Octavio Paz, el escritor en su laberinto

28 mar. 2014 - Octavio Paz, el escritor en su laberinto. Centenario.El 31 de marzo habría cumplido cien años uno de los poetas y ensayistas más destacados ...
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8 | ADN CULTURA | Viernes 28 de marzo de 2014

Octavio Paz fue un actor central de la cultura latinoamericana del siglo XX afp

Octavio Paz, el escritor en su laberinto Centenario. El 31 de marzo habría cumplido cien años uno de los poetas y ensayistas más destacados de las letras hispanoamericanas. Ganador del Nobel de Literatura, su estética y su pensamiento despertaron amores y odios, y gravitaron de manera decisiva en la cultura mexicana Santiago Estrella G. | el comercio, de quito gda

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Quito

ecían los mexicanos que el mayor problema de la cultura de su país era que descansaba en Paz. Se trataba de una pieza magistral de humor para explicar el carácter inevitable, predominante y polémico del poeta octavio Paz, de cuyo nacimiento se cumplen cien años este 31 de marzo.

Premio Nobel en 1990, Paz no tuvo el privilegio de llenar un estadio de fútbol como sí lo hizo su amigo Pablo Neruda, un año después de haberlo ganado en 1971. Muchos dirán que se trató del nacionalismo exacerbado porque los pueblos festejan los triunfos de los individuos como si fueran propios. Seguramente, a Paz no le hubiera interesado aquello. En su

labor de poeta y pensador de la poética (entendida ésta como efecto y experiencia estéticos), nunca tuvo un conflicto con aquello de “un arte para pocos”, que no es otra cosa que “la libre respuesta de un grupo que, abierta o solapadamente, se opone ante un arte oficial o la descomposición del lenguaje social”, según escribió en su ensayo El arco y la lira.

Por su año de nacimiento, Paz, y así lo reconoció, es “hijo de la Revolución mexicana y de la vanguardia” artística de principios del siglo XX. Las dos son el germen de su obra y también fuente de sus contradicciones y oposiciones. Nada más terrible para él que el nacionalismo mexicano, pero nada tan grave, al mismo tiempo, que el “malinchismo” (de Malinche, amante e intérprete de Hernán Cortés, el conquistador de México). En él conviven el México plural y la universalidad, el mirarse en el otro. “La otredad nos constituye –escribió en Posdata–. Somos nosotros mismos los que nos escapamos cada vez que intentamos definirnos, asirnos […]. Cada vez que afirmamos una parte de nosotros mismos, negamos otra.” El caso es que octavio Paz fue amado, venerado, pero también despreciado, tanto en lo político como en lo cultural. Los miembros del movimiento infrarrealista, con Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro a la cabeza, lo odiaban. Lo calificaban de “dictador de medio pelo”. En la novela Los detectives salvajes de Bolaño, los personajes lo consideran “nuestro gran enemigo”, un “poeta estatal” (lo que contradice aquello del arte para pocos como oposición al oficial). Por eso, el objetivo de los infrarrealistas (que en la novela serían los realistas viscerales) era “partirle su madre a octavio Paz”. Y de algún modo lo lograron. En el anecdotario de la literatura mexicana, queda la irrupción de José Luis Benítez cuando Paz dijo la palabra “luz” en un recital. El infrarrealista comenzó a gritar: “¡Mucha luz! ¡Viva la luz! ¡Yo quiero luz, que dance luz, que venga la luz!” –¿Qué tiene en contra de mí? –preguntó un Paz enfurecido. –un millón de cosas –respondió el infrarrealista, a quien apodaban Búnker. –¡Saquen a estos provocadores! –gritó Paz. En una entrevista, José Vicente Anaya, otro infrarrealista, recordaba que la disputa con Paz había surgido cuando éste manifestó su preocupación de que la poesía mexicana ya no tenía continuidad. “Entre líneas se entiende que octavio Paz estaba pidiendo poetas que lo siguieran a él”, dijo. El resultado fue que el público hizo caso al pedido de Paz. A los infrarrealistas se les cerraron las puertas en el D. F. y no pudieron publicar sus textos. Muchos dejaron la literatura; otros dejaron la ciudad. La cultura de México, entonces, descansaba en Paz. Pero muchos años después, en la Feria del Libro de Santiago de Chile, Bolaño, ya consagrado, aunque lo detestara y afirmara que mucha de la poesía “de su edad adulta es, en ocasiones, hasta infame”, reconoció en Paz al gran poeta que se animó a escribir sobre el erotismo y ser uno de los ensayistas más lúcidos de nuestra lengua. La fe revolucionaria El pensamiento político fue algo que también