Diez años de espionaje nacional y popular

28 jul. 2013 - La corrupción ha cambiado de ropajes y modalidades, pero con- tinúa siendo un verdadero flagelo que deja consecuencias políticas,.
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domingo 28 de julio de 2013

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Diez años de espionaje nacional y popular En una década, el kirchnerismo consolidó el rol de la Secretaría de Inteligencia como órgano de control político de los “enemigos” y de verificación de la lealtad de los propios, pero no logró modificar las relaciones de poder dentro del organismo, sumido en disputas internas, a veces al filo de la ley, que se han vuelto cada vez más visibles Gerardo Young PARA LA NACION

T

ras diez años de delegar recursos millonarios y confianza absoluta en la Secretaría de Inteligencia, Cristina Kirchner viene a descubrir que los espías le acercan más cuentos que verdades. “Sólo me generan dolores de cabeza”, les ha dicho a Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, uno y dos de la SIDE. Para empezar, no es cierto que la Secretaría controle a todos los jueces, o al menos ya no lo hace con la eficacia de antes. Tampoco es verdad que se anticipe a los movimientos políticos, porque intentaron convencer a la Presidenta de que Sergio

Massa no iba a presentarse como candidato y no evaluaron los riesgos del nombramiento del general César Milani al frente del Ejército. Y encima está el oscuro final de “el Lauchón”, un agente con 36 años en la Secretaría cuya muerte, el 9 de este mes, desnudó el desgobierno del sistema. ¿Son esas fallas señales de un fin de ciclo? En la Secretaría de Inteligencia apuestan a que no. Han atravesado crisis peores y allí siguen los mismos agentes de casi toda la vida. Para empezar, Jaime Stilles, el seudónimo de Horacio Stiuso, el director general de Operaciones, siempre listo en su oficina de 25 de Mayo, a metros de la Casa Rosada.

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martín balcala

ElECCIONES

El pERfIl

Antonio Di Pietro. “El poder político corrupto primero debilita los controles y después avanza sobre la justicia”

Un voto por la democracia directa El Partido de la Red aspira a ser una opción electoral en la Ciudad Página 5

OpINIóN

El affaire Milani y una nueva época para los DDHH

ENTREVISTA CON

Se abre paso una mirada renovada sobre los 70, escribe Vicente Palermo

Evelyn Matthei, la elección de la derecha chilena para enfrentar a Bachelet

Página 6

Página 6

El ex fiscal italiano que encabezó el célebre mani pulite en los 90, y que visitará el país esta semana, enfatiza el respeto a la división de poderes como clave para la salud de la democracia

Astrid Pikielny PARA LA NACION

La corrupción ha cambiado de ropajes y modalidades, pero continúa siendo un verdadero flagelo que deja consecuencias políticas, económicas y morales devastadoras en las sociedades, hunde las economías de los países y limita su desarrollo. Así lo cree Antonio Di Pietro, el ex fiscal que, a principios de los años 90, encabezó el proceso de lucha contra la corrupción en Italia conocido como mani pulite, que dejó al descubierto una trama naturalizada e institucionalizada de so-

bornos, retornos y negocios entre la clase política italiana y el empresariado. Aquel escándalo, que involucró a todos los partidos políticos y tuvo repercusión planetaria, le costó la renuncia al primer ministro y líder del partido socialista Bettino Craxi, y el contraataque no tardó en llegar: Di Pietro fue acusado de conspirador y puesto bajo la lupa. Investigado y absuelto por la justicia, Di Pietro dejó la magistratura, se volcó a la política, fundó el partido político Italia de los Valores y desde entonces ocupó diversos cargos ejecutivos y electivos. En vísperas de su llegada a la Ar-

gentina para participar del Primer Congreso Internacional de Transparencia y Gobierno Abierto –organizado por la Subsecretaría de Asuntos Públicos del gobierno porteño, a cargo de Álvaro González, y que se realizará el jueves próximo–, el ícono internacional de la lucha contra la corrupción sostiene que el avance del poder político contra el Poder Judicial suele ser una gran tentación para los gobiernos: “La clase política primero debilita los controles administrativos y después inicia el ataque a la magistratura utilizando todos los mecanismos a disposición: los político-legislativos y los mediáticos”. Continúa en la página 3