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SUBSISTE LA IDEA DE QUE LOS ACTORES POLÌTICOS NO. DETERMINAN TANTO LAS POLÌTICAS PÙBLICAS COO LO. HACEN APARECER CUANDO SE ...
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Yves Surel

La tesis corriente que recorre una buena parte de la literatura actual a la acción pública reposa sobre la simple idea de una separación de esas dos esferas tradicionales del espacio público. El Estado deviene en la “sede la previsión universal” (Hegel); “cerebro del cuerpo social” (Durkeim) o “forma de organización legalracional” (Weber). Dinámica de los procesos de DECISIÓN y REGULACIÓN son relativizadas trabajos contemporáneos.

Para ciertos autores como Murray Edelman, las diferencias entre esos dos espacios políticos son, ante todo, estructurales y se derivan de la separación que existe entre la retórica electoral y las condiciones efectivas de acción pública. LOS REPRESENTANTES ELEGIDOS, EN ESA PERSPECTIVA SON LOS ACTORES DE UN JUEGO POLÍTICO QUE PERSIGUE ESENCIALMENTE SU PERMANENCIA EN EL PODER, MIENTRAS QUE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS FUNCIONAN DE MANERA CASI AUTÓNOMA.

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Bruno Jobert incorpora la noción de “foros”. Subraya hasta que punto el espacio público está saturado de elementos simbólicos y retóricos identificables por los actores políticos elegidos. Jobert explica las reformas neoliberales a partir de los foros. A partir de la crítica de las teorías keynesianas y en la formalización de una controversia científica dominada encabezada por los economistas monetaristas. La competencia electoral, a partir de la intención de los partidos conservadores de posicionarse y llegar al poder. SUBSISTE LA IDEA DE QUE LOS ACTORES POLÌTICOS NO DETERMINAN TANTO LAS POLÌTICAS PÙBLICAS COO LO HACEN APARECER CUANDO SE SIRVEN DEL TEMA EN SU DISCURSO ELECTORAL O LO UTILIZAN COMO SEÑA DE IDENTIDAD PARA DIFERENCIARSE DE SUS COMPETIDORES EN LA ARENA POLÍTICA.

Richard Rose sostiene que la distancia entre la competencia electoral y la acción pública reside igualmente, y tal vez sobre todo, en el hecho de que los representantes elegidos son herederos de políticas pasadas más que verdaderos tomadores de decisiones. Todo actor político que llega al poder se encuentra frente a un conjunto de programas y proyectos lanzados por su predecesores, que deberá asumir o reformar. Enfatiza el peso de las variables jurídicas e institucionales, que inhiben todo voluntarismo político. LOS DISCURSOS DESARROLLADOS POR LOS ACTORES POLÍTICOS SON, DE ESTE MODO, REDUCIDOS A SIMPLES CONJUROS O GESTICULACIONES UN POCO VAGAS, SIN VERDADERAS CONSECUENCIAS SOBRE LAS OPCIONES PÚBLICAS.

Es importante agregar el peso de las evoluciones estructurales y normativas contemporáneas, que reducen el margen de maniobra y las posibilidades de elección de los actores políticos tradicionales. La globalización aparece como una serie de presiones adaptativas sobre los actores políticos administrativos. Los “nuevos” problemas públicos planteados por esta globalización económica tienden a escapar, cada vez más de las manos de los actores político administrativos tradicionales. Reencontramos así, con esos elementos estructurales y esas cuestiones de ‘competencia’, la idea sobre la disociación entre legitimidad por los inputs y legimitidad por los outputs.

El neoliberalismo, ha sido difundido a partir de los años 80, reposa en particular, sobre la idea de que el Estado es una estructura demasiado pesada, susceptible de parasitar el libre funcionamiento del mercado, el que se presenta, por el contrario, como una institución capaz de determinar la producción y una distribución óptimas de riquezas. Del mismo modo la corriente del Public Choice subraya la existencia de motivaciones propias de los actores burocráticos.

Las nociones de “CICLO ELECTORAL” y de “VENTANA POLÍTICA” tienden a subrayar la importancia de elementos vinculados a la coyuntura política y a los plazos electorales en la definición de las políticas públicas.

El concepto de “ciclo electoral” apunta en particular a mostrar de qué manera el ritmo cíclico de la competencia política puede terminar un efecto tanto sobre la amplitud como sobre el contenido de la agenda gubernamental. Los análisis centrados en el ciclo electoral suponen que la temporalidad particular de las elecciones es susceptible de tener un peso en las opciones políticas.

La agenda gubernamental parece experimentar movimientos de amplitud directamente determinados por los plazos electorales en una secuencia de tres tiempos: 1. Extensión de la agenda al principio de la campaña. 2. Retracción de la agenda en la semana que precede a la elección. 3. Nueva extensión después de la elección.

La presencia en el poder de partidos de la izquierda o de la derecha constituye siempre una diferencia sensible en lo que se refiere a las orientaciones adoptadas por ciertas políticas públicas. Los efectos del ciclo electoral son asimilables a un efecto de péndulo, en virtud del cual ciertas apuestas o ciertos problemas públicos son más o menos ventajosos según el “color” político del gobierno de turno. Con los gobiernos de izquierda son las políticas sociales y educativas las que son objeto de un aumento de interés, mientras que la derecha en el poder tendría tendencia a desarrollar las políticas ligadas a la seguridad y la defensa. Los partidos “atrapatodo” se caracterizan menos por una voluntad de radicalización y diferenciación políticas que por la voluntad de proponer programas suficientemente amplios y compuestos para facilitar los agrupamientos electorales.

¿Cuándo se produce la oportunidad para introducir temas y aprobar alternativas? Flujo de alternativas de política relativas a cómo enfrentar los problemas

Flujo de problemas que saltan a la agenda de gobierno

Flujo de eventos políticos que establecen las prioridades de los políticos electos

Cuando problemas y eventos políticos enganchan, es posible introducir un tema en la agenda Cuando problemas y alternativas enganchan, es posible que la alternativa pase a la agenda y se apruebe

La amplitud de la victoria electoral en un contexto de crisis y/o a una exacerbación de las oposiciones políticas permite a los nuevos gobernantes disponer de una fuerte legitimidad y de una autorización para actuar, que les permite introducir un gran número de problemas a la agenda y facilitan la toma de decisiones. Keeler ha podido mostrar con este modelo la elección de Roosevelt (1932), Tatcher (1932) y Miterrand (1981). Con la noción de “ventana política” el análisis de las políticas públicas dispone, entonces, de una herramienta que permite comprender “cuando la política cambia las políticas”.

La noción de blame avoidance (evitar el daño electoral) de Kent Wraver (1986) sostiene que la voluntad de ser reelegidos genera un despliegue de estrategias por parte de los actores políticos, destinadas a matizar los descontentos y a disminuir la probabilidad de apoyo de su clientela.

La mayor parte de las decisiones políticas engendran percepciones negativas en la opinión pública y clientes concernidos. Tres motivaciones: 1. Hacer “buena política”: tomar decisiones que satisfacen criterios ideológicos y morales que reposan en la convicción de los actores políticos de que sus acciones generar beneficios para el conjunto de la comunidad política. 2. Credit claiming: Adjudicarse la responsabilidad de una dinámica positiva. 3. Blame avoidance: Limitar las percepciones negativas que una decisión política o una serie de decisiones pueden engendrar en los ciudadanos y/o grupos más directamente afectados.

La relación entre política y políticas públicas no se presenta de una manera lineal, asociada a las lógicas institucionales y simbólicas inducidas por la democracia representativa. Esta visión más matizada y, sin dudas, más justa de la relación entre politics y policies nos lleva, desde ya a una conclusión prudente.