PRIMER SOCIALISMO CONTEMPORÁNEO

Sin embargo, “sus alternativas, tan pronto balbucientes y confusas .... Élise Fleury la bordadora; Béranger les dedica su “Hada de las rimas”; Hugo les felicita.
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Pietro Cavallero Mateu Historia Moderna y Contemporánea Instituto de Profesores “Artigas” Profa. Lourdes Peruchena 6 de setiembre de 2013

PRIMER SOCIALISMO CONTEMPORÁNEO “El utopismo (…) ha ejercido una gran influencia sobre los acontecimientos de los últimos ciento y pico de años. Se cuenta entre las fuentes originarias de una fuerza histórica tan actuante como el marxismo (…) Fue igualmente expresión y acicate de la conciencia social. Walter Theimer (1960)

Definición1: Los primeros socialistas2 contemporáneos forman parte de una generación heterogénea de pensadores y activistas europeos de distintos orígenes sociales que en la primera mitad del siglo XIX, reflexionan sobre los problemas sociales de la época, critican duramente el orden establecido y proponen diversas alternativas de acción reformadora. Son los primeros en identificar la “cuestión social” en las dimensiones propias de una época signada por las consecuencias políticas de la Revolución Francesa y las transformaciones socio-económicas de la Revolución Industrial. Según Annie Kriegel estos socialistas “utópicos” “proponen su idea de libertad y de comunidad armoniosa”. Sin embargo, “sus alternativas, tan pronto balbucientes y confusas como audazmente elaboradas, se reparten en un amplio abanico doctrinal, pero podemos distinguir dos direcciones principales. Unos, movidos por el horror de la nueva sociedad industrial, rechazan en bloque los efectos del maquinismo y sueñan con una idílica vuelta a la tierra; allí, los obreros, convertidos de nuevo en trabajadores agrarios, serían regenerados por las virtudes del campo y de la naturaleza en el marco comunitario del pueblo y el taller. (…) Por el contrario, otros socialistas adoptan una posición modernista. Aceptando resueltamente la industrialización, buscan la solución racional de la producción y del intercambio.” 3 Pese a los debates historiográficos sobre el grado de uniformidad de esta primera corriente socialista, Gareth Stedman sostiene que más allá de las evidentes diferencias 1

Tanto en el campo sociológico como en el historiográfico fue definido de muchas maneras, entre otras: socialismo “utópico”, socialismo “romántico” o “literario”, socialismo “pre-marxista” o “pre-científico”, socialismo “idealista”, socialismo “humanista-solidarista”, socialismo “reformista” o “paternalista”, socialismo “mutualista” o “cooperativo”, socialismo “profético”. Ciertamente, las adjetivaciones contiguas a las conceptualizaciones igualmente varían, se habla, pues, de socialismo: “pionero” o “fundador”, “prematuro”, “espontáneo”, “ingenuo” o “inocente”, “impolítico”… 2 “En sentido amplio, el término designa todas aquellas corrientes de pensamiento hostiles a la teoría y a la práctica del individualismo burgués y que privilegian el momento social, público o colectivo en la organización de la vida económica y política de la sociedad.” José Aricó. En DI TELLA, Torcuato. (2001) Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas. Buenos Aires: Emecé/Ariel. 3 KRIEGEL, Annie. (1984) Historia general del socialismo. Barcelona: Destino.

entre los teóricos “a finales del decenio de 1820 y principios del de 1830 ya existía un sentido de plataforma socialista común que reconocían tanto los propios socialistas como sus oponentes.” 4 Este autor dice que cuando nos encontramos frente al tema del socialismo “utópico” tendríamos que establecer de nuevo la integridad del discurso “socialista” en su fase inicial, sin imponerle conceptos anacrónicos, es decir, sin transferirle preocupaciones teóricas posteriores. Justamente el análisis que hizo Engels en su libro editado en 1880 fue el que imprimió una impronta de abordaje que ha llegado a nuestros días. Plantea Stedman “Una reconsideración del “socialismo utópico” lleva consigo la eliminación de los presupuestos teleológicos y reduccionistas que caracterizaba el enfoque de Engels. En vez de escoger ciertos elementos de interés para una teorización posterior y muy distinta del socialismo, al mismo tiempo relegando el resto a la “excentricidad” o “ingenuidad” individuales de los padres fundadores (Fourier, Owen), y en vez de suponer que desde el principio mostró una afinidad especial con el punto de vista de la clase obrera, debería hacerse un intento de establecer de nuevo la integridad del discurso “socialista” en su fase inicial, sin imponerle anacrónicamente preocupaciones posteriores.”5

Repaso conceptual (siglo XIX) Década de 1820. Socialismo era sinónimo de la doctrina saint-simoniana (socialismo en contraposición directa al individualismo radical burgués) También se comienza a denominar “socialistas” a aquellas personas dedicadas al estudio de los fenómenos sociales, al descubrimiento de las “leyes generales” detrás de los movimientos y las fuerzas actuantes en una sociedad. Auguste Comte (discípulo de Saint-Simon) será quien profundice teóricamente y perfeccione metodológicamente estos estudios, fundando la “sociología”. Década de 1830. Socialismo es asociada a los saintsimonistas y además a los owenianos. Robert Owen escribe en 1841 un panfleto ¿What is socialism?, en el describe algunas de sus principales ideas, y define al socialismo como el sistema de asociación cooperativa. 1839. Jerôme Blanqui escribe Historia de la Economía Política y cataloga principalmente a los saintsimonianos, los owenianos y los fourieristas como “socialistas utópicos” (aquellos pensadores que no habían analizando profundamente los principios de la economía política, por tanto sus argumentos carecían de sólidos fundamentos teóricos). 1848. Karl Marx y Friedrich Engels publican el Manifiesto del Partido Comunista y popularizan el término. Ellos denominaron “utópicos” a todos aquellos socialistas “precientíficos”. Lenin resume la posición de Marx y Engels sobre el “utopismo socialista” “Criticaba la sociedad capitalista, la condenaba y la maldecía, y soñaba con su destrucción, fantaseaba en torno a un régimen mejor y convencía a los ricos de la inmoralidad de la explotación. Pero el socialismo utópico no pudo señalar una salida 4

STEDMAN, Gareth. (1984) “Reconsideración del socialismo utópico”. En SAMUEL, Raphael. Historia popular y teoría socialista. Barcelona: Grijalbo Crítica. 5 STEDMAN, Gareth. (1984) Ob cit.

efectiva. No supo dilucidar la esencia de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, ni descubrir las leyes de su desarrollo, ni hallar la fuerza social capaz de convertirse en la creadora de la nueva sociedad”.6

1880. Engels editó su libro “Del socialismo utópico al socialismo científico”, en el que realiza una auténtica operación histórica y una caracterización ideológica: los reivindica como orígenes del socialismo (Marx había llamado a Saint-Simon y Fourier “patriarcas del socialismo”), los impugna por proponer un ideal irrealizable y los agrupa y homogeneiza a todos como un paso previo al “socialismo científico”, que sería su superación dialéctica. Claro que Engels masifica aún más el término con un valor negativo. El título del segundo capítulo nos da una clara definición del movimiento: “Los socialistas utópicos: el ideal pequeño burgués del reformismo social”. La expresión “socialismo utópico” fue incorporada semánticamente, en la perspectiva historiográfica, casi en forma unánime, aunque variaron las palabras (en lugar de “utópico”, “romántico” o “pre-científico) la esencia conceptual fue la misma. Por ello, muchos historiadores realizan un repaso de todas las prácticas y las teorías “utópicas”7 precedentes a este conjunto de pensadores. Así, el “Estado Utópico” en La República de Platón, las revueltas campesinas en la Europa medieval, Tomás Münzer y los anabaptistas protocomunistas, Tomás Moro y su Utopía (1516), los levellers ingleses y los diggers encabezados por Gerard Winstanley a mediados del siglo XVII, los escritores franceses Mably y Morel, el comunitarismo de Rousseau… son vistos como ejemplos que contribuyeron a la formación de una base retórica de la que se nutrió el socialismo “utópico”. No obstante, los “utópicos” contemporáneos se ven atravesados por peculiares contextos que los influyen particularmente. En este sentido, la asociación “retrolexical” (esto es, por ejemplo, llevar los conceptos de las “utopías” temprano contemporáneas al pasado medieval o renacentista) puede generarnos falsas imágenes que efectivamente no encuentran un reflejo en sus realidades históricas. En virtud de ello, aunque inevitablemente termine mencionándolo como “socialismo utópico” prefiero llamarlo primer socialismo contemporáneo, de este modo me libero, en cierto sentido -por lo pronto terminológicamente-, de la pesada y prejuiciosa tradición negativa.

Influencias Socialistas franceses. Iluminismo, Revolución política de 1789, Romanticismo, Cristianismo, Incipiente industrialización. Socialistas ingleses. Puritanismo, Utilitarismo, Consecuencias sociales de la Revolución Industrial (aceleración del proceso de cambio tecnológico), Influencia revolucionaria francesa. En general, reciben una gran influencia de la economía política inglesa: Adam Smith y David Ricardo. Especialmente éste último, sin ser exactamente su finalidad, en su obra Principios de la economía política y tributación (1817) proporcionó argumentos a los pensadores socialistas (Teoría del valor y del reparto, leyes que determinan los salarios, leyes que determinan los precios de venta de los productos, la determinación de la renta) 6

Citado en ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA URSS. (1959) Historia de las Ideas Políticas. Buenos Aires: Cartago. 7 El concepto “Utopía” se concibe a la luz de la obra de Tomás Moro, quien hace referencia a dos vocablos griegos con esta palabra: utopía (ningún lugar) y eutopia (buen lugar).

Jean Touchard plantea muy sintéticamente los distintos contextos: “La primera mitad del siglo XIX ve nacer, en los países más industrializados de Europa, numerosas doctrinas de reforma social que difieren profundamente de las utopías humanitarias o de las efusiones sentimentales del siglo XVIII, Así como de la “Conspiración de los Iguales”. Los autores del siglo XIX se encuentran ante un inmenso problema que no se les había planteado ni a Mably, ni a Morelly, ni a Babeuf, ni a los lejanos precursores del socialismo: las consecuencias sociales de la revolución industrial.” “Esta revolución comienza en Inglaterra durante el siglo XVIII, en tanto que la transformación de la economía francesa es mucho más lenta. En la época en la que escriben Saint-Simon, Fourier, Buchez, Louis Blanc, Blanqui y en la que Proudhon elabora lo esencial de su obra, Francia no vive todavía la gran fiebre de industrialización que se manifestará bajo el Segundo Imperio. El socialismo inglés – especialmente el de Owen- da pruebas, por el contrario, de un íntimo conocimiento de las realidades industriales, que los teóricos franceses están lejos de poseer.” 8

Papel de los escritores y los artistas Aunque la gran mayoría se detuvo en el plano de la descripción y la crítica indirecta y llana, algunos artistas y escritores europeos contribuyeron a denunciar entre muchos sectores sociales la feroz realidad derivada de los excesos y las injusticias del capitalismo, reclamando para ello una pronta “corrección”. Robert Schnerb hace una interesante selección de autores y obras: “Poetas y artistas creen en la misión del cuarto estado. Olinde Rodríguez, el banquero saintsimoniano, reúne en 1841 las “Poesías sociales de los obreros”, las de Claude Desbeau el sombrerero, de Louis Festeau el relojero, de Lapointe el zapatero, de Élise Fleury la bordadora; Béranger les dedica su “Hada de las rimas”; Hugo les felicita y asegura: “todos nosotros somos obreros, Dios comprendido, y en vosotros el pensamiento trabaja aún más que la mano”. Leconte de Lisle publica varios poemas en La Phalange; Liszt compone para el piano una pieza que titula Lyon y que dedica a los tejedores de seda revolucionarios; Lamartine les consagra una de sus “Harmonies” y se alaba en la Cámara de ser el único representante de los desheredados. Varios escritores de la Joven Alemania, un Börne, un Freiligrath, expresan las reivindicaciones populares. La miseria obrera inspira a Thomas Hodd “El canto de la camisa”, a Elliot sus “Corn law Rhymes”, a Dickens las escenas más tiernas de sus “Tiempos difíciles”, a Disraeli, en “Sibyl”, páginas inspiradas en el deber de la Gentry, que es el de sostener al pobre contra el burgués sin entrañas, Herzen decide a Bielinski a la renuncia del arte por el arte y a amar al pueblo “a lo Marat”. Eötvös predica la emancipación de los judíos y la supresión del sistema feudal en Hungría. La pintura de ambientes miserables se hace trágica, precisamente cuando las costumbres de los trabajadores acababan de ser idealizadas por los primeros románticos, por Heine aún en su “Viaje al Harz”. No debemos pedirles un programa de reformas; pero ponen el dedo en la llaga.”9

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TOUCHARD, Jean. (1975) Historia de las ideas políticas. Madrid: Tecnos. SCHNERB, Robert. (1960) El siglo XIX. El Apogeo de la Expansión Europea (1815-1914). Volumen VI en CROUZET, Maurice. Historia General de las Civilizaciones. Barcelona: Destino. (Subrayado mío) 9

Características generales (algunos presupuestos comunes) 1.- Su concepción antropológica: el hombre es esencialmente bueno. Walter Montenegro plantea que todos los socialistas utópicos “comparten la noción de que el hombre es fundamentalmente bueno y que atesora en su naturaleza ricos elementos germinales de sociabilidad y cooperación.”10 2.- Reaccionan contra el individualismo radical burgués. Relacionado con el punto anterior Montenegro explica que “El exasperado sentimiento posesivo que nace de la propiedad privada a la que se rinde culto casi religioso, el apetito de lucro, el impulso competitivo, y otras condiciones incubadas por la sociedad capitalista, pervierten al hombre y entorpecen la marcha de su perfeccionamiento y su felicidad. Por consiguiente, dicen los utopistas, basta con apelar a aquella naturaleza fundamentalmente propicia para anular las influencias corruptoras del medio y producir la gran reforma social.” 11

3.- Buscan refundar la sociedad dentro del marco del sistema capitalista. Uno de los puntos controversiales, que varía según el pensador, es el de la propiedad privada. 4.- La nueva sociedad será resultado de la razón y de la reflexión. Será la ciencia aplicada la que libere a la sociedad de los males de la ignorancia. Hasta ese momento, dicen estos socialistas, los hombres han vivido en un estado “artificial” (la concepción de la competencia como motor de progreso), sólo basta comprender que a la sociedad en el plano más subrepticio la rigen una serie de leyes (iguales a las naturales) que imponen la vida en armonía. La artificialidad radicaba para ellos en la explotación, siendo “lo natural” la concordia y la fraternidad. “En el nuevo orden político la organización social debe tener como fin constante y primordial la aplicación de los conocimientos adquiridos en el campo de la ciencia, de las artes y de los oficios, para el logro de la mejor satisfacción de la necesidad del hombre… Los hombres deben proponerse mejorar tan rápidamente y plenamente como sea posible, la existencia moral y física de la clase más numerosa.” (Saint-Simon)

No olvidemos que una de las primeras acepciones del término “socialistas” era aquella que definía a los “estudiosos de los fenómenos sociales” (antecedentes de los “sociólogos”). Muchos de ellos pensaron que estaban fundando una nueva ciencia social, cada uno “ambicionaba ser el Newton de la esfera humano/social.” 12 Hacia mediados del siglo XIX, se produjo una escisión originaria entre la sociología (saber para conservar el orden social) y el socialismo (saber para transformar el orden social).13 Además de la innegable y en ocasiones detallista capacidad de “fabulación” (imaginar y forjar proyectos de mejora social), los primeros socialistas contemporáneos han 10

MONTENEGRO, Walter. (1977) Introducción a las doctrinas político-económicas. México: Fondo de Cultura Económica. 11 Ídem. 12 STEDMAN, Gareth. (1984) Ob. cit. 13 LAPASSADE, George, LOURAU, René. (1981) Claves de la sociología. Barcelona: Laia. Los socialistas, tanto “utópicos” como “científicos”, estaban comprometidos en poner de relieve la necesidad de cambios sociales de mayor o menor calado, dependiendo de las circunstancias de cada contexto.

dispuesto de un fino sentido para captar la realidad, sobre todo los aspectos más problemáticos que ellos pretendían reformar, o cuando menos denunciar. “Aunque resulte paradójico, los grandes utopistas han sido también grandes realistas… Se caracterizan … por su propensión a centrar toda la atención sobre un aspecto concreto del mundo, dejando muchas otras cosas en la penumbra. Pero, una vez que han emprendido el estudio de una cara de la realidad, suelen comprender dicha cara con una clarividencia poco común.”14

5.- Hacen hincapié en la esfera moral/ideológica, como base determinante de todos los demás aspectos del comportamiento humano. Es a esta esfera a la que hay que aplicar la razón, ambicionando convertirla en objeto de una ciencia exacta que resuelva el problema de la armonía social. Sin embargo, como dice Louis Althusser “… por una parte proponen objetivos socialistas a la acción de los hombres, pero por otra parte están basados en principios no científicos, principios de inspiración religiosa, moral o jurídica, es decir sobre principios ideológicos. Esta naturaleza ideológica repercute en los medios de acción a emplear para conseguir los fines: hablan del reino de la igualdad y de la fraternidad de los hombres y traducen estos principios morales y jurídicos en principios económicos tan ideológicos como los anteriores.”15

Ciertamente una característica notable es la ausencia de una esfera de conflictos específicamente económica en su diagnosis de la situación del momento.16 El énfasis está puesto en las formas de comportarse de los grupos socialmente acomodados frente a las desigualdades del sistema (no es la lógica del sistema sino son las personas que explotan las que hay que transformar, en palabras de Fourier “humanizándolas”) 6.- No conciben la “lucha de clases”. Siguiendo el punto anterior, los socialistas “utópicos” veían el núcleo del conflicto social en la competencia. José Aricó arguye que para estos teóricos es medular “el reconocimiento de que la felicidad y el bienestar general eran incompatibles con cualquier orden social basado en la competencia y no en el principio de cooperación entre los hombres….”17 Gareth Stedman desarrolla esta idea en los siguientes términos: …la competencia se consideraba un fenómeno ideológico con efectos económicos, más que un fenómeno económico con efectos ideológicos. La competencia gobernaba la economía, pero no nace de la economía, ni se limita a ella. El campo social es un campo de antagonismo entre hombre y mujer, rico y pobre, católico y protestante, nación y nación, hombre y hombre. La competencia es sólo la manifestación más notable de cómo la potencialidad humana en cada esfera se ve frustrada por instituciones e ideologías que promueven el individualismo.18

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MANUEL, F.E. y MANUEL, F.P. (1981) El pensamiento utópico en el mundo occidental. Madrid: Taurus. ALTHUSSER, Louis. (1968) La filosofía como arma de la revolución. México: Siglo XXI. 16 STEDMAN, Gareth. (1984) Ob. cit. 17 En DI TELLA, Torcuato. (2001) Ob. cit. 18 STEDMAN, Gareth. (1984) Ob. cit. 15

Tenían la convicción de que era posible la armonía social de las distintas clases (ellos identifican ciertas “clases” o “grupos sociales” pero no en la forma antagónica con la que las definirán los socialistas “científicos”). No conciben la pugna capital-trabajo, por lo tanto no llaman a la lucha obrera.19 En este sentido, los socialistas “científicos” acusarán a los “utópicos” de renunciar a un análisis objetivo de la realidad social.20 7.- Apuestan a las reformas sociales. Creen que las injusticias sociales tienen que subsanarse pero en base a reformas lentas y pacíficas. Lo que corresponde mejorarse son las condiciones de trabajo, vivienda, higiene, educación, salarios, reducción del horario, trabajo infantil y femenino. Animaron experiencias sociales famosas: fábricas, escuelas, colonias experimentales, editoriales, cooperativas de producción, distribución y consumo, sindicatos, periódicos, revistas… Por ello, dijo Edouard Dolléans que esta corriente tenía “…tanto sentido práctico en sus actos como quimeras en su pensamiento”.21 8.- Las reformas sociales son independientes de las acciones políticas y de la toma de poder. En general, estas reformas sociales en los ámbitos antes mencionados no tenían un directo correlato con reivindicaciones de tipo político. 9.- Proyectan sus pensamientos sobre todo hacia los burgueses, y especialmente hacia los burgueses filántropos. Afirmaban que las capas medias, sobre todo aquellas personalidades más acaudaladas, debían ser la vanguardia del movimiento. Ellos eran quienes tenían el poder de cambiar el estado de opresión social. También apostaron a comprometer al Estado con los proyectos de reformas. Pensemos que entre los “utópicos” descubrimos: nobles, médicos, maestros, abogados, comerciantes, pequeños y medianos propietarios. Marx dice que este es un “movimiento clasista”, de un solidarismo indulgente y reciamente conservador. Esto explica, en parte, por qué, como señala Touchard, “estas primeras formas de socialismo nunca fueron verdaderamente populares”, es decir, no prendieron en las gruesas capas sociales más necesitadas y menos ilustradas porque no las incluyeron dentro del conjunto de los mentores de las reformas. Saint-Simon creía que las reformas sociales sólo se implementarían con un proyecto estadocéntrico conducido no directamente por burgueses sino por un consejo de científicos (tecnócratas). Owen apuntaba a la “filantropía patronal”, mediante un empresariado ilustrado, aunque también en algunos manuscritos expresa que sin el apoyo del Estado a los empresarios sería imposible reformular la situación social. Louis Blanc postuló la creación de talleres nacionales por el Estado, al que concebía como un ente neutral ante el conflicto entre patrones y obreros. Ya hacia las primeras décadas del siglo XX las clases obreras, con sus largas, agotadoras y muy mal remuneradas jornadas laborales, se hallaban en una estremecedora situación. No se firmaban contratos ni existía sistema alguno de protección, por lo que los 19

GODIO, Julio. (1971) Los orígenes del movimiento obrero. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. NAIR, Sami. (1973) “El socialismo utópico o el pensamiento de la separación absolutista”. En CHÂTELET, François (dir.). Historia de la filosofía. Ideas, doctrinas. Madrid: Espasa Calpe. 21 DOLLÉANS, Edouard. (1936) Histoire du mouvement ouvrier. Tomo I. 1830-1870. París: Librairie Armand Colin. 20

trabajadores podían ser despedidos o penalizados según el criterio de los patronos. Algunos de los primeros socialistas plantearon superar esto con la “humanización” de los empleadores y con la ayuda de marcos legaliformes, impuestos desde el Estado.22 10.- Estiman fundamental la acción de propaganda. Pensaban que la “verdad” sobre la armonía social sería comprendida por todo el mundo, pero no siempre aparece a primera vista. Para ello, alcanza poner en marcha algunas demostraciones de lo que sería la nueva sociedad, aunque fueran parciales (como por ejemplo los falansterios fourieristas o las cooperativas owenianas), para que toda la intelligentzia y la opinión pública se volcaran a sus propuestas. La sociedad puede ser reformulada a partir de una comunidad ejemplar. Aunque no fueron sus acciones concretas ejemplos que se hayan expandido, con estas intervenciones “parciales”, se inicia un desarrollo continuo en la esfera del pensamiento socialista que intenta conectarse con la realidad. Precisamente, la importancia de las propuestas de los primeros socialistas contemporáneos estriba en el tímido aunque creciente vínculo entre las ideas y los movimientos que tratan de darle expresión práctica. 11.- La educación de todos los sectores sociales es el medio socializante por excelencia. George Cole señala “Así, pues, socialismo, tal como la palabra se empleó primero, significaba ordenación colectiva de los asuntos humanos sobre una base de cooperación, con la felicidad y el bienestar de todos como fin, y haciendo resaltar no la «política», sino la producción y la distribución de las riquezas y la intensificación de los influjos «socializantes» en la educación de los ciudadanos a lo largo de toda su vida mediante formas cooperativas de conducta, en contra de los de la competencia, y mediante actitudes y creencias sociales. De aquí se sigue que todos los «socialistas» estaban profundamente interesados en la educación, y consideraban una buena educación social como un fundamento de los «derechos del hombre».”23

12.- En algunos autores encontramos vínculos con la religión cristiana. El historiador Robert Schenrb titula a la generación de los “utópicos”: “El romanticismo social y los profetas de una colectividad más justa”, y resume, sobre el vínculo de sus ideas con la doctrina cristiana: “Verdaderamente, la injusticia social conmueve a los hombres de corazón. El vacío espiritual truécase poco a poco en efusión humanitaria y el romanticismo nacional se estremece al pensar que la llamada de la Patria puede encontrar ciudadanos indiferentes. Abundan las sectas innovadoras. Tienen sus cánticos, sus órdenes, incluso sus ritos; se autoconsideraban brotadas del cristianismo, pero hacen descender a Dios sobre la tierra y representan a Jesús como un descamisado, un proletario. Ya que la Buena Nueva debe ser otra vez anunciada en espera de un gran acontecimiento.” 22

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Gran Bretaña dictó sus primeras leyes reguladoras del trabajo en 1833, Prusia en 1839, Francia en 1841 y Estados Unidos en 1848. 23 COLE, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista: I. Los precursores, 1789-1850. México D. F: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. 24 SCHNERB, Robert. (1960) Ob. cit.

Ciertos pensadores anuncian el “reino de Dios” sobre la Tierra, el advenimiento de una era de virtud y de felicidad, repiten sin cesar que los “tiempos están próximos”. Esto no quiere decir que existió una alianza entre la Iglesia y estos primeros socialistas. Muy por el contrario, algunos critican duramente el estancamiento moral de las Instituciones religiosas (especialmente la católica), lo que “predican” algunos “utópicos” es la aplicación práctica de los principios del cristianismo como el amor fraterno, el respeto al prójimo… En este sentido, ellos critican el desmedido afán de lucro (unido a la temible usura) como agente perturbador de la armonía social. 13.- También se puede establecer una estrecha relación entre el socialismo y el feminismo. El ya citado historiador Schenrb señala que con los utópicos “la mujer, adulada pero socialmente oprimida, precisa con mayor claridad sus reivindicaciones.”25 Continúa ejemplificando: “La hipocresía de las convenciones es ásperamente denunciada por las hermanas Brontë; el ejemplo de una existencia fracasada, es descrito por Flora Tristán, hija bastarda y mujer mal casada. Los saintsimonianos insisten sobre la liberación de la compañera del hombre. Desdeñando los sarcasmos, George Sand y Daniel Stern reivindican los derechos de la mujer a la instrucción y los derechos de la mujer ciudadana. En 1848, los clubs de mujeres piden la igualdad en los sexos y la unión basada en el amor.”

La historiadora Barbara Taylor parafraseada en el capítulo de Gareth Stedman ha estudiado lo femenino y el rol de las mujeres en el movimiento oweniano. Taylor opina que el motivo de este vínculo podría residir en que lo femenino coincide con el principio de cooperación humana mientras que lo masculino privilegia el principio de competencia (causa moral de todos los males sociales). Además, las mujeres fueron referidas como agentes cuya función fundamental era la de educar a los niños en las virtudes de la fraternidad y la cooperación humanas.

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Idem.

BIBLIOGRAFÍA COLE, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. Tomo I. Los precursores, 17891850. México: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. DROZ, J. (dir.) (1976) Historia general del socialismo. Volumen I De los orígenes a 1875. Barcelona: Destino. GODIO, Julio. (1971) Los orígenes del movimiento obrero. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. KRIEGEL, Annie. (1984) Historia general del socialismo. Barcelona: Destino. LAPASSADE, George, LOURAU, René. (1981) Claves de la sociología. Barcelona: Laia. MANUEL, Frank Edward; MANUEL, Fritzie Prigohzy. (1981) El pensamiento utópico en el mundo occidental. Madrid: Taurus. MONTENEGRO, Walter. (1977) Introducción a las doctrinas político-económicas. México: Fondo de Cultura Económica. NAIR, Sami. (1973) “El socialismo utópico o el pensamiento de la separación absolutista”. En CHÂTELET, François (dir.). Historia de la filosofía. Ideas, doctrinas. Madrid: Espasa Calpe. SABINE, George. (1945) Historia de la Teoría Política. México: Fondo de Cultura Económica. SCHNERB, Robert. (1960) El siglo XIX. El Apogeo de la Expansión Europea (1815-1914). Volumen VI en CROUZET, Maurice. Historia General de las Civilizaciones. Barcelona: Destino. STEDMAN, Gareth. (1984) “Reconsideración del socialismo utópico”. En SAMUEL, Raphael. Historia popular y teoría socialista. Barcelona: Grijalbo Crítica. THEIMER, Walter. (1960)Historia de las Ideas políticas. Barcelona: Ariel. TOUCHARD, Jean. (1975) Historia de las ideas políticas. Madrid: Tecnos. Diccionarios BOBBIO, Norberto; MATTEUCCI, Nicola. (1987) Diccionario de Política. México: Siglo XXI. DI TELLA, Torcuato. (2001) Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas. Buenos Aires: Emecé/Ariel. Existe excelentes estudios (a nuestro alcance) sobre la influencia de los “utópicos” en Latinoamérica y en el Uruguay escritas respectivamente por los historiadores uruguayos Carlos Rama y Arturo Ardao. RAMA, Carlos. (1977) El utopismo socialista en América Latina (1830-1893). Caracas: Biblioteca Ayacucho. ARDAO, Arturo. (1994) Filosofía Pre-universitaria en el Uruguay. De la Escolástica al Socialismo Utópico. 1787-1842. Montevideo: Fundación de Cultura Universitaria. No fueron obras consultadas para la realización de este trabajo, pero vale mencionarlas. ÁGUILA TEJERINA, R. D. (2002) “El socialismo utópico”. En VALLESPÍN, F. (dir.): Historia de la Teoría Política, Tomo IV. Madrid: Alianza. VALENCIA, A. (2008) “La génesis del socialismo. Los socialistas utópicos”. En DELGADO, S. y JIMÉNEZ, J.F.: Introducción a la Historia de las Ideas Políticas Contemporáneas. Granada: Universidad de Granada.