swiedad indigena e - Memoria Chilena

modernas que estudian la conquista inca y espafiola de la regi6n.10 La investigaci6n ..... perra y el rol de auxiliares que jugaron en el ejercito imperial 10s.
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swiedad indigena en Chile central

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La rnerrna de la sociedad indigena en Chile central

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la ~ltirnaguerra de 10s Prornaucaes, 1541-1 558

Leonard0 Leo'n

Institute of Amerindian Studies University of St. Andrews St. Andrews, Scotland KY16 9AJ

Tel: (0334) 76161 ext. 233/493 Fax: (0334) 74674

0 Institute of Amerindian Studies

University of St. Andrews 1991 ISBN 1 873617 00 3

A la memoria de mi hijo Diego Le6n Silva (26.XI.Z 983-27.XI.1983)

Indice

............................................................... Introducci6n ............................................................ Foreword

1. La merma de la sociedad indigena en Chile central La guerra de 10s pukaraes La guerra econcimica. La fuga de 10s guerreros La caida demogriifica en Chile central

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......5 5 10 15 21

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2. La reconstrucci6n de la sociedad aborigen El fuerte del Maule y la ocupacicin del valle central Los nuevos lonko La reorganizacicin de la propiedad indigena Los fabricantes de hombres

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........................... 49 4. Lautaro y la Gltima guerra de 10s promaucaes ............57 3. La politica del despojo y el abuso

El fuerte de Peteroa La batalla de Peteroa

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El fuerte de Mataquito El fin de la guerra indigena en Chile central

...............................................................

ApCndices 1: Lista de encomiendas de Chile central. 2 Caciques, principales y parcialidades indigenas en el valle central. Notas

vi

......................................................................

72 79 83 81 a2 87

Foreword With this publication the Centre of Latin American Linguistic Studies (CLALS) recommences its series of working papers under a new guise. Quechua and Amerindian Studies at the University of St Andrews are now recognised by the University Funding Council, and the Institute of Amerindian Studies continues the vision begun by the Department of Spanish in 1968 with the approval of the University Court. But it does so at a moment of great sadness, for its founder and guiding spirit for over twenty years has just died. Douglas Gifford inspired his students with his own fascination with Native and Hispanic-American languages. He saw Amerindian culture as a prism in which all could find themselves while discovering others. And he communicated this enthusiasm through his generous recognition of everyone's individuality, helping them find the thread that best flowed through their fingers to guide them in the labyrinth of life.

# El Instituto de Estudios Amerindios se complace en ofrecer este trabajo de Leonard0 Le6n, donde se analizan las precondiciones para la emergencia de una de las fronteras m6s filgidas y duraderas entre 10s mundos hispano y amerindio, la frontera araucana. Basfindose en vii

testimonios tanto ineditos como publicados, Le6n se concentra en la formaci6n colonial del sistema de propiedad rural en Chile central mediante el aplastamiento y la desestructuraci6n de las etnias picunche y promaucae, y su entrega en forma parcelada a 10s nuevos encomenderos europeos. Ademds, recupera para nosotros la resistencia desesperada de 10s grupos indigenas y de sus lonko, combatividad a veces soslayada mediante. el estereotipo de 10s picunche como gente "d6cil" y "mansa". Termina ofreciendo una interpretaci6n de la sublevaci6n encabezada por el cacique promaucae Lautaro, aliado con 10s araucanos del sur, que busca las razones de su fracas0 en el debilitamiento previo de la sociedad nativa centrochilena. SeAala tambien las tendencias hacia las rencillas internas que amargaron la resistencia de muchas sociedades amerindias, ganhdoles la calificaci6n de "behetrias" (''lobos monteses" en la metdfora cusquefia) desde la perspectiva tanto incaica como espafiola. Aqui no se percibe n i n m "encuentro intercultural", como cloquean algunos organizadores de 10s "festejos" del Quinto Centenario del gran equivoco colombino. En este trabajo, son evidentes la avaricia y la ambici6n de 10s supay ("almas voraces") noratl6nticos - caractensticas no desconocidas entre 10s pueblos nativos de America, per0 que hoy en dia se amplian como el combustible imprescindible del motor econ6mico que amenaza todo nuestro habitat global. Esta verdad no cede frente a las modas ideol6gicas del dia. Queda la pregunta sobre la presencia de 10s fantasmas indigenas entre 10s nuevos colonos de Chile central. Pues, 10s muertos no siempre desaparecen: pueden adquirir una existencia fantasmal en la memoria de 10s vivientes, para asi seguir obrando en la vida de las generaciones venideras. Esperamos que esta serie de publicaciones siga contribuyendo su granito de arena para (re)poblaresa memoria, tanto en Chile como en el resto del mundo, como parte de una amplia viii

blisqueda politica de nuevos pluralismos ktnicos, genkricos y sociales. De una forma u otra, esta b6squeda ha sido parte del CLALS tambien desde sus inicios.

# We thank the Arts and Divinity Research Council of the University of St Andrews for making possible this publication, and Graham Allan for his careful help in processing the document prior to printing.

Tristan Platt Boarhills, Easter 1991

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Introduccih "Estfi esta provincia de 10s Pormocaes que comienza de syete leguas de la ciudad de Santiago, que es una angostura y ansy le llaman 10s espaiioles estos cerros que hacen una angostura. Y aqui llegaron 10s yngas quando vinieron a conquistar esta tierra, y de aqui adelante no pasaron... De aqui hasta el rrio de Maule que son veinte y ires leguas, es la provincia de 10s Pormocaes. Es tierra de muy lindos valles y fertiles." Ger6nimo de Bibar, Crhicu y relucibn copiosu y verduderu de Ios reinos de Chile, (1558)(Berlin, 19791,p. 164 "Una provincia llamada de 10s Paramocaes, que jamfis se habia rendido a 10s espafioles...y no fu6 poco el contento que recibi6 (Valdivia) de hallar una tierra tan f6rtil y abundante de todas las cosas, asi de mantenimiento para 10s hombres y pasto para 10s ganados como de rios, fuentes y manantiales...por lo cual 10s indios no se curaban antiguamente de darse a cultivar sus tierras contentfindose con las aves y otros animales que cazaban, gustando mfis de ser flecheros que labradores, 1

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y asi eran tan diestros en tirar de punteria, que tuvieron 10sespafioles bien que hacer para rendirlos." Pedro Mariiio de Lobera, "Cr6nica del Reyno de Chile escrita por el capitcin P. M. de Lobera, reducida a nuevo metodo y estilo por el padre Bartolomk de Escobar (1595)", Biblioteca de Autores Espafioles (Madrid, 1967), vol. 131, p. 264 La muerte del gobernador Pedro de Valdivia a manos de 10s araucanos en Tucapel a fines de 1553 y la derrota sufrida algunos dias mcis tarde por el mariscal Francisco de Villagrh en el fuerte de Mareguano anunciaron el fin del domini0 espaiiol en Chile.1 Los exitosos guerreros de Arauco encabezados por el toqui Caupolichn habian conseguido una sene de victorias militares que tenia pocos paralelos en la conquista del Nuevo Mundo. Con el saqueo y destrucci6n de la villa de Concepci6n a fines de 1554 y la expulsi6n de 10s europeos hacia Chile central, el futuro del reino dependia en gran parte sobre la decisibn que adoptaran 10s caciques mapuches de atacar Santiago. Bajo la constante amenaza de un ataque araucano, 10s habitantes de Chile central observaron en 1556 una colorida columna de guerreros que cruz6 10s rios Biobio y Maule con rumbo a1 valle de Mapocho. Su objetivo era liberar las tierras de 10s legendarios promaucaes. El jefe de la columna era Lautaro, uno de 10s principales autores de las victorias araucanas. "Mozo de caballos de Valdivia", se@ el cronista Marifio de Lobera, "hijo de un cacique conocido, / que a Valdivia de paje le s e h a..." de acuerdo con el poeta Ercilla.2 Se@ diversas fuentes, Lautaro entr6 a la Araucania en calidad de awiliar de 10s europeos per0 en el curso de la batalla de Tucapel se pas6 a1bando de 10s enemigos. El decisivo rol jugado por Lautaro en la batalla de Tucapel le gan6 2

La metma de la sociedad indlgena

el reconocimiento de 10s principales caciques araucanos. DespuI5s de la batalla, seiial6 el cronista Bibar, Caupolicfin "hizo a Lautaro, el que tengo dicho que se pas6 cuando mataron a1 governador, su general, y le di6 tres mil yndios, e no poco velicoso contra 10s espafioles." 3 En esta nueva condicih, Lautaro derrot6 a1 mariscal Francisco de Villagra en el fuerte de Catiray-Marigueno, arras6 con la villa de Concepci6n, siti6 el fuerte de Angol y march6 hacia el norte a liberar Chile central. La paz del reino fue amenazada, declari, un hidalgo, por "un indio capitdn de las provincias de Arauco, llamado Lautaro, con cierta gente que congreg6 y junt6 consigo, 6 mucha mds gente que junt6 por 10s caminos donde venian, se vino a 10s terminos desta ciudad, asolando y matando las sementeras 6 ganados I5 indios pacificos que servian a esta ciudad..." 4 A pesar de su astucia como estratega y del valioso apoyo militar que le brindaron las tribus araucanas, Lautaro y sus guerreros no consiguieron expulsar a 10s europeos del valle central. iQu6 factores provocaron el fracas0 del lider indigena y sus aliados de Arauco? iQue habia ocurrido en Chile central durante la decada de dominacih ejercida por 10s europeos? iPor que la estrategia basada en el us0 de fuertes y pukaraes prob6 ser tan desastrosa durante la dltima guerra de 10s Promaucaes? Estas son algunas de las preguntas que esperamos responder en las pdginas siguientes. En otros estudios he analizado diversos aspectos de la resistencia aborigen en Chile central enfatizando la perspectiva indigena.5 En este trabajo intento hacer una evaluacibn del impact0 que tuvo la guerra anti-peninsular entre 10s naturales y su efecto sobre la campafia militar encabezada por Lautaro, entendiendo la lucha por el control del valle central como un proceso que se inici6 en febrero de 1541y que termin6 en las riberas del rio Mataquito casi dos dI5cadas mds tarde.

No se pretende contar en estas piiginas la epopeya belica de Lautaro; esta tarea ha sido realizada con mucha mds imaginaci6n por varios autores modernos.6 Lo que si me interesa enfatizar es que 3

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existen nunierosos testimonios que permiten reconstruir la tenaz resistencia que opusieron 10s naturales de Chile central a 10s conquistadores. Es importante subrayar este hecho porque ha prevalecido la opini6n de que la conquista de Santiago se efectu6 sin dificultades y se ha reforzado el mito de que 10s picunches se sometieron sin luchar. El picunche, escribi6 recientemente un autor, ”no era indio belicoso sino pacific0 y vivia dedicado primordialmente a la agricultura en pequeiios poblados. Conocib y soport6 con buen dnimo primer0 la invasi6n de 10s incas y luego la de 10s espafioles...” Benjamin Vicuiia Mackenna escribi6 que 10s picunches eran de ”indole apocada, servil y artera...” 8 Inspirado por sus prejuicios racistas, Francisco Encina manifest6 mds recientemente: ”la energia guerrera de picunches y huilliches, era muy inferior a la araucana, no s610 de empuje y tenacidad, sino tambi6n en el desarrollo de la imaginaci6n militar.” 9 Teniendo presente estas distorsiones no causa sorpresa descubrir que la historia de 10s picunches y promaucaes contintie siendo ignorada; tampoco debe sorprendernos que 10s principales sitios arqueol6gicos de Chile central, en especial 10s magnificos pukaraes que abundan en la regibn, Sean atribuidos a 10s incas. Los derrotados perdieron sus tierras y su libertad y mds tarde se les neg6 su historia. Si 10s picunches y promaucaes desaparecieron sin dejar mayores rastros, h e precisamente porque en sus tierras se libraron las batallas decisivas que decidieron el control inca o espafiol del con0 sur; una vez sometidos, 10s naturales tuvieron que generar 10s excedentes econ6micos que permitieron la expansi6n europea hacia la Araucania. Los brutales efectos de la guerra y el sometimiento provocaron el rdpido exterminio de las dos tribus. Las referencias provienen de las relaciones de mgritos, probanzas y pleitos de 10s conquistadores, las cartas de Pedro de Valdivia, las actas del cabildo de Santiago y las cr6nicas de la 6poca. En la formulaci6n de diversos juicios y conceptos, he recurrido a las obras 4

La merma de la sociedad indlgena

modernas que estudian la conquista inca y espafiola de la regi6n.10 La investigaci6n realizada en Londres y Sevilla h e llevada a cab0 mientras me desempefib como Asistente de Investigacih en el Institute de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres. Mis agradecimientos a1 Professor John Lynch, Jorge Hidalgo y Ruben Stehberg, por sus valiosos comentarios a1 original, y a Trist6n Platt, Director del Institute of Amerindian Studies de la Universidad de St. Andrews, por hacer posible su publicacih. Leonard0 Leh, Londres, 4 de octubre 1990

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1. La rnerma de la sociedad indigena en Chile

central. La guerra de 10s pukaraes “6 os halllsteis en la poblaci6n de la dicha ciudad de Santiago y en su susentaci6n y en la guerra, allanamiento, pacificaci6n 6 conquista que se hizo de 10s naturales de 10s t6rminos de la dicha ciudad de Santiago, que fu6 muy trabajosa 6 peligrosa, a cabsa de ser belicosos C dar muchas gu6zabaras C rencuentros 6 hacer muchos fuertes y albarradas...”

’Titulo de encomienda otorgado por el gobernador Francisco de Villagrln a Gaspar de Villarroel, Concepci6n, 20 de Abril de 1563”, CDIHCh, vol. 16, p. 451 “se meti6 en 61 (fuerte de Santiago), y procuraba de bastecerle con sus largas corredun’as, andando siempre a las manos con 10s enemigos.” Antonio Herrera, Historia General de 10s hechos de 10s 7

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Castellanos en las Islas y Tima Firrne del Mar Ockano (1730), (17 Vols., Madrid, 19551, vol. 14, p. 31 La atima campaiia realizada por Pedro de Valdivia contra 10s promaucaes en 1545 produjo sin mayores batallas el domini0 espafiol de 10s temtorios situados entre 10s rios Maipo y Maule. Esta habia sido la regi6n donde con m6s Cxito se organiz6 la resistencia antipeninsular desde 1541 y que sirvi6 de refugio a 10s guerreros de Aconcagua y Santiago que huyeron de 10s soldados europeos. Sin embargo, en el momento decisivo, 10s guerreros promaucaes y sus aliados abandonaron sus campos evitando la batalla final. El anibo a Santiago en 1544 de refuerzos militares y provisiones, explican en parte el Cxito de 10s espaiioles en la campaiia hasta el Maule per0 no permiten entender la actitud derrotista asumida por 10s naturales. La causa de la fuga debe buscarse entre 10s aborigenes. Desde 10s dias en que 10s incas Tupac Inca y Huayna Capac, y m6s tarde 10s europeos, invadieron 10s territorios de Chile central, 10s nativos resistieron militarmente implementando una estrategia orientada a mantener el control de 10s valles y tierras bajas a travCs de la concentraci6n de sus guerreros en puntos estrategicos de altura especialmente guarnecidos. Por dCcadas, las montaiias de Santiago y sus alrededores florecieron con fuertes y poblados fortificados como nunca en su historia. Los recursos militares y econ6micos provenientes de las diversas familias, linajes, clanes, tribus y federaciones tribales que se formaron en 10s valles, heron desplazados hacia 10s fuertes para resistir a 10s conquistadores. Lo que persep’an 10s naturales era proteger a 10s habitantes de las tierras bajas y a1 mismo tiempo impedir que 10s ejCrcitos invasores tuvieran acceso a 10s productos de la tierra. Cuando Valdivia y sus hombres entraron a1 pais, este tip0 de guerra fortificada o de pukaraes tenia ya una larga historia y algunas fortalezas, como la de Angostura a1 sur de Santiago, gozaban de una 8

La m e m a de la sociedad indigena

bien ga nada fama y prestigio por su factura, emplazamiento y coraje de sus clefensores. El desplazamiento de hombres y recursos hacia las montaiias era una tActica razonable, especialmente si 10s invasores carecian de suficientes medios propios para subsistir. En 1541, sin embargo, la mayoria de 10s linajes indigenas no estaban en condiciones de implementar de un modo total la estrategia de la guerra fortificada. Contra sus necesidades militares mbs urgentes complotaban 10s aiios de conflict0 con las fuerzas incaicas y de Almagro. Asimismo, la expedici6n encabezada por Valdivia no se limit6 a visitar el Area, sin0 que se estableci6 de modo permanente en Mapocho. Si bien en la corta duraci6n la guerra de 10s pukaraes podia ofrecer algunas ventajas, su eficiencia disminuia con el paso del tiempo; en el cas0 de la guerra desatada contra Valdivia la confrontaci6n se extendi6 por mbs de cuatro aiios, hecho que transform6 la mejor arma de 10s indigenas - el us0 militar del medio fisico - en el punto mbs dkbil de su estrategia belica. Desesperados por la falta de recursos y acosados por el hambre, 10s soldados espaiioles se dedicaron a1 asalto de 10s fuertes y pueblos para capturar las provisiones alli reunidas. Esta tarea de saqueo fue facilitada por la movilidad que les otorgaba la posesi6n exclusiva de caballos, que les permitian asaltar 10s fuertes antes que 10s aborigenes hubiesen concluido con 10s preparativos defensivos. La guerra alcanzb su climax despues del incendio de Santiago en septiembre de 1541. "Conociendo el general las cautelas de 10s yndios que no 10s dexaban rreposar, acordo darles (en que) entender, y tomar aquello con sus espaiioles por principal yntento. Sali6 con sesenta hombres, y fue a dehazerles 10s pucaranes o fuerzas que 10s yndios tenian en sus provincias, porque de alli hazian el daiio que podian y se acoxian a ellas. Y de esta suerte andavan para este efeto cotidianamente veyntecinco de a cavallo. Y pasados diez diaz y quinze bolvianse a la ciudad, y salian otros tantos con otros caudillos, y con esta diligencia

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no les dexaban rreposar. Y viendo 10s yndios que no tenian una ora de sosyego trabaxavan de alexarse.” Fue en esos dias que surgib la leyenda de 10s zupais, de 10s incansables demonios blancos que recom’an 10s cuatro puntos de la tierra arrasando y robando las escasas provisiones de 10s aborigenes. Si en otras partes del continente 10s espafioles emprendian sus increibles expediciones en busca de oro, tierras y riquezas, 10s objetivos perseguidos por la hueste valdiviana durante este tiempo heron m6s modestos y estuvieron limitados a obtener granos y alimentos. Indirectamente, el excedente econ6mico indigena a m u l a d o en 10s pukaraes sirvi6 para alimentar y renovar las fuerzas de 10s fatigados conquistadores. A pesar de 10s sacrificios que les imponia la guerra de guerrillas y 10s riesgos que com’an en sus incesantes ’entradas’, las columnas expedicionarias espafiolas conseguian medios para subsistir en un medio h6stil y a1 mismo tiempo destruian las bases materiales sobre las que descansaba la resistencia indigena. Per0 quiz& mbs importante que 10s productos que perdian en 10s pukaraes, fue el efecto dislocador que tuvo para la sociedad indigena la erecci6n y mantenci6n de 10s fuertes por un period0 de casi cuatro aiios. Como seiialaron 10s cronistas, 10s jefes naturales concentraban en sus fortalezas grandes cantidades de guerreros, mujeres y niiios, que debian ser alimentados recurriendo a un excedente ap’cola cada vez m6s escaso. Todos 10s caciques y naturales de la tierra”, escribi6 Bibar, %e iban a la provincia de 10s Pormocaes a una fuerza que a116 tenian hecha con prop6sito de no servir y con voluntad que, teniendo sus mugeres e hijos alli seguros, saldrian y vendrian a hacemos la guerra hasta la ciudad y matarnos las gentes que nos servia...” Con gran parte de la poblaci6n reunida a1 amparo de las murallas de 10s fuertes, el ncmero de manos dedicadas a las tareas agricolas, a la mantenci6n de 10s canales y acequias, a la recolecci6n de frutos y raices o a la caza y la pesca, era cada vez mds insuficiente. Asimismo,

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La menna de la sociedad indigena

la construcci6n de palizadas, la cava de fosos, la erecci6n de terraplenes, murallas y ramadas, el desvio de rios, la fabricaci6n de flechas y la acumulaci6n de proyectiles y provisiones, requerian la participaci6n masiva de 10s nativos provocando desplazamientos adicionales de las fuerzas econbmicas. La guerra fortificada requeria de un alto grado de inversi6n de energias e imponia un sever0 costo econ6mico. Desde un punto de vista estrictamente militar, 10s habitantes de Chile central no desarrollaron un sistema politico pan-tribal que les permitiera coordinar racionalmente el desplazamiento de sus recursos humanos y materiales. El sistema de organizaci6n politica basado en las unidades familiares favorecia la guerra de guerrillas, per0 en la guerra de frentes fijos desatada contra Valdivia y sus soldados, 10s naturales requerian la articulaci6n t6ctica y estratkgica de sus recursos guerreros. Con la excepci6n del incendio de la ciudad el 11 de septiembre de 1541, tampoco lograron 10s naturales trasladar el principal foco b6lico a Santiago, si bien tuvieron 6xito en mantener el fuerte hispano bajo sitio. En consecuencia, la falta de coordinaci6n y movilidad expuso a 10s guerreros indigenas a1 sistem6tico despliegue de las fuerzas imperiales, las que con el apoyo de yanaconas y auxiliares trasladaron las hostilidades a1 coraz6n de las tierras indigenas. Las albarradas proporcionaban una valiosa defensa contra invasiones esporddicas y en casos de hostilidades de corta duracibn, como ocurri6 con motivo de la empresa de botin de Almagro. Pero con el arribo de 10s desesperados y obstinados zupais encabezados por Valdivia, 10s fuertes se convirtieron en verdaderas trampas bklicas, en 10s males 10s guerreros y sus familias sufrieron el impact0 de la furia de 10s jinetes espafioles y sus temibles arcabuces. Mientras 10s europeos movian sus fuerzas con agilidad y numerosas columnas recom’an 10s territorios aborigenes, 10s nativos se dedicaban a construir complicadas palizadas y fortalezas, que las m6s de las veces 11

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ni siquieran conseguian concluir. Sin que se anunciara formalmente, la superioridad tecnol6gica de 10s europeos habia declarado la guerra de 10s pukaraes obsoleta. Reacios a cambiar un anicr6nico sistema de ticticas militares, 10s naturales facilitaron de este modo su eventual derrota.

La guerra econ6mica. “No sin grande riesgo y pCrdida de vidas asediados seis aiios sotuvieron y de incultas raices desabridas 10strabajados cuerpos mantuvieron...” Alonso de Ercilla, La Aruucunu, Canto primero, v. 465. ‘Trujeron algunos yndios yanaconas cargados de maiz, 10s quales fueron bien rrecibidos por la buena maiia que se dieron y por la hazienda que dejaron hecha porque es de tener en muy much0 a 10s espaiioles, syendo tan pocos en cantidad y tan pelegrinos y apartados de donde socorro les viniese, acometer a tanta barb6rica gente y tan guerrera y salir con ellos vitoriosos y vencedores; y 10s naturales, estando en sus casas y en su tierra sabiendo 10s pasos y veredas y vados de 10sm’os y sotos de 10s montes y sendas de 10s bosques, salir vencidos y descalabrados. Y no pensaban que hacian poco en huyr y poderse escapar de la furia de 10s espaiioles.” Bibar, op. cit. ,p. 102. La desarticulaci6n de la sociedad indigena que produjo el empleo de fuertes y sitios guarnecidos h e agravada por la decisidn adoptada 12

La merma de la sociedad indlgena

por 10s naturales de Chile central de hacer desaparecer 10s recursos econ6micos que podian contribuir a la subsistencia de 10s peninstdares en Santiago. A1 respecto, Valdivia afirmaba en 1545 en una carta a1 emperador Carlos V que despues del incendio de la &dad en 1541, 10s naturales habian intensificado sus hostilidades ”no queriendo sembrar, manteniendose de m a s cebolletas y una simiente menuda como avena....” En otra comunicaci6n repetia: ”era tanta la desverguenza de 10s indios que no quisieron darse a sembrar sin0 a nos hacer la guerra...” En la carta a sus apoderados en la corte de 1550, el general castellano reiteraba: “porque viendo que nos diibamos a sembrar, temian que no nos habiamos de volver, e por forzarnos a ello no hacian grand guerra en todo; y ellos no sembraban, manteniendose de ciertas cebolletas 6 otras legumbres que produce la tierra de suyo...”* Bibar expres6 en terminos similares que desde agosto de 1541, ”se apellidaron 10s yndios todos a una, yalziironse de nuevo y escondieron 10s bastimentos y lo demds que tenian. Avian 10s yndios sembrado poco mayz y no como otras veces con yntenci6n que viendo 10s espaiioles que avia poco sembrado, no aguardarian a cojer las sementeras y, viendo poco bastimento perecerian o no permanecerian en la tierra. Y si acaso quisiesen porfiar, que 10s matarian por una parte con la hanbre y por otra 10s opacarian con la guerra...”3 El cronista Pedro Marifto de Lobera, citando una cronologia diferente, reiter6 el mismo cuadro manifestando que 10s naturales del Area ”se resolvieron en que parecia mds acertado el retirarse todos a 10s lugares mds o d t o s de sus tierras, donde no pudiesen dar con ellos fdcilmente 10s espaiioles, dejiindolos sin servicios ni mantenimientos; y no cultivando 10s campos, ni beneficiando las chdcaras, para que desta manera les faltase totalmente el sustento, de suerte que o pereciesen de hambre, o se hesen a buscar mantenimientos a sus patrias.”4 A1 propio cronista no pas6 desapercibido el doble efecto que podia tener la drdstica medida adoptada por 10s naturales per0 aseguraba que 10s indios la pusieron 13

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en prictica convencidos de que 10s espafioles no soportadan tan grandes sacrificios. "Se resolvieron en que este era el mejor ardid que se podia hallar para sus fines: y de comtin parecer salid decretado que cesase de todo punto cualquier gCnero de sementera, lo cual se obedeci6 tan puntualmente, que vino la tierra a extrema miseria y esterilidad." 5 La decisi6n de 10s naturales de suspender sus actividades econ6micas y reducir el aparato productivo tribal a un nivel de mera subsistencia no fue coyuntural, sin0 que se pus0 en prictica desde 10s primeros dias de la fundaci6n de Santiago. Como manifestara un soldado de la conquista, "10s indios desta tierra dejaron de sembrar desde el principio que en ella entraron 10s cristianos..."6 El propio Valdivia describi6 en una carta a Hernando de Pizarro las dificultades que encontr6 en su entrada a1 reino: "TardC en el camino once meses y fue tanto tiempo por el trabajo en buscar las comidas que nos las tenfan escondidas de manera que el diablo no las hallara..."7 "Estuvieron a1 pi6 de cuatro aAos 10s indios ",apunt6 el capitin Rodrigo de Quiroga en 1564, "y no quisieron sembrar entendiendo que de hambre se fueran y despoblaran la ciudad..." En 1558, Pedro de Artsll'io declar6 en el mismo sentido durante el proceso contra Francisco de Villagra que "tambiCn sabe C vi6 que en mis de dos aAos 10s naturales de estas provincias no quisieron sembrar ninguna comida y se heron a 10s montes y se sustentaron comiendo uvas, cebolletes silvestres C otras yerbas." 9 La paralizaci6n de 10s trabajos ap'colas h e introducida por 10s naturales como un elemento tictico adicional en la guerra de resistencia antipeninsular. Respecto a su Cxito, 10s indigenas contaban con la experiencia ganada con motivo de la expedici6n de Almagro. Gabriel de la Cruz apuntaba que "por causa de las guerras con 10s dichos indios, no sembraban ni hacian sementeras, pensando a que por ello se volvieran y dejaran la tierra, como ya lo habia hecho Don Diego de Almagro."lo Juan Godinez, soldado veterano de la 14

La merma de la sociedad indlgena

expedici6n de Almagro en 1536 y posteriormente uno de 10s mds poderosos encomenderos de Chile central, afirmaba que 10s naturales se alzaron ”e fisieron guerra, no sembrando, teniendo por cierto 10s echarian de la tierra a 10s dichos espaiioles, y asi no sembraron muchos aiios...” Describiendo el period0 durante el cual 10s indigenas rehusaron plantar sus tierras, Francisco de Riberos afirmaba que ”estuvieron m6s de cinco aiios alzados sin sembrar, creyendo que pues el adelantado don Diego de Almagro se habia vuelto a1 Peni, asi habia de hacer el dicho gobernador don Pedro de Valdivia...” 12 Separados de sus fuerzas del Peni y condenados a sobrevivir en la situaci6n de total aislamiento en que 10s mantenian 10s naturales que sitiaban Santiago, 10s espafioles no desconocieron el papel complementario que jug6 en la estrategia indigena la desesperada t6ctica militar. Francisco de Riberos seiial6 en este sentido: “dejaron 10s naturales de sembrar por m6s asedio de guerra.” 13 Los naturales, apuntaba otro soldado, ”no quisieron sembrar pensando que por aquella causa se fueran 10s cristianos...”I4 Santiago de Az6car agregaba que 10s aborigenes de Chile central 3iempre pretendieron resistir 6 10s cristianos y echallos de su reino, 6 por ello se conjuraron de no sembrar y pensando que por la dicha cabsa 10s cristianos se irian de la tierra...” 15 De acuerdo a Diego de Rosales, la dram6tica decisi6n fue tomada por 10s indigenas de Aconcagua, Limari, Coquimbo, Illapel, Chuapa, Copiap6 y Santiago. Durante una junta pan-tribal, observ6 el cronista, ”acordaron retirar las comidas y ganados, y todas las dem6s alaxas a 10s montes, y luego hicieron fortalezas en riscos altos...” 16 La escasez de alimentos o provisiones no forz6 el retorno de 10s espaiioles hacia el Peni, per0 10s efectos de la guerra econ6mica se hicieron sentir entre sus filas. Como manifestaran repetidamente 10s conquistadores, 10s dias que vivieron durante el asedio de 1541-1544 fueron de hambre y miseria. “Se padecieron grandes trabajos 6 necesidades 6 riesgos de la vida” - observ6 Herndn PBez en la

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probanza de Juan JufrC- ”porque se peleaba muchas veces con 10s dichos indios B 10s espaiioles tenian falta de comidas, e hicieron tanta nescesidad, que se vestian de 10s pellejos de 10s animales que mataban, C se sustentaban con yerbas silvestres 6 regiones C comidas muy mines, de poco provecho y mal gusto, todo 6 causa de no querer sembrar algunos aiios 10s indios...” 17 Pedro de Lebn anotaba con no menos reservas: ”en todas las Yndias no ha acontecido lo que en esta tierra, porque demls de las grandes guerras y guazlbaras que se dieron...p or no sembrar en 10s dichos seis aiios 10s dichos naturales heron grandes 10strabajos que se padescieron....”**Pedro de Herrera, otro de 10s compaiieros de Valdivia, manifest6 en 1558 que en la conquista y pacificacibn del valle central ‘%epasaron muy grandes y excesivos trabajos...p orque no vino ningiin socorro ni navio l esta tierra y 10s naturales no querian servir, porque 10s espafioles se saliesen de esta tierra y la dejasen desamparada...” 19 Los habitantes de la ciudad, seiialb Juan Carmona en 1564, vivian en tal estado de miseria durante 10s aiios de la guerra con 10s Promaucaes que ”andaban vestidos de pellejos de zorras y de perros y de lobos marinos y de gatos...”20 Si la estrategia basada en el hostigamiento econ6mico h e decisiva en la lucha contra Almagro, su impact0 en la guerra contra la hueste valdiviana h e menor. El carlcter colonizador de la nueva empresa y la tenacidad de 10s compaiieros de Valdivia explican en parte la sobrevivencia de 10s europeos bajo tan duras condiciones. De otra parte, debe recordarse que el asedio indigena h e casi cornpleto y cort6 totalmente las comunicaciones de 10s peninsulares con el Pen5 y Espaiia; ante esta situacibn, aislados y hambrientos, 10s castellanos no tuvieron m6s alternativa que luchar no ya para conquistar sin0 para sobrevivir. Como anotara Bibar, el principal objetivo de Valdivia durante estos afios h e la siembra y acumulacibn de granos, “porque mds temia la hanbre, que no a 10stravajos y peligros.” Paradojalmente, la situacibn de miseria creada por 10s indigenas 16

La m e m a de la sociedad indigena

en Chile central termin6 por debilitar su propio poderio militar. La guerra econ6mica fue implementada por 10s naturales precisamente en 10s momentos en que la sociedad indigena necesitaba mbs que nunca recursos materiales extraordinarios para sostener a 10s guerreros que defendian 10s pukaraes. En este period0 de intensa guerra, seiial6 Marifio de Lobera, ”no estaban 10s indios mbs bien librados, porque adembs del hambre que tambikn les alcanzaba, vian a 10s ojos que se iban menoscabando en las continuadas guerras y trabajos.”

La fuga de 10s guerreros ”Pues viendose en el tal acometimiento encarnizados, y viendo que avian comenzado negocio que por ninguna via podian dexar de perder las vidas, muchos de ellos desampararon sus tierras.” Bibar, op. cit., p. 64 Otro evento relacionado con la resistencia anti-peninsular que destruy6 la capacidad militar de 10s nativos y que adembs tuvo un serio impact0 en la composici6n de la sociedad aborigen en Chile central, fue el kxodo protagonizado por 10s naturales hacia 10s territorios libres del sur. Despues de una incesante guerra de asedio y escanniento econ6mico que trasladaba permanentemente el frente militar a 10s reductos y villonios indigenas con sus secuelas de destrucci6n y muerte, la fuga de 10s naturales fue una de 10s eventos mds importantes en la historia de la conquista del valle central. Este proceso de migraci6n permiti6 la sobrevivencia de algunos linajes promaucaes que se asentaron a1 sur del rio Maule, per0 a1 mismo tiempo propin6 un formidable golpe a la guerra indigena. Sin un aparato social articulado que mantuviera 10s esfuerzos militares y sin 10s guerreros que defendieran 10s fuertes y poblados, la derrota se hko inevitable.

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Diversos autores han descrito esta fuga, identificando por lo menos dos oleadas. Sergio Villalobos lo sii5a en el momento previo a la imposici6n del domini0 espaiiol(1543?)observando que ”10s indios se retiraron a localidades apartadas, por montaiias y nieves, lejos de las llanuras dominadas por la caballeria. Pero colocados entre el hambre y el filo de las espadas, debieron doblegarse y bajar a servir a 10s invasores...” Esta interpretacidn de 10s eventos recoge testimonios como el de Santiago d e Az6car; describiendo las expediciones realizadas en Septiembre de 1541, el capitin hispano apunt6 que 10s soldados “hallaron las comidas en 10s campos, y 10s naturales huyeron de sus pueblos y se ausentaron por algunos dias, y a1 cab0 de dos o tres meses, poco m6s o menos, despues de haber enviado el dicho capitin Valdivia caudillos y gente a correr la tierra 6 llamarles de paz, vinieron 5 dar la obediencia, 6 dieron la paz todo lo m6s de la tierra 6 naturales della, sin0 fue dos del valle de Aconcagua C Chile, que estuvieron por entonces rebeldes C contumaces...” 22 En otras palabras, la fuga de 10snaturales hacia las montaiias, habria sido un fen6meno coyuntural.

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Sin embargo, de acuerdo a otros testigos, pareciera que la fuga causada por la primera entrada de 10s espaiioles h e seguida por un movimiento migratorio m6s sistemitico. Bibar manifest6 en su cr6nica que 10s promaucaes no se limitaron a abandonar sus tierras, sin0 que una vez asentados en sus nuevos lares procedieron a convocar a 10s naturales que atin permanedan en las tierras de Mapocho. “Avisavan con mensajeros secretos a 10s yndios de la tierra que nos sem‘an porque mis no podian por ser cercanos a la ciudad y tierra llana, que se fuesen a sus tierras de 10s pormocaes porque alli dezian que avia anchura para sembrar y poblar y que no nos syrviesen, que ellos se la darian de muy buena voluntad; y haciendo menta que no teniendo quien nos syrviese, dejariamos la tierra y que si hasta aquel punto no lo haviamos hecho, era la causa avernos ellos servido y hecho nuestras casas y sementeras...” 23

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La merma de la sociedad indigena

El objetivo de 10s naturales de Santiago fue establecer una alianza con 10s promaucaes y unidos consolidar una linea de frontera fortificada en la ribera sur del rio Maipo. Cuando 10s peninsulares cmaron el rio Maipo y establecieron su presencia en las provincias de 10s promaucaes, el saldo de la migraci6n era significativo. Las tierras de Santiago y sus alrededores quedaron semi-vacias y las futuras encomiendas despobladas. Por sobre todo, la fuga beneficid a las etnias meridionales, las que vieron engrosadas sus filas con 10s contingentes de guerreros veteranos provenientes del norte. Como sefialaria casi un siglo m5s tarde Diego de Rosales, 10s araucanos estaban m5s soberbios y fuertes "por aversele ido a juntar 10s Promocaes con sus hijos, mujeres y familias, 10s quales, dejando sus antiguas moradas, se heron huiendo del rigor de las annas espaiiolas..." 24 El fen6meno migratorio que provoc6 la derrota de Santiago entre 10s nativos de Mapocho y sus alrededores no pas6 desapercibido a 10s conquistadores. Inmediatamente despues del incendio de Santiago, Valdivia envi6 varias columnas expedicionarias a 10s asentamientos indigenas situados en 10s "thninos desta ciudad...para llamar de paz a 10s dichos naturales rebelados 6 que se asentasen 6 estuviesen en sus casas..." 25 El capit6n Rodrigo de Quiroga di6 testimonio de esta fuga seilalando que en las 'entradas' que le toc6 comandar en 1541, 10s soldados a su cargo "hallaron las comidas en 10s campos quemados y despoblados 10s pueblos." 26 Pedro Gomez don Benito expres6 que en el curso de estas expediciones encontraron "10s pueblos de 10s naturales sin gente que se habian ido dellos." 27 El despoblamiento del valle de Santiago y las regiones vecinas qued6 en evidencia cuando Valdivia distribuy6 a 10s naturales en encomiendas. Fue en ese momento cuando 10s europeos percibieron en toda su dimensi6n la descomposici6n que habia sufrido la sociedad aborigen a consecuencias de la guerra y de la fuga de 10s nativos. Durante el cabildo abierto realizado en Santiago en 1542 para 19

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distribuir a 10s naturales en encomiendas, el gobernador manifest6 publicamente que si bien "no tenia la claridad de todos 10s caciques de toda la tierra, tenia en voluntad de gratificarles sus travajos en nombre de su magestad; y que sy no les dava como 61 deseava y tenia en voluntad y ellos merecian, lo causava estar en aquella sazon toda la tierra de guerra, que apenas ay quien syrva descubiertamente..." 28 En el titulo de encomienda entregado a Diego Garcia de Ciceres, el gobernador otorg6 10s indios de "Millacucho, Catalquepo, Antonio, indios principales de Mapocho, de la otra parte del Maipo, que solian ser sujetos del cacique Villapara, 6 mis el cacique llamado Laganse, con todos sus indios que son (en) tierras en 10s rios Itata y BiuBiu." 29 El Cxodo de 10s Promaucaes y sus aliados del valle central hacia el sur no se limit6 a1 area situada entre 10s rios Aconcagua y Maule. Una vez que 10s peninsulares extendieron su domini0 hasta el rio Maule y comertzaron a penetrar 10s territorios meridionales, 10s fugados iniciaron una segunda migraci6n. Asi se desprende del titulo de encomienda otorgado por Valdivia a Hernando de Huelva en julio de 1552, en el cual le hizo concesi6n de las tribus residentes en las riberas del rio Itata. "En remuneraci6n de vuestros servicios, trabajos, perdidas y gastos, encomiendo por la presente, de parte de S. M. en vos el dicho capitin Hernando de Huelva, 10s lebos dichos Otogue, Coigueco, Pelel, Viegana, C Chilean, con sus caciques nombrados Reynoguellan, Tipaxququen, Millamiral, Painelen, Catarongo, Gunachaco, Paivelenna, Guanamangua, Guelen, Basracheuque, Languaguano, Molovaveen, Tarnelo, Tarnande, Aneprelan, Caromande, Calmacheuque, con todos 10s demas caciques principales C no principales, con todos 10s indios y sujetos a estos caciques aqui nombrados, y i 10s que no estin, como todos Sean sujetos C de la parcialidad de 10s dichos lebos, que tienen su asiento cerca del rio Itata, de la una parte y otra dC1, C otros entre Itata y esta ciudad de la ConcepcGn, para que os sirvais de todos ellos..."3O Como entre 10s promaucaes, lo que quedaba de la sociedad de 10s naturales de Itata era el mer0 armaz6n institucional compuesto por 10s caciques y 20

La merma de la sociedad indigena

algunos seguidores. El grueso de 10s indigenas estaban ausentes. La Usta misma probablemente contenia nombres de caciques y parcialidades que no eran originarios. La fuga de 10s naturales vari6 regionalmente, per0 afect6 por igual a 10s diferentes segmentos tribales asentados en el 6rea central. A1 mismo tiempo brind6 la oportunidad a 10s hispanos para desplazar parcialidades completas hacia 10s terrenos vacos dejados tras si por 10s migrantes. Asi ocurri6 con las tierras de Vuilquisa, en la ribera norte del rio Maipo y que habian pertenecido a1 cacique Ellocaudi, las que fueron entregadas por Valdivia a1 cacique Alongomanico bajo el pretext0 de “que a1 presente est6 despoblado.”31 En 1553 el cabildo de Santiago entreg6 a Juan Jufr6 las tierras situadas “en el valle que hace en medio que corre 6cia 10s Tagua-Taguas...no estando poblado este valle y tierras.”32 No est6 demls seiialar que 10s pukaraes de Tagua Tagua fueron 10s filtimos reductos de resistencia promaucae y que constituyeron uno de 10s principales focos de refugio de la etnia a fines de 1544.

I

La marcha hacia las tierras libres fue quizds la reacci6n menos dramdtica de 10s naturales frente a la invasi6n europea. Mientras la mayoria huia, otros simplemente se resignaban a la muerte. Esta reacci6n fue comtin en otras regiones del continente, per0 tom6 lugar una vez que 10s naturales habian experimentado 10s abusos y la explotaci6n de 10s encomenderos. En el valle central de Chile, 10s indigenas emprendieron ese camino cuando la guerra de conquista aGn no concluia. Al respecto, el soldado Lope de Ayala declaraba que “10s naturales estuvieron grande tiempo que no quisieron sembrar 6 se dejaban morir de hambre, pensando por alli echar de la tierra 6 10s cristianos...” 33 Gard Diaz de Castro seiialaba en el mismo sentido :”se padeci6 grandes hambres y trabajos, por estar 10s naturales rebelados 6 alzados contra el servicio de S. M. porque entendieron echallos de la tierra, a no sembrar 6 dejarse padecer porque se fueran de la tierra...” 34 Un cuadro similar fue descrito surnariamente por Juan de 21

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Almonacid quien manifestaba que “10s naturales de ella se dejaban morir y no sembraron por espacio de tres aiios...”35 Bibar, cuya crdnica tiende a presentar una visi6n moderada de 10s hechos, manifest6 que a partir de 1541 10s indigenas “tenian por m6s seguro perder las vidas que servir a 10s cristianos.” 36 DespuCs de visitar 10s pueblos de Santiago y La Serena, el Licenciado Hernando de Santill6n corrobor6 en 1559 las observaciones hechas por 10s soldados; anotando que durante sus diligencias entre 10s naturales les habia hecho ”entender la voluntad que S.M. tiene de que Sean conservados, cosa que nunca se les habia dado a entender sin0 tratarlos como 6 enemigos, de lo cual estaban desesperados, que hall6 por relaci6n de personas religiosas que B sus propios hijos chiquitos las madres no les querian dar leche, y asi 10s mataban, diciendo tener por mejor aquello que no, siendo de siete B ocho aiios, les quitaban 10s encomenderos sus hijos y hijas y se 10s llevaban a las minas, donde nunca m6s 10s veian ni gozaban dellos...” 37 Este texto recuerda las dramlticas p6ginas escritas por 10s frailes y laicos que defendieron 10s derechos de 10s naturales en el resto del continente e ilustra la inmensa tragedia humana que trajo consigo la implantaci6n del domini0 espaiiol en Chile central.

No es necesario enfatizar las consecuencias que tuvo la migracidn hacia el sur sobre la resistencia anti-espaiiola en la regi6n. Teniendo en cuenta que la superioridad ntimerica era quiz& el iinico factor que podia inclinar la balanza militar a favor de 10s naturales, la perdida de 10s guerreros y sus familias marc6 el fin de la guerra de 10s lonko. En compensaci6n, quedaba la esperanza que 10s segmentos tibales fugados hacia Itata o Araucania lograran recomponer sus fuerzas y al@n dia retornaran a liberar 10s territorios de sus antepasados. Para 10s nativos que permanecieron en sus tierras, se iniciaba una nueva etapa de renovadas angustias.

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La merma de la sociedad indigena

La caida demogrifica en Chile central El fin de la resistencia anti-espafiola en Chile central tambien fue acelerado por el r6pido deterioro demogriifico que sufri6 la poblaci6n indigena. Los factores que subyacieron a la riipida despoblaci6n de la regi6n fueron la migraci6n hacia el sur, las muertes provocadas por la perra y el rol de auxiliares que jugaron en el ejercito imperial 10s naturales sometidos.

Es importante sefialar que no aparecen en las fuentes documentales referencias a una plaga o epidemia que hubiese liquidado a 10s naturales. Solamente en 1549 se sefial6 en las actas del cabildo de Santiago que el area estaba siendo afectada por una epidemia de carache: “se pega a todos 10s ganados, 6 abn a 10s caballos y yeguas e algunas personas de 10s naturales.”38 Bibar describe una gran epidemia de tifus y sequias en 10s temtorios araucanos del sur entre 1554 y 1557, que habria liquidado por lo menos dos tercios de la poblaci6n araucana, per0 no describe sus efectos en Chile central.39 No es improbable, sin embargo, que 10s habitantes de Santiago y sus alrededores hayan sufrido 10s efectos de las plagas europeas antes de 1536, a traves del contact0 con las etnias del norte. Debido a la ausencia de fuentes miis especificas, es muy dificil evaluar el impact0 demogriifico que tuvo la guerra y la fuga hacia el sur. De acuerdo a c6lculos modernos, la poblaci6n original del valle central ascendia en 1540 a 130.000 personas.*O Para 1594, casi medio siglo m6s tarde, se calcula que el n h e r o total de naturales asentados entre 10s valles de Choapa y Maule no pasaba de 20.000 almas.41 Segcin Jorge Hidalgo, el nbmero de indigenas que cruzaron el rio Maule huyendo de la furia militar hispana fueron alrededor de 25.000, particularmente guerreros y gente joven.

El reclutamiento de 10s naturales de Chile central en las filas del 23

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ejbrcito imperial fue implementado en diversas oportunidades. Bibar observ6 como ya en Septiembre de 1541, el curaka Quilicanta ofreci6 400 guerreros a Valdivia para la campaiia que 10s peninsulares planeaban contra el fuerte de Michimalonko. "Apo, syrbete de esos yndios, que bienen bien aderezados a punto de guerra, que son muy velicosos y buenos guerreros, que son del valle de Mapocho." 42 De acuerdo a G6ngora y Marmolejo, uno de 10s sobrevivientes del desastre de Tucapel h e "un principal y seiior del valle de Chile en Santiago, que se llamaba don Alonso y sirvi6 a Valdivia de guardarropa, que hablaba en lengua espaiiola, y de mucha raz6n..." 43 Durante la batalla, anot6 MariAo de Lobera, 10s espaiioles contaron con el apoyo de "un buen nfimero de indios que llevaba consigo (Valdivia) de 10s pueblos conquistados, cuyo capitdn era el famoso Michimalongo, que habia sido capitdn general del ej6rcito contrario a 10smesmos espaiioles antes de estar la tierra asentada..." 44 La caida de la poblaci6n nativa se hizo evidente poco tiempo despu6s de concluida la conquista militar de Chile central. En 1546 10s vecinos de la ciudad presentaron un requerimiento a1 gobernador Valdivia argumentando: "Sabemos 10s pocos indios que hay, asi porque a1 tiempo que entramos en esta tierra, en ella no habia con muy grande parte tantos indios como se decia, como porque de 10s pocos que habia han muerto muchos, a cabsa de las grandes guerras que en la conquista y pacificaci6n de la tierra ha habido..."45 M6s adelante agregaban: '10s repartimientos que agora hay son de tan pocos indios, que 10s mds dellos son de 6 ciento y d cincuenta y algunos de d treinta.." No obstante, la descripcicin hecha por el cabildo de Santiago como una regi6n desolada desde 10s primeros dias de la conquista fue contradicha por otros testigos de la 6poca. Bibar fue en ese sentido categ6rico a1 afirmar que la caida demogr5fica indigena h e causado por la expansi6n hispana y las labores en 10s obrajes y minas de 10s europeos: "No ay tanta gente en esta provincia como quando 10s christianos entraron en ella a causa de las guerras y alzamientos que con 10s espaiioles tuvieron. Fue parte 24

La merma de la sociedad indigena

para desmenuyllos que, de tres partes no ay la una. Y las minas an sido tambien parte, que lo uno con lo otro se a juntado a1 desb.uymient0de ellos.” 46 La dimensi6n de la caida demogr6fica oblig6 a Valdivia a redistribuir las 60 encomiendas otorgadas en enero de 1542, a 32 en 1544. Bibar escribi6 a1 respecto: Tiendo el general que habia muchos vecinos en la ciudad de Santiago y que 10s yndios eran pocos, y que era gran trabajo estar repartidos en sesenta vecinos, acord6 por el bien de 10s naturales desmenuyllos en menos, e hizo treinta vecinos.” 47 Como manifestara Gongora de Marmolejo, Valdivia march6 con sus soldados hacia Itata, “viendo que en 10s terminos de Santiago no tenia indios para cumplir con todos 10s que consigo tenia...” 48 Solamente en 1544 el gobernador estuvo en condiciones de evaluar el quiebre demogrhfico sufrido por 10s naturales; en una carta dando cuenta de la tiltima campafia realizada contra 10s promaucaes, Valdivia sefial6 a1 respecto :“conquistando la tierra trayendola de paz, tove la relaci6n verdadera 6 vi la poca gente que habia.” Como lo demuestra un bando publicado en 1546, el gobernador se vi6 incluso obligado a incorporar en las nuevas encomiendas un considerable n h e r o de naturales ausentes. El bando aludido especificaba que ”de sesenta vecinos que tenian indios de repartimiento en treinta 6 cinco leguas en largo, y doce o trece en ancho, que son 10s terminos que est6n por su sefioria sefialados a esta ciudad, 10s ha resumido en treinta 6 dos vecinos, y ha repartido entre ellos, d e m b de 10s indios que hay en el dicho tkrmino, doce 6 trece caciques que tienen su tierra desta parte del Itata...” 49 En otro cas0 de redistribuci6n de encomiendas, Valdivia dej6 en claro las razones que le movian a entregar ciertos indios a uno de sus compafieros. En el titulo concedido a Marcos Veas haciendo entrega del cacique Vichato, seguidor del cacique Lonkomilla, y la mitad de 10s aborigenes del valle de Lampa, el gobernador sefial6 que procedia de ese modo ’’porque teneis pocos indios para el tratamiento de vuestra 25

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persona ..." 50 Un descenso poblacional similar ocumd en la encomienda de Juan Godinez en las riberas del rio Maipo; de 40 naturales que componian la encomienda original, solamente 20 sobrevivian veinte aiios mds tarde.51 En la medida que la mayoria de 10s soldados que integraban la hueste valdiviana dependian de las encomiendas que se les otorgaban para compensar 10s gastos realizados a1 integrarse a la empresa, la reestructuraci6n de las encomiendas realizada por Valdivia produjo resentimientos y disputas. En 1548, durante el proceso realizado en su contra en Lima, Valdivia se defendi6 de las acusaciones de algunos encomenderos manifestando que "la tierra es tan falta de naturales que por visitaci6n no se hallaron despues doce mill indios y parecia haber cacique que no tenia trescientos indios..." 52 Un argument0 similar fue utilizado por el gobernador en una carta enviada a Carlos V en la cual manifestaba que el primer repartimiento de encomiendas habia sido hecho "sin noticias, porque asi convino para aplacar 10s 6nimos de 10s soldados..." 53 El quiebre demogrdfico sufrido por 10s indigenas caus6 en 1549 la polarizacih de intereses entre 10s vecinos encomenderos de Santiago y 10s miembros de la expedicibn militar que se preparaba para conquistar las tierras del Bio-Bio. En esa ocasi6n Pedro de Miranda, procurador del cabildo de Santiago, solicit6 a1 gobernador que tuviese en cuenta las demandas presentadas por 10s encomenderos "a su sefioria, que pues esta tierra es tan pobre de indios, no consienta ni permita q u e - n i n m soldado ni otra persona ...lleve ni saque pieza alguna...y que 10s indios que lleven para cargas, no pasen del rio de Itata, para que se puedan volver a su natural y curar sus sementeras para su sustentacibn; porque si otra cosa su sefioria permite, esta tierra se perderia 6 despoblaria..." 54 La desmovilizacih econbmica, la migraci6n hacia el sur y la caida demogrifica provocadas por la guerra fueron 10s signos m6s visibles 26

La m e m a de la sociedad indlgena

de la profunda desarticulacidn que sufri6 la sociedad aborigen de Chile central durante 10s primeros aiios de la conquista europea. El desenvolvimiento de estos procesos sigruficd la desaparici6n paulatina de las relaciones sociales que en el pasado hicieron posible 10s exitosos esfuerzos bdicos contra 10s conquistadores incas y m6s tarde contra 10s soldados de Almagro. "Cualquiera fuesen 10s factores que incidian en la desmembracibn de la sociedad aborigen", escribi6 recientemente Sergio Villalobos, "el resultado era el mismo. La vida de las reducciones se desorganiz6, las familias perdieron su cohesibn, maridos y mujeres partieron con destino diverso, 10s niiios quedaron semi-abandonados o fueron dejados. Muchos hombres pasaron a constituir una poblaci6n flotante en que el ocio y la delincuencia txupaban gran parte dc! 1 tiempo. La desintegraci6n era social, per0 1tambikn moral." 55 Los tc&imonios de 10s soldados de la conquista no ante el 1permiten reconstruir la reacci6n sicol6gica de 10s indinenas " (desastre que enfrenta'ban; solamente unas tx a s a s referericias . . demuestran que el smcidio fue considerado PO m r muchos como la meior salida en 10sdias de desolaci6n que les tocak)a vivir. rales del valle central y de sus aliados rdpidamente bajo el acoso militar de 10s (:onquistadores espaiioles y termin6 dernunbdndose a causa de 10s t tgicos cometidos por sus lideres. Mientras 10s soberbios luruco ae anrafio y sus valerosos guerreros emprendian el camino hacia el exilio, otros se sometian a las penurias de las encomiendas y las mitas mineras. Sus fuertes, simbolos fisicos del antiguo poder y seiiorio que sustentaron, quedaron abandonados en las montaiias como mudos testigos de una 6poca de epopeyas bblicas que no tendria repetici6n en la historia de Chile. pumaucaes. uesayareciu . -._ _ L

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La guerra hispano-indQena en Chile seglin Felipe Guamlin Poma de Ayala 28

2. La reconstruccih de la sociedad aborigen La didmica del expansionismo espaiiol descansaba sobre las continuas ambiaones de 10s conquistadores de continuar empujando las fronteras del imperio a su propia costa y dependia de la rApida captura de nuevas tierras, riquezas y recursos humanos que permitieran a la corona recompensar el afAn privado. En Chile, Valdivia y sus compaiieros demostraron desde un comienzo que estaban dispuestos no s610 a incorporar 10s territorios meridionales del continente a la monarquia sin0 que tambikn pretendian asentarse permanentemente en el nuevo reino. Pero la destrucadn de la soaedad aborigen pus0 en serio peligro 10s planes de 10s europeos en la medida que sus intereses seiioriales no podian ser satisfechos por la falta de naturales, ni tampoco existian suficientes recursos econdmicos que permitieran la acumulaci6n necesaria de capitales para financiar la expansi6n hacia las tierras del sur. La presenaa de un ejCrcito humano que pudiera trabajar las minas y chacras y la disponibilidad del aparato productivo indigena eran factores fundamentales para la creaci6n de excedentes que posibilitaran la empresa de conquista de Arauco. Sin ellos cualquier intento de expansi6n dependia del ambo de recursos humanos y materiales desde el P e d o Espafta. 29

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Despu6s de haber sufrido bajo el implacable lAtigo de la guerra, y luego de haber pasado por las peores hambrunas, penurias y miserias, 10s aborigenes de Chile central estaban muy lejos de satisfacer las expectativas sefioriales que criaron 10s conquistadores entre 1540 y 154.4. Los lavaderos de oro, las minas de cobre, las explotaciones ap'colas y de animales, tendrian que esperar hasta que la sociedad indigena se recuperara para recibir sus contingentes de trabajadores. MAS que una incorporaci6n automatics al sistema econ6mico-social impuesto por 10s invasores, 10s indigenas debian ser integrados paulatinamente pues solamente de ese modo se podria asegurar el aprovechamiento eficiente y racional de 10s escasos recursos humanos disponibles. Los antiguos enemigos debian ser tratados de un modo paternal. Como seiialara Mariiio de Lobera, una vez concluida la guerra contra Michimalonko, el gobernador "comenz6 a dar orden en el asiento de la tierra y asentar con 10s indios lo que habian de hacer en el servicio personal, mandhdoles que comemasen luego a cultivar la tierra para que se abasteciese de mantenimientos en abundancia." 1 Es significativo que la principal demanda de 10s conquistadores consistia en el retorno de 10s naturales a 10s trabajos agricolas. El antiguo espiritu de confrontaci6n era reemplazado por el pragmatism0 y la caridad cristiana. Esta nueva actitud se reflej6 en 10s escritos de Bibar. AI describir la fundaci6n de una villa espaiiola a1 norte de Santiago, el cronista opinaba que la nueva poblaci6n serviria para ejercer domini0 sobre 10s tenitorios septentrionales y que a1 mismo tiempo ayudaria a1 adoctrinamiento de 10s aborigenes en la f6 cat6lica. Los espafioles, agregaba Bibar, debian por su parte tratar a 10s indigenas "moderadamente, no como bestias, syno como hombres y criaturas que Dios, nuestro seiior, crib, y que se traten no como sus merecimientos y obras 10s merecen, syno como nosotros 10s espaiioles devemos, que es con amor y obras, se les pague buena doctrina, y deprendan alguna buena obra y policia."

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Una vez que se consigui6 la derrota militar de 10s habitantes de Chile central y el indigena dej6 de ser un enemigo de consideraci6n, se reformularon 10s conceptos surgidos durante la guerra para crear ambiente que estimulara la convivencia y la recuperaah de la sociedad aborigen. Durante el period0 que dur6 el conflict0 se hizo obvi0 que la sobrevivencia y reproducci6n del pequefio destacamento de espafioles asentado en la Nueva Extremadura dependia en gran parte de la sobrevivencia de 10s abongenes. Para conseguir la consolidaci6n de su dominio del valle central y estabilizar las relaciones con 10s naturales, 10s peninsulares ocuparon rtipidamente el valle central, reconocieron o legitimaron la autoridad de 10s nuevos lonko y ayudaron materialmente a reconstruir la sociedad indigena.

El fuerte del Maule y la ocupaci6n del valle central Tan pronto como se dieron cuenta de la fuga de 10s nativos de 10s valles de Aconcagua y Mapocho, y mientras libraban enfrentamientos contra 10s promaucaes, 10s europeos adoptaron medidas destinadas a poner fin al drenaje human0 que afectaba a Chile central. Entre estas medidas, la principal fue la rtipida ocupacidn militar del territorio situado entre Santiago y el n o Maule. En julio o agosto de 1541, apenas seis meses despuh de fundada la ciudad, Valdivia comision6 a Pedro Gomez para que comandara una expedicion hacia las territorios ubicados en la ribera sur del rio Maipo. La noche del 11 de septiembre, seiial6 Gomez en su Informaci6n de Servicios en 1563, "este testigo estaba...en la dicha provincia de 10s Pomocaes con cierta copia de gente..." 3 Esta primera expedici6n fue meramente exploratoria, per0 poco tiempo despuCs 10s espafioles retomaron a la regi6n y fundaron un fuerte sobre el no Maule. Pedro de Villagrtin, comandante del nuevo fuerte, apunt6 en su Informaci6n de Servicios en 1562: "para mejor ordenar la conquista, pacificaci6n C sustentacidn de la ciudad de Santiago y sus tkrminos, el dicho gobemador don Pedro de Valdivia 31

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mand6 hazer 6 se hizo un fuerte en el rio Maule, ques treinta 6 cinco leguas della, para que alli estuviesen de guarnici6n C frontera un capitiin 6 soldados para que con miis comodidad hiciesen la dicha conquista, porque en efeto era alli la estancia mls acertada y conveniente para lo susodicho, a causa de ser aquello la miis fuerza de toda esta tierra..."4 Entre 10s 20 soldados del destacamento de Villagrfin figuraron 10s veteranos Antonio de Tarabajano y Pedro de Le6n. Refirihdose a1 lapso que permanecieron en las riberas del rio Maule, Tarabajano declar6 que Valdivia habia ordenado la construcci6n del fuerte " y Pucarl cerca del no Maule, porques tan conveniente sitio... estuvieron alli soldados de guarnicidn siete o ocho meses."5 Francisco Ponce de Le6n describi6 en su declaraci6n las acciones emprendidas desde el fuerte y como Pedro de Villagriin "padesci6 6 tuvo grandes y excesivos trabajos por las muchas correrias que1 y 10s que con Cl estaban hacian, l desbarates de fuertes 6 pucariies que 10s naturales hacian C tenian contra ellos, etc." 6 Instalados en el coraz6n mismo de las tierras de 10s promaucaes y aislados de las fuerzas residentes en Santiago, la estadia de Villagriin y sus hombres en la regi6n del Maule se hizo imposible. Peor a6n, en la medida que la resistencia indigena a1 norte de Santiago comenzaba a palidecer con la derrota de Michimalonko, Tanjalonko, Vitacura y Cateloe, el frente militar se comenz6 a desplazar con renovadas energias hacia las tierras libres de 10s "lobos monteses", aumentando la presi6n sobre la pequefia guamici6n del Maule. La importancia estrategica del fuerte del Maule no era nada despreciable. Desde alli, Villagriin encabez6 la primera columna hispana que alcanz6 a las riberas del rio Biobio y tom6 noticias de la calidad de las tierras del sur controladas por el seiiorio de Andalien y Reinoguelh. A su retorno, y despues de informar a1 gobernador, Villagrln y sus hombres fueron trasladados "a la provincia de Apalta, que es diez y seis leguas m6s hacia la dicha ciudad de Santiago del n o Maule...estuvo y sustent6 la dicha guarnicih de gente mucho tiempo,

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hacienda

desde alli como en las demtis, muchas corredw’as y desbarates de juntas de naturales, habiendo con ellos sobre ell0 muchas guaztibaras y rompimientos...” Pedro de Le6n corrobor6 el testimonio de Villagrh agregando que ‘Pedro de Valdivia le envi6 a mandar que con la gente que tenia se viniera al asiento de Apalta, diez y seis leguas de esta ciudad, donde el dicho Pedro de Villagrh vino, y desde alli fizo muchas correrias y desbarates de juntas de naturales, y rompi6 muchos pucartis de indios, ti cuya causa dicha ciudad estaba quieta 6 pacifica...” 7 Las expediciones militares realizadas por Villagrdn contra 10s pukaraes Promaucaes heron seguidas por la campaiia de conquista encabezada por Valdivia a principios de 1544. De acuerdo a Bibar, cuando 10s peninsdares entraron a la provincia de 10s Promaucaes “toda la gente de guerra se pas6 la otra vanda del m‘o de Made. Visto esto, el general corri6 toda la tierra y provincia de 10s pormocaes. Alleg6 de esta vez hasta el rrio de Made, travajando con 10s yndios que habian quedado y por 10s pueblos hallava, avidndoles que no se fuesen, y que no temiesen syno que syrviesen, que no les hm’a mal ni daiio; y que avisasen a 10s demds que se viniesen a su tierra y que hiziesen sus casas y senbrasen...” 8

A pesar de 10s esfuerzos hechos por Valdivia, el flujo migratorio de 10s promaucaes hacia el sur no ces6. Ante esta situacibn, el gobernador envi6 a Francisco de Villagra hacia ”las provincias de Arauco por tierra...p ara que tomase lenguas y me echase 10s indios desta tierra hacia acti...” 9 A principios de abril, Francisco de Aguirre fue dejado entre 10s promaucaes “con provisi6n junto en un pueblo de hdios porque, estando a%, no pudiesen venir 10s naturales a sus pueblos y vivir seguros sin0 fuese queriendo 10s naturales venir a Servir.” Valdivia y sus soldados no se conformaban con el mer0 retorno de 10s promaucaes a sus tierras ;lo que demandaban era el servicio personal, cada vez m6s indispensable, en la medida que la poblaci6n indigena de la regi6n disminuia inexorablemente. 33

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La mera presencia de un fuerte espafiol entre 10s Promaucaes no detuvo las diversas oleadas migratorias hacia el sur. En septiembre del mismo aiio, Valdivia di6 instrucciones a Francisco de Aguirre para que con veinte hombres “fuese a la parte del sur hasta el rio Maule, que es treinta leguas de la ciudad de Santiago, y que alli hiciese un fuerte y que de 41 corriese la tierra adentro hasta veinte leguas por tres cosas: la una, para que, si 10s indios Pormocaes quisiesen huir por no servir, que hallasen quien 10s castigase y, a 10s que topasen, que 10s constriiiesen a que viniesen a sus tierras y a sus caciques a servir; de esta suerte toda la tierra recivia. La otra, porque 10s indios maules, viendo aquello y que les com’an la tierra, no consentirian a 10s Pormocaes en su tierra y ellos se sujetarian y vendrian a la obediencia.”*O De este modo, en un proceso de expansi6n y dominaci6n gradual, el ejerato espaiiol se desplazaba lentamente hacia la Araucania asegurando 10s temtorios sometidos en la retaguardia y procurando estabilizar 10s ~ I t i m o sremanentes de la sociedad indigena. En una de sus cartas a la corte el gobernador describi6 10s empefios que se hicieron para detener el abandon0 de sus tierras llevado a cab0 10s nativos. Describiendo sus campaiia contra 10s promaucaes, concluia: “desde entonces tengo un capith con gente en la provincia de Itata para que no 10s deje volver hacia all&...”;en otra comunicaci6n, Valdivia identifit6 como comandante del fuerte espaiiol del Maule ”a Francisco de Aguirre, mi capitfin, desa parte del rio Mauli, en la provincia de Itata, con gente que tiene aquella frontera y no da lugar que 10s indios de por ac6 pasen a la otra parte, y si 10s acogen 10s castiga...” 12 La ocupaci6n fisica de 10s territorios promaucaes y 10s esfuerzos desplegados por 10s espaiioles para detener el flujo migratorio aborigen fueron solamente partes de la estrategia diseiiada por Valdivia y sus capitanes destinada a restaurar a un estado de relativa normalidad 10s territorios anexados al sur de Santiago. Los

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peninsulares no ignoraron que el problema fundamental que afectaba a 10s naturales era de indole social y requeria una solucidn que no fuese solamente represiva.

Los nuevos lonko A pesar del cuadro desolador dejado por 10s testigos, es evidente que la fuga de 10s indigenas de Chile central no fue total. Los histonadores modernos suponen bien cuando manifiestan que la marcha hacia el sur fue realizada principalmente por 10s guerreros y sus mujeres. Detrbs de ellos quedaron hombres, mujeres, ancianos y nifios y algunos miembros del antipo liderazgo aborigen. Estos heron 10s grupos humanos que experimentaron la segunda fase de la expansidn espafiola sobre sus tierras, y que vivieron en came propia la instauracidn de las encomiendas. Asimismo, estos heron 10s testigos de la transformaci6n que sufrid la politica de 10s conquistadores de la mera confrontaci6n hacia una actitud mbs pragm6tica y paternalista. Por su parte, la tarea que emprendieron 10s europeos no podia ser m6s formidable pues consistia nada menos que en la reconstruccidn de la antigua sociedad aborigen al abrigo de las nuevas instituciones hispanas.

La sobrevivencia de la hueste valdiviana dependia en p a n parte de 10s lazos politicos que se establecieran con 10s miembros de la antigua jefatura indigena. En este sentido, Valdivia procurd mantener incluso en 10s peores momentos de la guerra una relacidn de cooperacidn con 10s lonko locales. La consolidaci6n de sus esfuerzos heron facilitados por la persistencia de conflictos y disputas entre 10s aborigenes. Asi ocumd con el primer parlamento celebrado en Santiago en 1541, al que asistieron Quilicanta y Atepudo semdados por otros caciques comarcanos; mbs que auxiliar a 10s peninsulares, 10s naturales de Santiago y sus aliados cuzquefios buscaban el apoyo militar de 10s europeos para vencer a sus enemigos de Aconcagua. Cuando en julio de 1541 10s soldados derrotaron a Michimalonko, el 35

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gobernador evit6 la humillaci6n completa del lonko y llamarlo a dar obediencia y mantenerse en paz. S e g h s de 10s testimonios, no se destruy6 el pukara de Acor tomaron rehenes para mantenerlos en Santiago: el pode de Michimalonko, uno de 10s m6s poderosos seiiores en ( se mantuvo de ese modo intacto. El inicio de la segunda rebeli6n en el valle de Aconca con el incendio del bergantin que se constda en la cost2 cautiverio de 10s caciques locales. La detena6n de Quil aliados produjo la formaci6n de una nueva alianza, esta . guerreros de Aconcagua, 10s naturales de Santiago y 10s v y 10s tiltimos tercios imperiales incaicos. Durante la batal Santiago en septiembre de 1541, 10s seguidores de M dirigieron sus fuerzas hacia 10s aposentos en que se mani 10s caciques, buscando su liberaci6n. Este hecho muestra naturales, 10s antiguos lonko continuaban gozando c autoridad que requeria el oficio. El asesinato de 10s principales caciques y curakas dl sus alrededores durante la batalla de Santiago pus0 en sei plan del gobernador de mantener la jefatura indiger motivo, apenas concluy6 la batalla, Valdivia envi6 cua temtorios vecinos urgiendo a 10s naturales a mantenersc asentados en sus tierras. Despu6s de concluida su segun contra 10s promaucaes, Valdivia envi6 una tercera coh Aconcagua, la cual captur6 a Tanjalonko, seiior de la mitad inferior del valle. “Luego que fue venido el cacique Tanjalongo y presentado ante el general mandole cortar 10s pies por la mitad. No le mataron, puesto que sus culpas lo pedian, porque hera cacique tenido, y que por su aviso y respeto podian venir muchos caciques e yndios de paz, ansy como hera parte para munillos que viniese de guerra...” La derrota de Tanjalonko produjo el descabezamiento de importantes segmentos tribales, per0 Valdivia persisti6 en sus esfuerzos por 36

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earnformar a 10s lonko en verdaderos agentes del nuevo sistema de dominaci6n. De acuerdo con Bibar, el maestre de campo Rodrigo de w o g a retorn6 a Santiago “y llevo consygo algunos yndios y 10s quales enbiava el general por mensajeros, despues de castigados aun asonbrados, a aquellos que andavan huydos para que bolviesen a sus casas.” Un esquema similar habia sido puesto en prhctica durante la campaiia contra el cacique Cachapoal, ocasi6n en que Valdivia se hizo acompaiiar por dos caciques promaucaes ”para katar con ellos la paz.” La continua resistencia contra 10s europeos produjo eventualmente la desintegraci6n de 10s principales cacicazcos de Chile central. A h mtis, a partir de 1542 pareciera que Valdivia decidi6 eliminar definitivamente 10s ~Utimos remanentes del antiguo liderazgo indigena. Asi, despuks de la batalla del pukar6 de Angostura el gobernador “dex6 colgados algunos principales e yndios y lo mismo hizo fuera, para que 10s demas tuviesen voluntad de venir a servir y estar de paz, que les hera mbs sano y aun mbs provechoso.” 13

Sin podei:contar con un interlocutor que permitiera restablecer el ditilogo politico con las etnias que permanecian en sus tierras, 10s heron enfrentados a un problema much0 d s grave: la - q L c a t u a ue segmentos tibales acefalos 0, en algunos casos, el surgimiento de un sistema de liderazgo dual. Tradicionalmente el dualism0 habia consistido en la divisi6n de valles o asentamientos en dos mitades, per0 en este cas0 se trataba de una divisi6n provocada por el problema priictico que provocd la fuga de algunos caciques. A traves del valle central emergieron 10s representantes de nuevos cacicazgos en reemplazo de 10s derrotados lonko. En menos de una ddcada el antiguo sistema de distribucibn del poder politico y militar tribal sufri6una transformaci6n sustancial. De una parte, surgi6 una nueva fuente de poder representada por la 37

legitimidad que otorgaban las alianzas que se establecian con 10s europeos y, de otra, se presenciaba la decadencia definitiva de 10s mecanismos tradicionales de generaci6n de autoridad en la sociedad tribal. Los espaiioles no tenian otra alternativa m8s que intervenir directamente en la reorganizacibn politica de 10s cacicazgos porque la distribuci6n de las encomiendas se hacia teniendo en cuenta 10s sCquitos adscritos a 10s caciques. Con 1s designaci6n de nuevos jefes tambiCn se podia contar una vez m8s con intermediarios naturales que actuaran de puente con la masa indigena y aseguraran su sujeci6n a la corona. Interesados en estabilizar la poblaci6n indigena, establecer con claridad el tamaiio de las parcialidades y precisar 10s lazos de dependencia que existian entre 10s miembros de un mismo linaje, 10s hispanos comemaron a reconocer la autoridad de 10s nuevos lonko en reemplazo de 10s caciques que se habian fugados. Este mecanismo fue utilizado por Valdivia cuando integr6 en un mismo dep6sito a 10s caciques Palloquierbico, Topocalma y Gualauquen con todos sus prencipales C indios subjetos que son en la provincia de 10s poromaucaes, a la costa de la mar, 6 m6s por prencipales Arcanaval, Rutaucony, Arongo Milla, Quienchogare, con todos sus indios, que solian ser subjetos al cacique Lilongomoro 6 son en este valle de Mapocho...” 14 Dos aiios m& tarde, Valdivia renov6 el dep6sito de 10s caciques arriba mencionados, agregando a ellos “10s prencipales Huminelgas y Calmalongo y Guanunabal, que se huy6 muchos dias de la tierra de Palloquilica, y est5 poblado de aquella parte de Made...” 15 Explicando su politica de desmembramiento y reorganizacih de 10s antiguos cacicazgos, el gobernador sefial6 en su carta al Emperador en 1545: “desmembr6 a 10s caciques para dar a cada uno quien le sirviese; y la relaci6n que pude tener h e de cantidad de indios desde este valle de Mapocho hasta Mauli y muchos nombres de caciques; y es que, como estos nunca han sabido servir, porque el inga no conquist6 m b de hasta aqui, y son behetrias, eran nombrados todos 10s principalejos y cada uno destos 10s indios

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que tienen son a 20 y 30 y asi 10s deposit6 despues que ces6 la guerra he id0 a 10svisitar." l6 para evitar disputas entre 10s encomenderos por la entrega de un mkmo grupo de indigenas a dos o m6s conquistadores, Valdivia ilarific6 en el nuevo titulo concedido a Gomez que 10s caciques encomendados eran otorgados ''con todos 10s indios de 10s dichos principales, Sean subgetos de 10s caciques 6 de otros..." En cas0 de una entrega dual, Gomez perden'a todo derecho a posesi6n de 10s naturales en cuesti6n. Asimismo, el gobernador reconoci6 la posici6n de independencia alcanzada por algunos lonko que podian integrase a la encomienda de Gomez manifestando que si algunos de 10s caciques nombrados pertenecian a otras encomiendas "es mi voluntad en nombre de S.M. que no tengais derecho a ninguno a 61 ni a sus indios, porque desde agora 10s doy por apartados de su subgecibn..." l7 El mismo inter& por reconocer la independencia de 10s nuevos lonko y el rompimiento de 10s antiguos cacicazgos llev6 a Valdivia a sefialar con respecto a la entrega de 10s caciques promaucaes Marucalagua y Guandopuche al capit6n Diego Garcia Villal6n que la nueva encomienda no integraria "a1 cacique Guandolcalqui con todos sus principales indios y sus sujetos..." 18 En algunos casos la acci6n de 10s conquistadores llev6 incluso a la fonnaci6n de nuevas parcialidades. Asi ocurri6 con el dep6sito de 10s guerreros promaucaes del cacique Guandolcalqui, a quienes se sumaron 10s parciales de 10s caciques Quinvaulibi y Colicoli "con todos sus indios principales, que tienen su asiento donde estos otros, y mts el cacique Quelangari con su pueblo Cauquin, con todos sus indios, que son en esta provincia de Mapocho, de la otra parte del Maipo, para servicio de vuestra casa..."I9 En 1548 el gobernador confirm6 la encomienda con 10s caciques "Guandopuche, y Guandocolque y Colicoli con sus principales pueblos 6 indios que asi os tenia encomendados con nfimero de mil 6 doscientos indios..."20 Un afio antes, Valdivia otorg6 en encomienda a 10s naturales de la 39

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parcialidad del cacique Tipitureo decretando que el titulo abarcaria tambi6n “al cacique llamado Vitapandi...si acaso acertara el dicho Vitapandi 6 ser subjeto del cacique Tipitureo...” 21 En 1549 se aplic6 un procedimiento similar en la formaci6n de la encomienda concedida a Juan Jufr6. En esa ocasi6n se disponia que la encomienda estaria constituida por 10s caciques Malti y Tocalevi ” con todos indios 15 prencipales que tienen su asiento en las cabezadas deste valle de Mapocho, 6 solian ser subjetos a1 cacique Longomarico...” Poco afios m h tarde, el gobernador confirm6 10s t6rminos en que habia sido concedida la encomienda a Jufr6, sumando 10s caciques Inviralongo, Pelquitarongo, Antiguano y Vandeguano ” con todos sus indios que son en el valle de Mapocho y eran del cacique Longamoro.” 22 MAS adelante, al agregar a 10s caciques Aloande, Quipandi, Niticura, Quilicura y Andequina, se apuntaba que estos eran integrados “con todos sus indios 6 principales 6 subjetos, como 10s mandaba el cacique Chiguarua, que tienen su asiento en la dicha provincia de 10s Promocaes...” En otro titulo de encomienda, otorgado a1 capith Francisco de Aguirre en 1549, Valdivia incluy6 entre 10s miembros originarios a 10s caciques Aloande, Tipande, Niticara, Quintecara y Andequina ”con todos sus indios principales y subjetos, como 10s mandaba el cacique Agamba, que tienen todos sus asientos en las provincias de 10s promocaes...” 23 Diego de Velasco recibi6 en similares cincunstancias la encomienda compuesta por 10s principales ”Perimalongo, Tongui, Catalandi, con todos sus indios principales y subjetos, que tienen su asiento en el valle de Mapocho y solian ser del cacique Villacura...” El principal objetivo de la politica reestruduradora de 10s cacicazgos llevada a cab0 por el gobernador era clarificar 10s lazos de dependencia de 10s indigenas y tomar cuenta del n h e r o de seguidores de cada cacique. Sin embargo, indirectamente las autoridades espai5olas intervenian en 10s asuntos politicos internos de 10s naturales legitimando nuevos cacicazgos con graves consecuencias 40

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