Come on, Señorita - Goodreads

18 nov. 2011 - que se permitiría llevar) y unos delgados manchones oscuros le atravesaban ... feel the music higher and touch the sky, don't love the world,.
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Come on, Señorita Nimphie Knox

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Come on, Señorita

Come on, Señorita Sofía Olguín Nimphie Knox

20 de noviembre Día Internacional de la Conmemoración Trans

Sofía Olguín (Nimphie Knox), 2011 Sitio web: http://nimphie.blogspot.com Contacto: [email protected] Facebook: Nimphie Knox Modelo de portada: Serçois Bernal Diseño de portada: Sofía Olguín

Este libro electrónico ha sido colocado en descarga gratuita por su autora con motivo del Día Internacional de la Conmemoración Trans. Su distribución, impresión, reproducción y alojamiento en hosts diferentes del de origen están permitidos. No está permitido utilizar este libro con fines comerciales.

BASTA DE TRANSFOBIA El 20 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Conmemoración Trans, fecha para recordar y honrar a todas aquellas persona trans que han muerto por culpa de la transfobia, el prejuicio y el odio. Este día fue establecido para honrar la memoria de Rita Hester, una mujer trans africana asesinada el 28 de noviembre de 1998. Día a día, el rechazo, la estigmatización social y la falta de políticas públicas para acceder a la salud se cobran la vida de travestis, transexuales y transgéneros. Para conmemorar a todas las víctimas del odio, he decidido escribir un cuento que trate acerca del amor.

NOTA DE LA AUTORA

Como la mayoría de mis cuentos, esta pequeña historia trata acerca del amor, la aceptación de uno mismo y la aceptación por parte del otro. La idea de este cuento se me ocurrió el lunes 14 de noviembre, por la tarde, cuando iba a la Facultad. Está inspirado en hechos reales: en mi fiesta de egresados (año 2007), las chicas nos disfrazamos de sirvientas: cofia, minifalda, medias largas, guantes; pero los chicos (que habían dicho que se disfrazarían de vaqueros) nos dieron una sorpresa: también se disfrazaron de sirvientas, aunque con unos largos delantales a cuadros bastante feos. Si me preguntan acerca del protagonista de este cuento, Ramiro (Rami), no sabría muy bien qué decir: no conozco su pasado y tampoco conozco su futuro. Cada lector podrá inventarle una vida, romances, historias… Ramiro y Marcos son, a su modo, símbolos de la transgresión. Las normas que conforman lo masculino y lo femenino están demasiado gastadas para estos personajes. La noche de su fiesta de egresados, quizá Ramiro pueda demostrarles a sus compañeros que la feminidad le queda muy bien.

Hasta el momento de hacer la portada no sabía cómo llamar a este cuento. Estuve largo rato mirando titilar la barrita de texto del Photoshop. Pero en un momento me di cuenta de que el título estaba sonando en mis parlantes hacía media hora: “Señorita”, una canción electro dance de la cantante rumana Inna: Come on señorita I wanna feel your rhythm I wanna see you dancin’ So come into my room Give me satisfaction and positive reaction I’m feeling the atraction So come into my room Era perfecto, porque Ramiro tenía mucho miedo de ser rechazado y discriminado: no quería salir a bailar y había que convencerlo. Quizá a algún lector o lectora el “señorita” le parezca una burla… ¿Es necesario que aclare que a Ramiro no le molestaría que este cuento se llame así? Si hay algo que me molesta (pero que comprendo, por supuesto) es la homofobia interiorizada. Esas personas (que a veces son hombres gays) que dicen al referirse a las “locas”: si sos hombre, comportate como hombre. Y yo pregunto: ¿cómo es comportarse como un hombre? ¿Dónde está escrito? ¿Dónde venden el manual de instrucciones? Esta historia va dedicada a todas las locas hermosas como Rami (“locas hermosas” todo junto, que para mí es sinónimo

de “loca”, con lo cual quiero decir que encuentro hermosas a todas las locas) y a todos los hombres que no tienen miedo o vergüenza de amarlas. O que lo tuvieron pero lo superaron. O que lo tienen pero quieren superarlo. Esta historia va dedicada a las mujeres que decían que les gustaban los rubios y se enamoraron de un morocho. A los que decían que les gustaban las minas 90-60-90 y se enamoraron de una gordita. A los que sabían perfectamente cómo era su media naranja ideal… y cuando su media naranja llegó, tardaron siglos en darse cuenta porque jamás se habrían imaginado que sería esa persona. Bueno, yo no creo en las medias naranjas (¿seremos impares en el mundo?). Creo que todos podemos enamorarnos muchas veces y ser felices todas esas veces. Tan felices como lo son en esta historia Ramiro y Marcos. Espero, de todo corazón, que disfruten este pequeño cuento.

Sofía Olguín Viernes 18 de noviembre de 2011, 21:34 hs. Buenos Aires, Argentina

Come on, Señorita Marcos tardó en darse cuenta de que se había enamorado. En él eran comunes los encaprichamientos semanales, las pequeñas obsesiones que le duraban días y que, tan rápido como llegaban, se desvanecían en el aire como un suspiro. Pero con Ramiro fue distinto, porque la tarde en que lo conoció jamás se habría imaginado que la noche de la fiesta de egresados (como muchas noches más) acabarían juntos por primera vez, buscando un hotel donde no fuera muy caro pernoctar. Pero cuando Marcos conoció a Ramiro, este último no había pernoctado con nadie. De hecho, cuando se conocieron, Ramiro tenía diecisiete años y aún no había mantenido relaciones sexuales. Ni con hombres (esa raza que le parecía tan distinta de la suya), ni con mujeres (esos seres etéreos y delicados que, sin embargo, se ofendían hasta el delirio cuando recibían un piropo salido de boca masculina…). http://nimphie.blogspot.com

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Las mujeres (o mejor dicho, las chicas), decidieron disfrazarse de sirvientas. Los hombres (los varones, los chicos), de policías. Ninguno de ellos, con sus diecisiete años aguados en los ojos, advirtió lo que a Marcos, que aún no se había recibido de antropólogo, le causó tanta inquietud: que las mujeres se sintieran tan a gusto con sus cofias, con sus plumeritos de utilería, sus minifaldas, que gustaran tanto de esos muchachos que las perseguían con sus cachiporras de juguete… Marcos sabía que Rami se disfrazaría de sirvienta y no de policía. Y cuando lo buscó entre el grupo de los egresados y no lo vio, supo lo que estaba ocurriendo. Rami estaba en el baño, sentado en un inodoro, llorando y clavándose las uñas en las muñecas. Se había delineado los ojos de negro (el único maquillaje que se permitiría llevar) y unos delgados manchones oscuros le atravesaban las mejillas pálidas hasta perderse por las comisuras de sus labios. Sus lágrimas le hacían parecerse a una extraña muñeca gótica, a un ángel travestido colocado en un infierno de normas absurdas, normas creadas por unos dioses de hacía miles de años. Ramiro tenía puesto un corsé, una minifalda, medias negras y los zapatos con taco de una compañera que, en su extrema ebriedad, se los entregó y comenzó a vagar por el boliche descalza. Ramiro se miró en el espejito. Se veía horrible con esos manchones negros en la cara. Sus ojos verdes se habían enrojecido por causa del llanto. http://nimphie.blogspot.com

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No quiero salir, no quiero salir, no quiero salir, decían sus ojos. Pero la música (toda la vagancia se delira cuando Naty se menea boom boom, se menea boom boom)… la música lo llamaba, lo arrastraba, lo invocaba como un fiel a su diosa, y para calmar el deseo de estar en ese baño y de no estarlo, ese deseo de que le importara un carajo que lo miraran y su burlaran en su cara, ese deseo inexplicable que iba de la mano de ese dolor insoportable… Para calmar ese deseo absurdo, sacudía sus rodillas con violencia y escondía la cabeza rubia y su pelo planchado entre sus brazos flacos… Por qué estoy disfrazado la concha de su madre una puta, eso soy una puta soy quiero ir a bailar no no no no fire, I I wanna feel the music higher and touch the sky, don't love the world, you drive me crazy, you're crazy, boy… Boy, soy un boy y estoy vestido como una loca, soy una trola soy una puta no soy una puta porque nunca cogí con nadie, ni siquiera con Marcos dónde estará Marcos quiero coger con Marcos y ¿él querrá conmigo? No sé y ahora estoy borracho me cago en Dios y la virgen puta putísima Marcos te quiero dónde te metiste… A Marcos nunca le había pasado que la presencia de alguien le subiera tanto el ánimo. Cuando aquel muchacho menor de edad lo atendía en Cadenzza, algo pasaba, quizá las vibraciones de los planetas o el movimientos de los astros, algo, algo muy extraño… Le gustaba la manera en que el chico, con su despreocupación absoluta, se contoneaba al compás del pop que latía en los parlantes, ese http://nimphie.blogspot.com

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pop histriónico cortajeado por penas adolescentes y palabras teñidas de rosa. Esos ojos no podían ser esos ojos, y ese cuerpo no podía ser ese cuerpo, porque si a Marcos se le ocurría abrir los ojos (o cerrarlos, al fin y al cabo era lo mismo)… significaba que todo lo que había estudiado de sus libros era cierto y ese chico podría hacer su vida más feliz y cálida. Rami (pronto supo su nombre, lo extrajo de entre el manojo de apodos que los demás chicos le lanzaban, como dardos envenenados, pero con un veneno dulce, letárgico)… Rami era todo lo que nunca había deseado que desearía. A sus ojos, Rami parecía un plato mágico y extravagante, el último fruto enjoyado de un árbol de Las mil y una noches. No fueron mil, pero sí fueron treinta y siete. Mes y días le costó a Marcos descubrir la esencia de ese chico hecho de risas, de cejas alzadas, de labios que se mordían, de ojos cerrados maquillados y movimientos inquietamente sensuales al ritmo del electro dance. Luego de observarlo, supo que el disfraz de Rami era eso, un disfraz, y que detrás del pop tenía que haber algo, un oasis en medio de un desierto, o un desierto esperando una tormenta de verano. Abandonó su mesa junto a la ventana y se acercó a la barra. Dejó que el perfume de Ramiro le embriagara los sentidos. Y el perfume de Ramiro lo dejó aún más confundido y perturbado: era perfume de mujer. Y si el chico se acercaba a él enarbolando su sonrisa como su única arma (no por eso menos letal), la noche podría terminar en un asesinato. http://nimphie.blogspot.com

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Al principio Marcos había tenido miedo, ese miedo que tenía al prejuicio como hermano mayor: ¿con cuántos hombres se habría encamado ese pibe? Pero al mismo tiempo que se hacía esa pregunta, algo en su interior se agitaba con malicia. Aún no había descubierto que el estado natural de Ramiro era ese, hermoso e inocentemente provocativo hasta el punto de no darse cuenta. Cuando por fin le hizo la pregunta, Ramiro respondió avergonzado que nunca había tenido sexo porque jamás había conocido nadie con quien quisiera estar. Así lo dijo: estar. Y ese verbo le pareció a Marcos la ternura hecha cinco sonidos encadenados. Antes de enamorarse de todo lo demás, Marcos se enamoró de esa ternura. Cuando Marcos golpeó la puerta del baño, Ramiro soltó un gemido ahogado. No quería salir de ahí, no quería que nadie lo viera así, travestido. Era la vergüenza de la fiesta, un chiste, un payasito. ¿Quién querría estar con él? Si no era mujer ni era hombre, ¿quién querría estar con un hombre que se viste de mina…? Rami, dale, qué hacés ahí, vamos a bailar. El espejito se le resbaló de las manos y fue a parar a los pies de Marcos. Estaba manchado de negro, las huellas del llanto. ¿Qué pasa, Rami? Ramiro abrió la puerta y Marcos lo vio. ¿Y qué vio? No vio nada. Vio la verdad que había estado esperando hacía mucho tiempo, una verdad que siempre había conocido pero que le causaba un poco de miedo, un poco de ansiedad, un poco de todas las emociones tormentosas que habían http://nimphie.blogspot.com

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sacudido su pobre espíritu durante los pasados meses. Pero esa verdad eran tan fuerte, tan potente, tan terriblemente animal, que Marcos quiso agarrarse de ella, abrirle las piernas y poseerla con rabia para extraer de su interior el mismo misterio de su maravillosa existencia. —Seguís de traje, bobo… —sollozó Ramiro, secándose las lágrimas, avergonzado. —Me puse zapatillas… Dale, vamos a bailar… Ramiro se estiró y mostró su disfraz, su pequeño disfraz: su cofia, sus medias negras (que se habían corrido y ahora estaban rotas), su minifalda y sus zapatos mitad prestados mitad robados. Marcos se mordió el labio. —¿Qué pasa, Rami? —rio Marcos, sin comprender y comprendiendo a la vez, vislumbrando en un rincón del cubículo una botellita de algo que no supo identificar. Ramiro se tragó los mocos y le preguntó si no le daba vergüenza salir con él así, disfrazado. —A mí no, ¿a vos? Ramiro lloró más fuerte y se acurrucó junto al pecho de Marcos, que había mentido un poco, pero que también había dicho un poquito de verdad. ¿Qué puedo hacer?, se preguntó el hombre, mientras el cuerpo de Rami se acoplaba al suyo dentro de ese minúsculo baño. ¿Qué puedo hacer…? Si ya está, si ya me enamoré… Y así se había enamorado, sin darse cuenta. Preguntándose qué pasaba en Cadenzza cuando el café sabía tan amargo, o cuhttp://nimphie.blogspot.com

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ando sacudía el bar con la mirada buscando algo que no sabía qué era. Y pronto lo descubrió: a las canciones pop le faltaba ese toque carnívoro de explosiva belleza que hacía que los clientes bajaran la mirada y se sorprendieran de sus propios pensamientos e imaginaciones. Cuando Ramiro no estaba en Cadenzza, el bar no era lo mismo. —Estás hermoso —le susurró al oído y suavamente empujó a Ramiro hacia delante (o hacia atrás) para poder cerrar la puerta y asegurarse un poco de intimidad—. Te comería todo, mi vida… —Y en su voz temblaba el deseo, despierto y desesperado. La música rebotaba en el pequeño baño y Ramiro no daba más. Quería salir a bailar, a enloquecerse, a sentir que podía tragarse toda esa música y devolverla hecha una cadena de movimientos infinitamente sincronizados. Ramiro tragó saliva y con ella se tragó toda la angustia que había acumulado en su boca durante diecisiete años. Un pequeño grito subió por su garganta y se quedó en sus labios, y a sus ojos volvieron a asomarse las lágrimas: felicidad, confusión, ansiedad, felicidad, desesperación, miedo, felicidad… pero, por sobre todas las cosas, muchas ganas de bailar, de reírse, de besar a Marcos… Marcos le pasó el seguro a la puerta y Ramiro cayó sentado sobre el inodoro. Suspiró de puro desasosiego. Marcos dio un paso hacia delante y Rami hundió la cabeza en su vientre, mientras los suspiros se le agolpaban en la boca. Temblando, le rodeó la cintura con los brazos y como no supo de http://nimphie.blogspot.com

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dónde agarrarse (la incipiente borrachera hacía que necesitara algún lugar seguro), lo tomó del pantalón, del cinturón. Marcos, interpretando mal (o demasiado bien) su desesperación, se rio con picardía y hundió la mano en su pelo rubio. Ramiro levantó la cabeza. —¿En serio decís que estoy lindo? Marcos volvió a sentir una sacudida de impaciencia y terrible deseo. Si hubiera sido otro Marcos, quizá se habría sentido burlado, casi hasta provocado. Ramiro era un ser exótico en medio de una selva sin explorar. Ni la flor más hermosa de aquella selva estaba al tanto de su hermosura. Marcos soltó una risa nerviosa y estuvo a punto de decir una grosería: te voy a partir al medio, en dos, en ocho, te voy a partir en pedacitos, en cuadraditos, te voy a dejar como cubo de Rubik, pendejo… —Sí, Rami, dale, vamos a bailar… —susurró, tironeando de su brazo. Ramiro se limpió la cara y se puso de pie, lleno de una repentina, inmensa e inexplicable seguridad. Quería sentir el fuego del que hablaba canción, quería tocar el cielo, quería enloquecerse y volver loco a Marcos… si es que no había enloquecido al decirle eso, que estaba lindo. ¿Estaba lindo? ¿Era cierto? Apoyó los brazos en sus hombros (con los tacos eran casi de la misma altura) y lo miró sonriente a los ojos. —Bailemos un poquito acá, sin que nos miren… Marcos estuvo a punto de soltar una carcajada, pero Rami no le había pedido permiso, Rami ahora estaba en otro lugar, en otra dimensión, Rami ahora se acercaba a su cuerpo y su calor y http://nimphie.blogspot.com

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su perfume se vertían en el suyo como el agua de una cascada en un lago de tinieblas. Su piel caliente podía estallar al mínimo contacto y de sus labios, si la música lo permitía, podía surgir la palabra más larga, el beso más húmedo, un suspiro encadenado a la eternidad. Las manos de Marcos se perdieron entre las telas (¿corsé, minifalda, medias?) y su sudor se mezcló con la desesperación del cuerpo de Rami, que se contoneaba junto al suyo, fluctuante como un mar en llamas, atravesado por toda la magia del mundo. Porque en ese momento (ese momento en que todas las fuerzas del universo invocaron a su diosa diciendo: Come on señorita, I wanna feel your rhythm)… en ese momento extraño y casi divino, Marcos lo supo: Ramiro solo podía estar hecho de magia, ¿de qué si no? ¿Qué podía hacer que sus ojos brillaran tanto? ¿Con qué barro habían moldeado sus piernas, sus brazos, todo su cuerpo? ¿A qué diosa le había robado esa risa que sobresaltaba a los clientes de Cadenzza? Marcos presionó su cuerpo contra el de Ramiro, dejando que su deseo fluyera libre… En silencio, alargó la mano hacia la fría puerta y le sacó la traba. —Vamos. Rami rio, nervioso. Marcos lo tomó de la mano y juntos salieron del baño a tropezones. Una chica que entraba los miró confundida. Afuera, la pista de baile los había esperado durante toda la noche.

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