La multitud y la poética de los paisajes frustrados

2 mar. 2013 - Se estrenó en los cine Gaumont, la sala que aca- ba de ser adquirida por el Incaa,. Cosmos y en el Arte Cinema (en donde sigue en cartel).
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espectáculos

| Sábado 2 de marzo de 2013

La multitud y la poética de los paisajes frustrados diálogos. El documental, que hace eje en dos sitios urbanos

abandonados, se presenta en Lavalle, otro lugar del pasado Alejandro Cruz LA NACION

Foto de 1967 cuando la Ciudad Deportiva de Boca era una promesa

antonio montano/archivo

En los primeros minutos de La multitud, el documental de Martín Oesterheld estrenado la semana pasada, se ven viejas fotos de la ex Ciudad Deportiva de Boca. Son imágenes de colores un tanto estridentes de aquel megaproyecto urbanístico con aires futuristas que comenzó a gestarse durante el gobierno de Arturo Illia. Prometió ser un gran centro recreacional y deportivo que, en los papeles, iba a incluir un gran estadio de fútbol para 140.000 personas. El estadio

nunca se abrió. Sí funcionaron unas confiterías, unas canchas de deportes, el parque y unas extrañas fuentes. Al lugar se accedía cruzando un puente inclinadísimo sobre un proyecto de riacho que no todos los coches podían atravesar (el Renault 4 de mi familia, no). Hoy ese enorme terreno bordeado por una villa está abandonado desde hace años, aunque hay nuevos, y polémicos, planes de torres para pocos (y pocas). El estadio se iba a inaugurar en 1978 para el Mundial. Durante ese tiempo de la dictadura, el intendente era Cacciatore, el que tiró abajo infinidad de ca-

sas para construir autopistas que rompieron el tejido urbano. Con ínfulas faraónicas, también pensó en un gran parque de diversiones. Se abrió en 1982 con el nombre de Interama. Incluía una montaña rusa, la más grande de Latinoamérica, llamada Vertigorama. Nunca funcionó. La empresa privada que construyó Interama iba a administrar el parque por 35 años. Duró 12 meses. Desde hace años, como sucede con la Ciudad Deportiva, está cerrado. A mediados del año pasado, el actual gobierno porteño anunció que ahí se realizará la edición de Rock in Rio Buenos Aires. Con el pasar de los meses, ese otro megaproyecto que iría a tomar forma en ese verdadero parque del fracaso y la corrupción parece haber quedado en el olvido. La multitud no pone en palabras ninguna de estas historias de desidia estatal, juicios y negociados turbios. Las imágenes hablan por sí solas (de ahí, su inteligencia). Se estrenó en los cine Gaumont, la sala que acaba de ser adquirida por el Incaa, Cosmos y en el Arte Cinema (en donde sigue en cartel). Como en

Lavalle, en 1958, la multitud juan di sandro/archivo

el Gaumont se harán trabajos de puesta a punto, desde el jueves la película del nieto del creador de El Eternauta se exhibe en el Monumental Electric, de Lavalle. Esa calle –como la Ciudad Deportiva y como Interama– se ha convertido en otro espacio fantasmagórico de Buenos Aires. Casi nada queda de aquella Lavalle en la cual, las noches de los viernes y los sábados, circulaban por allí varias multitudes. Hace tiempo, un gobierno decidió poner grandes placas de mármol en la vereda en los sitios en los que hubo cines. El efecto es extraño, un tanto perturbador. El toque mortuorio de las placas marmóreas convierte a Lavalle en algo así como un cementerio de cines. En la cuadra del Monumental Electric, en donde se exhibe La multitud, a contar por las desgastadas placas que ya cuesta leer había allí otras ocho salas cinematográficas. En seis de esos lotes ya no queda nada de la estructura original (ahora funciona una galería, varios negocios de mínimas dimensiones y un bingo cuya fachada espanta a cualquier mortal). En los otros dos cines, cuyos edificios todavía están en pie, funciona una iglesia evangelista en uno; el otro está cerrado desde hace tiempo. El único que está abierto al público es una versión del viejo cine Electric Palace, espacio abierto en 1913. Claro que, como sucede con la mayoría de esos viejos templos de la ficción, fue subdividido en cuatro salas y de su fachada original poco se puede observar. Tener la posibilidad de ver el potente poema visual sobre esos paisajes del olvido y terminar caminando por el desgastado paisaje urbano de Lavalle puede generar una extraña (quizá, bella) sintonía. Como si esos lugares que fueron emblemáticos en lo que hace al entretenimiento masivo –la ciudad aquella con ínfulas futuristas, el parque aquel de la tremenda torre y la calle con una densidad de butacas única en el mundo– entablaran un diálogo íntimo cargado de imágenes y ecos.ß