscrita a su portafolio. Y lo que convertía en particularmente dramática su circunstancia era que los sucesivos escándalos en los que la DINI se había visto envuelta en los últimos tiempos la habían llevado a cerrarla por 180 días, declararla en reorganización y designar a una ‘comisión de alto nivel’ que se encargase de supervisar el proceso. Conviene recordar aquí, además, que fueron precisamente esas medidas, sumadas al licenciamiento de varios ministros cuestionados por la oposición y la opinión pública, las que le permitieron a la primera ministra superar la crisis política

que la tuvo al borde de la censura hace poco más de mos seis meses de la administración aprista. un mes, pues ese es un indicador adicional de que Ninguno de sus dos argumentos, no obstaneste nuevo destape debía ser tomado con pinzas. te, sirve para atenuar su apremiado trance. En En realidad, habida cuenta de que ella misma lo que concierne a la naturaleza pública de la estaba en la lista de las personas escudriñadas por información recabada, no hay que perder de la DINI sin haberse enterado de ello, probablemen- vista lo sistemático del empeño –no se investite lo más coherente habría sido que la señora Jara gó a ciudadanos cualesquiera, sino a opositores, renunciara a su cargo, dejando al periodistas y personas potencialAdiós gobierno, que tan poca confianza le mente incómodas para el gobierLa representación había dispensado, solo en su intento no– ni la consideración de que los nacional deberá por defender lo indefendible. Pero, datos sobre inmuebles o automóejercer las funciones de al parecer, esa nunca fue una opción viles pueden ser solo la parte que control político que le disponible. hemos podido conocer de un ‘file’ corresponden. En lugar de ello, la primera mimás amplio. La lógica, de hecho, nistra salió a relativizar la gravedad de lo ocurrisugiere que a ese paso inicial debían seguirlo do y a tratar de transferirle la responsabilidad otros de intromisión en esferas más íntimas, para esencial del problema al gobierno anterior. Según cosechar información útil para fines políticos no ella, efectivamente, lo realizado por los agentes necesariamente saludables. de inteligencia no fue “seguimiento propiamente, En lo que se refiere a la responsabilidad del sino acopio de información pública” (expresión último gobierno aprista, por otro lado, es cierto eufemística que hace recordar las ‘verificaciones’ que sus representantes deben responder por los del ex ministro Urresti). Y en su cuenta de Twitter cerca de 5.000 rastreos (unas 700 personas esdestacó que 5.000 de los rastreos de propiedades piadas) que se dieron mientras Alan García era efectuados por la DINI se produjeron en los últipresidente. Pero es cierto también que el 95% de

humor profano

el tábano

- Mario Molina -

- Rogelio -

Q

Espionaje masivo

uerida DINI: No me molesta que emplees agentes en hacer ¡100.000! búsquedas registrales. Quizá tus agentes estén algo frustrados porque pasaron de James Bond a una cruda realidad de, digamos, espía catastral, pero de todos modos no esperaba que sus agentes anden salvando al mundo. Tampoco ando fastidiado porque supuestamente investigaste a personajes públicos, pues un ex jefe de la DINI ya aclaró convincentemente que en esta agencia de inteligencia “no hicimos investigaciones, sino indagaciones”, e ‘indagar’ es muy distinto de ‘investigar’ (la diferencia principal sería que ‘investigar’ tiene diez letras, mientras que ‘indagar’ solo tiene siete). Me molesta menos aun que tus actividades reservadas se hayan filtrado nuevamente, pues toda organización de inteligencia que se respete tiene un soplón (aunque tú pareces tener varios).

Y también te recuerdo que estoy pasando por alto que tus búsquedas registrales de políticos, periodistas y demás personajes no comprendieron a sus suegras, cuando todos sabemos que en este país ellas son quienes acumulan el capital familiar. Lo que jamás perdonaré es que no me hayas espiado. Sí, soy uno de los dos o tres peruanos que no fueron incluidos en tus pesquisas registrales. ¡Hasta Toledo estuvo comprendido! ¿Tan poco VIP soy? ¿Qué más debo hacer para que me investigues? ¿Fugarme a Bolivia? ¿Organizar alguna marcha? ¿Aparecer en “Esto es guerra”? Gracias por la humillación, DINI, nunca lo olvidaré.

La situación de la presidenta del Consejo de Ministros

las paradojas de los agentes económicos

Jara debe renunciar

Anomalías

- Hugo Guerra -

L

esa actividad indebida ocurrió en este gobierno y son por ello los voceros del Ejecutivo quienes tienen que dar las explicaciones y enfrentar las consecuencias. Ha llegado el momento de enfrentar las responsabilidades políticas del contumaz manejo irregular de la DINI y quien tiene que hacerlo es la presidenta del Consejo de Ministros. No porque ella haya dado las órdenes para que tal cosa ocurriese, sino porque tendría que haberlo impedido, y es evidente que nunca estuvo ni siquiera al tanto de lo que allí sucedía. Y también porque eso es lo que dispone la Constitución. El crédito del que la señora Jara gozaba en importantes sectores ciudadanos se ha agotado y lo que le toca ahora es renunciar. Ninguna destitución de funcionarios subalternos –en algunos casos llegados cuando el rastreo ya había sido interrumpido– servirá para paliar esa circunstancia. Y si por alguna razón ella decide no asumirla, la representación nacional –entre la que ya se cuentan más de 50 votos favorables a la censura– tendrá que tomar el asunto en sus manos y proceder a ejercer las funciones de control político que le corresponden.

Periodista

a primera ministra Ana Jara debe renunciar de inmediato para evitar que –con toda justicia– el Parlamento la censure, con la consiguiente crisis terminal del gobierno humalista. Jara puede parecer empática: eventualmente ha tratado de hacer exactamente lo contrario al oficialismo, es decir, tender puentes de concertación con las bancadas opositoras. Incluso sus singularidades expresivas (“las mujeres deben defenderse con aguja, tijera y clavo”) se pueden tomar con algún forzado sentido del humor. Aunque, ojo, la gestión de su equipo en el Ministerio de la Mujer es algo que todavía falta ser bien auditado. Sin embargo, su gestión al frente del Gabinete es deplorable. Accedió accidentadamente a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM); después se mantuvo a punta de parches en el equipo y, al final, se aferró al sillón pese a que la obsecuencia con sus jefes, Ollanta Humala y Nadine Heredia, la llevaron a encabezar la farsa del ‘diálogo político’. En la primera reunión de ese grupo (al cual solo asistieron agrupaciones de segundo nivel) surgió la ‘brillante’ idea de reorganizar la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) en el supuesto que este organismo se democratizaría bajo supervisión de un grupo de notables. Pero ni siquiera se cumplió ese compromiso absurdo y carente de garantías básicas. Por sí y ante sí, Humala designó a un par de técnicos en temas de defensa, mientras los concurrentes al seudodiálogo han terminado como el bobo del pueblo, a quien todos engañan. El gobierno no contaba, sin embargo, con que la investigación de la revista “Correo Semanal” demostraría, con pruebas plenas, que el

espionaje interno afecta a más de 100 mil ciudadanos, incluidos amigos del régimen. Reaparece, entonces, Jara en actitud compungida y desesperada para anunciar la destitución de la cabeza de la DINI, pero sin el debido proceso sancionador y pese a que pocos meses atrás fue Humala quien hizo aprobar, vía delegación de facultades, una modificación de la estructura de inteligencia del Estado. Es decir, en plena seudorreorganización, sin que se conozca realmente lo que se está haciendo con el órgano de inteligencia, con ausencia de los dialogantes de oposición, sin procesos administrativos y penales abiertos por el espionaje interno, se cambia la cúpula y Jara pretende presentarse como la gran moralizadora. Esa actitud descarada es inaceptable. Lo concreto es que este gobierno ha venido permitiendo (¿o alentando?) que se espíe a compatriotas, violando la Constitución y el Estado de derecho. Puesto que el presidente es inimputable, y dado que la DINI reporta a la PCM, la responsable política y funcional es la señora Jara. Por tanto, por dignidad personal y humana debe renunciar. De lo contrario, que el Congreso la censure, que la eche sin miramientos. Y a no temer, falta muy poco para las elecciones generales y por muy traumático que parezca, debemos confiar en que el sistema democrático sabe cómo autopurgarse. Es hora de un Gabinete de salida, sustentado en el consenso de las fuerzas políticas principales. Hace mucho tiempo ya no hay confianza en un gobierno afectado por la corrupción, ahora no permitamos la impunidad.

- Jürgen Schuldt -

A

Profesor de Economía de la Universidad del Pacífico

menudo nuestro comportamiento adolece de sesgos y defectos cuando tomamos decisiones. Especialmente en materia económica, como consumidores o empresarios, somos muy distintos al ‘Homo oeconomicus’ en que se basa la ciencia económica ortodoxa. A esta conclusión han llegado disciplinas especializadas que se han ido desarrollando durante las últimas tres décadas: Psicoeconomía, Economía del Bienestar Subjetivo, Neuroeconomía, Economía Experimental, Economía Evolucionista y similares de corte interdisciplinario. Algunas de estas anomalías, que llegan a ser en ciertos casos patológicas e irracionales, pueden formularse así: ¿Por qué damos propina en un restaurante o peluquería al que nunca volveremos? ¿Por qué muchos consumidores gastan más si poseen una tarjeta de crédito que cuando solo cuentan con dinero en efectivo? ¿Por qué es tan común que juremos hacer dieta o dejar el cigarrillo, para abandonar esos loables propósitos en menos de lo que canta un gallo? ¿Por qué cuando se aplica una multa a los padres de familia por llegar tarde a recoger a sus hijos del nido, aumentan el número y la extensión de las tardanzas, en vez de disminuir? ¿Por qué el propietario de una mercancía, a la hora de tener que venderla, la valora mucho más allá de lo que lo haría un potencial comprador de ese bien? Ciertas cuestiones son aun más sorprendentes: ¿Por qué los taxistas neoyorquinos trabajan menos horas cuando llueve (habiendo más necesidad de sus servicios) y laboran más en condiciones climáticas agradables (cuando la demanda es menor)? ¿Por qué si ganamos una gran lotería, a los pocos meses nuestro bienestar subjetivo cae (o casi) al nivel del período previo de haberlo ob-

tenido? ¿Por qué el rendimiento promedio de las acciones es muy elevado (más allá de la prima de riesgo) en comparación con el que brindan los bonos? ¿Por qué la Bolsa de Valores de Nueva York rinde más en el primer mes del año o si el día está soleado o completamente nublado? Todas estas paradojas han sido demostradas empíricamente, se pueden explicar racionalmente y tienen nombres “técnicos”, como “procrastinación”, “efecto dotación”, “teoría prospectiva”, “descuento hiperbólico”, “proceso de remordimiento”, “efecto adaptación”, etc. La conclusión a la que llegan los expertos es que los agentes económicos son muy distintos al de los textos de microeconomía neoclásica. En la “vida real” cada uno de nosotros es limitadamente racional, restringidamente egoísta, débilmente voluntarioso, parcialmente soberano, estrechamente memorioso, fácilmente saciable, relativamente averso a la pérdida (y no solo al riesgo), pobremente consciente de sus preferencias, imperfecta o sesgadamente informado, sostenidamente emocional, expeditamente influenciable, notoriamente vanidoso y de reacciones viscerales, sesgadamente perceptivo, tendencialmente adepto al statu quo y sujeto a la reversión de preferencias en el tiempo, inevitablemente dependiente de las preferencias de sus grupos de referencia y que prefiere el goce inmediato. Los más todavía creen que esas anomalías bien pueden ser incorporadas y digeridas por la ciencia económica ortodoxa. Los menos tenemos la esperanza, a la luz de los compartimentos estancos en que se han convertido las ciencias, especialmente las sociales, que estas innovaciones pueden motivar, muy paulatinamente, la configuración de una ciencia transdisciplinaria, integradora y totalizante.