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(Con la misma actitud de fingimiento forzado) ¿Amor? ¿Por favor, podemos dejar de vernos .... Tenemos nuestro matrimonio. Paco: Sí pues, (con rendimiento) ...
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EL VACÍO Compartido por Daniel Nelson Usado con permiso Narrador:

(Fuera de escena. Inicia narrando muy dramáticamente, después es el narrador amistoso) En el principio—bueno, después de un tiempo—Dios creó a Paco, un hombre ordinario.

(Suben las luces a Paco en plataforma derecha. Hay un gran círculo de cartulina negra pegado a su camisa con cinta) Narrador:

Ahora Paco no era algo especial, pero Dios lo amaba al igual y dijo:

Dios:

(Voz fuera de escena) Paco hombre ordinario, junto podemos ser un buen equipo.

Narrador:

Pero Paco hombre ordinario dijo:

Paco:

No. Yo me hice a mí mismo, soy autosuficiente y soy auto controlado.

Narrador:

(Paco acompaña con movimientos las palabras del narrador) Entonces Paco, el hombre ordinario, el hombre autosuficiente, orgullosamente siguió sus propios caminos. Pero, uno mismo más uno mismo sólo equivale a uno mismo. Así que, finalmente, este hombre autosuficiente se fastidió a sí mismo. Todavía más, él comenzó a notar un inconfortable vacío en su vida. Estaba a punto de cerrar las cortinas (Paco pone su mano a la cabeza en forma de pistola) cuando escuchó una pequeña, quieta voz. Dios le estaba hablando.

Dios:

Oye Paco, yo puedo llenarle ese vacío. ¿Qué dices?

Narrador:

Probablemente Paco hubiera dicho que “sí”, si no hubiera pasado Panchita, una mujer ordinaria.

(Panchita entra muy elegante, a la izquierda de la plataforma. Se lanzan miradas coquetas y se enamoran. Panchita también lleva un vacío. Pero cuando se ven, ambos se arrancan los vacíos y se agarran de las manos en el centro de la plataforma.) Narrador:

Y usted sabe qué pasa cuando un hombre incompleto se encuentra con una mujer incompleta. Oyen campanas, cuetes explotan alrededor y sus vacíos se llenan—por lo menos por un rato.

(Panchita y Paco se agarran de los brazos y tocan las primeras notas de la marcha nupcial) Paco:

Yo Paco hombre ordinario, te tomo para ser mi legítima esposa — para tomar tus manos entre las mías desde ahora y para siempre.

Panchita:

Yo Panchita mujer ordinaria, te tomo para ser mi legítimo esposo para verte los ojos desde ahora y para siempre.

Narrador:

¡Qué alegría! Pero dos semanas después:

Panchita:

(Fingiendo contentamiento) ¿Amor? ¿Por favor, podemos dejar de tomarnos de las manos? Me estás lastimando. (Se sueltan las manos)

Paco:

(Con la misma actitud de fingimiento forzado) ¿Amor? ¿Por favor, podemos dejar de vernos los ojos? Ya me estás mareando (dejan de verse a los ojos) Te amo, pero a la verdad…

Panchita:

Yo sé...

Juntos:

Se acabó la luna de miel. (De nuevo se ponen sus vacíos)

Narrador:

Entonces ahora, la pareja incompleta busca en otros lados algo para llenar sus vacíos. Dios, con su quieta, pequeña voz, decide intentarlo de nuevo:

(Cada uno hace ademanes de escuchar por su lado la voz de Dios, y de no hacerle caso) Dios:

Yo te puedo salvar de mucho dolor si me dejas encargarme de tu vacío.

Narrador:

Pero Paco y Panchita ya estaban intentando llenar el vacío en dos diferentes formas… (Una vez más se quitan los vacíos)

Paco:

¡El trabajo! (Comienza a hablar por un teléfono celular)

Panchita:

¡Los niños! (Comienza a recoger juguetitos y ropa de bebé)

Paco:

(Con orgullo) Voy a trabajar 12 horas al día, 5 días de la semana, y en pocos años si no falto al trabajo, voy a tener el honor de ser supervisor y podré trabajar 16 horas al día, 7 días de la semana.

Panchita:

(Con orgullo) Voy a pasar todo mi tiempo levantando tiraderos, cambiando pañales y viendo películas de Barny.

Paco:

(Con entusiasmo) Voy a sentirme importante.

Panchita:

(Con entusiasmo) Voy a saber que me necesitan.

Paco:

(Sin entusiasmo) Voy a sentirme cansado.

Panchita:

(Sin entusiasmo) Voy a sentirme usada.

Narrador:

Y de nuevo escuchan una voz familiar.

Dios:

Yo puedo llenar tu vida con lo que verdaderamente es importante y útil, si me dejas…

Narrador:

Pero Paco y Panchita ya habían encontrado una nueva solución a sus problemas: ¡Las fiestas! (Se quitan los vacíos)

(Panchita y Paco empiezan a actuar como si tuvieran un encuentro con dos amigos imaginarios en una fiesta. Platican a la vez, Paco a la derecha de la plataforma y Panchita a la izquierda de la plataforma. Casi no tienen tiempo de hablar pero sus amigos se despiden. Solos de nuevo, Panchita y Paco esconden su desilusión diciendo frases positivas de su agitada social) Panchita:

¡Mis amigos me han dado un nuevo sentido de valor propio!

Paco:

(De nuevo tiene una actitud de entusiasmo forzado) ¡Mis amigos han — este… — me han dado un mejor concepto de mí mismo!

Panchita:

(Con menos entusiasmo) Mis amigas — no siempre me entienden.

Paco:

(Con tristeza) Y mis amigos no pueden estar conmigo las 24 horas del día. (Se ponen de nuevo los vacíos)

Narrador:

¡No cabe duda que Dios es paciente! De nuevo les llama.

Dios:

(Alzando un poco la voz) ¡Ahem! Te lo estoy advirtiendo. Estás corriendo por el camino equivocado, ¡entiende!

Narrador:

Pero no, no lo entienden. Ahora ellos escogen otra diversión.

Juntos:

¡Deportes y diversión!

(Hacen los movimientos de diferentes deportes mientras hablan) Paco:

El fútbol (hace movimientos del fútbol)

Panchita:

El voleibol (hace movimientos del voleibol)

Paco:

¡Las carreras de bicicletas!

Panchita:

¡Correr!

(Tocan el William Tell Overture mientras que Panchita corre alrededor de Paco, quien pretende andar en bicicleta. Pronto se cansan y se tiran al piso.) Paco:

(cansado) Dominó

Panchita:

Damas chinas.

Paco:

(se dirige a Panchita) ¿Cómo te sientes?

Panchita:

¡Con energía!

Paco:

¡Refrescado!

Panchita:

Adolorida.

Paco:

¿Satisfecho? (Ellos niegan con la cabeza y van y se ponen el vacío.)

Narrador:

Bueno, doña Panchita y don Paco hombre ordinario hicieron todo lo que podían, pero ese vacío todavía les molestaba. Y una vez más Dios intenta hablarles con su quieta, pequeña voz.

Dios:

(Muy fuerte mientras que Paco y Panchita se agarran y tiemblan) ¡Atención! ¡Escuchen esto! Es Dios hablando a Paco y Panchita. ¿Me escuchan Paco y Panchita?

Narrador:

Es fascinante lo claro que se escucha la voz del Señor en momentos de reflexión silenciosa.

Juntos:

Está bien, ¿qué quieres?

Dios:

Les quiero llenar ese vacío.

Panchita:

¿Quieres quitar nuestro vacío? Pero es muy solemne cuando está cerca.

Dios:

Eso es porque hasta ahora no he llenado tu vacío.

Paco:

¿Por qué crees que puedes llenar este vacío tan grande?

Dios:

Porque soy un Dios grande.

Panchita:

Pero no te necesitamos, tenemos nuestro trabajo y a los niños.

Paco:

Sí.

Panchita:

Tenemos nuestros amigos.

Paco:

Sí.

Panchita:

Tenemos los deportes y la diversión.

Paco:

Sí.

Panchita:

Tenemos nuestro matrimonio.

Paco:

Sí pues, (con rendimiento) disculpa Señor, ya es tiempo que dejemos de huir de ti.

Dios:

Eso es precisamente lo que quería oír desde el principio. (Se acercan a un lado de la cortina donde una mano sale de lo alto y les quita los vacíos. Puede ser alguien subido en una silla o en una escalera. No sale esta persona al escenario, sólo su mano)

Narrador:

Entonces Dios llena el centro de las vidas de Paco y Panchita. Ahora ocupa el espacio, y cabe perfectamente

Juntos:

(Se abrazan, mientras se escuchan las notas de un himno y se apagan las luces)

FIN.

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