Ouro Preto, de casualidad

9 ago. 2009 - Minas Gerais durante muchos años. La ciudad tenía dos universidades: la de Minería y la de Odontología. Como está en una zona montañosa ...
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Turismo

Domingo 9 de agosto de 2009

EL MUNDO EN PRIMERA PERSONA

LA NACION/Sección 5/Página 13

Por Luis Brandoni

Ouro Preto, de casualidad Por un vuelo postergado, el actor visitó esta ciudad brasileña que lo deslumbró Cuando era muy jovencito y alumno del Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico viajé a Brasil en el último curso, gracias a un acuerdo que habían firmado los presidentes Arturo Frondizi y el brasileño Jânio Quadros. Lamentablemente, mientras estábamos en Brasil renunció Quadros y el avión en el que debíamos volver no despegó. Por este incidente nos quedamos dos semanas más. Y gracias a Saulo Benavente, que era escenógrafo y profesor nuestro, y a la colaboración de un mecenas de Río de Janeiro, que se llamaba Pascual Carlos Magno, logramos ir unos días a un lugar que, nos dijeron, era una maravilla. Así viajamos a Ouro Preto, que había sido capital del estado de Minas Gerais durante muchos años. La ciudad tenía dos universidades: la de Minería y la de Odontología. Como está en una zona montañosa era bastante lógico que estuviese ahí la Universidad de Minería. En cambio, la de Odontología se explica sólo porque Ouro Preto es la ciudad de Tiradentes, como le decían a un dentista que en época de la Colonia encabezó, junto con otros diez o doce patriotas, la primera rebelión contra el imperio lusitano, donde fue asesinado.

Cinco días inolvidables Al llegar a esta ciudad, declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1980, nos encontramos con algo extraordinario. Una urbe de comienzos del siglo XVIII que permanecía intacta no sólo por sus construcciones, plazas y monumentos, sino también por sus calles empedradas. Y como era una ciudad muy accidentada, con subidas y bajadas, el empedrado

tenía incrustadas unas tablas perpendiculares a la calle, de las cuales se valían los caballos para trepar las cuestas. En Ouro Preto se encuentra, además, la mayor parte de la obra de un artista barroco extraordinario que fue el

Alejandrinho (1738-1814), un mestizo, hijo de una esclava negra y un señor del lugar, que vivió ahí y fue un pintor, tallador y escultor descomunal, de una dimensión histórica y artística destacada. El Alejandrinho murió bastante mayor. Padecía lepra y en sus

últimos años le ataban el cincel y el martillo a las manos para trabajar, porque no los podía sostener. Como característica principal, sus figuras masculinas tienen la barba partida en la pera por la mitad. Como una raya al medio, digamos. En fin, pasé en Ouro Preto unos cinco días inolvidables, de los cuales me quedó una impresión muy grande. Entonces yo no conocía otros países y sólo unos años después, cuando viajé a Europa con la Comedia Nacional Argentina, me di cuenta de la riqueza cultural de este lugar, semejante a una gran escenografía distinguida por sus calles accidentadas y edificios con fuerte reminiscencia del estilo colonial portugués, pero con las particularidades de ese país, presente por ejemplo en el colorido de las casas. Desde entonces siempre deseé volver y pude hacerlo en enero de 2007, con mi esposa. Es decir 46 años después. Por supuesto, la encontré un poco más afectada por la presencia turística y la construcción de algunos hoteles de categoría, pero aún conservaba intacta su vida armónica, relajada, que recrea una atmósfera apacible, de otros tiempos. En fin, yo no he viajado demasiado en mi vida. La mayor parte de mis viajes los hice gracias a mi profesión. Y siempre me provocaron una sensación muy particular, que podría expresar metafóricamente como si mi capacidad de percepción se hubiera expandido, como si al viajar se me abrieran los poros y la imaginación volara un poco más. Una especie de sobrepercepción que tiene uno, a la que lo dispone un viaje. El autor es actor.