Número 4 Buenos Aires - 2008

El contenido de la revista es indexado por Anthropologial Literature (Harvard University, Hollis Catalog Nº 010132040). Impreso en ...... conformación de una país que crecía mirando a ...... Tiritas de jamón o cualquier otro fiambre a elección.
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ISSN 1669-7456

Número 4 Buenos Aires - 2008

Directores Nicolás C. Ciarlo

Comité Académico Dr. Alejandro Acosta

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano

CONICET - INAPL

Irene Lantos

CONICET - Departamento de Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA

Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”

Comité Editorial Agustín Acevedo

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Asociación de Investigaciones Antropológicas

Melina Bednarz

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Centro de Arqueología Urbana

Fernando Cabrera

Dra. Elvira Inés Baffi

Dr. Luis Alberto Borrero DIPA, IMHICIHU, CONICET

Dra. Adriana Callegari

Instituto de Arqueología, FFyL, UBA

Lic. María Magdalena Frère

Instituto de Arqueología, FFyL, UBA

Dr. Luis González

CONICET - Departamento de Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA

Dra. María Isabel González Instituto de Arqueología, FFyL, UBA

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”

Dr. Daniel Loponte

Vanina Cejas

Dra. Liliana M. Manzi

Paula Granda

Dr. Javier Nastri

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Instituto de Arqueología

Jennifer Grant

Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Becaria doctoral CONICET Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano

Catriel Greco

Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Becario doctoral CONICET Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”

Joaquín Izaguirre

CONICET - INAPL

DIPA, IMHICIHU, CONICET - UBA CONICET - Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”, FFyL, UBA

Dr. Axel Nielsen

CONICET - INAPL - UNC

Dr. Daniel Olivera

CONICET - INAPL - UBA

Dr. José Antonio Pérez Gollán

CONICET - Director del Museo Histórico Nacional

Dra. Myriam Tarragó

CONICET - Directora del Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”, FFyL, UBA

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”

Dra. Beatriz N.Ventura

Julia Olub

Dra.Verónica I. Williams

Ivana Ozán

Dr. Hugo D.Yacobaccio

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”

CONICET - Instituto de Arqueología, FFyL, UBA CONICET - Instituto de Arqueología, FFyL, UBA CONICET - Instituto de Arqueología, FFyL, UBA

Ariadna Svoboda

Estudiante Lic. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA Instituto de Arqueología

Marcelo Vitores

Prof. en Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA

La Zaranda de Ideas, Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología es una publicación anual de la Sociedad Argentina de Antropología (SAA) que tiene como objetivo la publicación de los resultados de las investigaciones de estudiantes de grado y egresados recientes de carreras de arqueología o disciplinas afines. Publica artículos e informes de investigación originales que son evaluados en consulta con dos evaluadores, pudiendo ser alguno de los integrantes del Comité Académico, o bien evaluadores ad hoc. Notas breves, entrevistas y otros contenidos de la revista son evaluados por los editores. La Zaranda está incluida en el Catálogo de LATINDEX (Folio Nº 15292). El contenido de la revista es indexado por Anthropologial Literature (Harvard University, Hollis Catalog Nº 010132040). Impreso en la Argentina (2008) Número 4 - ISSN 1669-7456 Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología Sociedad Argentina de Antropología Moreno 350 (1091) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. [email protected] www.lazarandadeideas.com.ar

Auspicios Institucionales Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. Resolución Nº 1715. Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Resolución Nº 249/2004. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (UBA). Resolución Nº 3300. Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Resolución Nº 969/2004. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Jujuy (UNJu). Resolución Nº D-164/04. Instituto de Arqueología y Museo, Facultad de Ciencias Naturales e I.M.L. Universidad Nacional de Tucumán (UNT). 08/06/04. Museo Etnográfico “Juan Bautista Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, UBA. 17/05/04. Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina (AAPRA). 5/9/04. Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta (UNSa). Resolución 1261/05. Instituto de Arqueología, FFyL, UBA. 3/11/08.

Evaluadores del Número 4 Dra. María Beatriz Cremonte

Lic.Valeria Palamarczuk

Dra. Patricia S. Escola

Dra. María Luisa Ramos Sáinz

Dra. Dánae Fiore

Lic. Ana Rocchietti

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Instituto de Geología y Minería, Universidad Nacional de Jujuy Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Universidad Nacional de Catamarca Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Asociación de Investigaciones Antopológicas Universidad de Buenos Aires

Lic. Margarita E. Gentile

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA), Buenos Aires.

Dr. Facundo Gómez Romero

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) INCUAPA, Olavarría

Dr. Ricardo A. Guichón

Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires Profesora Titular de Arqueología, Universidad de Cantabria, España

Universidad Nacional de Río Cuarto

Lic. Álvaro Romero Guevara

Museo Arqueológico “San Miguel de Azapa” Universidad de Tarapacá, Arica, Chile

Dra.Verónica Seldes

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano

Dra. Gabriela Sica

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) UNHIR, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Jujuy

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Laboratorio de Ecología Evolutiva Humana, Quequén Dpto. de Arqueología, Fac.Cs.Soc. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires Dpto. de Biología, Fac.Cs.Ex. y Nat. Universidad Nacional de Mar del Plata

Lic. Patricia Solá

Dr. Salomón Hocsman

Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Instituto de Arqueología y Museo, FCNeIML, Universidad Nacional de Tucumán Instituto Superior de Estudios Sociales

Instituto de Arqueología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires

Dr. Andrés Troncoso

Dra. Beatriz N.Ventura

PROARHEP, Departamento Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Luján

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Instituto de Arqueología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires

Dr. Leandro H. Luna

Prof. Dr. Andrés Zarankin

Prof. Matilde M. Lanza

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti”, FFyL, Universidad de Buenos Aires

Dr. Guillermo Luis Mengoni Goñalons

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) Instituto de Arqueología FFyL, Universidad de Buenos Aires

Dep. de Sociologia e Antropologia, Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, Brasil

Índice

Editorial .................................................................................................................................................................. 07 Artículos Características del proceso de manufactura de las alfarerías de la Aldea Piedra Negra, correspondientes al primer milenio de nuestra era, distrito Laguna Blanca, Departamento Belén, Provincia de Catamarca Valeria Elizabeth Espiro ............................................................................................................................... 09 Cuantificando ausencias. Aspectos demográficos de las poblaciones aborígenes pampeanas (1877-1879) Julio César Augusto Spota .......................................................................................................................... 27 Preservación de restos óseos humanos. Análisis de una muestra fetal contemporánea Rocío García Mancuso ................................................................................................................................. 43 Análisis de las prácticas funerarias en el sector sur de la necrópolis de La Ciénaga (Prov. de Catamarca, Argentina) Leandro Fantuzzi ........................................................................................................................................... 55 Materias primas y estrategias tecnológicas: un acercamiento al comportamiento de cazadoresrecolectores tempranos de la Puna salteña, ca. 10.000-8.000 AP Federico Restifo ............................................................................................................................................. 77 De provisiones y consumos urbanos: la comida en La Boca Karina Vanesa Chichkoyan ......................................................................................................................... 91 ¿Circulación de símbolos? Calabazas pirograbadas en el Tardío Florencia Ávila y Verónica Puente ............................................................................................................. 109 Informes de Investigación Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra. Informe de campaña año 2007 Daniel E. Olivera, Alejandra M. Elías, Pedro Salminci, Pablo Tchilinguirian, Lorena G. Grana, Jennifer Grant, Paula Miranda ................................................................................................................... 119 Notas Medio siglo de formación académica en arqueología: avances y cuentas pendientes Paola Silvia Ramundo .................................................................................................................................. 141

El cucharín por el mango: propuesta para la aplicación de métodos reflexivos en el trabajo de campo Claudia Amuedo y Marisa Kergaravat ..................................................................................................... 147 Arqueología para todos: una aproximación a la enseñanza de arqueología fuera del ámbito académico María Isabel Capparelli, Florencia Vazquez y Jennifer Liliana Baigorria Di Scala ........................ 153 Notas acerca de una arqueología de la comida Francisco Pazzarelli ...................................................................................................................................... 157 Misceláneas Ollas y Cucharines: Recetas de campaña por Rosa Aradas ............................................................................................................................................. 165 Recursos de Internet: Arte Rupestre por Agustín Acevedo ..................................................................................................................................... 167 Desde afuera El secreto por Tamara Vainscheinker ........................................................................................................................... 170 El Arqueólogo del futuro por Leonel Klajnberg ..................................................................................................................................... 171 Rescate Humorístico por Marcelo Vitores ....................................................................................................................................... 174 Normas Editoriales ............................................................................................................................................. 176

Editorial Cada página siete de un nuevo número de La Zaranda nos pone en el compromiso de hacer una evaluación de lo hecho durante el año de trabajo editorial; revisar los resultados obtenidos, los temas pendientes y los aspectos para corregir. Este ejercicio grupal se da en tiempos en que se conmemoran los cincuenta años de la creación de la carrera, instancia también propicia para la reflexión general de la comunidad académica sobre la arqueología como ciencia, su desarrollo disciplinar y su vinculación con la sociedad. A pesar de acusar unos jóvenes 4 años, nos permitimos realizar también un breve balance y hacerlo extensivo a todos ustedes. El haber llegado hasta acá, el tener cuatro números en la calle, es resultado de un arduo trabajo llevado a cabo por todos los involucrados que de ninguna manera puede darse sin la existencia asimismo de un público interesado, que acompañe. Sabíamos desde el inicio que no sería una tarea fácil, que el reconocimiento de nuestra publicación se daría con el tiempo, y también somos conscientes de que hay que seguir trabajando, asumir nuevos desafíos y lograr que la revista continúe existiendo más allá del grupo editorial actual. Dentro de todo lo realizado, queremos destacar algunos aspectos. En primer lugar, poder mantener y acrecentar el grado de interés de los investigadores en publicar sus artículos en la revista, es una demostración de confianza. Circunstancia que nos reconforta y provee de energías para la edición de los próximos números. Dicha confianza se nos brinda como recompensa y es fruto a su vez del trabajo a conciencia y del respeto por el sacrificio -propio y ajeno- puesto en la revista.Todo esto, con el propósito de alcanzar los requisitos solicitados, a fin de que los artículos, informes y notas sean valorados posteriormente del modo más adecuado, tanto como fuente de información como en el ámbito académico curricular. La inclusión de La Zaranda en el Catálogo de LATINDEX y su indexación en Anthropological Literature (Harvard University), implican el haber alcanzado estándares de calidad editorial y es un indicio más del buen sendero por el cual hoy transitamos. En segundo lugar y unido a lo expresado anteriormente, la cantidad y variedad de artículos, informes y notas presentados se incrementan en cada numero, situación que nos alegra sobremanera pero nos pone en una difícil encrucijada, dada la limitada cantidad de páginas disponibles, de postergar para un futuro número muchos buenos trabajos, por lo cual agradecemos la paciencia, comprensión y buena voluntad de autores y evaluadores. En cuanto a la proyección de la revista y su continuidad en el tiempo, el futuro se ve asegurado (o comprometido…) al contar en este nuevo número con el ingreso en las filas editoriales de Agustín Acevedo, Melina Bednarz, Joaquín Izaguirre, Ivana Ozán, Ariadna Svoboda y Marcelo Vitores (aunque seguimos sin poder conseguir que los editores ingresantes ceben los mates); acontecer natural de los hechos, si tenemos presente que desde un principio nos propusimos ser una revista de jóvenes investigadores, y como tal, requiere de la constante renovación editorial. Mientras se dilata el enriquecimiento de los editores, para la obtención de los medios que nos permitan la publicación de la revista de manera autosuficiente, contamos una vez más con la desinteresada ayuda de jóvenes investigadores que brindan su tiempo y sus conocimientos, 7

permitiéndonos ofrecer seminarios en temáticas diversas. Durante el 2008 se dictó “Introducción a la antropología forense” a cargo de Inés Sánchez, Pablo Gallo, Celeste Perosino y Analía González Simonetto, dando la oportunidad de acercamiento a un tema doloroso que, por lo vigente, despierta gran interés. Gisela Spengler y Guillermo Rolón dictaron el seminario “Arqueología de la arquitectura. Nociones teórico-metodológicas para el estudio de la arquitectura arqueológica” y adquirimos una deuda emocional también con ellos. Queremos mencionar y agradecer muy especialmente a Valeria Espiro (Catamarca), Laura López (Córdoba), Verónica Lema (La Plata), Marco Giovanetti (La Plata), Alejandra Gasco (Mendoza), Laura Roda (Rosario), Mabel Mamani (Salta), Ezequiel Del Bel (Tucumán) y Silvina Curletto (Tucumán) que en sus respectivas facultades nos sirven de nexo en las tareas de venta y distribución, permitiendo subsanar la momentánea falta de nuestro helicóptero, actualmente en reparación. El Museo Etnográfico “J. B. Ambrosetti” es el espacio en donde realizamos muchas de nuestras actividades, incluyendo los cursos, seminarios y reuniones. Agradecemos a su directora Myriam Tarragó y a todo su personal, por abrirnos las puertas (y dejarnos salir antes de cerrarlas); un agradecimiento especial es para Yanina Soba y Micaela Pereira por toda la ayuda brindada. Asimismo, queremos agradecer a la Sociedad Argentina de Antropología por su continuo apoyo, en especial a su Secretaria Victoria Coll. No podemos dejar de lado a Paola Ramundo por su colaboración constante y por aceptar la invitación a publicar en este número una nota acerca de los 50 años de la carrera, a Ana María Flores por su asesoramiento y a los evaluadores por el tiempo y la dedicación invertida… Por supuesto, nuestro sincero agradecimiento a los autores sin cuyo aporte, interés y esmero nada de esto sería posible. Y sobre todo queremos agradecerte a vos... si a vos, por estar siempre a contraluz en mis amaneceres… (esta era la opción para todo aquel que no quería arrepentirse en un futuro). Presentado este número; pasen y vean...

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Artículos

CARACTERÍSTICAS DEL PROCESO DE MANUFACTURA DE LAS ALFARERÍAS DE LA ALDEA PIEDRA NEGRA, CORRESPONDIENTES AL PRIMER MILENIO DE NUESTRA ERA, DISTRITO LAGUNA BLANCA, DEPARTAMENTO BELÉN, PROVINCIA DE CATAMARCA Valeria Elizabeth Espiro* RESUMEN Los materiales cerámicos procedentes de Laguna Blanca (Belén, Catamarca) han sido referidos a la hora de generar síntesis regionales, cuadros temporales y para delimitar áreas culturales. Sin embargo, se ha obtenido muy poca información concerniente a los atributos tecnológicos de los mismos. En este sentido, hemos comenzado a realizar estudios tendientes a clasificar las alfarerías y reconstruir el proceso de la manufactura cerámica procedente de Laguna Blanca y perteneciente al primer milenio de nuestra era. Este artículo parte de una concepción de los materiales cerámicos como integrantes de la cultura material de una sociedad. Los mismos fueron manufacturados como parte de un proceso tecnológico dinámico, que involucró a los aspectos materiales y a las personas que tomaron parte en su producción, uso y abandono. Desde esta perspectiva se llevaron a cabo tres niveles consecutivos de análisis sobre las alfarerías (macroscópicos, sub-macroscópicos y microscópicos). Los resultados generados a partir de nuestra investigación permitieron realizar una caracterización tecnológica del proceso de manufactura de los materiales cerámicos y a su vez avanzar en interpretaciones sobre el papel de los mismos dentro de la unidad doméstica. Palabras clave: Manufactura cerámica - Petrografía - Tecnología - Sociedades agroalfareras ABSTRACT The ceramics coming from Laguna Blanca (Belén, Catamarca) have been recounted at the moment of generating regional syntheses, temporary schemes and to delimit cultural areas. Nevertheless, there has been obtained very little information relating to the technological attributes of this pottery.We have begun to realize studies tending to classify the potteries and reconstruct the process of the ceramic manufacture proceeding from Laguna Blanca and belonging to the first millennium of our age. This paper departs from a conception of the ceramic as integral materials of the material culture of a society. These materials were manufactured by means of a technological dynamic process, which involved the material aspects and the persons who took part in its production, use and abandon. From this perspective three consecutive levels of analysis were carried out on the potteries (macroscopic, sub-macroscopic and microscopic). The results generated from our research allowed to realize a technological characterization of the process of manufacture of the ceramic materials and in turn to advance in interpretations on the role of these inside the domestic unit. Key words: Pottery Manufacture - Petrography - Technology - Farms societies * CONICET, Escuela de Arqueología, Instituto Interdisciplinario Puneño, UNCa - [email protected] Espiro, Valeria Elizabeth. 2008. Características del proceso de manufactura de las alfarerías de la Aldea Piedra Negra, correspondientes al primer milenio de nuestra era, distrito Laguna Blanca, Departamento Belén, Provincia de Catamarca. La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología 4: 9-25. Buenos Aires.

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Valeria Elizabeth Espiro -Características del proceso de manufactura de las alfarerías de la Aldea Piedra Negra...

INTRODUCCIÓN En el Distrito Laguna Blanca (Norte del Departamento Belén, Provincia de Catamarca), se han registrado cantidades extraordinarias de fragmentos y varias piezas cerámicas asignables a los tipos La Ciénaga, Condorhuasi, Candelaria, La Aguada, San Pedro Negro Pulido y una cerámica gris pulida sin incisiones, a la que González le atribuye una procedencia local (González 1955, 1977; Albeck y Scatollín 1984; Delfino 1997, 1999, 2005; Delfino et al. 2007; Scatollín y Bugliani 2005). Las ocupaciones prehispánicas pertenecientes al primer milenio de nuestra era, que han brindado esta clase de evidencias en superficie y en excavaciones son sumamente abundantes en el distrito, contando, entre otras, con 11 agrupamientos de tipo aldeano (Delfino 1997, 1999, 2005; Delfino et al. 2007), 9 cementerios (Scatollín y Bugliani 2005), numerosos sitios de habitación y diversos tipos de estructuras funerarias aisladas, así como cuevas y aleros, muchos de ellos con petroglifos y pictografías (Delfino 1997, 1999). No obstante la abundancia de materiales cerámicos, no se han llevado a cabo análisis profundos de los mismos. Scatollín y Bugliani (2005) han realizado una descripción y análisis estilístico de una parte de las piezas pertenecientes a la colección Muñiz Barreto, relacionando los aspectos de decoración y forma con ejemplares similares de zonas aledañas. Más allá del trabajo referido, no se encuentra édito algún otro antecedente que haya tomado por objeto de análisis las cerámicas de la región de estudio. La escasez de estudios sobre estos materiales, sin embargo, no ha sido un obstáculo a la hora de constituirlos inequívocamente como referentes de la región de Laguna Blanca, integrándola acríticamente a una red de relaciones sociales dentro de diferentes modelos teóricos para interpretar el modo en que se manifestó la producción, la circulación y el consumo de bienes en el pasado de las 10

sociedades del Noroeste Argentino (Núñez y Dillehay 1978;Tarragó 1984). En estos modelos clásicos se interpretaba que la presencia de alfarerías identificadas bajo los nombres de La Ciénaga, Candelaria, Condorhuasi y La Aguada (atribuidos a los grupos de los Valles Mesotermales) y alfarerías de estilo San Pedro Negro Pulido (atribuidos a los grupos Atacameños) sería una de las evidencias de tales intercambios e interrelaciones, siendo la cerámica misma uno de los objetos intercambiables (Núñez y Dillehay 1978;Tarragó 1984). No obstante haberse empleado el material cerámico procedente de Laguna Blanca a la hora de generar síntesis regionales, cuadros temporales y para delimitar áreas culturales, se obtuvo anteriormente muy poca información referente a los atributos tecnológicos de estos materiales. En este sentido, hemos comenzado a realizar estudios tendientes a obtener una clasificación de los mismos, con el objetivo de reconstruir el proceso de manufactura cerámica procedente de Laguna Blanca perteneciente al primer milenio de nuestra era. En este trabajo presentaremos parte de los resultados obtenidos mediante nuestros análisis tecnológicos de los materiales cerámicos, obtenidos en excavaciones sistemáticas realizadas en la Aldea agroalfarera Piedra Negra, base residencial 02, situada en Laguna Blanca, en la Puna catamarqueña. CARACTERIZACIÓN DE LA ALDEA PIEDRA NEGRA Nuestras investigaciones se llevaron a cabo dentro del distrito de Laguna Blanca, el cual se encuentra entre los 66º 27’ y 67º 00’ de longitud oeste, y los 26º 15’ y 27º 00’ de latitud sur (Figura 1). La Aldea Piedra Negra se encuentra dentro del Bolsón Puneño de Laguna Blanca,

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entre la zona de La Falda y el paraje El Sauce, abarcando una superficie de 450 ha. La misma está totalmente cubierta por evidencias arqueológicas arquitectónicas de tipo productivo agrícola y de habitación1 (Figura 2). Esta aldea se ubica en el piedemonte oriental del Nevado de Laguna Blanca (sobre la coalescencia de dos conos de deyección) con su menor altitud a 3.260 msnm y la mayor a 3.608 msnm. En la actualidad, el asentamiento es atravesado por tres cursos de agua de régimen permanente, varios estacionales y escorrentías temporarias. Geomorfológicamente la aldea se ubica en el piedemonte de la Sierra de Laguna Blanca, el cual está constituido por materiales aluvionales y fluviales, éstos en su mayoría son granitos migmatíticos de colores grises y ectinitas o gneiss (provenientes de la Sierra de Laguna Blanca, Formación Chango Real)2 y algunas tobas dacíticas e ignimbritas (provenientes de los morros Ojo de Agua y El Chorro, Formación Laguna Blanca)3. También hay presencia de clastos pertenecientes a los diques de rocas hipabisales que se encuentran en la Sierra de Laguna Blanca, pegmatitas, aplitas y cuarzos (Turner 1973:73). Esta aldea agraria posee dimensiones excepcionales (Figura 3). Se trata de 52 bases residenciales (sensu Manzanilla 1986) de más de tres recintos y 43 de hasta dos recintos, con un patrón de recintos subcirculares adosados a uno o más patios (Delfino 1995, 2000), los cuales no manifiestan diferencias apreciables que lleven a pensar en algún tipo de jerarquización del sistema de asentamiento (Delfino 2005:270). La unidad habitacional Piedra Negra 02 Piedra Negra 02 (PIN 02), se ubica en el centro de la Aldea Piedra Negra, y es una base residencial integrada por 9 recintos subcirculares adosados y distribuidos alrededor de 3 recintos mayores de planta cuadrangular

Figura 1. Ubicación de Laguna Blanca.

(Figura 4). En esta unidad habitacional se han excavado estratigráficamente por área abierta dos recintos (A y B) y parcialmente un tercero (C). Los recintos excavados en PIN 02 fueron construidos con paredes de roca disponible en el mismo piedemonte, según hiladas simples y con aparejos rústicos. Se precisó que la resolución de los recintos implicó la remoción de tierra para lograr el nivel negativo de su interior, particularidad constructiva que recuerda a las descripciones de casas pozo y semi-pozo definidas por González (1955) para el Valle de Hualfín (Delfino 1997:60; 2005:271). En el Recinto A (28,20 m2) se recuperaron muestras de carbón de una estructura de combustión, de la cual se obtuvo un fechado radiocarbónico de 1260 ± 70 años AP (LP1306). Entre las evidencias artefactuales se destacan varios objetos de metal (en cobre y oro), además de objetos en hueso, cientos de restos óseos, gran cantidad de material lítico 11

Valeria Elizabeth Espiro -Características del proceso de manufactura de las alfarerías de la Aldea Piedra Negra...

Figura 2. Panorámica de la Aldea Piedra Negra.

y más de cinco mil fragmentos cerámicos (Delfino 1999 y Delfino et al. 2007). Estos últimos constituyeron el objeto de estudio del presente trabajo. Debido a las características de los materiales recuperados, a la presencia de una estructura de combustión y de un muro deflector construido en la entrada, se interpretó a este recinto como un espacio doméstico. Se considera que el mismo fue

destinado tanto a la preparación, cocción y consumo de alimentos como a la realización de otras tareas productivas. Entre las diversas actividades, se incluye también el consumo de sustancias psicoactivas, debido al alto número de hallazgos de cánulas y hornillos de pipas cerámicas. Asimismo, se identificó un gesto de clausura o abandono del recinto, al haberse constatado que se depositó un conjunto de

Figura 3. Plano de la Aldea Piedra Negra y ubicación de PIN 02. 12

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fragmentos cerámicos con especial cuidado, entre los que se halló un vaso antropomorfo. Todos los fragmentos presentaron pintura postcocción roja y estaban ubicados en el centro del fogón “cubiertos” por la concavidad de un instrumento de molienda (conana), también fragmentado (Delfino 2005; Delfino et al. 2007; Espiro 2007). En cuanto al recinto B, se puede decir que presenta diferencias sustanciales con el recinto A. En primer lugar, los restos óseos son menos numerosos, los instrumentos de molienda sólo se hallan delante del recinto y no posee estructura de combustión ni deflector. El material cerámico es abundante, pero menor al recuperado en el recinto A, y la proporción de materiales con presencia de decorado en superficie y pulido son superiores en el recinto B. En lo referente a los instrumentos hallados, observamos una mayor recurrencia de fichas y “muyunas” en el recinto A, y una mayor proporción de alisadores en el Recinto B. Estas diferencias nos podrían estar indicando la

realización de prácticas características en cada uno. La ausencia de fechados para el recinto B podría llevar al lector a suponer una asincronía en la ocupación; por tal motivo, advertimos que durante el trabajo de reconstrucción física de los materiales cerámicos obtuvimos ensambles de fragmentos que proveían de la estratigrafía de ambos recintos, reforzando la idea de una probable sincronicidad de la ocupación (Espiro 2006). DEFINICIONES INELUDIBLES Durante nuestra investigación consideramos a los materiales cerámicos4 como constituyentes de la cultura material de una sociedad. Se entiende a la cultura material como un producto socialmente construido, no sólo desde las técnicas y procedimientos involucrados en la manufactura, sino contemplando los usos y concepciones que la sociedad realiza sobre los mismos (Lumbreras 1981; Shanks y Tilley 1987; Bate 1998). En este sentido, Miller y

Figura 4. Plano de la unidad habitacional Piedra Negra 02. 13

Valeria Elizabeth Espiro -Características del proceso de manufactura de las alfarerías de la Aldea Piedra Negra...

Tilley (1996) reconocen que los estudios que tienen por objetivo la cultura material, además de su proceso productivo, implican los modos en que los artefactos se insertan en la construcción, mantenimiento y transformación de las identidades sociales. Entendemos que la manufactura cerámica, que forma parte del proceso de producción, implica conocimientos tecnológicos. Es decir, conocimientos específicos sobre los gestos y acciones necesarios para llevar adelante la transformación de los materiales involucrados, mediante el uso de determinados instrumentos, con el fin de lograr el bien o producto buscado (Lemonnier 1992). Tomamos de Lemonnier (1992) la idea de que los aspectos tecnológicos del proceso de manufactura (en este caso, de los materiales cerámicos y del proceso en sí mismo), se encuentran en estrecha relación con otros procesos productivos y reproductivos dentro de la sociedad, y son inseparables de las dimensiones económicas, sociales y cosmovisionales de la misma. Dentro de la misma línea, Ingold (1999) nos alerta sobre los inconvenientes de ver a la tecnología como perteneciente al mundo de las cosas, separada del mundo de las personas. Un estudio de la tecnología desde esta perspectiva, tomaría a las relaciones entre los materiales como distintas de las relaciones entre las personas, cuando en realidad las relaciones sociales entre las personas de la misma y/u otra sociedad estructuran las prácticas relacionadas a la cultura material. A su vez, la cultura material estructura las prácticas que dan forma a dichas relaciones sociales (Dobres y Hoffman1994; Hoffman y Dobres 1999; Ingold 1999).

de la pasta, de las técnicas de manufactura y el estilo (Shepard 1968; Rye 1988; Cremonte 1989-90; Orton et al. 1993). Se aplicaron técnicas analíticas de caracterización macroscópica con lupa de mano, sub-macroscópica con lupa binocular estereoscópica y microscópica mediante la descripción petrográfica de cortes delgados cerámicos. Durante la instancia de análisis macroscópico se analizaron los 9.472 tiestos pertenecientes a los recintos A y B de Piedra Negra 2, distinguiéndose, como se muestra en la Figura 5, la presencia de tres grandes grupos: (1) decorados (por agregado de pintura, por corte de la superficie externa, por agregado y/o modelado de arcilla), (2) no decorados y (3) instrumentos (torteros y/o “muyunas”, tembetaes, orejeras, fichas, alisadores, etc.). En los casos posibles se identificó el estilo cerámico. Sobre este último aspecto podemos mencionar que, dentro de los fragmentos con decoración en superficie, hemos podido identificar los siguientes estilos cerámicos conocidos y definidos para el área de estudio (Heredia 1974; González 1977; Sempé 1993): Ciénaga (56 %), La Aguada (3 %), Saujil (3 %), Condorhuasi (2 %), Candelaria (1 %), San Pedro Negro Pulido (1 %) e indeterminados (34 %). Para la caracterización tecnológica a nivel submacroscópico se tomó la decisión de realizar un muestreo estratificado aleatorio 5000

4.554

4000

Recinto A

Recinto B

3.703

3000

2000

ANÁLISIS TECNOLÓGICOs DE LOS MATERIALES CERÁMICOS

1000

431

693 52

0

Para el análisis tecnológico de los materiales cerámicos realizamos estudios de la composición 14

Decorados

No decorados

39

Instrumentos

Figura 5. Frecuencia absoluta de fragmentos por grupo.

La Zaranda de Ideas 4: 9-25 (2008)

(Shennan 1992) sobre los fragmentos del recinto A, obteniéndose una muestra de 1.019 fragmentos. Se confeccionó un código específico, obteniéndose datos significativos referentes al proceso de manufactura, el tipo de cocción, el uso, evidencias de mantenimiento, descarte y/o abandono5. Así también, en la instancia submacroscópica se analizaron las características de la pasta de los fragmentos, determinando provisoriamente 14 grupos de pastas. Sobre los mismos se realizó un muestro aleatorio estratificado (Shennan 1992), obteniéndose una sub-muestra de 34 fragmentos cerámicos. Se practicaron cortes delgados de los 34 fragmentos cerámicos y fueron observados al microscopio petrográfico (para lo cual se confeccionó una Ficha de Análisis ad hoc). Se determinó el siguiente perfil geológico: sólo volcánico (44 %), volcánica y plutónica (29 %), volcánica, plutónica y metamórfica (9 %), sólo plutónica (6 %), plutónica y metamórfica (3 %), sólo sedimentaria (3 %), sin fragmentos líticos (6 %). Luego de este análisis la clasificación inicial en 14 tipos de pastas se redujo a 6, las cuales clasificamos como A, B1, B2, C, D y E (Tablas 1, 2 y 3). En lo referente a los tipos de pasta y los estilos cerámicos identificados, se puede mencionar que se practicaron cortes delgados sobre fragmentos de los estilos: La Ciénaga, La Aguada, Candelaria y Saujil. Como resultado de este análisis se pudo determinar que con el tipo Pasta

de Pasta A se manufacturaron los fragmentos de estilos La Ciénaga (Ciénaga II y III) y La Aguada (tipo Hualfín); con el tipo de Pasta B2, fragmentos de estilos La Ciénaga (Ciénaga I y II) y Candelaria; y con el tipo de pasta C, fragmentos pertenecientes a los estilos La Ciénaga (Ciénaga III), La Aguada (Ambato gris grabada) y Saujil. I N T E R P R E TA C I Ó N D E L O S R E S U LTA D O S O B T E N I D O S : E L PROCESO DE MANUFACTURA Los datos obtenidos mediante los tres niveles de análisis permitieron realizar una aproximación sobre los aspectos tecnológicos de la manufactura de los materiales cerámicos del primer milenio de nuestra era encontrados en la Aldea Piedra Negra, Laguna Blanca. Secuencia de Producción de los materiales cerámicos En nuestro análisis reconstruimos la secuencia de producción de los materiales cerámicos tratando de detectar las decisiones (sensu Lemonnier 1992:12-17) tomadas por las personas que manufacturaron las alfarerías. En cada componente (o momento de la secuencia de producción) podemos observar cómo la producción de los materiales cerámicos se desarrolló mediante un proceso tecnológico que involucró a los aspectos materiales y a las personas que tomaron parte en su producción, uso y abandono.

Matriz

Porosidad de la Matriz

Textura

Color

Porcentaje

Forma

Tamaño

A

mixta

uniforme

baja

irregular

uniforme

Orientación homogénea

B1

mixta

no uniforme

baja, media

irregular

no uniforme

heterogénea

B2

microgranosa

uniforme

baja, media

irregular

no uniforme

homogénea

C

lepidoblástica

no uniforme

baja, media

irregular

no uniforme

heterogénea

D

microgranosa

uniforme

baja

irregular

uniforme

heterogénea

E

lepidoblástica

uniforme

media

irregular

no uniforme

homogénea

Tabla 1. Resumen de aspectos generales de la matriz de los tipos de pastas cerámicas resultado del análisis petrológico. 15

Valeria Elizabeth Espiro -Características del proceso de manufactura de las alfarerías de la Aldea Piedra Negra...

Obtención de la materia prima Mediante trabajos de prospección y etnoarqueológicos se logró identificar y localizar algunos lugares de extracción de arcillas o barros utilizados para la confección de ollas de cerámicas y adobes (Figura 6). Dentro del área en que se encuentra la Aldea Piedra Negra se hallan dos puntos de extracción de “barros” o arcilla para la confección de ollas, utilizados actualmente por las olleras de la región: uno queda a 1,5 km y el otro, a 2 km del PIN 02. Subiendo por las quebradas y accediendo a la zona de los puestos del cuidado de la hacienda mayor, encontramos otros dos puntos de arcilla: uno de ellos en el Puesto de la familia Guitián en el paraje Ciénaga Grande, a unos 4 km del PIN 02, el cual es empleado por las olleras de esa familia; el otro, próximo al Puesto de la Familia de Félix y Rosa Pachado, a unos 3 km del PIN 02. En el paraje denominado El Cardón, a unos 4 km al norte del PIN 02, se encuentra un tercer punto de extracción de arcillas, el cual fue empleado hasta hace unos años por las hermanas Salgado para la fabricación de ollas

Pasta

de barro.También en la zona de Corral Blanco, a unos 10 km de PIN 02, se hallan otras fuentes de extracción de arcillas para la confección de ollas. En La Lomita hay dos ubicaciones empleadas para la fabricación tanto de ollas como de adobes; una de ellas es de color rosado intenso y se emplaza en el mismo cerro de La Lomita; la otra, es un depósito secundario ubicado en las lagunitas de la vega que separa Ganadería de La Lomita. Ambas se localizan a unos 9 km del PIN 02. El análisis microscópico realizado sobre la muestra de los materiales cerámicos extraídos de la excavación del recinto A del PIN 02 nos reveló la existencia de seis ambientes litológicos y la preeminencia de las inclusiones provenientes de ambientes volcánicos y plutónicos. Las inclusiones de origen volcánico, presentes en el 82 % de los cortes, se correlacionan con las rocas y minerales pertenecientes a las Formaciones Laguna Blanca (Morro La Lomita, Ojo de Agua y El Chorro) y Negro Caranchi (Cerros de Corral Blanco y Cerro Negro Caranchi), mientras que las inclusiones que revelan una litología plutónica, presentes en el 47 % de los cortes, se corresponden con la Inclusiones

Densidad

Tipo

Orientación

Forma

Tamaño

Ordenamiento

Litología

justo, bueno, muy bueno

sólo volcánica

A

< 20 %

cristoclastos, litoclastos

homogénea

subredondeadas, redondeadas

partícula, grano fino, grano medio

B1

> 30 %

cristoclastos, litoclastos

heterogénea

angulares, subangulares, subredondeadas

grano fino, grano medio, gránulos

justo

volcánica, plutónica, metamórfica

B2

< 30 %

cristoclastos, litoclastos

homogénea

partícula, grano fino, grano medio

justo

volcánica, plutónica, metamórfica

C

> 10 < 30 %

cristoclastos, litoclastos

preferencial, heterogénea

angulares, subangulares, subredondeadas angulares, subangulares, subredondeadas, redondeadas

partícula, grano fino, grano medio

pobre, justo

volcánica, plutónica

D

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*Karina Vanesa Chichkoyan es Licenciada en Antropología con orientación arqueológica de la FFyL, UBA desde Septiembre de 2007. Este trabajo sintetiza algunas secciones de su tesis de licenciatura. Continúa investigando la arqueofauna de contextos arqueológicos urbanos y actualmente está realizando el Master de Cuaternario y Prehistoria en Europa, financiado por la beca Erasmus Mundus. Dirección de contacto: [email protected] 108

¿CIRCULACIÓN DE SÍMBOLOS? CALABAZAS PIROGRABADAS EN EL TARDÍO Florencia Ávila* Verónica Puente** “Lo que perturba y alarma al hombre no son las cosas, sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas” Epicteto (filósofo griego 50 AC)

RESUMEN La circulación iconográfica durante el período Tardío en el área circumpuneña ha sido tratada bajo distintos modelos. Los mismos se esforzaron en explicar estas formas de comunicación a través de símbolos visuales como parte del establecimiento de distintas rutas de tráfico e interacción. Siguiendo esta problemática, presentaremos el análisis iconográfico de la representación antropomorfa plasmada sobre un fragmento de calabaza pirograbada recuperada en el yacimiento arqueológico Los Viscos, un alero situado en el Valle del Bolsón (Belén, Catamarca). Este se complementó con una comparación de patrones de representación de la figura humana en arte mobiliar, en diferentes contextos arqueológicos, posiblemente conectados por redes de intercambio. Mediante este estudio podemos pensar qué rol tendría Los Viscos dentro de una escala regional de interacción, aportando también datos al debate sobre el tráfico caravanero para el momento de Desarrollos Regionales. Palabras clave: Circulación - Arte mobiliar - Representaciones humanas - Desarrollos RegionalesCaravaneo ABSTRACT Iconographic circulation during the Late Prehispanic period in the Circumpuna Area has been discussed under different models. These have attempted to explain this form of communication through visual symbols as part of the development of various traffic and interaction routes. Following up on this subject, we analyze the iconography present on a pyroengraved gourd found in the archaeological site of Los Viscos, a rockshelter located in the Bolsón Valley (Belén, Catamarca). In addition to this analysis, we compare patterns of representation of the human image on artifacts from various archaeological contexts, probably related by exchange networks. Building on this information, we discuss the role of Los Viscos at the regional interaction scale and contribute new data to the debate on the significance of caravan trade during the Regional Developments period. Key words: Circulation - Mobiliar Art - Human representations - Regional Developments Caravans * CONICET - Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano - [email protected] ** CONICET - Instituto Ravignani, PROHAL, UBA - [email protected] Ávila, Florencia y Verónica Puente. 2008. ¿Circulación de símbolos? Calabazas pirograbadas en el Tardío. La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología 4: 109-118. Buenos Aires. 109

Florencia Ávila y Verónica Puente - ¿Circulación de símbolos? Calabazas pirograbadas en el Tardío

INTRODUCCIÓN Tomando como marco conceptual modelos de movilidad de poblaciones y de tráfico e interacción económica, como los propuestos por Núñez y Dillehay (1995 [1979]), Nielsen (2006) y Berenguer (2004), entre otros, abordaremos la circulación iconográfica en el período Tardío (1000 -1430 DC) como forma de comunicación a través de símbolos visuales. Como lo proponen los autores anteriormente citados, en este momento particular de la historia hay una intensa circulación en el ámbito circumpuneño en el que las caravanas están jugando un rol destacado, aunque, simultáneamente, siguen operando otros modos de articulación de personas-bienes-ideas traduciéndose como un complejo sistema de interacción. Nuestro interés en particular es realizar un aporte a dicha temática, generando interrogantes que podrán ser evaluados en futuros trabajos y desde diversas vías de análisis. Este artículo se enmarca dentro de un proyecto más amplio. El mismo trata sobre la arqueología de los Valles Altos1, proponiéndose como objetivo general la “…identificación de procesos de complejización social relacionados con estrategias de intensificación en la producción agrícola - ganadera y prácticas caravaneras en una escala de larga duración (350 AC - 1.800 DC)” (Korstanje 2001:1). Particularmente, aquí nos referiremos al estudio iconográfico de un fragmento de calabaza pirograbada recuperado en el yacimiento arqueológico Los Viscos, un alero situado en el Valle del Bolsón (Belén, Catamarca). Este valle es considerado un área de interacción, dado que se ubica entre dos zonas ecológicamente diferenciadas: borde de puna y zona de valles y bolsones (Korstanje y Aschero 1996; Korstanje 1998). A partir de esto, buscamos dar un aporte al rol que tuvo el sitio dentro de la dinámica del valle. Cronológicamente, delimitaremos 110

este análisis al período Tardío (1000 -1430 DC) o de Desarrollos Regionales, momento en el que se ha planteado, por diversos autores, una marcada estandarización en los patrones de representación simbólica y una tendencia regional hacia temas compartidos (Núñez y Dillehay 1995 [1979]; Aschero 1996, 2000; Tarragó 2000; entre otros). El estudio se llevó a cabo a partir de una comparación de patrones de representación de la figura humana en arte mobiliar entre diferentes áreas, actualmente pertenecientes al noroeste argentino y al norte chileno. PLANTEO DEL PROBLEMA Para abordar la circulación simbólica, los referentes del registro arqueológico que consideraremos son los sistemas de representación y sus contextos de uso, tomados como fuente de información del desarrollo de prácticas sociales. Los sistemas de representación pueden ser tratados como vías de formación y estructuración de las relaciones sociales existentes al interior de una población y entre poblaciones (Shanks y Tilley 1987). En este sentido, las representaciones estudiadas no son sólo motivos iconográficos particulares sino que remiten a temas compartidos que circularon a larga distancia. Se ha planteado que desde hace 10.000 años, en los Andes Centro-Sud se desarrollaron redes de intercambio de información, de bienes y de recursos (Núñez y Dillehay 1995 [1979]). Estas redes fueron explicadas por Núñez y Dillehay dentro de un modelo económico y demográfico -el cual será utilizado como marco para nuestra discusión- planteando la existencia de un patrón de movilidad giratoria. Hacia el año 1000 de la era las sociedades circumpuneñas sufrieron modificaciones importantes en su estar político, económico y social. Mediando el siglo XIII se produjeron cambios que se ven manifestados de manera notoria en la cultura

La Zaranda de Ideas 4: 109-118 (2008)

material. Por enumerar solamente algunas de las variables, se observan cambios en los patrones de asentamiento (sitios más grandes y más densamente construidos en lugares altos, de difícil acceso y alta visibilidad) con una tendencia a la aglomeración de la población; se produjo una intensificación en la producción, con la incorporación de agricultura hidráulica, para contrarrestar la organización disfuncional; hubieron cambios estilísticos, por ejemplo, en la alfarería y en la arquitectura; la interacción se intensificó pero a su vez se restringió a circuitos específicos, regionalizándose. Todo esto teñido de claras evidencias de conflicto, no sólo manifiestas (evidencia osteológica), sino también tácitas, producidas tanto en el diseño del espacio (aglomeración, intervisibilidad, arquitectura defensiva) como en la elaboración de objetos (producción de “armas”, representaciones plásticas de “guerreros”) (Núñez 1985; Berenguer 1994; Tarragó 2000; Nielsen 2001). De este modo, la interacción se intensificó en circuitos específicos, lo que generó relaciones activas, dinámicas y de negociación entre estas regiones que seguramente estuvieron en constante cambio. Este tipo de intercambio, según Núñez y Dillehay (1995 [1979]), estuvo caracterizado por ferias móviles a través de aldeas ejes y no hacia un eje mayor único y convergente, lo cual habría permitido la proliferación de aldeas y ferias rotantes, todo esto articulado por movimientos de caravanas. En particular para el caso de “…las comunidades de los oasis de la Puna de Atacama, Valles del noroeste argentino, y del Altiplano Meridional, las caravanas se entrecruzan en traslados de más corta distancia” (Núñez y Dillehay 1995 [1979]:110). Con respecto a las representaciones iconográficas, se plantea un cambio hacia temas compartidos y una estandarización de lo representado (Aschero 2000). Esto es lo que Núñez y Dillehay (1995 [1979]) tomaron como una menor

variación o pobreza del repertorio iconográfico, consecuencia de “traslados de corta distancia” y de un mayor control sociopolítico. Pero hay que tener en cuenta que, mientras que las distancias que se recorren para intercambios de distintas tecnofacturas podrían acortarse, ciertas figuras icónicas presentan considerables semejanzas a largas distancias (Aschero 2000). Tal es el caso de las representaciones de figuras humanas con uncus y/o petos o como escutiformes y tocados en forma de tumi simple invertido, vistos en la cerámica santamariana, en discos de metal, en arte rupestre y en calabazas pirograbadas, entre otros (Podestá 1986-1987; González 1992; Tarragó et al. 1997). Para el período que estamos estudiando “...estas representaciones operan sobre la información que circula en el marco de las múltiples interacciones sociales que el tráfico de caravanas habría propiciado” (Aschero 2000:17). Por lo tanto, no son meros productos del azar sino que son parte de la construcción y reproducción de temas que están circulando y que están participando en una interacción comunicativa más allá de regiones específicas. Para referirnos al rol específico que tienen los símbolos en estos momentos de dinámica de cambio, tenemos que tomar en cuenta que las prácticas sociales están envueltas en formas lingüísticas, en imágenes, en símbolos, de tal forma que se mediatiza el mundo a través de ellos (Tilley 1999). El hombre mediatiza su mundo, un mundo de conflicto, de relaciones de poder, de intercambio y lo hace, muchas veces, a través de metáforas visuales (Gell 1998; Alberti 2001). En nuestro caso analizaremos un motivo recurrente (la representación humana) que se engloba en distintos temas -ya sea caravaneo, tráfico, diferenciación de status, diferenciación de poder-, apareciendo en diversos soportes, así como en sitios ubicados en distancias considerables. Si lo que se ha planteado es el acortamiento de las distancias de 111

Florencia Ávila y Verónica Puente - ¿Circulación de símbolos? Calabazas pirograbadas en el Tardío

El Valle del Bolsón está ubicado en el Departamento de Belén, Provincia de Catamarca (República Argentina), entre los 26º 52’ y los 27º 10’ de latitud sur y entre los 66º 30’ y los 66º 55’ de longitud oeste. Es uno de los Valles Altos de la región septentrional de las Sierras Pampeanas (2.900 msnm) que, presentando una orientación norte-sur, ha sido caracterizado como borde de puna, limitando con el comienzo de ésta -Laguna Blanca 3.400 msnm- y la zona típica de valles y bolsones -Valle de Hualfín, 1.500 msnm- (Korstanje y Aschero 1996). Ambos son sectores de producción de recursos potencialmente diferenciados. Por tal característica, esta región ha sido planteada como una zona de tránsito, enlace y/o intercambio entre los recursos vallísticos y puneños (Korstanje y Aschero 1996; Korstanje 1998). A su vez, esta idea se ve reforzada por el hecho que el valle se encuentra entre zonas de importancia arqueológica, Antofagasta de la Sierra/ Laguna Blanca,Valle de Hualfín y Valle de Santa María (Figura 1). Por estos dos motivos, podemos analizar al Valle del Bolsón como un área intermedia, un área de articulación social, espacial y ambiental, la cual nos brindaría un campo propicio para el estudio de rutas de circulación e intercambio tanto de objetos como de ideas. Las investigaciones arqueológicas realizadas hasta el momento en esta área han detectado 112

Hasta el momento sólo se ha excavado, aproximadamente, el 4 % de la superficie total del alero. Se han realizado seis dataciones radiocarbónicas sobre distintos materiales (cortadera, carbón, maíz, hueso de camélido), las cuales estarían indicando un amplio período de ocupación, aproximadamente entre 350 AC y 1360 DC (Korstanje 2005). Los fragmentos de calabaza fueron recuperados en un sector del sitio que se encuentra perturbado, directamente vinculado a un pozo 70º

N

BOLIVIA

66º

Pica Lasana Santa Bárbara Chiuchiu Turi CALAMA SAN PEDRO de ATACAMA

22º

JUJUY

PACÍFICO

ÁREA DE ESTUDIO

sitios a cielo abierto y abrigos rocosos que presentan evidencias de ocupación humana (Quiroga 2002, 2003; Korstanje 2005; Quiroga y Korstanje 2005). El sitio Los Viscos es un alero de grandes dimensiones (380 m2) con construcciones cuadrangulares de piedra en superficie, ubicado en una quebrada de difícil acceso (Korstanje y Würschmidt 1999; Korstanje 2005). Entre los materiales recuperados hay muros entramados de cortadera y cardón, emplumaduras, puntas de proyectil confeccionadas en hueso, calabazas pirograbadas y embreadas, cerámica, abundantes cordeles de fibra animal y vegetal (Korstanje y Würschmidt 1999).

SALTA

OCÉANO

interacción económica y social hacia aldeas ejes (Núñez y Dillehay 1995 [1979]), entonces, cabe preguntarnos, ¿se acortaron las redes de circulación de toda la información?, ¿la centralización de poder significó autonomía y aislamiento de las diferentes entidades poblacionales o persisten códigos comunes que traspasan fronteras? En este sentido, este trabajo se plantea como un aporte que puede contribuir a esta discusión.

CHILE

ANTOFAGASTA de la SIERRA

EL BOLSÓN Los Viscos

Santa María

Hualfín

26º TUCUMÁN

BELÉN

ARGENTINA

CATAMARCA

Figura 1. Ubicación de los sitios mencionados en el texto.

La Zaranda de Ideas 4: 109-118 (2008)

de huaqueo. Dada su ubicación no presentan una asociación contextual directa con los materiales sobre los cuales se realizaron los fechados radiocarbónicos. Sin embargo, en base a las características iconográficas que presenta el diseño, es posible adscribirlos temporalmente a momentos prehispánicos tardíos, según las referencias de trabajos realizados por diversos autores (Berenguer et al. 1985; Podestá 19861987; Berenguer 1995, 2004; Aschero 1999, 2000; Tarragó 2000). A partir de los análisis realizados hasta el momento, se ha planteado que el sitio podría haber funcionado como un refugio temporal vinculado a actividades de tránsito y movilidad interregional (Korstanje y Würschmidt 1999; Quiroga 2005). LA EVIDENCIA La muestra recuperada se compone de cuatro fragmentos de 4 mm de espesor (Tabla 1). Dado el pequeño tamaño de los mismos, no es posible determinar si fueron parte de la misma calabaza ni tampoco inferir la forma que pudo o pudieron haber tenido, ya sea esferiforme, botelliforme o de media calabaza (Hernández Llosas 1983). Para realizar el análisis de los fragmentos de calabaza tendremos en cuenta los motivos iconográficos plasmados sobre los mismos. Probablemente la técnica con la que han sido confeccionadas dichas representaciones es el pirograbado con instrumento de metal de punta fina, con el que se han hecho incisiones delgadas y poco profundas, quemando la superficie del fruto y produciendo líneas de distinto grosor2.

Como puede observarse en la Figura 2, sólo es posible reconocer las representaciones plásticas plasmadas en dos de los fragmentos recuperados: antropomorfa en 6(1)71 y ofídica en 6(1)59. Sin embargo, considerando que la figura de la serpiente ha sido representada de diversos modos a lo largo del espacio y del tiempo -tanto en el noroeste argentino como en el norte chileno-, y teniendo en cuenta el tamaño del fragmento que posee esa representación, no es posible utilizarlo como elemento diagnóstico para introducirlo en el estudio. Por este motivo nuestro trabajo se acotará al análisis iconográfico del fragmento 6(1)71. En el fragmento mencionado, se aprecia la representación de una figura antropomorfa con un rostro de configuración triangular, que posee un tocado en forma de tumi invertido dentro del cual hay tres penachos de características similares. El fragmento insinúa al sujeto vestido con uncu. Considerando el tamaño de cada atributo de la representación, se destaca la preponderancia del tocado en relación al rostro. áREA DE COMPARACIÓN A partir de una búsqueda bibliográfica exhaustiva sobre el total del material publicado hasta este momento, se observó que la representación plasmada en el fragmento de calabaza aquí relevado presenta una similitud iconográfica con otras manifestaciones plásticas del norte de Chile, asignable temporalmente al período Intermedio Tardío (900 -1470 DC). En esta área, específicamente en las localidades de Chiuchiu, Catarpe,Turi, Lasana y Santa Bárbara,

Código

Capa

Cuadrícula

Sector

Espesor

Alto

Ancho

Observaciones

6(1) 500

4

R9

A

4 mm

20 mm

18 mm

Erosionada. No se observa representación iconográfica

6(1) 451

3

R9

A

4 mm

20 mm

32 mm

Con representacion. No determinada

6(1) 59

3

R9

C

4 mm

30 mm

38 mm

Con representación. Cabeza de serpiente

6(1) 71

4

Q9

C

4 mm

53 mm

67 mm

Con representación. Antropomorfo

Tabla 1. Descripción de los fragmentos de calabaza. 113

Florencia Ávila y Verónica Puente - ¿Circulación de símbolos? Calabazas pirograbadas en el Tardío

6(1)500 6(1)59

6(1)71

4 cm

6(1)451

Figura 2. Fragmentos de calabaza pirograbada recuperados en el sitio Los Viscos.

se han hallado representaciones idénticas a las aquí estudiadas, lo que podría estar indicando una circulación temática. En Chiuchiu, Lasana, Catarpe y Turi se han hallado ejemplares de calabazas pirograbadas que responden a los mismos patrones iconográficos que los aquí presentados (Ryden 1944; Duran Serrano 1976). En las calabazas de Chiuchiu ilustradas por Ryden (1944:Figura 80R) hay un ejemplar con tres personajes con grandes tocados cefálicos vistiendo uncus con grabados de serpientes, tumis enastados y signos escalonados (Figura 3a). También es de importancia mencionar que calabazas con representaciones similares fueron encontradas por Ambrosetti en las tumbas de Pucarillas en Salta (Argentina), en una expedición hecha entre 1896 y 1897. Una de las mismas tiene una representación de 11 personajes ataviados con diademas de plumas en la cabeza y en el pecho cruces con aspas en escalones y serpientes de dos cabezas (Ambrosetti 1902:Figura 53) (Figura 3b). Además de estar presentes en un mismo tipo de objeto, estos motivos se repiten a lo largo de diferentes soportes plásticos. Tal es el caso de las representaciones rupestres de Santa Bárbara, una pequeña localidad de la subregión del Alto Loa, situado a unos 90 km al noreste de Calama (II Región de Chile). Esta 114

se localiza en una posición geográficamente intermedia respecto de los principales sistemas de asentamiento, a 200 km de Pica, a 37 km de Lasana, a 47 km de Chiuchiu y a 55 km de Turi (Berenguer 1995). Este distrito arqueológico tiene 15 km de largo y está situado entre 2.700 y 3.000 msnm, en el límite entre el desierto absoluto y el marginal de altura (entre 21º 50’ y 21º 59’ sur; 68º 35’ y 68º 38’ oeste). Además de estas características, Santa Bárbara se encuentra en medio de rutas naturales que se conectan con los diferentes asentamientos arqueológicos anteriormente citados, en un radio de entre 200 y 250 km2 (Berenguer 1995). En relación con las representaciones iconográficas halladas en esta última zona, encontramos una recurrencia con algunas unidades icónicas que aparecen en la calabaza aquí analizada. Por ejemplo, Berenguer y coautores (1985; Berenguer 1994) han analizado en el sitio SBa-144 el panel 144-URVIII, con representaciones de personajes con cascos, penachos, camisas y petos, además de representaciones de camélidos unidos por sogas (Figura 4). Tales figuras se encuentran repetidas en muchos paneles de esta localidad (SBa-103, 119, 110, 141), incluyendo además representaciones de hachas, tumis, cruces de lados iguales, sacrificadores, llameros y llamas cargadas, categorizadas por el autor como el Grupo Estilístico E, vinculado a ocupaciones datadas entre el 1300 - 1470 DC (Berenguer 1995).

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Figura 3. Representaciones humanas plasmadas en calabazas pirograbadas. a) Sitio Chiuchui, Chile (Ryden 1944:Figura 80R-S). b) Sitio Pucarillas, Salta, Argentina (Ambrosetti 1902:Figura 53).

Pero estas figuras no sólo se han representado pictóricamente, por ejemplo, los tocados emplumados de los personajes asociados a los paneles y a las calabazas mencionadas, son asimilables a los cascos encontrados en Pica 8 (Berenguer et al. 1985; Berenguer 1995). Asimismo, camisas y petos de cuero fueron recuperados en los cementerios de Quillagua, Calama, Chiuchiu y Lasana (Ryden 1944; Berenguer et al. 1985; Berenguer 1995). De igual forma, los motivos tumiformes dibujados en el interior de los tocados parecen representar elementos de madera aplicados en la parte anterior de algunos cascos (Berenguer 1995). Todos estos objetos se encuentran asociados a ocupaciones vinculadas temporalmente a momentos tardíos (Berenguer et al. 1985; Berenguer 1995).

“autosuficiencia” de las mismas, vemos que hay códigos comunes de comunicación que se manifiestan en distancias considerables. Consideramos que la similitud de las representaciones analizadas, lejos de manifestar un repertorio iconográfico pobre, producto, entre otras cosas, de una disminución de las distancias recorridas por las caravanas (Núñez y Dillehay 1995[1979]), habría requerido de, por lo menos, algunas interacciones entre puntos alejados. A partir de esto nos preguntamos, ¿se acortaron las rutas de comunicación? ¿O las distancias de interacción varían de acuerdo al indicador arqueológico que se considere en cada caso?

DISCUSIÓN Y CONSIDERACIONES FINALES A partir del análisis iconográfico realizado, podemos observar que la misma representación en un mismo soporte aparece en sitios ubicados a 600 km lineales de distancia, desde Los Viscos (Catamarca, Argentina) hasta el Río Loa (Chile). En un momento en el que se asume grandes cambios socioeconómicos dirigidos hacia la concentración de poblaciones y la

Figura 4. Figuras humanas en otros soportes: Figuras humanas y llamas cargadas. Grabados rupestres de Santa Bárbara, Chile. Panel 144-UR-VIII (Redibujado a partir de Berenguer et al. 1985:98). 115

Florencia Ávila y Verónica Puente - ¿Circulación de símbolos? Calabazas pirograbadas en el Tardío

La cultura material circula y ha circulado por diferentes causas y razones, el intercambio de la misma no es únicamente producto de meras dificultades de subsistencia y tampoco es un simple mecanismo de regulación homeostática sino que es también una forma de construir y reproducir relaciones sociales. Por lo tanto,“… la cultura material es tanto el producto como el medio de la acción social” (Lazzari 1999:371). Las redes en las que los objetos circulan son flexibles, dinámicas, cambian constantemente y están sujetas a demandas particulares sin estar condicionadas por modelos universales que dictaminen su movimiento (Lazzari 1999). Es decir, para cada indicador debemos detenernos a pensar de qué manera circuló y bajo qué objetivos lo hizo. Es así que la similitud de las representaciones estudiadas estarían indicando que, por lo menos, las distancias que recorren ciertas manifestaciones visuales no se acortaron (Aschero 2000). Las mismas podrían estar señalando distintas estrategias comunicativas entrelazadas en prácticas sociales particulares: “...los significados subjetivos internos que los arqueólogos pueden inferir, (…) no son pensamientos conscientes de los individuos. Por el contrario, son conceptos públicos y sociales, reproducidos en la práctica de la vida cotidiana” (Hodder 1988:139). Estos motivos plásticos podrían estar remitiendo a temas generales que relacionan a poblaciones con prácticas particulares. El mayor tamaño del tocado en relación al rostro ha sido relacionado, entre otras cosas, con perspectivas jerárquicas de poder o status de jefe que se habrían enfatizado en este período. Estos repertorios de diseño se reducen a temas comunes del área circumpuneña, expresado en imágenes visuales que se replican a través de un fluido intercambio de información a distancia (Aschero 2000). En particular para el área en que estamos trabajando, el Valle del Bolsón, este intercambio de información puede estar apoyado en el emplazamiento del mismo, un área ubicada 116

entre zonas de producción potencialmente diferenciadas y que habría funcionado como una región de tránsito, enlace y/o intercambio. Siendo la evidencia iconográfica analizada y su recurrencia en áreas alejadas un factor más que puede ayudar a discutir esa afirmación. A su vez, a modo de hipótesis planteamos que esto podría estar indicando una cierta relación del alero Los Viscos con el tráfico de caravanas. Igualmente, es importante tener en cuenta que para entender el lugar que habría ocupado el sitio dentro del valle y en relación con vías de circulación, tránsito y comunicación, esta información debe ser relacionada con otras líneas de evidencia.

Recibido en Marzo de 2007 Aceptado en Septiembre de 2008

NOTAS 1. “Valle Alto” corresponde a una sectorización establecida por Aschero y Korstanje (1996) para definir variaciones altitudinales que plantean espacios de productividad potencialmente diferentes. El Valle del Bolsón fue clasificado dentro del área II (valles altos y faldeos, entre 2.300 y 2.900 msnm) y presenta condiciones para la producción de tubérculos microtérmicos y el pastoreo de llamas. 2. Como antecedentes de trabajos sobre este tipo de material, el análisis de M. Isabel Hernández Llosas es un exponente relevante sobre la problemática que atañe a este tipo de evidencia (1983). Nuestro interés principal está dado sobre la circulación iconográfica de determinadas representaciones las cuales no aparecen en las calabazas pirograbadas trabajadas por la mencionada autora, por tal razón no las consideraremos en nuestra comparación.

AGRADECIMIENTOS Una versión preliminar de este trabajo fue presentado años atrás en el XV Congreso Nacional de Arqueología Argentina. Es por eso

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que queremos enfatizar nuestro agradecimiento al comité editorial de la Zaranda de Ideas, así como a sus evaluadores, por la posibilidad de poder publicarlo. Nuestro agradecimiento por su proceso se dirige a la Dra. Laura Quiroga, Marcela Orlando Amoedo y Matilde García del Corro. Sin más, somos las únicas responsables de lo que aquí se ha expuesto. BIBLIOGRAFÍA Alberti, B. 2001. Faience Goddesses and Ivory Bull-Leapers: The Aesthetics of Sexual Difference at Late Bronze Age Knossos. World Archaeology 33(2):189-205. Ambrosetti, J. 1902. Antigüedades Calchaquíes. Anales de la sociedad científica Argentina, Tomo LIV:29-48.

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*Florencia Ávila es Lic. en Ciencias Antropológicas (FFyL, UBA) desde Marzo de 2006. Actualmente es becaria doctoral de CONICET, desarrollando estudios sobre iconografía en cerámica del norte de Argentina y sur de Bolivia. Dirección de contacto: florenciaavila @gmail.com **Verónica Puente es Lic. en Ciencias Antropológicas (FFyL, UBA) desde Mayo de 2005. Actualmente es becaria doctoral de CONICET, estudiando la tecnología alfarera de sitios arqueológicos del Valle de Bolsón (Depto. de Belén, Catamarca). Dirección de contacto: [email protected]

Informes

NUEVAS EVIDENCIAS DEL PROCESO SOCIOCULTURAL EN ANTOFAGASTA DE LA SIERRA. INFORME DE CAMPAÑA AÑO 2007 Daniel E. Olivera* Alejandra M. Elías** Pedro Salminci*** Pablo Tchilinguirian**** Lorena G. Grana***** Jennifer Grant****** Paula Miranda******* RESUMEN Se presenta la información obtenida a partir de los últimos trabajos de campo desarrollados en la microrregión de Antofagasta de la Sierra en el marco de las investigaciones previas y en vigencia enfocadas en la dinámica social de los grupos agro-pastoriles prehispánicos que habitaron la región desde ca. 3000 años AP hasta la conquista hispana (ca. 450 años AP). Se describen localidades arqueológicas recientemente identificadas y nuevos datos sobre sitios ya conocidos. Discutimos preliminarmente los datos en relación a los modelos económicos, sociales y políticos planteados hasta el momento. Palabras clave: Puna Argentina - Formativo - Tardío-Inka - proceso de complejización ABSTRACT We publish the information obtained from recent field work developed in Antofagasta de la Sierra, in the context of previous and present research focused on the social dynamics of the agro-pastoral groups who inhabited the region since ca. 3000 years BP to the Spanish conquest (ca. 450 years BP). We describe recently identified archaeological localities and new data about previously known sites. We discuss preliminarily this information in relation to the proposed economic, social and political models. Key words: Argentine Puna - Formative Period - Late-Inka Period - complexity process

* CONICET/ Universidad de Buenos Aires (UBA) - [email protected] ** Becaria CONICET/ Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL) [email protected] *** Becario CONICET/ INAPL - [email protected] **** UBA/ SEGEMAR - [email protected] ***** Becaria Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica/ INAPL - [email protected] ****** Becaria CONICET/ INAPL - [email protected] ******* UBA - [email protected] Olivera, Daniel E., Alejandra M. Elías, Pedro Salminci, Pablo Tchilinguirian, Lorena G. Grana, Jennifer Grant, Paula Miranda. 2008. Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra. Informe de campaña año 2007. La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología 4: 119-140. Buenos Aires. 119

Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

INTRODUCCION Generalmente los arqueólogos no incluimos dentro de las publicaciones en revistas científicas los detalles de las actividades realizadas durante los trabajos de campo, relegando los datos de primera mano a informes entregados a distintas instituciones muchas veces difíciles de obtener por parte de otros colegas. Sin embargo, consideramos que la publicación de estas tareas contribuye al seguimiento del proceso de investigación y producción de conocimiento y facilitan el uso de datos por parte de otros equipos de investigación. Por otro lado, en las discusiones en el campo, así como en las libretas en las cuales tomamos nota de todo lo realizado, surgen ideas e hipótesis que muchas veces se transforman en guías de la investigación futura. Por estas razones, en este artículo presentamos y discutimos preliminarmente la información obtenida a partir de los trabajos de campo realizados durante los meses de marzo y abril de 2007 en distintas localidades arqueológicas de la microrregión de Antofagasta de la Sierra (Provincia de Catamarca, Puna Meridional Argentina). Se relevaron evidencias materiales de distintos períodos del desarrollo sociocultural de la microrregión, desde el Arcaico hasta momentos históricos. Sin embargo, en esta oportunidad haremos hincapié sobre los hallazgos correspondientes al período Formativo en general (ca. 3000-1200 años AP), y al Tardío y Tardío-Inka (desde ca. 1200 años AP) en particular. Los trabajos arqueológicos se realizaron con diferentes grados de intensidad en: La Alumbrera (LA), Arroyo Seco (AS), Volcán La Alumbrera (Vc LA), Campo Cortaderas (CCT) y La Virgencita de Cortaderas (LV), Corral Grande 1 (CG1) y Punta Calalaste (PC) (Figura 1). Asimismo, en estas y otras localidades se realizaron tareas de reconocimiento y muestreo de fuentes de materias primas líticas y recolecciones de muestras paleoambientales. 120

En primer lugar, presentaremos brevemente los antecedentes con respecto a las características generales de la microrregión y los modelos e ideas propuestos respecto al proceso de desarrollo sociocultural en la misma. Haremos especial énfasis en hipótesis y propuestas desarrolladas para momentos temporales posteriores a ca. 3000 años AP, focalizándonos en aquellos propuestos para ca. 1200 años AP en adelante (Olivera y Vigliani 2000/2002; Olivera et al. 2003/2005; entre otros). En segundo lugar, se describen las localidades visitadas, las actividades realizadas en las mismas y la información generada en la campaña referida. Para concluir, discutiremos cómo esta nueva información preliminar refuerza o modifica, en primera instancia, ideas previas, proponiendo alternativas futuras de investigación. ANTECEDENTES de INvestigación La microrregión de Antofagasta de la Sierra se encuentra ubicada en el extremo noroeste de la provincia de Catamarca (Figura 1). Corresponde al sector meridional de la denominada Puna Argentina, que abarca el sector sudoccidental de la provincia de Jujuy y las porciones de Puna de las provincias de Salta y Catamarca (Albeck 2001). Forma parte de lo que se conoce como Puna Salada, la cual se caracteriza por presentar condiciones agudas de aridez e inestabilidad ambiental (Nuñez y Santoro 1988), siendo el sector meridional de la Puna argentina uno de los más representativos en este sentido (Olivera y Elkin 1994). La cuenca del Río Punilla constituye la red hidrográfica más importante de la zona. Este río es alimentado por varios manantiales que se ubican en la base de los Cerros Mojones, sobre su margen derecha, y del Cerro Galán, sobre su margen izquierda. Entre estos tributarios se encuentran los ríos Ilanco, Las Pitas, Miriguaca, Mojones, Los Colorados,Toconquis y el arroyo de Curuto (Olivera et al. 2004).

La Zaranda de Ideas 4: 119-140 (2008)

Como en toda la Puna, la distribución de los recursos no es homogénea, diferenciándose zonas de alta concentración de nutrientes frente a otras con baja o nula (Yacobaccio 1994). En la microrregión de interés se distinguieron tres sectores con oferta diferencial de recursos faunísticos, vegetales y minerales: a) fondo de cuenca (3400-3500 msnm), b) sectores intermedios (3550-3900 msnm) y c) quebradas de altura (3900-4600 msnm) (Olivera y Podestá 1993). La forma e intensidad de aprovechamiento de estos sectores por parte de las poblaciones humanas fue cambiando a lo largo del tiempo en la medida que estas experimentaban cambios en su medioambiente, subsistencia, población, organización social y política (Olivera y Vigliani 2000/2002; Olivera et al. 2003/2005; Olivera 2006). En esta microrregión existen evidencias de grupos humanos tempranos entre ca. 100003500 años AP, que apoyados principalmente en la caza de camélidos sudamericanos desarrollaron diversas estrategias de manejo del ambiente. Los mismos participaron a lo

largo del Holoceno de procesos de cambio a diferentes escalas (tecnología, movilidad y asentamiento, organización social) que pudieron haber involucrado la domesticación y el tránsito al pastoreo (Aschero et al. 1991; Elkin 1996; Martínez 2003; Hocsman 2006; entre otros) Desde ca. 3000 años AP parecen haberse consolidado grupos de pastores con agricultura y caza, con mayor grado de sedentarismo (Olivera 1991, 1998). Se ha formulado para estos momentos un modelo sincrónico funcional denominado de sedentarismo dinámico (Olivera 1988, 1992), según el cual los grupos poseían asentamientos base en los fondos de cuenca en los que parte de sus integrantes permanecían todo el año, y por otro lado, asentamientos temporarios en otros sectores de la cuenca relacionados con el pastoreo y/o la caza. Desde el comienzo de la era cristiana, parecen haberse incrementado las influencias de los grupos provenientes de los valles de Hualfín y Abaucán (Catamarca) (Olivera y

Figura 1. Microrregión de Antofagasta de la Sierra. Referencias: 1. LA; 2. AS; 3. Vc. LA; 4. Coyparcito; 5. BCI; 6. BCII; 7. Quebrada de Petra; 8. CCT; 9. LV; 10. CG1; 11. PC.

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Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

Podestá 1993). Esto habría estado acompañado por una mayor incidencia de la producción agrícola e incremento demográfico, lo que habría llevado a optimizar el uso de los espacios en la cuenca relacionados a las prácticas productivas, especialmente a la agricultura, provocando ocupaciones más permanentes en los sectores intermedios (Olivera y Vigliani 2000/2002). A partir de ca. 1200-1000 años AP se habría agudizado esta tendencia hacia el incremento de la producción agrícola, originándose un cambio en la localización del espacio habitacional en el fondo de cuenca, con el abandono de la aldea de Casa Chávez Montículos, en el sector aledaño al río, y el desplazamiento hacia las bases de los Cerros del Coypar (Bajo del Coypar II -BCII-). Desde esta ubicación habría sido posible el uso de terrenos más provechosos para el cultivo intensivo y extensivo, por medio de melgas y parcelas delimitadas por bordos de sedimento y acequias excavadas en el suelo, en la terraza media aluvial del Río Punilla (Bajo del Coypar I -BCI-, Sector 1) (Tchilinguirian y Olivera 2000; Olivera y Vigliani 2000/2002). Posteriormente, desde ca. 700 años AP aumentaría la incidencia del cultivo en la economía y el crecimiento poblacional. Paralelamente, se habría iniciado una paulatina modificación en la organización social y política de los grupos llevando a una creciente concentración/segmentación del poder y a una alta densidad de población en asentamientos como LA. BCII sería prácticamente abandonado como área residencial e incorporado al sistema de producción agrícola. Lo mismo ocurriría con otro sitio, CCT, el cual habría sido ocupado en estos momentos temporales como área agrícola especializada (Olivera y Vigliani 2000/2002; Olivera et al. 2003/2005; Salminci et al. 2007). La mayor importancia adquirida por las prácticas agrícolas estaría evidenciada en la relación espacial entre BCI y BCII, así como en el incremento de la importancia de las 122

técnicas de almacenaje. En este sentido,Vigliani (1999) señala la destacada representación en la ocupación final de BCII (posterior a ca. 670 años AP) de cerámica potencialmente asociada por sus características físicos-mecánicas con esta actividad. Esta tendencia también fue observada entre los materiales de superficie y excavación de LA y CCT (Olivera et al. 2003/2005). No debemos dejar de mencionar la numerosa cantidad de depósitos hallados en Quebrada de Petra con un fechado de 710 ± 30 AP (UGA 8626, M1QP; corregido 940; δ13C:-10,12‰) sobre una muestra tomada de una abundante cantidad de marlos (Olivera y Vigliani 2000/2002). Otra evidencia que podría asociarse a la intensificación agrícola es la tendencia observada entre los conjuntos líticos relevados en distintos sitios tardíos (LA, CCT, BCII) hacia una mayor expeditividad (sensu Nelson 2007 [1991]) a lo largo de todo el proceso de producción, en comparación a los conjuntos formativos (Escola 2000). La misma estaría evidenciada en la selección de materias primas muy próximas, en la manufactura de artefactos en su mayoría de formatización sumaria con filos marginales y en su corta vida útil. El incremento de la importancia de las prácticas productivas en la subsistencia y la necesidad de invertir más tiempo en otros mecanismos (sociales, tecnológicos, económicos) para dar respuesta a los riesgos a mediano y largo plazo asociados a las mismas, podrían explicar estas tendencias entre los conjuntos líticos tardíos y posteriores (Elías 2006; Escola et al. 2006). Por otro lado, hemos sugerido que el postulado incremento de la agricultura y el crecimiento poblacional habrían llevado a buscar mayor efectividad de los implementos relacionados a la misma, como artefactos de molienda y palas y/o azadas, así como a aumentar su representación en los conjuntos (Elías 2006). Sin embargo, entre los materiales líticos registrados hasta el momento en LA, BC y CCT no eran tan abundantes este tipo de

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instrumentos, en especial los de labranza (Elías et al. 2001; Elías 2006; Escola et al. 2006). Esta baja frecuencia podría explicarse por diversas razones. Una de ellas es el sesgo de la muestra con la que contamos, principalmente en relación a las exiguas tareas de excavación realizadas en CCT y LA, aunque en BCII la superficie excavada ha sido mayor (Vigliani et al. 1999; Olivera et al. 2003/2005; Elías 2006; Escola et al. 2006). Respecto a la baja representación de palas y/o azadas líticas, sugerimos que su baja frecuencia en los conjuntos respondería al uso de otras materias primas, más específicamente la madera, en la manufactura de estos ítems en momentos tardíos (Elías 2006). No debemos dejar de mencionar que la caza en el Tardío y Tardío-Inka habría seguido contribuyendo a la dieta de las poblaciones (Olivera 1998) constituyendo, al igual que en el Formativo, una forma de reaseguro del riesgo por medio de la diversificación de la base de recursos (Escola 2002). Los resultados de los análisis iniciales llevados a cabo sobre el material arqueofaunístico de CCT avalan esta idea, ya que si bien muestran una clara presencia de camélidos domesticados (Lama glama), algunos huesos corresponden a Vicugna vicugna, Lagidium sp. y algunas aves (Olivera et al. 2003/2005; Grant Lett-Brown 2008). Asimismo, es llamativa la importante representación de puntas de proyectil entre los conjuntos líticos de excavación de BCII (Escola et al. 2006). Las investigaciones paleoambientales realizadas hasta el momento han llevado a sugerir que el descrito proceso de cambio experimentado por las sociedades formativas y tardías de la microregión, estaría relacionado con el ambiente más árido que comienza a manifestarse ca. 1650-1700 años AP (Olivera et al. 2004). Finalmente, la llegada del Imperio Inka introdujo modificaciones en la infraestructura agrícola, caracterizadas por la ampliación y complejización del sistema de producción, que

incluirían la construcción de un canal de riego en ladera, aterrazamientos y cuadros de cultivo en piedra de BCI (Sector 2) (Tchilinguirian y Olivera 2000; Olivera y Vigliani 2000/2002). Objetivos generales de las tareas de campo En el citado contexto de investigación se planteó la necesidad de realizar una nueva campaña para ampliar el registro de evidencias arqueológicas y ambientales correspondientes a momentos formativos y tardíos, que permitirían reforzar o modificar las ideas previas respecto al proceso sociocultural regional y a la dinámica de las sociedades involucradas. Los objetivos generales que guiaron las tareas en el campo fueron: 1) continuar contrastando el modelo de cambio propuesto desde ca. 3000 años AP; 2) profundizar en la comprensión de la subsistencia de las sociedades formativas y tardías y su variación a lo largo del tiempo; 3) profundizar en el estudio de los patrones de asentamiento de las mismas, de la configuración del espacio regional y local formativo y tardío, así como de su dinámica social; 4) empezar a explorar las tendencias y características paleoambientales posteriores a ca. 1200 años AP. En este sentido era importante la realización de nuevas excavaciones en sitios como LA, con el fin de obtener nuevas muestras para fechar y contrastar la ubicación temporal propuesta para cada sitio. También eran necesarias para obtener nuevas evidencias (óseo, vegetal, cerámico, lítico) principalmente procedentes de estratigrafía. Gran parte de los materiales con los que contábamos correspondían a contextos superficiales. Por otro lado, era fundamental iniciar el relevamiento sistemático de la arquitectura 123

Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

y topografía de los sitios. Hasta el momento, sólo contábamos con croquis de los mismos. La realización de planos se tornó imprescindible no sólo por cuestiones prácticas de ubicación espacial, sino también para avanzar en la comprensión del manejo y uso del espacio natural y arquitectónico por parte de las sociedades que los habitaron. Finalmente, otro punto pendiente era la recolección de un número mayor de muestras de materias primas líticas en las fuentes de CCT y otras, con el fin de aprehender la variabilidad de rocas presentes y aportar al conocimiento de la disponibilidad espacial de las mismas, paso importante en la comprensión de las decisiones tecnológicas líticas de los grupos y de su entorno socioeconómico. LAS ACTIVIDADES DE CAMPO Fondo de cuenca La Alumbrera (LA) Es un gran asentamiento conglomerado localizado a orillas de la Laguna Antofagasta. Presenta diversas estructuras (edificios simples y compuestos de tamaños disímiles, tumbas y muros perimetrales) distribuidas sobre el escabroso relieve de coladas basálticas del Volcán Antofagasta. La arquitectura y la cerámica del sitio lo adscriben al Período de Desarrollos Regionales del N.O.A. y lo relacionan al sistema cultural Belén. Asimismo, presenta rasgos que lo asocian con el período Inka (troneras, vanos trapezoidales, imitación de sillería y RPC) (Ambrosetti 1906; Raffino y Cigliano 1973; Olivera 1989, 1991) (Figura 2). El sitio había sido prospectado y recorrido en sucesivas oportunidades por el equipo desde el año 1991 (Olivera 1991), pero recién en el 2001 fue relevado y estudiado en forma más sistemática. En aquella ocasión realizamos recolecciones intensivas de superficie en 124

algunos sectores y un pequeño sondeo en un recinto1. Sin embargo, no fueron efectuados relevamientos de su topografía y arquitectura, exceptuando algunos croquis (Olivera et al. 2003/2005; Elías 2006). Las tareas llevadas a cabo en esta campaña consistieron en prospecciones, nuevas recolecciones de superficie y sondeos en el interior de dos estructuras arquitectónicas. Por otro lado, se mapearon distintas áreas del sitio. A continuación las desarrollaremos: 1) Actividades de mapeo. Se concentraron en el complejo arquitectónico ubicado dentro de los límites del sistema de murallas interno denominado “sector central” (Figura 2). Dichas actividades se basaron en tareas previas realizadas en gabinete sobre imágenes satelitales de alta resolución (Salminci 2007; Salminci et al. 2007). Sin embargo, el mapeo del registro arquitectónico era necesario debido a que a pesar de la buena resolución de las imágenes, los accesos a las estructuras no eran perceptibles en ellas. Por otro lado, las sombras y los derrumbes de muros en muchos casos llevaban a errores y omisiones en la planimetría. 2) Prospección. Se recorrieron distintos sectores del sitio registrando materiales en superficie y otras evidencias. Uno de los objetivos era acercarnos a la representación de artefactos de molienda y palas y/o azadas líticas (Elías 2008). Se registró un número considerable de los primeros, tanto dentro de recintos como en sectores de tránsito. Cada uno de los mismos fue georeferenciado (GPS), fotografiado y medido (soportes, oquedades y superficies trabajadas) (Figura 3). Respecto a las segundas, relevamos en distintos sectores del sitio tres fragmentos de posibles palas y/o azadas líticas en vulcanita 8. Asimismo, un molino y otros artefactos en esta misma roca. También, registramos varias estructuras consideradas preliminarmente funerarias2,

La Zaranda de Ideas 4: 119-140 (2008)

Figura 2. Planimetría sector central de LA y detalle de áreas de sondeo.

muchas de las cuales se encontraban vacías o con escaso material debido al saqueo. Con algunas excepciones, se hallaron principalmente fuera de las áreas internas de los recintos. Identificamos dos tipos: a) estructuras circulares de aproximadamente 50-80 cm de diámetro y 60 cm de profundidad, excavadas en la superficie arenosa y construidas con una técnica bastante refinada de pircas con mortero y en algunos casos con lajas dispersas en las inmediaciones, las que habrían funcionado como cerramiento, y b) otras localizadas en oquedades del afloramiento, de tamaño mayor y cerradas con pircado. Una de éstas concentró nuestra atención. La misma se encontraba saqueada y en el sedimento removido se registró una tarabita3 (Figura 4), huesos humanos y animales, tres tiestos de cerámica ordinaria, así como un pequeño marlo (Figura 5). 3) Sondeos. Se realizaron dos sondeos de 1 x 1 m en el interior de dos recintos ubicados en el sector central (Figura 2). El primero se realizó cerca del ángulo noreste del Recinto 2 e incluyó dos ampliaciones (1 y 2), pudiéndose determinar cuatro capas: superficial, Capa 1, 2 y 3. La profundidad aproximada alcanzada

fue de 60 cm. En la excavación se registró un gran número de artefactos líticos, la mayoría en cuarcita. Asimismo, fue importante la representación de minerales cúpricos 4 y calcedonia. En menor proporción se registraron artefactos en vulcanitas oscuras y vulcanita 8 (Aschero et al. 2002/2004), obsidianas y cuarzo. Entre los instrumentos se destaca el hallazgo de cuatro perforadores en calcedonia5 y una mano de moler fracturada en superficie. Respecto a la cerámica, relevamos tiestos ordinarios de tipos tardíos (Vigliani 1999), dos fragmentos de cerámica Belén y otro muy delgado negro/ante (Figura 6 a, b y c). Los restos arqueofaunísticos aparecen muy fragmentados y corresponden, en general, a camélidos. Finalmente, obtuvimos muestras de carbón a lo largo de las distintas capas6. No debemos dejar de mencionar la presencia de restos de pigmentos minerales rojizos. El segundo sondeo se realizó en el Recinto 14, adyacente al muro norte del mismo. Se trata de una estructura poligonal que junto al Recinto 13 y otros conforman un conjunto arquitectónico de cuidada construcción, con muros altos y dobles con relleno (Figura 2)7. Se 125

Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

determinaron cuatro capas (superficial, Capa 1, 2 y 3), fértiles hasta los 46 cm de profundidad, mientras que la Capa 3 resultó estéril. A lo largo de éstas relevamos artefactos líticos, principalmente en cuarcita, entre otras materias primas (vulcanitas oscuras, minerales cúpricos, calcedonia, cuarzo y obsidianas). Asimismo, se registraron restos de cobre y pigmentos minerales. Relevamos cuatro puntas de proyectil todas ellas apedunculadas, tres cuentas (Figura 7) y un perforador en calcedonia (Figura 8), así como una considerable cantidad de astillas

óseas. Restos vegetales, cáscaras de huevo y un vellón de fibra de vicuña (Vicugna vicugna) (María del Carmen Reigadas, com. pers. 2008) también fueron registrados. Entre el material cerámico relevamos un tiesto Belén negro/rojo (N/R) y dos tiestos sin decoración. Sólo se obtuvo carbón en zaranda, procedente de la Capa 3. 4) Recolecciones de superficie. Fueron realizadas en el Recinto 13 (Figura 2). Entre el material lítico recolectado registramos una alta representación de artefactos en cuarcita y calcedonia (entre estos últimos hemos determinado cinco perforadores). Asimismo, restos de minerales cúpricos, artefactos en vulcanitas oscuras y vulcanita 8, cuarzo y sílice. También, algunos restos de cobre. El material cerámico recogido fue mayoritariamente ordinario, con presencia de tiestos Belén N/R, Santamarianos y Formativos (Tabla 1). Es interesante destacar que entre los ordinarios se encuentran fragmentos de recipientes grandes y paredes muy gruesas asociados a posibles funciones de almacenaje.

Figura 3. Mortero registrado en LA.

Figura 4. Tarabita relevada en tumba de LA.

Figura 5. Pequeño marlo relevado en tumba de LA. 126

Figura 6. Cerámica relevada en el sondeo del R2 (LA).

La Zaranda de Ideas 4: 119-140 (2008)

Figura 7. Cuentas y puntas de proyectil registradas en el sondeo del Recinto 14 (LA).

También, hay fragmentos de paredes delgadas con mucha mica y otros de paredes algo más gruesas con mica y cuarzo, con evidencias de exposición al fuego, ambos asociados a actividades domésticas. Estos diferentes tipos son coincidentes con los propuestos por Vigliani (1999) para BCII, aunque es prematuro aún considerar las proporciones en que aparecen. Arroyo Seco (AS) Inmediatamente al este de LA se distribuyen, cercanas a la laguna, una serie de estructuras arquitectónicas de formas y dimensiones variables construidas con bloques de piedra negra basáltica (Figura 1). Hasta el momento, no se han realizado recolecciones sistemáticas ni excavación de las mismas. Sólo hemos llevado a cabo un primer reconocimiento en el terreno, relevando únicamente algunas muestras arqueológicas de superficie, principalmente lítico y cerámica. Preliminarmente, se determinaron varios sectores y subsectores en función de los materiales arqueológicos identificados en superficie: Arroyo Seco 1, 2, 3, 4 y 5 (subsectores 1, 2, 3, 4 y 5) (Figura 9). En AS1 se relevaron artefactos sobre vulcanitas oscuras, cuarzo y cuarcita. Entre los primeros, algunos presentan filos largos con retoque marginal. Asimismo, se registró una punta de proyectil temprana y ocho tiestos. Los tiestos corresponden a cinco ordinarios, uno rojo de paredes delgadas, uno gris pulido

en ambas superficies y uno marrón verdoso pulido, todos identificables como similares a tipos hallados en Casa Chávez Montículos y adscribibles al Formativo. AS2 es un gran corral con paredes de pirca, en cuya construcción se aprovechó la topografía del terreno. Gran parte del material lítico corresponde a artefactos sobre vulcanitas oscuras y vulcanita 8, así como sobre cuarzo y cuarcita. Algunos de vulcanita 8 podrían asociarse a fragmentos de filos de palas y/o azadas líticas. Entre los artefactos en vulcanitas oscuras, se identificaron, al igual que en el sector anterior, filos largos de retoque marginal. Respecto a la cerámica, se recogieron ocho fragmentos ordinarios que por sus características técnicas se corresponden con el Formativo. AS3 está conformado por dos estructuras circulares adosadas, con escaso material de superficie; sólo dos tiestos cerámicos fueron

Figura 8. Perforador registrado en el sondeo del Recinto 14 (LA). 127

Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

relevados, ambos ordinarios y de difícil adscripción. AS4 se halla al norte de los sectores anteriores, más próximo a la orilla de la laguna. En este sector se encuentra un puesto actual que ha alterado sensiblemente el sitio arqueológico. No se ha recolectado material, aunque sí se ha observado la presencia de cerámica Belén. AS5 fue dividido en cinco subsectores en función de su ubicación topográfica y los materiales arqueológicos presentes. El subsector 1 se encuentra sobre el piedemonte de las coladas. Allí registramos una cantidad considerable de segmentos de palas y/o azadas sobre vulcanita 8 (Figura 10), desechos de talla e instrumentos en vulcanitas oscuras. Entre los instrumentos sobre vulcanitas oscuras es llamativa la presencia, al igual que en AS1 y 2, de filos largos con retoque marginal (Figura 11). Asimismo, se registraron artefactos sobre cuarcita y obsidianas en menor proporción. Se recolectaron 52 tiestos (Figura 12 a, Tabla 1). Todos los tipos se asocian con la cerámica formativa de Casa Chávez Montículos, en su mayoría con el Componente Superior asociado a la cerámica Ciénaga y Saujil, aunque los tipos negro y rojo con baño grueso de pintura son característicos del Componente Inferior (Olivera 1997). Algunos tiestos deteriorados en su superficie poseen una pasta muy compacta y factura cuidada que recuerda la cerámica Aguada. El subsector 2 corresponde a un conjunto de estructuras circulares y sub-circulares dispuestas sobre la colada. Algunas de ellas están alteradas dada la utilización de la roca para la fabricación de corrales actuales. Con respecto al material lítico se relevaron artefactos en vulcanitas oscuras, obsidianas, cuarcita, cuarzo y aragonita. No se han registrado palas y/o azadas como en el sector anterior. Entre la evidencia cerámica (Figura 12 b, Tabla 1), al igual que en el subsector 1, los 128

tipos se asocian con la cerámica formativa de Casa Chávez Montículos, en su mayoría con el Componente Superior, aunque también aquí se hallaron algunos de los tipos negro y rojo con baño grueso de pintura característicos del Componente Inferior (Olivera 1997). Aquí también la mayoría de los tiestos grises-negros e incisos se relacionan a tipos Ciénaga y Saujil, mientras que los negros/rojo recuerdan a Condorhuasi. Finalmente, algunos tiestos ordinarios muestran signos de exposición al fuego. Se ha registrado una tumba saqueada en este sector, en la que se hallaron fragmentos y asas de cerámica (Tabla 1). En general se destacan en todos ellos las paredes finas a muy finas. Varios tiestos grises-negros con defectos de cocción (superficie manchada) y otros rojos con líneas negras, corresponderían a piezas quebradas durante el saqueo ya que algunos remontan entre sí. Es interesante que en el caso de los rojos con líneas negras se utilizara la técnica de pintura negativa, que ya se ha detectado en el Formativo regional (Olivera 1997). El contexto aquí también se aproxima al Componente Superior de Casa Chávez Montículos. El subsector 3 es un conjunto de tres estructuras circulares, muy colmatadas de arena. Entre el material lítico registramos artefactos en vulcanitas oscuras y vulcanita 8, cuarcita, calcedonia, obsidianas y cuarzo. Entre los primeros, identificamos filos largos con retoque marginal, al igual que en AS1, 2 y 5 (S1). Entre los segundos, se relevó un filo largo y un fragmento de posible pala y/o azada. El contexto cerámico es muy coincidente con los dos sectores anteriores, con cerámicas dominantes grises a grises-negras (algunas con incisión o pulido en líneas), escasos tiestos rojo o negro con baño de pintura y algunos de técnica Aguada: superficie pulida ante claro, paredes delgadas, cocción oxidante de buena calidad, pasta compacta, textura fina y dureza elevada (Tabla 1).

La Zaranda de Ideas 4: 119-140 (2008)

Figura 9. Sectores y subsectores en el área arqueológica de Arroyo Seco. Referencias: AS1: Arroyo Seco 1; AS2: Arroyo Seco 2; AS3: Arroyo Seco 3; AS4: Arroyo Seco 4; AS5 (S1): Arroyo Seco 5, subsector 1; AS5 (S2): Arroyo Seco 5, subsector 2; AS5 (S3): Arroyo Seco 5, subsector 3; AS5 (S4): Arroyo Seco 5, subsector 4; AS5 (S5): Arroyo Seco 5, subsector 5. Imagen modificada a partir de Servicio de imágenes del planeta Google Earth™.

El subsector 4 es un conjunto de cuatro estructuras circulares con pirca doble trabada y posible argamasa. Se ha registrado cerámica ordinaria, Belén, escasa cerámica Santamariana y algunos tiestos Aguada y gris (Figura 12 d, Tabla 1). Los tiestos ordinarios se acercan en su mayoría a los tipos tardíos de LA y BC; algunos con paredes muy gruesas y tamaños grandes podrían asociarse a almacenaje. En cuanto al material lítico abundan las lascas de obsidianas y artefactos en vulcanitas oscuras, seguidos por las cuarcitas. Finalmente, el subsector 5, presenta estructuras circulares, con presencia de cerámica ordinaria temprana y de fragmentos de vulcanitas oscuras y palas y/o azadas líticas. Volcán La Alumbrera (Vc. LA) Se trata de estructuras circulares ubicadas en el extremo oriental de la Laguna Antofagasta (Figura 1). Determinamos dos sectores:Volcán la

Alumbrera 1 y 2. Al igual que en el sitio anterior, realizamos un primer reconocimiento, sin llevar adelante recolecciones sistemáticas de superficie ni excavación. En Vc. LA1 la cerámica esta compuesta por tipos ordinarios muy variados, algunos fragmentos grises-negros, ante-rojizos y algunos amarillentos con engobe. Es un contexto poco diagnóstico, pero parecen dominar tipos tardíos e incluso post-hispánicos. Con respecto al material lítico en superficie aparece una considerable presencia de artefactos en cuarcita, tres artefactos en vulcanita 8 y dos en vulcanitas oscuras. En Vc. LA2 registramos un contexto cerámico más ecléctico que en Arroyo Seco 5, aunque parece indudablemente corresponder a épocas Formativas. La escasa presencia de cerámicas incisas o grises pulidas de filiación valliserrana lo aproxima más al Componente Inferior de Casa Chávez Montículos, aunque aún es prematuro pasar del terreno de la hipótesis. 129

Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

Sectores Intermedios

representación en CCT y su uso en momentos tardíos (Elías 2006, 2007). Por otro lado, habrían existido más morteros que los registrados por nosotros en campañas previas (Elías 2006). En síntesis, si bien las referencias brindadas por Don Beltrán no resuelven nuestras preguntas, sí constituyen una alerta para seguir pensando sobre estos instrumentos y sus evidencias arqueológicas.

Campo Cortaderas (CCT)

La Virgencita de Cortaderas (LV)

Se trata de un área arqueológica con recintos, aterrazados, cuadros de cultivo y vestigios de una acequia o canal de riego prehispánico, similares a los observados en BCI y II (Olivera et al. 2003/2005). Hemos identificado tres quebradas sucesivas con estructuras agrícolas y habitacionales: CCT1, CCT2 y CCT3 (Olivera et al. 2003/2005; Elías 2006)8.

Inmediatamente al norte de la localidad arqueológica de Campo Cortaderas, en las inmediaciones de un santuario dedicado a la virgen, hemos encontrado un encierre de pirca

Entre el material lítico registramos artefactos en vulcanitas oscuras y obsidianas, y algunos pocos en vulcanita 8, cuarcita y calcedonia. Entre los primeros, relevamos filos largos con retoque marginal, similar a AS1, 2 y 5 (sectores 1 y 3). Asimismo, se registraron algunos fragmentos de minerales cúpricos.

En esta oportunidad no realizamos actividades de campo, exceptuando la recolección de muestras de materias primas líticas de las fuentes cercanas. Sin embargo, consideramos interesante destacar que durante nuestra corta estadía en el sitio tuvimos la oportunidad de observar algunos objetos generosamente facilitados por Don Nicolás Beltrán, dueño del puesto cercano al sitio.Tomamos nota de la información brindada, caracterizando y registrando fotográficamente cada uno de los mismos. Entre los objetos mencionados pudimos identificar molinos, manos de moler, morteros y un tortero. De acuerdo a Don Beltrán, muchos procederían del sitio CCT o de las cercanías del mismo. Asimismo, nos comentó acerca de la presencia de palas y/o azadas líticas, las cuales actualmente no tenía en su poder. Si bien estos materiales se hallan fuera de contexto y no accedimos a las palas y/o azadas, consideramos que aportan al momento de evaluar nuestros hallazgos en el sitio y en la microrregión en general. En este caso en particular, nos lleva a seguir considerando las posibles razones (temporales, funcionales, actualísticas) de su baja 130

Figura 10. Fragmentos de palas y/o azadas relevadas en AS5 (subsector 1).

Figura 11. Fragmentos de artefactos con filos largos con retoque marginal registrados en AS5 (subsector 1).

La Zaranda de Ideas 4: 119-140 (2008)

seca, probablemente de tiempos históricos (Figura 1). Dentro y fuera de la estructura se halló gran cantidad de material lítico y cerámico correspondientes a distintos momentos. Sólo realizamos un reconocimiento inicial, determinando tres zonas de concentración, dos de ellas fuera de la estructura, hacia el sur, y una dentro de la misma. Constituyen verdaderos palimpsestos con presencia de puntas de proyectil arcaicas, cerámica formativa ante-pulida y ordinaria de tipo temprano, y materiales actuales. También hemos registrado un borde de lo que parece ser un recipiente de ignimbrita. Dentro del recinto se visualizan restos de estructuras agrícolas en desuso, quizás de origen histórico, que conforman un trazado rectangular. En campañas anteriores en la zona de CCT, en lo que denominamos fuente 4, habíamos relevado dos puntas de proyectil arcaicas (Elías 2006). Podemos sugerir, tomando en cuenta los nuevos ejemplares registrados en LV, que el área de CCT fue frecuentada probablemente por poblaciones de cazadores-recolectores desde momentos holocénicos tempranos.

Punta Calalaste (PC) Este sitio presenta estructuras de cultivo realizadas sobre la misma roca rojiza disponible en el lugar. Algunas están en un sector elevado, sin identificarse aún el sistema de riego, y otras junto al cauce del arroyo, muy posiblemente regadas a partir del mismo. En esta oportunidad sólo realizamos una primera observación con el fin de aprehender sus características principales y registrar el material de superficie, sin efectuar recolección. En un sector del extremo sur de los cuadros de cultivo ubicamos tres estructuras posiblemente de habitación, en cuyo interior registramos la presencia de cerámica Belén y cerámica ordinaria tardía. Con respecto al material lítico observamos la presencia de artefactos sobre una vulcanita oscura, probablemente procedente de fuentes secundarias muy próximas al sitio. Se trata de un muy interesante asentamiento por su probable relación con CCT y CG1, 2 y 3, que podría implicar una importante presencia de la ocupación Tardía-Inka en el corredor desde la Laguna Colorada hasta Los Nacimientos con eje en la cuenca de Calalaste.

Figura 12. Tiestos registrados en los subsectores 1, 2 y 4 de AS5. 131

Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

LA R13

Sitios

AS 5 (S1)

AS 5 (S2)

AS 5 (S2 Tumba)

Grupos Cerámicos



%



%



%

Ord

48

77

6

14

7

26

B n/r

10

16

SM

2

3

Gi

1

2

3

7

3

12

G-GN p

17

41

7

26

G p en l

2

5

2

8

Rp/G o GN



AS 5 (S3)

%

19

29

10

15

AS 5 (S4)

Vc. LA1

1

2



%



%



%



%



%

32

15

53

14

37

11

25

71

51

1

2

7

25

1

4 1

2

10

7

2

7

6

16

14

30

26

18

7

5,1

1

0,7

4

7

15

28

3

6

3

6

2

5

2

4

10

26

5

9

2

5

A-R ln 8

2

7

1

4

2

1

0,7

2

4

3

2,1

4

10

A-R pmd

4

10

N a MV cmc

2

5 2

8

1

2

N pbg

1

2

2

8

1

2

3

7

R pbg

1

2

1

4

2

4

3

7

R pc

1

2

1

2

R pd

1

2

1

2

34

3

2

1

A-R pd

R ln

2

53

AA e Subtotal Ind

CG1

18

ANai A lp

Vc. LA2

8

17

2

1,4

4

2,7

4

2,7

7

5,1

5

3,5

4

11

62

100

42

100

26

100

65

100

54

100

28

100

38

100

46

100

141

100

29

-

10

-

3

-

5

-

3

-

8

-

7

-

10

-

30

-

Tabla 1. Representación de grupos cerámicos en los sitios. Referencias: Grupos cerámicos: Ord: ordinarios; B n/r: Belén N/R; SM: Santamarianos; Gi: Gris inciso; A lp: Ante liso pulido; A-R ln: Ante rojizo con líneas negras; G-GN p: gris-gris negra pulida; G p en l: gris pulido en líneas; Rp/G o GN: rojo pintado sobre gris o gris negro; ANai: Ante natural aplicado e inciso; A-R pd: ante rojizo paredes delgadas; A-R pmd: ante rojizo paredes muy delgadas; N a MV cmc: negro a marrón verdoso con manchas de cocción; R pc: rojo pasta compacta; R pd: rojo paredes delgadas; AA e: Ante amarillento engobados Ind: indeterminados, muy pequeños o deteriorados (no se contabilizaron para elaborar los porcentajes). Sitios: LA R13: La Alumbrera, Recinto 13; AS5 (S1), (S2), (S2 tumba), (S3) y (S4): Arroyo Seco 5, subsectores 1, 2, 3 y 4; Vc. LA1 y LA2: Volcán La Alumbrera 1 y 2; CG1: Corral Grande 1.

Corral Grande 1 (CG1) Se han identificado en campañas anteriores y a partir de imágenes satelitales tres sitios arqueológicos (CG1, 2 y 3) de características similares, sobre las terrazas del Otro Río (afluente del Río Mojones) (Figura 1). En esta última campaña, sólo realizamos actividades en el sitio CG1, el más septentrional de los registrados hasta el momento. Se trata de un sitio multicomponente de gran relevancia, con evidencias asignables tanto al Formativo como al Tardío y a momentos históricos. Incluso algunos hallazgos de puntas de proyectil en superficie relacionan el sector a las poblaciones 132

cazadoras recolectoras del Arcaico. Realizamos relevamientos planimétricos de las estructuras a partir de imágenes satelitales de alta resolución, recolecciones de superficie y registro in situ de algunas evidencias. Las recolecciones de superficie se concentraron en el sector sudeste de un recinto circular (Recinto 4) ubicado en lo que posiblemente sería el sector de más intensa ocupación en el Formativo. En el mismo, relevamos once posibles manos de molienda (una de ellas con pigmento rojizo en su superficie activa), así como gran cantidad de material lítico correspondiente a artefactos

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realizados sobre vulcanitas oscuras. Otras materias primas (vulcanita similar a la vulcanita 8, obsidianas, vidrios volcánicos, calcedonia, sílice y minerales cúpricos) también encuentran representación, pero en menor proporción. Algunos de los instrumentos líticos relevados presentan filos largos con retoque marginal. Por otro lado, hemos registrado cuentas sobre minerales cúpricos. Asimismo, recolectamos gran cantidad de material cerámico con y sin tratamientos especiales de superficie, en porcentajes muy equilibrados (Tabla 1, Figura 13). Entre los primeros registramos cerámica gris incisa y gris-gris negro pulidas como dominantes, acompañadas de gran variedad de tipos.Todo el contexto se corresponde muy bien con los de Casa Chávez Montículos y el resto de los sitios con ocupaciones del Formativo en la región, especialmente para momentos posteriores a ca. 2000 años AP con importantes componentes valliserranos y especialmente del Valle de Abaucán. Como es habitual en el Formativo se observa una alta variabilidad de tipos y una baja estandarización en la manufactura, aunque una muy buena destreza técnica. La presencia de diversos tipos ordinarios, algunos con exposición al fuego, apuntan a un típico contexto doméstico. Por otro lado, realizamos recolecciones aisladas y registros de algunos artefactos (cerámicos y líticos) en distintos sectores del sitio, a saber: Recinto 5, en lo alto de la ladera (hacia el oeste) y en lo que consideramos el sector histórico (hacia el sudeste). En el primero, relevamos cuatro fragmentos

cerámicos tempranos y una punta de proyectil del Arcaico fracturada en su sector medial. En el sector histórico hemos registrado y relevado una cantidad considerable de manos, morteros y molinos. Asimismo, este sector presenta una enorme cantidad de artefactos líticos, cerámica formativa, cerámica tardía, histórica y ordinaria. Llama la atención un fragmento de interior negro similar a los denominados Pucos Interior Negro habituales en contextos de la Puna norte y la Quebrada de Humahuaca, donde se asocian a contextos tardíos (Alfaro de Lanzone 1988). OTRAS ACTIVIDADES Estudios de fuentes de materias primas líticas El reconocimiento y caracterización de fuentes de materias primas líticas constituyó parte de las tareas realizadas en la campaña. Nuestros objetivos al respecto eran: profundizar en la caracterización de fuentes ya registradas, reconocer nuevas y ampliar al número de muestras de materias primas de las que disponíamos. En el año 2001 registramos afloramientos de materias primas líticas basálticas en el área arqueológica de CCT. En aquella oportunidad aislamos seis sectores con concentración de rocas. En cuatro de ellos (fuentes Nº 1, 2, 3 y 4) identificamos una variedad volcánica de color negro y textura gruesa, muy similar a la vulcanita 4 registrada por Escola (2000) en los afloramientos de Los Negros (aproximadamente 5 km al sur de LA, fondo de cuenca). La roca

Figura 13. Tiestos registrados en el Recinto 4 de CG1. 133

Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra...

que caracteriza a los dos sectores restantes es muy similar a la vulcanita 8, también identificada en el fondo de cuenca (Escola 2000), a 2 km de LA. En aquella instancia, tomamos algunas pocas muestras de cada una de las variedades de materias primas líticas mencionadas para realizar cortes delgados (Elías y Tchilinguirian 2006). En esta ocasión, caracterizamos geológica y arqueológicamente la fuente Nº 1 y recogimos nuevas muestras con el fin de obtener un conjunto más representativo de las variedades presentes. Por razones de tiempo, no pudimos realizar lo correspondiente en las restantes fuentes con presencia de vulcanita oscura. Por otro lado, identificamos por primera vez, inmediatamente al norte del puesto de Don Beltrán (ver página 14) afloramientos primarios de vulcanita 8, los cuales corresponden a frentes de coladas, donde asimismo recogimos diversas muestras. Como mencionamos, la vulcanita oscura y la vulcanita 8 presentes en los afloramientos de CCT son muy similares macroscópicamente a las denominadas vulcanitas 4 y 8, en afloramientos del fondo de cuenca (Escola 2000; Aschero et al. 2002/2004). Dado que de estas últimas sólo contábamos con unas pocas muestras tomadas por otros investigadores, decidimos realizar nuevas recolecciones. Finalmente, llevamos adelante un primer reconocimiento de otros afloramientos existentes en la cuenca. Entre estos, un afloramiento secundario de vulcanita oscura en Punta Calalaste, inmediatamente al sur del sitio homónimo (Figura 1). En éste registramos bloques con extracciones, lascas de reducción bifacial, núcleos e instrumentos. Sólo realizamos un primer reconocimiento, recolectando unas pocas muestras de la materia prima lítica presente.

Negros. Queda pendiente en futuras campañas profundizar en el conocimiento y descripción sistemática de las mismas. Recolección de muestras paleoambientales Los análisis paleoambientales previos llevados a cabo en la región han señalado que en el Holoceno Superior existieron oscilaciones de condiciones húmedas y secas durante los últimos 3000 años (Olivera et al. 2004; Olivera et al. 2006). Estas fluctuaciones habrían generado un marco ambiental particular donde las sociedades agro-pastoriles interactuaron y se desarrollaron. Era de suma importancia generar un panorama más claro sobre estas oscilaciones para poder entender y contextualizar los procesos de complejización que se desenvolvieron en la región. Por este motivo, en esta campaña nos propusimos identificar archivos ambientales con una cronología posterior a 3000 años AP. Se muestrearon tres localidades: el sector oriental de la Laguna Antofagasta, Arroyo Seco y Quebrada del Otro Río (donde se encuentra CG1). Las dos primeras corresponden al denominado fondo de cuenca y la última a sectores intermedios. Recolectamos muestras de sedimentos y suelos para realizar análisis sedimentológicos, diatomológicos e isotópicos. En el sector oriental de la Laguna Antofagasta se obtuvieron un total de 11 muestras en paleovegas. En Arroyo Seco se relevaron tres perfiles por medio de barreno, obteniendo un total de 23 muestras. Finalmente, en la Quebrada del Otro Río se analizaron cuatros perfiles expuestos, tomando un total de 41 muestras. DISCUSION Y CONCLUSIONES

Identificamos, asimismo, posibles fuentes de cuarcita en las cercanías de Laguna Colorada, al pie de la fuente de vulcanita 8 del fondo de cuenca y en las cercanías del afloramiento Los 134

La campaña abril/mayo 2007 nos permitió obtener mayor evidencia a partir de la cual repensar los modelos e ideas propuestos

La Zaranda de Ideas 4: 119-140 (2008)

para las ocupaciones formativas y tardías en Antofagasta de la Sierra. Determinamos, recorrimos y caracterizamos nuevos sitios que corresponderían tanto a momentos formativos como tardíos y posteriores (AS, Vc. LA, LV, PC, CG1), lo que permitirá profundizar en el conocimiento de la dinámica de ocupación de los distintos espacios de la microrregión a lo largo del tiempo. Los nuevos sitios con evidencias del Formativo son indudablemente relevantes, ya que permiten replantear sectores de ocupación del espacio que hoy no poseen ni agua, ni leña, ni pasturas suficientes. El caso más notable es el de los sitios AS y Vc. LA2, especialmente este último, ya que hoy se encuentra en un sector de dunas desérticas. Los registros paleoambientales que indican un período sensiblemente más húmedo entre ca. 3000 y 1700 años AP, permiten hipotetizar sobre la disponibilidad de esos sectores para la ocupación agro-pastoril durante ese período. Por su parte, CG1 puede corresponder a una base residencial similar a Casa Chávez Montículos y constituiría la segunda en su tipo para ese momento en la microrregión. Esto nos permite retomar la hipótesis de que las aldeas del Formativo ocupaban sectores de la cuenca separados por varios kilómetros (Antofagasta, Paicuqui, Corral Grande, Punta de la Peña), manejando parches óptimos del paisaje que involucraban acceso a zonas con recursos diferenciales (fondo de cuenca, quebradas intermedias y quebradas de altura) dentro del modelo de sedentarismo dinámico planteado (Olivera 1988). Los nuevos hallazgos, junto con los de un potencial sitio habitacional formativo en Paicuqui (Patricia Escola, com. pers. 2007), constituyen un nuevo e importante aporte a las investigaciones de las sociedades agro-pastoriles tempranas en la Puna meridional. Respecto al período Tardío, contamos con nuevas muestras para C14 de LA (en proceso), donde hasta el momento sólo disponíamos de un fechado de 210 ± 70 años AP (UGA

8633, LA M1; corregido 390; δ13C: -13,93‰) obtenido sobre restos óseos humanos de una tumba colectiva (Olivera y Vigliani 2000/2002). Estos nuevos fechados junto a los de BCII, de los sitios de Real Grande (Dellino 1998; Olivera 1992; Escola 2000; Olivera y Vigliani 2000/2002) y CCT, nos permitirán afinar el modelo del proceso sociocultural tardío y repensar el origen valliserrano y la adscripción cronológica de la cultura Belén. Hasta el momento se había sugerido una cronología más temprana para Belén en Hualfín y Abaucán y su posterior ascenso a la Puna en fechas posteriores. Sin embargo, los fechados ya obtenidos en BCII sugieren una presencia de Belén en ca. 1100/1000 años AP en la Puna asociada a contextos más cercanos al Formativo y previos a una mayor complejidad sociopolítica (Olivera y Vigliani 2000/2002). Estos elementos abren interesantes perspectivas de investigación futuras, aunque por el momento debemos ser prudentes y mantenernos en el terreno de las hipótesis. En relación a la agricultura, se ha señalado su creciente importancia en momentos tardíos (Olivera y Vigliani 2000/2002). En esta campaña determinamos nuevos ejemplares de artefactos de molienda potencialmente asociados a esta actividad. El registro limitado de los mismos en campañas previas se debió, como hemos sugerido, a sesgos de muestreo (Elías 2006). Respecto a las palas y/o azadas líticas, en LA siguen teniendo aún escasa representación, en tanto que en CCT sólo contamos con las referencias brindadas por Don Beltrán. Ahora bien, aunque una de las razones de su limitada presencia pueda deberse al sesgo en las actividades de recolección y a reclamaciones modernas, nos interesa destacar que entre los desechos líticos relevados en LA (en sondeos, prospecciones y recolecciones de superficie) es escasa la representación de la vulcanita 8 utilizada en la manufactura de estos artefactos (Escola 2000). Cabe señalar que las mismas tendencias se observan en los conjuntos líticos de BCII (Escola et al. 2006: Tabla 1). Por lo 135

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tanto, nos seguimos preguntando: ¿Una razón alternativa de su baja representación podría ser que otras materias primas (por ejemplo madera) fueran elegidas en su fabricación por parte de las poblaciones tardías? (Elías 2006).

sino también para contribuir a las relaciones de producción y sustentabilidad del ambiente para los actuales pobladores, afectados por la marginación y el deterioro de sus medios de producción tradicionales.

Ahora bien, la economía del Tardío era altamente diversificada y el pastoreo y la caza de camélidos fueron actividades destacadas, sin descuidar cierta cuota de recolección. La ganadería de camélidos no sólo estaba dirigida al consumo de carne, sino que estaba muy ligada seguramente a la producción de fibra y al caravaneo. La carne aportada por los camélidos silvestres era seguramente de gran importancia, pero la fibra y el cuero pudieron también constituir un aporte interesante. Es destacable que el vellón registrado en uno de los sondeos de LA corresponda a vicuña (Vicugna vicugna). Esto refuerza la hipótesis previa de que la caza de camélidos silvestres continuó constituyendo un elemento importante en la economía de la sociedad.

Para concluir, muchos de los datos obtenidos se encuentran actualmente en proceso de análisis, sin embargo, a partir de lo desarrollado en este trabajo, podemos decir que ya han aportado en forma inicial y aportarán a futuro información de gran importancia para avanzar en la comprensión del proceso sociocultural de las poblaciones puneñas a partir de ca. 3000 años AP.

Por otro lado, nos interesa destacar las tareas de relevamientos planimétricos realizadas en diversos sitios, las que abrieron una nueva línea de investigación en dirección a la comprensión del uso del espacio natural y artificial por parte de los distintos grupos humanos, tanto a nivel intra como intersitio. Esto permitirá avanzar en la comprensión no sólo de aspectos económicos y tecnológicos de las sociedades del Tardío, sino también en la compleja red de relaciones sociales y políticas de las mismas. Finalmente , varias de las muestras paleoambientales recogidas durante esta campaña en distintos sectores de la microrregión, ya han sido fechadas con posterioridad a ca. 3000 años AP9. Por lo tanto, contamos actualmente con muestras que nos permitirán caracterizar mejor el paleoambiente correspondiente a momentos posteriores a ca. 1200 años AP. Esto resulta de vital importancia no sólo para la comprensión de los procesos arqueológicos, 136

Recibido en Marzo de 2008 Aceptado en Septiembre de 2008 NOTAS 1. Muestras de carbón tomadas de este sondeo han brindado el siguiente fechado: 981 ± 39 AP (AA78543; δ13C: -21,0‰). Las mismas han sido realizadas en el NSF-Arizona AMS Laboratory. 2. Más investigación es necesaria para reafirmar su uso como tumbas y descartar otros usos alternativos (por ejemplo, almacenamiento). 3. Esta tarabita constituiría el quinto ejemplar relevado en Antofagasta de la Sierra (Ambrosetti 1906; Raviña et al. 2007). 4. Se han registrado cuentas, en general de tamaños pequeños, manufacturadas en estos minerales en la tumba relevada en BCII (Olivera y Vigliani 2000/2002). 5. Ya en el año 2001, en recolecciones de superficie hechas en el sector central se relevaron 14 de estos artefactos (Elías 2006, 2007). 6. Una de estas (Ampliación 2, Capa 3, 60 cm de profundidad) se encuentra en análisis en el NSFArizona AMS Laboratory. 7. Este conjunto fue destacado por Weisser (1923/24),

La Zaranda de Ideas 4: 119-140 (2008) Raffino y Cigliano (1973) y Olivera (1991). 8. Se han obtenido recientemente dos fechados para esta área arqueológica: CCT 1: 670 ± 38 AP (AA78545; carbón; δ13C: -24,2‰) y CCT 2: 853 ± 39 AP (AA78544; carbón; δ13C: -22,9‰). Los mismos fueron realizados en el NSF-Arizona AMS Laboratory. 9. Realizados en el NSF-Arizona AMS Laboratory.

AGRADECIMIENTOS A la población de Antofagasta de la Sierra por su cordialidad y apoyo a lo largo de tantos años. Al Dr. Jorge Martínez y al Dr. Salomón Hocsman por su inapreciable colaboración en las tareas en el campo. A los evaluadores y editores, cuyas sugerencias han contribuido definitivamente a mejorar el trabajo. Todo lo explicitado en el presente es responsabilidad de los autores. BIBLIOGRAFÍA Albeck, M. E. 2001. La Puna Argentina en los Períodos Medio y Tardío. En Historia Argentina Prehispánica, editado por E. Berberián y A. Nielsen, pp. 347-388. Editorial Brujas, Córdoba, Argentina. Alfaro de Lanzone, L. 1988. Investigación en la Cuenca del Río Doncellas. Depto. de Cochinoca- Pcia. De Jujuy. Reconstrucción de una Cultura Olvidada. Gobierno de la Provincia de Jujuy, Instituto Nacional de Antropología Buenos Aires, Dpto. De Antropología y Folklore Jujuy, OEA. Talleres Gráficos del Boletín Oficial e Imprenta del Estado de la Provincia de Jujuy. San Salvador de Jujuy. Ambrosetti, J. B. 1906. Apuntes sobre la arqueología de la Puna de Atacama. Revista del Museo de La Plata XXII: 3-30. Aschero, C., D. Elkin y E. Pintar 1991. Aprovechamiento de recursos faunísticos y producción lítica en el Precerámico Tardío. Un caso de estudio: Quebrada Seca 3 (Puna Meridional Argentina). Actas del XI Congreso Nacional de Arqueología Chilena, Tomo 2: 101-114. Santiago de Chile, Chile. Aschero, C., P. Escola, S. Hocsman y J. Martínez 2002/2004. Recursos líticos en la escala microrregional Antofagasta de la Sierra, 1983-2001. Arqueología 12: 9-36.

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Olivera et al. - Nuevas evidencias del proceso sociocultural en Antofagasta de la Sierra... *Daniel E. Olivera es Investigador Independiente de CONICET y Profesor de la UBA. Actualmente dirige el Proyecto Arqueológico Antofagasta de la Sierra (INAPL). Dirección de contacto: deolivera@ gmail.com **Alejandra M. Elías es Lic. en Ciencias Antropológicas (FFyL, UBA) desde Marzo de 2006. Actualmente se encuentra realizando su tercer año de Doctorado en la UBA, con el apoyo de una Beca de Postgrado Tipo I (CONICET). Su interés es acercarse a la organización de la tecnología lítica en el contexto del proceso socio-cultural Tardío y Tardío-Inka. Dirección de contacto: [email protected] ***Pedro Salminci es Lic. en Ciencias Antropológicas (FFyL, UBA) desde Diciembre de 2005. Las actividades de campo que se desarrollan en el informe forman parte de la concreción del Plan de Doctorado (UBA) y Beca de Postgrado Tipo I (CONICET), estudiando la organización social y uso del espacio. Dirección de contacto: [email protected] ****Pablo Tchilinguirian es Geólogo (UBA). En este momento está finalizando su doctorado sobre paleoambiente en relación a los procesos socioculturales en la Puna meridional argentina. Dirección de contacto: [email protected] *****Jennifer Grant es Lic. en Ciencias Antropológicas (FFyL, UBA) desde Marzo de 2008. Las actividades que se exponen en el informe forman parte de la concreción del Plan de Doctorado (UBA) y Beca de Postgrado Tipo I (CONICET). Su interés es el manejo económico de camélidos a través de la osteometría y el análisis de isótopos estables. Dirección de contacto: [email protected] ******Lorena Grana es Lic. en Ciencias Antropológicas (FFyL, UBA) desde Julio de 2007. Las actividades de campo que se desarrollan en el informe forman parte de la concreción del Plan de Doctorado (UBA) y Beca Inicial Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT), estudiando el paleoambiente en relación a los procesos socioculturales en la Puna meridional argentina. Dirección de contacto: [email protected] *******Paula Miranda es tesista de Lic. en Ciencias Antropológicas (FFyL, UBA) y becaria Estímulo de UBACyT. Su interés es aproximarse al estilo de vida de los antiguos habitantes de la Puna Argentina 140

desde una perspectiva bioarqueológica. Dirección de contacto: [email protected]

Notas

Medio siglo de formación académica en arqueología: avances y cuentas pendientes Paola Silvia Ramundo* Cincuenta años han transcurrido desde la creación de la Licenciatura en Ciencias Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y a partir de entonces diferentes generaciones de profesionales han contribuido a construir desde sus aulas un peldaño más en la historia del desarrollo disciplinar. El título mismo de esta nota conmemorativa lleva implícito el hecho de que la constitución de la carrera no fue el comienzo de la historia de la arqueología en nuestro país (que se remonta a varias y lejanas décadas previas), por el contrario hacemos referencia al instante en el cual esta ciencia se instala en el seno de la academia, como otra opción más de la formación ofrecida por la UBA, dentro del campo de las ciencias sociales. Es difícil desvincular la conformación de la licenciatura y el contexto socio-histórico que le dio marco y que, desde nuestro punto de vista teórico, generó y genera una fuerte impronta en el devenir de la arqueología argentina. En este sentido, su creación fue producto de una situación histórica particular, donde a través de una reforma universitaria radical, gestada durante el gobierno del Presidente A. Frondizi (1958-1962), las autoridades consideraron que la universidad y toda actividad científica en general podrían constituir uno de los ejes fundamentales para un cambio y modernización que permitiera superar el estancamiento en el que el país

estaba inmerso por aquel entonces, y lograr el “despegue nacional y el éxito de un nuevo modelo económico” (Buchbinder 1997:193). Fue así que se consideró como un camino válido elevar el nivel científico-técnico nacional mediante modificaciones de orden curricular y a través de la creación de nuevas carreras universitarias, como Sociología y Psicología en 1957, Antropología en 1958, Historia de las Artes en 1962, etc., así como también conformar en 1958 el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, organismo que promovió y promueve la mayoría de las investigaciones a través de becas y subsidios. La constitución de la carrera se concreta efectivamente en una sesión del Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras el 1 de septiembre de 1958, que el Consejo Superior ratifica en la Resolución Nº 505 del 18 de octubre del mismo año (Expte. 110-140/58). Allí se acordó que la licenciatura comenzaría a funcionar en 1959, y en su art. 2º se estableció que sería el mismo claustro de profesores de Antropología, Etnología, Arqueología y Prehistoria el encargado de confeccionar un proyecto de plan de estudios que persiguiera una preparación integral en antropología y un aprovechamiento óptimo de las materias existentes en la Facultad, reduciendo al mínimo indispensable las nuevas cátedras. Por otra parte el art. 3º encomendaba a estos docentes la preparación de un proyecto de

* CONICET - UBA Ramundo, Paola Silvia. 2008. Medio siglo de formación académica en arqueología: avances y cuentas pendientes. La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología 4: 141-146. Buenos Aires.

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incorporación de especialistas para completar el cuerpo investigador y docente que tendría a su cargo el dictado de cursos y cursillos de especialización, así como los trabajos de campaña (Expte. 110-140/58). Esta Resolución evidencia un triple aspecto. En primer lugar la necesidad de conformar una carrera nueva universitaria, pero simultáneamente nos revela que ello no debería implicar demasiadas modificaciones a la idea de antropología existente -y consecuentemente a los marcos teórico-metodológicos imperantes-, dado que la creación quedaba en manos de los mismos docentes y las cátedras nuevas deberían ser muy pocas. En segundo lugar, se destaca la importancia otorgada al trabajo de campo, algo concordante con las nuevas formas de pensar la arqueología desde los años cincuenta en adelante por influencia del Dr. A. Rex González y el Prof. O. Menghin -aunque desde marcos teóricos muy diferentes- (Ramundo 2005a y 2005b). Por esta razón algunos autores consideraron algo con lo que concordamos, y es que desde allí en delante “…el trabajo de campo constituye una rutina anual de la gran mayoría de los arqueólogos argentinos” (Nastri 1999:107). De este modo se inicia una larga tradición, que llega hasta nuestros días, donde la relevancia del trabajo en terreno muchas veces subordina y opaca a otras formas de trabajo arqueológico, tales como las tareas de laboratorio, el estudio de colecciones de museos e instituciones depositadas desde épocas inmemoriales, y quizás la más social de todas las tareas y siempre olvidada, que se relaciona con la difusión de nuestros resultados a la comunidad en general. Labor que, como científicos sociales, constituye un obligación y sólo en las últimas décadas ha comenzado a cobrar mayor protagonismo; desde nuestro punto de vista esto constituye un obstáculo -aún reversible- para el mayor desarrollo de la ciencia. En tercer lugar, y teniendo en cuenta lo precedente, se evidencia la profunda impronta que desde la gestación misma de la carrera se imprime a las generaciones futuras, a pesar de las modificaciones curriculares posteriores. 142

Por otra parte, los considerando de la Resolución establecieron que la etnología, antropología, arqueología y prehistoria constituyen un grupo de disciplinas afines, que requieren técnicas específicas en gran parte distintas de las técnicas historiográficas (Expte. 110-140/58). Este factor nos acerca al enfoque americanista, donde la arqueología es antropología, y evidencia una separación de la visión europea que la consideraba, y en algunos casos la sigue considerando, una parte de la historia. La Resolución destacaba además la honrosa tradición que Argentina posee en los estudios mencionados y que sigue siendo una rica cantera, aunque no suficientemente explotada para los especialistas en las disciplinas antropológicas (Expte. 110-140/58). Esto constituye un reconocimiento a los estudios realizados previamente -fundamentalmente a principios del siglo XX-, y organizados a través de expediciones dirigidas por la propia Facultad de Filosofía y Letras y, por otro lado, revela un llamado de atención sobre la riqueza arqueológica y antropológica que el país encierra. Y como decíamos líneas arriba, se evidencia que sólo desde 1958 la arqueología pasa a formar parte de las carreras universitarias, aunque ya existían antecedentes de destacados y pioneros investigadores, y en muchos casos ya había cátedras de arqueología dentro de la misma UBA, entre otras Altas Casas de Estudio, bajo la titularidad de estos pioneros. El plan original de 1958 establecía además de las materias básicas y obligatorias, un grupo de complementarias de proyección etnohistórica, antropológicosocial, etnofilosófica, biopsicológica y antropogeográfica, y finalmente un conjunto de cursillos de especialización entre Etnología, Arqueología y Folklore, aunque no era necesario elaborar una tesis. La arqueología académica de estos primeros momentos quedó incluida en un mismo Departamento junto con Geografía (Buchbinder 1997:197). Y esto se debe a que “la estrecha unión de la arqueología con la geografía se había consolidado a inicios de la década de 1930 a partir de la obra de Félix Outes [1878-1939], arqueólogo él mismo. Por

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entonces, Outes asumía la dirección del Museo Etnográfico de Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires luego de haber tenido a su cargo la Sección de Geografía de la misma facultad” (Farro et al. 1999:223-224). Pero en 1974 la arqueología “…pasó junto con Antropología a integrarse a la Carrera de Ciencias Históricas. En efecto en ese año dicha carrera comprendía tres secciones, Historia, Geografía y Ciencias Antropológicas, que compartían un primer año común” (Farro et al. 1999:223-224). En los primeros momentos de la carrera -allá por los años sesenta- la disciplina estuvo signada por investigaciones de rigurosa metodología, consecuencia de los desarrollos teóricos realizados durante la década anterior, pues nos encontramos frente a los esfuerzos por incluir a la arqueología dentro del campo de las ciencias sociales, y se comienzan a aceptar nuevamente los aportes provenientes de las ciencias naturales -que se habían olvidado luego de la muerte de Ameghino y su aporte evolucionista-. Por otro lado, sabiendo que la constitución de una ciencia se basa en la consecución de cuatro elementos básicos -objeto de investigación, método, finalidad y estatuto lingüístico-, no es de extrañar que habiendo conseguido los tres primeros elementos, la necesidad de consensuar un estatuto lingüístico guiara parte de los intereses de aquel entonces. Por esa razón, debemos reconocer la importancia de la Primera Convención Nacional de Antropología celebrada en 1964 para unificar criterios frente a problemas metodológicos y terminológicos. Por esos mismos años, los investigadores intentaron alcanzar un mayor nivel científico, a través del XXXVIIº Congreso Internacional de Americanistas de 1966. En dicho evento se evidencia el énfasis en los estudios de áreas arqueológicas, provocando un cambio en la escala de análisis, así como también se consideró importante la investigación del medioambiente en el que se desarrollaron las sociedades pasadas, algo consecuente con el nuevo enfoque ecológico que se introduce a nivel teórico en el país.

Pero el gobierno militar de 1966 enfrentó a los sectores universitarios provocando renuncias masivas, la intervención de la universidad, y finalmente un desmantelamiento institucional, aunque el plan de estudios de Antropología de la UBA permaneció sin modificaciones hasta 1976 (Madrazo 1985). A comienzos de los setenta la matrícula de la carrera crece y esto trae como consecuencia equipos de investigación más numerosos que comenzaron a abordar problemáticas regionales (apoyados con nuevas tecnologías que llegaban al país). Este crecimiento disciplinar se evidencia al considerar que más allá de la UBA, en 1974 existían en Argentina seis licenciaturas en antropología entre universidades nacionales y provinciales, donde cada una contaba con su propio plan de estudios: Universidad Provincial de Salta, Universidad Nacional de Misiones, de Rosario, de Olavarría, de La Plata (que también se crea en 1958) y la Universidad Nacional de Mar del Plata. Pero el panorama habría de cambiar cuando en 1975 se inicia una represión política y esta represión en el marco de la universidad se reflejó en cesantías, detenciones, exilios y muertes. Así, durante 1976 sobreviene el último gobierno militar y bajo este contexto se crea un nuevo plan de estudios por el cual las materias vinculadas a los temas sociales quedan excluidas y sólo permanecen las orientadas a la etnología, prehistoria y folklore (el ingreso se realizaba por estricto examen, existían ambas orientaciones -arqueología y sociocultural- y no se requería de una tesis para finalizar la carrera). Además se crea el título de Profesor en Ciencias Antropológicas y durante 1981 se cierra el ingreso para transformarla en un curso de postgrado, pero en 1982 gracias a la acción del Colegio de Graduados en Antropología se reabre la inscripción. Para tener una idea del estado de la disciplina, durante 1981 sólo se registran poco más de 500 egresados totales en antropología entre todas las casas de estudios que enseñaban la carrera (Madrazo 1985). Pero aún frente a esta situación donde varios investigadores debieron exiliarse, otros 143

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resistieron y desarrollaron una labor de reflexión y estudio, dando lugar a pequeños espacios de supervivencia por algún tiempo; aunque más adelante fueron expurgados de la universidad e incluso se suprimió su bibliografía por considerarla “subversiva”. Este panorama habría de cambiar durante los ochenta, década que implicó la recuperación democrática y el retorno de la autonomía a las universidades así como importantes cambios curriculares. La disciplina abrió camino a nuevos diálogos que permitieron escuchar otras voces. En este sentido, en la UBA se introduce con fuerza una corriente teórica de raíz norteamericana, la cual tímidamente ya había comenzado a incorporarse desde mediados de los setenta, transformándose durante la década siguiente en la corriente de pensamiento teórico-metodológica predominante. Hablamos de la Arqueología Procesual, la cual provocó la introducción de nuevas metodologías de trabajo, una investigación orientada hacia la resolución de problemas y el reconocimiento de las limitaciones de los datos arqueológicos, entre otros aportes. Todos estos cambios que acontecieron con la llegada de la democracia repercutieron sobre la carrera, de modo tal que en 1985 -por Resolución C.S.P. Nº 79 (del 6/03/85)- se crea un nuevo plan, el cual continua vigente, donde se incluye la realización del Ciclo Básico Común, se mantienen ambas orientaciones, se modifican algunas materias, y se establece que para concluir la licenciatura es necesaria la defensa de una tesis. Debemos aclarar que el plan vigente -a pesar de la actualización de temáticas e introducción de enfoques teóricos más recientes en algunas materias- es objeto desde hace tiempo de debates y se encuentra aún en un arduo proceso de modificación. Especialmente desde el 2005, cuando en el ámbito de la Facultad se produjo una discusión a través de Jornadas Interclaustro, sobre la formación de una Comisión de Plan de Estudios, reuniones de estudiantes, debate en las aulas y presentación 144

de propuestas de diversos sectores (del mismo claustro docente, los estudiantes y las principales instituciones vinculadas al área donde trabajan profesores de la UBA -por ejemplo el Instituto de Ciencias Antropológicas y el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano-). Es evidente el crecimiento que la carrera y la disciplina han vivido en este lapso, a través de la introducción de nuevas tecnologías de difícil acceso por nuestras recortadas condiciones socio-económicas, y a pesar de las dificultades producidas como consecuencia del contexto socio-político. Pero paralelamente la especialización, consecuencia inevitable de ese crecimiento -y en el que se ven inmersas la mayoría de las ciencias-, ha llevado a compartimentar el conocimiento y a no poder abordar de manera amplia la formación académica, provocando -a mediano y largo plazo- ciertos vacíos en la formación. Entre estos destacamos la carencia de asignaturas exclusivas que formen en materia de divulgación disciplinar, algo necesario si se pretende desarrollar el rol social de la arqueología y cumplir además con los objetivos pasados (de 1958) y presentes (de 1985) de los planes de estudio que postulaban “resolver problemas sociales”. Simultáneamente deberíamos ahondar en la formación de ética disciplinar, no de manera complementaria dentro de algunas asignaturas, sino como materia exclusiva y dictada por arqueólogos y abogados o especialistas legistas que trabajen de manera conjunta. Especialmente teniendo en cuenta que desde 1999 contamos con un Código de Ética y Estándares de la Práctica Profesional, propuesto desde la AAPRA, creada en 1997. También deberían ser objeto de asignaturas particulares las cuestiones de protección patrimonial -que otras Altas Casas de Estudios ya están abordando desde hace tiempo-1. Y aunque a veces este problema se ve subsanado por seminarios en la UBA, los mismos no son de carácter obligatorio y no se presentan como opción todos los años. Tendríamos que enfatizar también la

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importancia que tiene en la actualidad la arqueología de contrato, los trabajos de rescate y los estudios de impacto. Éstos han surgido como problemáticas y posibles salidas laborales en un país que se ve involucrado en ampliaciones viales, construcciones de gasoductos y demás emprendimientos que afectan el registro arqueológico y el paisaje en general -cuando no están bien realizados-. Y aunque estos temas parecerían cobrar importancia al incluirlos en algún seminario, tampoco se trata de cursos obligatorios y no se dictan constantemente. No está demás mencionar la carencia de materias dedicadas a las más recientes y mediáticas especialidades dentro del campo disciplinar como la arqueología histórica, urbana, subacuática, de alta montaña, etc. Estos vacíos y otros más, provocan una desvinculación entre la formación académica que se ofrece -y que por tradición ha tenido gran reconocimiento a nivel internacionaly las realidades existentes. Por lo tanto, si contamos con la coyuntura de una posible modificación del actual plan de estudios, esta es una excelente oportunidad para subsanar alguno de los vacíos mencionados y hacer que la formación académica en arqueología dentro la UBA sea acorde a los desarrollos arqueológicos mundiales.Y creemos que esto sólo se logrará mediante un trabajo conjunto y consensuado, aprovechando las capacidades y experiencias adquiridas por quienes han sido parte de este largo camino académico y los que lo están transitando actualmente, así como también buscando una educación más versátil y sensible a los cambios y enfoques contemporáneos. Aquí se intentó reflexionar y mostrar brevemente el desarrollo de los primeros cincuenta años de trayectoria de la licenciatura, como una herramienta más para seguir reconstruyendo la historia de la arqueología argentina, pensando acerca de lo sucedido y, a partir de allí, en las posibles alternativas a seguir. En este sentido, como egresados y docentes, consideramos que sólo mediante una actualizada y reflexiva educación universitaria

podremos acercarnos mejor al pasado para estudiarlo, protegerlo y darlo a conocer a las actuales y futuras generaciones. Recibido en Julio de 2008 Aceptado en Agosto de 2008 NOTAS 1. En la Universidad Nacional de Centro de la Provincia de Buenos Aires se enseña: “Legislación y manejo de recursos culturales”, y en la Universidad Nacional de Morón, donde existe la Licenciatura en Ciencias Antropológicas con orientación en Antropología Turística, se dicta también en quinto año un Seminario en Patrimonio Cultural.

BIBLIOGRAFÍA Buchbinder, P. 1997. Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. EUDEBA, Buenos Aires. Farro, M., I. Podgorny y M. Tobías 1999. Notas para un ensayo sobre la recepción de la “Nueva Arqueología” en la Argentina. Revista do Museu de Arqueología e Etnología, Suplemento 3:221-234. Madrazo, G. 1985. Determinantes y orientaciones en la antropología argentina. Boletín del IIT 1:13-56. Nastri, J. 1999. Apuntes críticos sobre la práctica arqueológica en Argentina. Publicar en Antropología y Ciencias Sociales VIII:93-117. Primera Convención Nacional de Antropología 1966. Primera parte, 24-29 de Mayo de 1964. Publicaciones XXVI, núm. 1. Ramundo, P. 2005a. Historiografía de la Investigación Arqueológica Argentina, desde los orígenes hasta hoy.Tesis de Maestría. Departamento de Historia Antigua, Prehistoria y Arqueología. Universidad de Salamanca. 2005b. Historiografía de la investigación arqueológica argentina, desde sus orígenes hasta la actualidad. En Historia de la Ciencia Argentina III. Editado por Lorenzano. UNTREF, Buenos Aires, en prensa.

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Paola Silvia Ramundo - Medio siglo de formación académica en arqueología... Otras fuentes Expediente 110-140/58. 1958. UBA y Resolución Nº 50. 1958. Consejo Superior de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Plan de estudios de Ciencias Antropológicas, 1985. Universidad de Buenos Aires. Resolución C.S.P. Nº 79 (06/03/85). Programas de la Licenciatura en Ciencias Antropológicas de 1959 y 2007. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

*Paola Silvia Ramundo es Prof. y Lic. en Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Mag. y Dra. de la Universidad de Salamanca. Fue especialmente invitada por los editores para presentar este trabajo en conmemoración de los 50 años de la carrera de Ciencias Antropológicas de la UBA, en donde actualmente se desempeña como docente. Dirección de contacto: [email protected] 146

El cucharín por el mango: propuesta para la aplicación de métodos reflexivos en el trabajo de campo Claudia Amuedo* Marisa Kergaravat** INTRODUCCIÓN Tradicionalmente la producción de conocimiento y la interpretación en la arqueología ha estado dividida en dos instancias, el trabajo de campo y el de laboratorio, las cuales, tanto por la naturaleza del conocimiento científico, como por el origen y desarrollo de la disciplina, no gozan de la misma trascendencia a la hora de abordar e interpretar la vida social pasada a partir de la evidencia actual (Hodder 1999). Teniendo en cuenta lo anterior, el objetivo de este trabajo es el de reflexionar y discutir sobre la producción del conocimiento en arqueología y el papel (hoy devaluado) que tiene la etapa de trabajo de campo en la interpretación y la reflexión teórica. En primer lugar realizaremos una crítica al problema fundamental que surge de reconocer al trabajo de campo y al laboratorio como instancias cualitativamente diferentes. La esfera de trabajo de campo es devaluada a la hora de producir conocimiento, limitando su contribución a la recolección y registro de datos, quedando relegada la interpretación de los mismos a la esfera del laboratorio. Debemos empezar a considerar ambas instancias como esferas de producción de conocimiento distintas, pero no necesariamente excluyentes. A partir de esto, en un segundo paso buscaremos localizar y valorizar el proceso de reflexión teórica en el campo, considerando el aporte que ésta pueda realizar y los motivos por

los cuales el trabajo de campo no constituye un evento aislado de observación de objetos y contextos. El valor de la reflexión teórica reside en que surge de la experiencia de estar en el campo, de entender que nuestras percepciones y exposición física también constituyen datos que pueden producir conocimiento arqueológico. Además de nuestra inserción en el paisaje habitado por las poblaciones que estudiamos, la producción de conocimiento y teoría en el campo se ve favorecida por la presencia de pobladores locales contemporáneos, con conocimiento práctico y cotidiano de distintas facetas del habitar en la región. Considerar al campo como instancia clave en la generación de conocimiento favorece la producción de narrativas y conocimiento multivocal, en donde el conocimiento generado a partir de cosmovisiones y ontologías nativas aporte a la comprensión de la vida social en el pasado (Acuto et al. 2008). Por último presentaremos los métodos de registro que nos resultaron adecuados para integrar el conocimiento de esta instancia a la información obtenida en el laboratorio. Son métodos conocidos y utilizados en la práctica arqueológica, pero sistematizados para documentar las cavilaciones surgidas al estar en contacto con los contextos de origen de los objetos estudiados. En otras palabras, este trabajo apunta a entender que el no registro de la producción de conocimiento realizado en el campo es también pérdida de información y datos para el análisis de laboratorio.

* FFyL, UBA – [email protected] ** FFyL, UBA – [email protected] Amuedo, Claudia y Marisa Kergaravat. 2008. El cucharín por el mango: propuesta para la aplicación de métodos reflexivos en el trabajo de campo. La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología 4: 147-152. Buenos Aires. 147

Claudia Amuedo y Marisa Kergaravat - El cucharín por el mango...

Las dos esferas Hoy por hoy el trabajo del arqueólogo está desdoblado en dos momentos considerados cualitativamente diferentes. La primera instancia consiste en la práctica arqueológica misma, que incluye la recolección y registro, durante el trabajo de campo, de datos siguiendo pasos metodológicos pautados previamente1. Aquellas reflexiones surgidas de estar o experienciar el campo quedan en el plano anecdótico de los participantes (Barley 1996). Consideramos que lo calificado de anecdótico debería ser valorado como instancia reflexiva de este momento, como por ejemplo lo sería la experiencia corporal de acceder y recorrer un sitio (es diferente nuestro desgaste físico como arqueólogos citadinos a la de un habitante local). La segunda instancia, por su parte, implica el análisis de la información recolectada en el campo y la posterior reflexión teórica e interpretación. En este momento la información extraída del material recolectado es abordada de igual manera por aquellos que participaron en el campo como los que no. En otras palabras, es indiferente tener acceso o no a las experiencias y reflexiones hechas en campaña. No es lo mismo trabajar sobre la planta de excavación de un recinto que el haber estado en él, percibir sus dimensiones, sus cambios de temperatura a lo largo del día y su conexión con el paisaje. Esta división, entre las esferas práctica y teórica-interpretativa, es un problema arqueológico, ya que su propuesta metodológica no asigna al trabajo de campo la posibilidad de ser una instancia en la cual se genera conocimiento. En The Archaeological Process: An Introduction, Hodder (1999) comienza a reflexionar sobre la producción de conocimiento en el campo. Esto tiene sus bases en procesos similares que se dieron a partir de los setenta desde los cuestionamientos de la antropología interpretativa en el ámbito del trabajo etnográfico (Geertz 1987; Clifford 1991; 148

Reynoso 1991). Hodder (1999) planteó que la interpretación empieza en el filo del cucharín, es decir, durante el trabajo de campo mismo. De esta manera, se desdibuja la división que la ciencia positivista establece entre campo y laboratorio, o entre la esfera de la acción y la de la reflexión e interpretación (Hodder 1999). Esta dualidad fue asumida de manera diferente en los distintos momentos teóricos de la disciplina. Muchos arqueólogos históricoculturales se apegaron exageradamente a los hechos, a través de descripciones exhaustivas de la evidencia material (Renfrew y Bahn 1993; Lanata y Guráieb 1994). Por su lado, la arqueología procesual reconoció la idea de que los datos son construidos a través de la interpretación. Para evitar esta falencia teórica y a la vez metodológica, que cargaría de subjetividad a los datos, fieles a su postura positiva, emanciparon a éstos de sus interpretaciones a través de la construcción de argumentos de rango medio (McGuire 1992; Hodder 1999). Finalmente desde las corrientes postprocesuales, Hodder (1999) planteó que la interpretación ocurre en varios niveles de la investigación arqueológica, por lo tanto no puede ser confinada a los niveles más altos, como la instancia última del laboratorio. La recolección y el registro son parte de una actividad que produce datos en sí misma, dentro de la cual también se da la producción del conocimiento arqueológico, así como la interpretación y la reflexión teórica. ¿POR QUÉ ES RELEVANTE EL CAMPO COMO ESFERA DE PRODUCCIÓN DE CONOCIMIENTO? La importancia de reconocer, registrar y valorar las reflexiones en el campo radica en que el conocimiento generado en esta instancia es diferente al elaborado en el laboratorio. Esta particularidad se debe a la imposibilidad de reproducir este conocimiento, relacionado con

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el “estar en el campo” (Hodder 1999; Bradley 2003), en el laboratorio. El trabajo de laboratorio presenta ciertas limitaciones sobre el análisis e interpretación de los datos, que surgen de la abstracción de los mismos respecto de su contexto de origen. Para subsanar esta falencia es necesario complementarlo con las reflexiones sobre el pasado que hayan sido recogidas durante las temporadas de excavación. Planteamos que el conocimiento producido en el campo es diferente de aquel producido en el laboratorio porque en primer lugar es un conocimiento contextualizado. Se refiere a la situación de estar en el sitio, o “estar en el campo”, la familiarización (o exposición) con el sitio arqueológico y su entorno, es lo que Bradley (2003) denomina tridimensionalidad. “Estar en el campo” implica el estímulo de todos los sentidos, mientras que en el laboratorio el potencial de interpretación se reduce a la indagación sensible de la observación; y aún esta es una visión descontextualizada:“The first lesson we had to learn was that it was naive to study three dimensional monuments on the basis of two-dimensional site plans” (Bradley 2003:163). Por esto vamos a hablar de bidimensionalidad versus tridimensionalidad (Bradley 2003) de la interpretación de los datos. En el laboratorio los elementos son analizados fuera de su contexto, y justamente éste es el que puede llevar a percibirlos desde una perspectiva diferente o a interpretarlos en forma distinta. Por esto las demandas de la reflexión en el campo no son las mismas que las del laboratorio. Es muy diferente, por ejemplo, la percepción del sitio visto en un plano (que es una abstracción y una reconstrucción simplificada de la realidad) a lo que se ve en una fotografía de la superficie del sitio. A su vez, nutriríamos mucho más nuestro entendimiento si documentáramos otras percepciones sensoriales que son factibles de ser experimentadas desde diferentes puntos del sitio (sonidos, olores, colores, distancias, el clima, etc.). Esto no quiere decir que el material

deba ser analizado en el campo, en su contexto original, sino que cualquier reflexión sobre el mismo y sobre su entorno debe ser registrado en el momento de manera sistemática. En segundo lugar, valoramos el conocimiento producido en el campo como diferente porque es multivocal e intersubjetivo. La imposibilidad de acceder a éste desde la instancia del laboratorio se deriva de que el mismo se genera a partir de interpretaciones colectivas, resultado de reflexiones y discusiones producidas a través de la discusión conjunta de los participantes. Por esto hablamos de multivocalidad, que se refiere no sólo al aporte de los estudiantes y arqueólogos involucrados, sino también a la incorporación de las voces locales, y a la difusión, justamente para generar esta integración, y por último la incorporación en el trabajo de campo de visiones externas a la arqueología (Agar 1991; Clifford 1991). El conocimiento práctico de los habitantes locales es valioso para la interpretación del pasado porque es producto de la aprehensión cotidiana de los espacios estudiados por los arqueólogos. Lograr una aproximación multivocal e intersubjetiva es un trabajo de discusión y reflexión conjunta, por esto consideramos que no es válida una estructura jerárquica de producción del conocimiento. Porque plantear una estructura reflexiva, integrada en los equipos, aporta a la producción de trabajos no monológicos sino polifónicos, en términos de Bajtin (1989), integrando diferentes subjetividades en “el hacer arqueología”. Estas interpretaciones colectivas deben ser estimuladas y registradas durante la instancia del trabajo de campo generando momentos donde se puedan hacer puestas en común de las experiencias e interpretaciones individuales El Registro de la Reflexión Las ideas expuestas más arriba nos llevaron a poner a prueba en los trabajos de campo, 149

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realizados en el Valle Calchaquí Norte (Provincia de Salta), distintas técnicas de registro de las reflexiones. A partir de nuestra experiencia en los sitios Mariscal (SSalCac 5), Guitián (SSalCac 2), El Apunao del Chinchillar (SSalCac 86) y Las Pailas (SSalCac 18), apuntamos a reconstruir las experiencias y relaciones sociales de los habitantes del pasado, discutiendo métodos para recuperar, recolectar y sistematizar las reflexiones producidas en el campo, para luego complementarlas con el análisis de los datos obtenidos en el laboratorio. La visión ofrecida por los relevamientos realizados por nuestro equipo de investigación sobre cada estructura arquitectónica en particular, nos permitió evidenciar la dificultad para reconocer ciertos rasgos (como vías de circulación, vanos de acceso a los recintos, continuación de los muros, rampas, rasgos asociados, relación con el paisaje, nivel de aislamiento entre estructuras, etc.) contando sólo con un relevamiento planimétrico previo. Por esta razón, aplicamos formas de registro de la reflexión sobre nuestras percepciones, para no reducir nuestra comprensión a la sola consideración de los rasgos más sobresalientes, ignorando información igualmente valedera. Estas pueden ser, por ejemplo, los sonidos provenientes de distintas partes del valle que pueden ser percibidos desde los sitios. En Mariscal tomamos en cuenta los sonidos de los niños jugando debajo del sitio, y como éste variaba según el lugar donde uno se ubicara. Otro caso seria el de los olores. Estando en el sitio podíamos saber cuándo la gente cocinaba. La misma gente del lugar puede distinguir qué se está cocinando porque estos olores forman parte de lo cotidiano (Acuto 2007). Las técnicas de registro que se implementaron fueron algunas formas tradicionales como la fotografía y fichas de relevamiento de estructuras. Estas estaban integradas por preguntas relacionadas con la percepción de quienes llevaban a cabo el registro, como por ejemplo, la relación de los recintos con el paisaje, 150

los grados de privacidad, esto último medido en términos del acceso sensorial entre estructuras. Además, se llevaron a cabo filmaciones para contrastar lo registrado a través de las fichas y fotografías, complementando lo escrito con el material fílmico. No se busca crear una empatía con la gente que pobló estos paisajes en el pasado sino que nuestra propia inserción en el campo (caminar la región, circular por los sitios, sentarse en las pircas, subir a los cerros, observar el paisaje) genera reflexiones e interpretaciones sobre el pasado, contextualizadas por estar en los mismos lugares que la gente que estudiamos una vez habitó. La realización de visitas guiadas en el sitio permitió compartir el trabajo de excavación y la experiencia de éste con la comunidad. Esto, junto a la realización de entrevistas a pobladores locales dentro del sitio, permitió la apertura de la reflexión sobre el pasado a gente con una realidad y experiencias de vida diferentes, fomentando el diálogo y la interpretación de los contextos de hallazgo. Esto resultó de gran ayuda a la hora de entender las técnicas de construcción. El entrevistar a un albañil y empleado del museo de Cachi, que conoce y ha utilizado las técnicas constructivas prehispánicas, nos ha brindado información sobre tiempos de construcción, los materiales adecuados, cantidad de gente involucrada, etcétera (Acuto et al. 2008). En este caso su aporte fue importante porque antes de esto considerábamos que el tipo de técnica constructiva que teníamos en el registro arqueológico (pirca simple sin mortero) no podría sostenerse por sí misma. Pero resultó ser una de las técnicas utilizadas actualmente, con éxito, por los habitantes locales. También incorporamos la colaboración de un artista plástico que realizó reconstrucciones del sitio en el pasado, a partir de las interpretaciones surgidas en los momentos de las discusiones colectivas. Estas nos permitieron complementar los registros anteriores, así como también abrir la discusión hacia profesionales de áreas externas a la arqueología.

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Por último, trabajamos con registros personalizados llevados por cada uno de los miembros de la campaña (Bender et al. 1997). Durante las investigaciones realizadas en el sitio El Apunao del Chinchillar (Leibowicz y Jacob 2007) se implementaron diarios de campo donde cada integrante escribió sus interpretaciones del sitio y su experiencia personal y física al trabajar en un sitio a 5.000 msnm. Vemos en estas propuestas vetas importantes de producción de conocimiento desde el campo y el registro del mismo. La novedad no se encuentra en su uso sino en su aplicación sistemática para el registro de la reflexión de aquellas cosas que pueden considerarse anecdóticas. DISCUSIÓN La división entre la esfera práctica, trabajo de campo, y teórica-interpretativa, laboratorio, no permite valorar la primera esfera como generadora de interpretaciones de la evidencia en arqueología. Consideramos que estas dos esferas son complementarias desde el punto de vista de la investigación y de la producción de conocimiento, y por lo tanto, su escisión, desde el punto de vista de la interpretación, constituye un problema para el desarrollo de la disciplina. A partir del reconocimiento, registro y valoración del conocimiento generado en el campo, es posible complementar las posteriores interpretaciones en la instancia del laboratorio, produciendo un conocimiento diferente de aquel generado a partir del sólo análisis de los datos, descontextualizados de la experiencia de campo. Dado que no pretendemos reproducir la división tradicional entre interpretaciones en las instancias de los diferentes momentos de la investigación, intentamos exponer el modo en que ambas pueden y deben contribuir de manera complementaria, a partir de la construcción de

un cuerpo metodológico reflexivo susceptible de ser aplicado tanto a los sitios expuestos anteriormente como a futuras investigaciones en el área. Recibido en Marzo de 2007 Aceptado en Agosto de 2008 NOTAS 1. Esto es muy distinto a la discusión sobre la construcción del dato. La carga teórica a priori de las categorías aplicadas en el campo son parte de un debate más amplio (ver Hodder 1999).

AGRADECIMIENTOS Agradecemos muy especialmente al Dr. Félix Acuto por los aportes, correcciones y horas invertidas en las discusiones.Y al Lic. Sebastián Matera por la lectura y comentarios sobre el trabajo. Y a los vecinos de Cachi por participar de todas las actividades propuestas por nuestro equipo. BIBLIOGRAFIA Acuto, F. 2007. Fragmentación vs. integración comunal: Repensando el Período Tardío del Noroeste Argentino. Estudios Atacameños 34:71-95. Acuto, F., C. Amuedo, M. Kergaravat, A. Ferrari, L. Gamarra y A.L. Goldin 2008. Experiencias subjetivas en las aldeas prehispánicas del valle Calchaquí Norte: Arqueología de la vida cotidiana, prácticas y relaciones sociales durante el Período Prehispánico Tardío. En Arqueología del extremo sur del continente americano. Resultados de nuevos proyectos, editado por L.A. Borrero y N. Franco. CONICET - Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas, Buenos Aires, en Prensa. Agar, M. 1991. Hacia un lenguaje etnográfico. En El Surgimiento de la Antropología Posmoderna, editado por C. Reynoso, pp. 117-137. Gedisa, México.

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Claudia Amuedo y Marisa Kergaravat - El cucharín por el mango... Bajtin, M. 1989. El Problema de los Géneros Discursivos. Siglo XXI, México. Barley, N. 1996. El Antropólogo Inocente. 9na ed. Anagrama. Barcelona. Bender, B., S. Hamilton y C. Tilley. 1997. Leskernik: Stone Worlds; Alternative Narratives; Nested Landscapes. Proceedings of Prehistoric Society 63:147-178. Bradley, R. 2003. Seeing Things. Perception, experience and the constraints of excavation. Journal of Social Archaeology 3 (2):151-168. Clifford, J. 1991. Sobre la autoridad etnográfica. En El Surgimiento de la Antropología Posmoderna, editado por C. Reynoso, pp. 141-170. Gedisa, México. Geertz, C. 1987. La interpretación de las culturas. Gedisa, Barcelona. Hodder, I. 1999.The Archaeological Process:An Introduction. Blackwell Publishers, Oxford. Lanata, J. y G. Guráieb 2004. Las bases teóricas del conocimiento científico. En Explorando Algunos Temas de Arqueología, editado por A. M. Aguerre y J. L. Lanata, pp. 17-34. Gedisa, Buenos Aires. Leibowicz, I. y C. Jacob 2007. Historias de altura, un poco más cerca del Qosqo. XVI Congreso Nacional de Arqueología Argentina. Tras las huellas de la materialidad. Tomo II. 539 -544. Resúmenes ampliados. Universidad Nacional de Jujuy, San Salvador de Jujuy. McGuire, R. 1992. A Marxist Archaeology. Academic Press, New York. Renfrew, C y P. Bahn 1993. Los Investigadores: La Historia de la Arqueología. En Arqueología, Teoría, Métodos y Prácticas, pp. 19-36. Akal, Madrid. Reynoso, C. 1991. Introducción. En El Surgimiento de la Antropología Posmoderna, editado por C. Reynoso, pp. 11-60. Gedisa, México.

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*Claudia Amuedo es estudiante de la carrera de Ciencias Antropológicas con Orientación en Arqueología de la UBA. Actualmente se encuentra trabajando en su tesis de Licenciatura, analizando las prácticas mortuorias de niños en el Período Tardío del Valle Calchaquí Norte, Salta. Dirección de contacto: [email protected] **Marisa S. Kergaravat es Profesora en Enseñanza Media y Superior en Ciencias Antropológicas, y tesista de la carrera de Ciencias Antropológicas con Orientación en Arqueología, FFyL. UBA. Su tesis de Licenciatura en proceso versa sobre las relaciones de continuidad entre las esferas de la vida y de la muerte en las Prácticas Mortuorias del Valle Calchaquí Norte, Salta. Dirección de contacto: marisakergaravat@ yahoo.com

Arqueología para todos: una aproximación a la enseñanza de arqueología fuera del ámbito académico María Isabel Capparelli* Florencia Vazquez** Jennifer Liliana Baigorria Di Scala*** INTRODUCCION

NUESTRO PROYECTO

La Arqueología como ciencia en nuestro país está poco difundida y a menudo es confundida con otras disciplinas, tanto sociales como naturales. Esto se debe en parte a que el conocimiento generado dentro del ámbito científico frecuentemente se ve abstraído de la comunidad, lo cual provoca no sólo la falta de información y conocimiento acerca de la disciplina sino que esta desinformación ocasiona la desvalorización de las diferencias culturales existentes, del pasado, la identidad y del patrimonio cultural, que constituye un bien único e irremplazable. La falta de comunicación entre la Arqueología y la comunidad podría deberse a la escasa divulgación de los trabajos científicos en los medios masivos y otros espacios de difusión, quedando la información dentro del reducido ámbito académico.

La falta de conocimiento acerca del trabajo arqueológico se refleja en distintas problemáticas que con frecuencia encontramos como profesionales de esta ciencia. En primer lugar, la desinformación en sí, producto de una falla en las vías de comunicación con la mayor parte de la sociedad.Y por otro lado, en íntima relación con la anterior, está la dificultad que presenta la concepción errónea acerca del trabajo de un arqueólogo y su objeto de estudio. La comunidad en general concibe a la arqueología rodeada de mitos y aventuras (Yacobaccio 1988), entendiendo a este trabajo como un pasatiempo de gente que ama lo exótico y pasa su vida buscando tesoros y objetos extraños (Correa y Correa 1999).

Como respuesta a esta situación y buscando aportar un granito de arena para revertirla, damos a conocer en este trabajo las vías de comunicación que pudimos desarrollar aunando nuestra propia identidad con la formación académica y nuestra experiencia docente, al mismo tiempo que también se pueden aportar algunas reflexiones sobre las metas alcanzadas.

Tomar conciencia de estas problemáticas y posicionarnos desde una perspectiva que nos permita subsanarlas es parte de nuestro rol profesional, pues consideramos que la responsabilidad de definir qué es la arqueología es de los mismos arqueólogos. Somos nosotros quienes debemos integrar a la comunidad en nuestro trabajo y destacar la importancia que éste tiene en la comprensión de nuestra historia y la valorización de nuestra identidad.

* Facultad de Ciencias Naturales y Museo, UNLP - [email protected] ** Facultad de Filosofía y Letras, UBA – [email protected] *** Facultad de Filosofía y Letras, UBA - [email protected] Capparelli, María Isabel, Florencia Vazquez y Jennifer Liliana Baigorria Di Scala. 2008. Arqueología para todos: una aproximación a la enseñanza de arqueología fuera del ámbito académico. La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología 4: 153-156. Buenos Aires.

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Capparelli et al. - Arqueología para todos: una aproximación a la enseñanza de arqueología...

En el presente trabajo damos a conocer un proyecto que surgió, ante todo, como un desafío personal, pero que busca al fin y al cabo, desarrollar puentes comunicativos con distintos sectores de la sociedad y contribuir a eliminar los obstáculos existentes entre el conocimiento que queremos transmitir y las percepciones que tiene la comunidad en sí (Correa y Correa 1999). EL PROYECTO EN MARCHA A partir de nuestra formación como arqueólogos y de nuestra experiencia docente, elaboramos una propuesta educativa para llevar la disciplina al ámbito escolar a través de la realización de charlas de divulgación y talleres arqueológicos que se adecuan a la currícula actual. De esta manera queda satisfecha la necesidad personal, pero también ética de colaborar en la creación de un puente entre la arqueología y la comunidad. Los objetivos del proyecto son: - crear formas de comunicación prácticas para dar a conocer la Arqueología, su metodología de trabajo y las temáticas que pueden abordarse; - establecer relaciones entre la Arqueología y los contenidos conceptuales propios de la currícula escolar; - dar a conocer tecnologías indígenas (lítica, cerámica, ósea) y utilizar la arqueología experimental para la práctica de las mismas; - difundir el quehacer arqueológico, destacando su importancia en el conocimiento de nuestro pasado y la comprensión de nuestro presente. Charlas de divulgación La realización de estas charlas fue desarrollada en distintos espacios áulicos, en Capital Federal y en provincia de Buenos Aires, respondiendo siempre a las características de cada grupo de trabajo. La preparación de las charlas demandó mucho trabajo porque se debió evaluar con 154

sumo cuidado el contenido conceptual a tratar y de qué manera relacionarlo con la práctica arqueológica a fin de que generara interés y beneficio mutuo. Desde el año 2006 hasta la actualidad se dictaron 26 charlas en escuelas primarias y secundarias, en las cuales participaron alumnos de entre 9 y 17 años, docentes y directivos. A modo de evaluar el logro de los objetivos se pensaron estrategias especiales, por lo cual antes del inicio de cada charla se realizaron encuestas para indagar acerca de las preconcepciones del trabajo de un arqueólogo y los temas que con mayor frecuencia se trabajan en Arqueología. Esto nos permitió conocer las ideas o saberes cotidianos de los alumnos (Mazzanti 1999). Se destacó en especial que la Arqueología no constituye apenas una ciencia auxiliar de la Historia, como es enseñado con frecuencia en las escuelas, sino que todo el conocimiento que tenemos sobre las sociedades prehispánicas -e incluso hispánicas- proviene en gran parte de la Arqueología (Correa y Correa 1999). Una vez finalizada la charla, una segunda encuesta permitió evaluar los cambios en las concepciones de los participantes de las charlas y chequear de alguna manera la correcta transposición de conocimiento. De esta manera pudimos comprobar que, previamente a la puesta en marcha de las charlas, el 22 % del total de alumnos encuestados tenía una idea relativamente correcta acerca de la Arqueología y su objeto de estudio, mientras que el resto no tenía una noción clara. Dentro de este 78 % restante, el 41 % confundía a la Arqueología con otras ciencias, especialmente la Paleontología, el 15 % entregó la consigna en blanco y el restante 22 % contestó erróneamente. Al finalizar las charlas, se les entregó a los alumnos la segunda encuesta, y gratamente comprobamos que el 84 % de los alumnos realizó definiciones correctas, además de manifestar muy buenos e interesantes comentarios.

La Zaranda de Ideas 4: 153-156 (2008)

Talleres de arqueología Paralelamente a las charlas de divulgación, y también desde el año 2006, venimos realizando talleres de arqueología para niños y adolescentes en una granja educativa de la localidad de Brandsen. El contenido del taller esta enfocado desde dos perspectivas: - la de las Ciencias Sociales, abarcando el estudio de la prehistoria y las estrategias comunitarias como los roles, usos y costumbres de nuestros aborígenes. - la de las Ciencias Naturales, desarrollando el análisis ecológico y otros aspectos geológicos y climáticos. La importancia del taller de Arqueología radica en que, desde el punto de vista metodológico, constituye una propuesta de trabajo diferente. Pretende acercar al alumno y a los docentes a la experimentación científica no cotidiana desarrollando tareas en cuadrículas arqueológicas preparadas para tal fin (ver Figura 1), puesto que estas actividades por ser académicas son

restringidas a espacios universitarios. Se dedica un día completo para que los alumnos puedan vivenciar el trabajo de un arqueólogo: desde la familiarización con el instrumental utilizado en una excavación hasta el reconocimiento del material, su limpieza y rotulado y finalmente la interpretación del sitio. CONCLUSIONES La puesta en práctica de este proyecto surgió frente a la necesidad de volver a la Arqueología una ciencia accesible para todos, al mismo tiempo que se buscó generar entendimiento y difusión del quehacer arqueológico. Creemos que es fundamental concientizarnos como arqueólogos que la divulgación es una parte más de nuestra tarea… parte que tiene -o debería tener- tanta importancia como la investigación y el trabajo de campo. Consideramos que los objetivos propuestos se cumplieron positivamente por varios motivos. En primer lugar, porque nos permitió identificar en la práctica las preconcepciones más comunes

Figura 1. Cuadrícula utilizada por los alumnos durante el taller arqueológico. 155

Capparelli et al. - Arqueología para todos: una aproximación a la enseñanza de arqueología...

acerca de nuestro trabajo como científicos, al mismo tiempo que pudimos notar el vaciamiento de contenidos no sólo conceptuales sino también procedimentales y actitudinales a nivel escolar de la Arqueología. Esto se debe quizás en parte a que los docentes (en muchos casos) tampoco conocen con exactitud el papel de la Arqueología en el conocimiento de nuestro pasado, y tampoco manejan estrategias didácticas adecuadas para transmitir este tipo de contenidos. Pero, por sobre todo, este proyecto nos dio la satisfacción de realizar un aporte para superar el problema de la comunicación entre la Arqueología y el resto de la comunidad, brindando herramientas para contribuir a una mejor y correcta interpretación de nuestro trabajo y eliminar imágenes distorsionadas sobre nuestro pasado. La idea de llevar a cabo este proyecto desde la pedagogía se debe en parte a que creemos sumamente importante construir conciencia desde la base misma de la sociedad, contribuyendo en la formación de sujetos críticos, que comprendan nuestra historia y la diversidad cultural. ¿Quién sabe? Tal vez estos mismos sujetos tendrán en el futuro la responsabilidad de cuidar, y quizás estudiar, el patrimonio arqueológico. Recibido en Marzo de 2008 Aceptado en Agosto de 2008 AGRADECIMIENTOS Queremos agradecer a todos los alumnos, padres y docentes que participaron del proyecto. Muchas gracias a la Escuela Nº 2 de Wilde, Instituto Santo Domingo de Quilmes, Instituto Molino de los Cedros de Quilmes, Escuela Nº 16 distrito escolar 10, Escuela municipal de cerámica Nº 1, Escuela Nº 5 distrito escolar 1 y Escuela Nº 4 distrito escolar 7. A la Dra. Débora Kligmann, por su apoyo constante. 156

BIBLIOGRAFÍA Correa, A. y E. Correa 1999. Obstáculos en la relación entre conocimiento arqueológico y la percepción social del pasado indígena. En Escuela y sociedades indígenas. Análisis de experiencias de extensión sobre la arqueología regional, editado por C. Quintana, pp. 4-11. Universidad Nacional de Mar del Plata y Municipalidad del Partido de Gral. Pueyrredón. EDEA, La Plata. Mazzanti, D. 1999. La extensión universitaria y la arqueología: un desafío para resignificar la percepción social del pasado regional. En Escuela y sociedades indígenas. Análisis de experiencias de extensión sobre la arqueología regional, editado por C. Quintana, pp. 31-49. Universidad Nacional de Mar del Plata y Municipalidad del Partido de Gral. Pueyrredón. EDEA, La Plata. Yacobaccio, H. 1988. Introducción. En Arqueología Contemporánea Argentina, editado por H.Yacobaccio, pp. 7-12. Editorial Búsqueda, Buenos Aires.

*María Isabel Capparelli es Licenciada en Antropología de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, UNLP. Es docente universitaria e investiga sobre las comunidades guaraníes prehispánicas en la Isla Martín García. Dirección de contacto: icapparelli@ yahoo.com **Florencia Vazquez es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Ciencias Antropológicas (orientación en Arqueología), FFyL, UBA. Actualmente se encuentra trabajando en su Tesis de Licenciatura, abordando los procesos de formación de sitios ubicados en ambientes de altura. Dirección de contacto: vazquez.florencia@ yahoo.com.ar **Jennifer Liliana Baigorria Di Scala es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Ciencias Antropológicas, egresada en 2007 (FFyL, UBA). En la actualidad es Adscripta de la Catedra Ergología y Tecnología, docente de Educación Especial y Primaria e investiga sobre cerámica de sociedades formativas del Valle de Santa María, Catamarca. Dirección de contacto: [email protected]

Notas acerca de una arqueología de la comida Francisco Pazzarelli* PUNTOS DE PARTIDA… La posibilidad de cualquier tipo de pregunta en arqueología, o en cualquier otra ciencia social, tiene su origen en inquietudes y discusiones que se generan y resuelven dentro de nuestro presente. Y, aunque la idea de una arqueología de la comida nos refiera a las prácticas, sentidos y usos relacionados con la alimentación en el pasado, en este trabajo discutiremos la posibilidad de que una arqueología de este tipo también se (pre)ocupe por la dimensión política de la alimentación y de los discursos sobre ella. Las reflexiones que intentaremos desarrollar en este escrito surgen, en alguna medida, de algunas experiencias de investigación relacionadas con los universos de la comida. Por un lado, estas experiencias se relacionan con el análisis de las prácticas domésticas de consumo y almacenamiento de recursos alimenticios llevadas a cabo en el Valle de Ambato (Catamarca), en el período definido por el desarrollo de la Cultura de La Aguada (Siglos VI-XI de nuestra era), mediante diferentes aproximaciones metodológicas y con el objetivo de problematizar las ideas acerca de la desigualdad social (Pazzarelli 2006, 2007; Laguens et al. 2007). Aunque de forma inicial, también hemos comenzado a indagar en torno de la realidad actual de la comida en el valle y de las representaciones y usos locales de los discursos sobre “la comida de los indios”. Desde otra perspectiva, también hemos explorado los sentidos de pertenencia implicados en las prácticas de producción y consumo de chicha llevadas a cabo por mujeres migrantes bolivianas, en barrios de la ciudad

de Córdoba (Vargas Ibarra y Pazzarelli 2006; Pazzarelli y Vargas Ibarra 2007). Aunque de apariencia dispar, estas experiencias nos han permitido la maduración de algunas preguntas y cuestionamientos en torno de nuestra práctica como arqueólogos en un tema tan cotidiano y nodal como la comida. En este sentido, ha sido el reconocimiento de situaciones de inseguridad alimentaria1 en los espacios en donde se desarrollaron las experiencias citadas lo que nos hace cuestionar los sentidos y compromisos posibles de una arqueología de la comida. Estos contextos inseguros incluyen, entre muchísimas otras situaciones, desde la dificultad de lograr una alimentación adecuada, hasta el boicot a la autoproducción y la desigual distribución de ingresos y recursos. Nos aproximaremos, entonces, a tres reflexiones que surgen de estas experiencias y que proponen espacios a ser explorados. En primer lugar, la necesidad de indagar en torno de las condiciones que hicieron posible la constitución de discursos -arqueológicos, antropológicos, históricos- acerca de la comida y la alimentación en el pasado; en segundo lugar, explorar la articulación entre éstos y los discursos locales acerca de la alimentación; finalmente, reflexionar acerca de los sentidos posibles de un arqueología de la comida practicada desde las ciencias sociales en contextos -nacionales, regionales, localesde inseguridad alimentaria: ¿cuál es el rol/ compromiso que estamos asumiendo? Pero para hablar de comida quizá lo mejor sea no seguir recetas, por eso, lo que

* Museo de Antropología – UNC / CONICET - [email protected] Pazzarelli, Francisco. 2008. Notas acerca de una arqueología de la comida. La Zaranda de Ideas. Revista de Jóvenes Investigadores en Arqueología 4: 157-162. Buenos Aires. 157

Francisco Pazzarelli - Notas acerca de una arqueología de la comida

presentamos a continuación no pretende agotar la reflexión sobre el tema ni convertirse en un plan de trabajo; tampoco es un intento de definir qué es lo que debería ser -o no ser- una arqueología de este tipo. Por el contrario, se intenta pensar a la comida como una realidad compleja, de múltiples dimensiones; como una experiencia que se involucra en la constitución de los sujetos y de los grupos precisamente por su particular condición de práctica cotidiana y repetitiva (Curtin 1992; Heldke 1992). Así, una arqueología de la comida comenzaría por hacer foco en esa realidad que se mueve, se remueve y que surge desde las ollas; una en la que confluyen distintos sujetos y materialidades en un proceso recursivo en el que cada uno de ellos es definido. A par tir de estas consideraciones, pretendemos arribar a una serie de interrogantes: ¿de qué hablamos cuando creemos que hablamos de la comida en el pasado? y ¿de qué creemos que podríamos hablar -y hacer-? La comida en la Arqueología Es verdad que las prácticas sociales que involucran o se relacionan con alimentos constituyen un conjunto de dimensiones que ya ha sido ampliamente discutido en el ámbito de la antropología. Existe una gran cantidad de trabajos etnográficos que han puesto de relevancia la importancia y el aspecto nodal que las prácticas de alimentación y cocina tienen para un grupo humano desde las más diversas perspectivas: en relación al mantenimiento biológico, como forma de expresión y producción de distinciones o jerarquías sociales, como vehículo para la transmisión de saberes o como instrumento para ejercer el poder político. Muchos de estos trabajos, además, se han convertido en esquemas de uso generalizado y han inspirado formas de pensar a las prácticas de cocina y de consumo (Douglas 1973; Appadurai 1981; Harris 1989 [1985]; Goody 1995; Lèvi-Strauss 1996 [1964], entre otros). En los ámbitos específicos 158

de la antropología de la alimentación, de la antropología aplicada y de la antropología del desarrollo se ha prestado especial atención a cuestiones de seguridad alimentaria, accesibilidad de alimentos y nutrición, considerando a la alimentación y a sus problemas como una realidad compleja que debe ser abordada en todas sus dimensiones para poder actuar en consecuencia (Hintze 1997; Mintz y Du Bois 2002; Carrasco Henríquez 2007). En arqueología, y sobre todo desde la consolidación de los intereses del procesualismo, las prácticas relacionadas con la alimentación han sido profusamente investigadas bajo la categoría de “subsistencia”, con el objetivo final de dar cuenta de la base económica de las sociedades bajo estudio. Mucha de la atención estuvo puesta en la reconstrucción de series de procesos tales como produccióndistribución-consumo, en la generación y aplicación de modelos de productividad, en problemáticas relacionadas con dieta, nutrición y estrés alimentario, estrategias de subsistencia, cuestiones de accesibilidad e intercambio de recursos, entre otros (Gerritsen 2000; Pluciennik 2001). En muchos casos, además, se desarrollaron y aplicaron técnicas analíticas (físicas y químicas) para dar cuenta de los registros invisibles asociados a estas prácticas, con la intención de refinar las ideas -y los datos- en torno a la dieta y el consumo. Sólo en aquellos tipos de consumo que excedían la cotidianeidad (como aquellos de fiestas o celebraciones, o aquellos relacionados con eventos rituales) las explicaciones se alejaron de la lógica de la subsistencia2. El breve -e incompleto- resumen anterior se nos presenta como un mosaico para pensar la primera de las cuestiones planteadas en nuestra introducción: ¿a cuáles recetas arqueológicas responden las preguntas que nos hacemos sobre la alimentación en el pasado? Si las preocupaciones de antropólogos sociales, las formulaciones construidas sobre

La Zaranda de Ideas 4: 157-162 (2008)

casos arqueológicos específicos y la aplicación de técnicas analíticas fueron articulándose y dando lugar a distintas ideas de la alimentación y la comida, nuestras primeras preguntas deberían girar en torno a los cómo y por qué de estas formulaciones prácticas y discursivas.Y para eso, deberíamos concentrarnos en una arqueología (sensu Foucault 1996 [1969], 1999 [1968]) que se ocupe de desentrañar las condiciones que posibilitaron que la alimentación, entendida como subsistencia, se construyera como objeto y problema de las investigaciones arqueológicas, al tiempo que indagar por qué no pudo ser de otra manera.

cuales estas ideas -y no otras- se transformaron en herramientas conceptuales y metodológicas plausibles de ser usadas para dar cuenta de la alimentación en el pasado.

En este punto, resulta ilustrativo pensar cómo las prácticas de alimentación, entendidas como instancias constitutivas de los sujetos y de los grupos (y no sólo como subsistencia), no hayan sido consideradas por la filosofía y otras ciencias humanas (Curtin 1992; Heldke 1992) precisamente debido a su construcción como experiencias marginales y de la construcción como sujetos marginales de todos aquellos dedicados a su manejo y producción. Es de destacar que estos argumentos son de un carácter similar a aquellos sostenidos por las arqueologías doméstica y de género al poner en discusión a este tipo de actividades (y a otras del ámbito doméstico) como espacios centrales de reproducción social que no han sido considerados (Bardavio y González 1996; Nelson 1997; Hendon 2006). Pensar en la agencia de mujeres, niños y ancianos en este sentido se presenta como una manera de cuestionar la proyección al pasado de la marginalización de mujeres y otros sujetos en la vida moderna.

La “comida de los indios”

Así, una revisión de este tipo no sólo brega por un análisis histórico de los diferentes significados que ideas como dieta, estrategias de subsistencia o consumo produjeron a lo largo del tiempo; tampoco se agota en la exploración de las reformulaciones que sufrieron estos conceptos para su aplicación en distintos tipos de problemas. Supone más bien un intento de desandar críticamente los caminos por los

Esto nos permitiría reflexionar en torno de nuestros propios espacios de producción y de enunciación al tiempo que posibilitaría la visibilización de otros lugares no contemplados, ya que por fuera de los espacios disciplinares existe más de un discurso en torno de la comida del pasado, otras formas de comprenderla, aprehenderla y usarla.

Considerar a la comida como una realidad que se mueve y se remueve debería dejarnos el camino abierto (como condición de posibilidad y necesidad) para la búsqueda y el encuentro de todos los sentidos que acompañan a esos movimientos. Entre ellos, por ejemplo, los discursos y los contextos locales de los lugares donde trabajamos y excavamos: ¿cómo se articulan con el discurso científico/ arqueológico? Podríamos argumentar que la “comida de los indios” 3 es una expresión utilizada por los pobladores actuales de algunos valles del Noroeste Argentino para referirse a… “la comida de los indios” (aunque, claro, un lenguaje arqueológico quizá diría: “para referir a la alimentación de las sociedades del pasado que ocupaban el mismo espacio físico que ellos en la actualidad”). Atender a cómo estas ideas se involucran en la definición de las prácticas locales de alimentación supone reconocer que a través de “la comida de los indios” se producen sentidos que son usados y transformados (sea o no mediante una identificación con ese pasado). La integración de los relatos locales implica dar cuenta de esa realidad como una arena en la que se manifiestan y negocian de manera continua posiciones sociales, identidades, memorias y poder. 159

Francisco Pazzarelli - Notas acerca de una arqueología de la comida

Porque el hacer comida está atravesado por una poética y una política que se ubican más allá del romanticismo reconocible en las recetas que logran platos típicos o tradicionales. No es sólo el relato, sino la propia comida la que puede considerarse como un discurso, uno que se mueve -y se actualiza- a medida que se remueve y que “produce distinción moviéndose” (Bourdieu 1994 [1980]); López García 2003:231). En este sentido, al (re)conocer los sentidos políticos de los discursos y prácticas locales podemos también explorar en torno de las condiciones de su formación (entre las cuales también se cuenta la práctica arqueológica en el lugar y sus discursos sobre el tema). Al mismo tiempo, es una manera de indagar cómo se articularon -o no- con las explicaciones elaboradas en arqueología (en este punto, por ejemplo, podemos tener en cuenta la estrecha relación que algunos equipos de investigación sostuvieron y sostienen con las comunidades locales: ¿cuál ha sido el carácter de esas relaciones?). Ahora bien, si reconocemos que muchos de los contextos de enunciación de los relatos locales sobre la “comida de los indios” están atravesados por situaciones de expropiaciones de tierra, de una imposibilidad de autoproducción, de inserción forzada en mercados más amplios, de una violencia que se ejerce a través de los precios y la accesibilidad a los alimentos, podemos cuestionarnos las maneras en que nosotros hoy nos relacionamos con esos discursos y realidades. ¿Son sólo aproximaciones para generar contrastaciones etnoarqueológicas? ¿O suponen un diálogo? ¿Cuál es hoy la realidad de la comida en los lugares en donde trabajamos y nos movemos? Es en este sentido que podríamos comenzar a pensar y a proponer formas para una arqueología de la comida que implique diálogo y construcción comprometida; una que 160

también desde la comida del presente -y de sus problemas- se interese por la del pasado. La cocina de una arqueología de la comida El interés por una indagación en los términos ya planteados no pretende ser reflejado en un programa estructurado de trabajo. Al contrario, el intento por seguir a la comida en sus movimientos supone una apertura conceptual y metodológica que posibilite una investigación situada en los lugares -y en las encrucijadas- en los que, como arqueólogos y como sujetos políticos que somos, nos encontramos diariamente. Es en este sentido que una revisión crítica de las condiciones que hicieron posible la formulación de ciertos discursos -y no otros- sobre la alimentación y la comida se vuelve una herramienta -y estrategianecesaria para hacer visibles nuestros lugares de enunciación y poder elegir qué queremos decir y hacer cuando hablemos de comida. Revisar nuestros lugares, reconocer los sentidos y usos locales en juego y bregar por una práctica profesional comprometida es una manera de pensar a la comida del pasado como una realidad que se hace presente. Una de la que estamos acostumbrados a hablar y a comer; una realidad que es conflictiva y que implica un acercamiento a otros sentidos y experiencias de la práctica de comer y de hacer comida (y de producirla, comprarla, intercambiarla, mezclarla, guardarla, venderla, tirarla, sentir-la, quererla, calentarla, regalarla, cambiarla, repetirla, necesitarla, exigirla, extrañarla y pelear por ella) que no siempre encuentran lugar en preguntas que incluyen sólo a la subsistencia. Porque si pretendemos lograr una experiencia de investigación situada, podemos comenzar preguntándonos acerca de los sentidos posibles que podemos darle a una arqueología de la comida en un presente de inseguridad alimentaria. Una inseguridad que no sólo remite

La Zaranda de Ideas 4: 157-162 (2008)

a la dificultad de lograr una nutrición adecuada sino que es expresión, producto y condición de la reproducción de relaciones desiguales. …CON FINALES ABIERTOS Al preguntarnos ¿de qué hablamos cuando creemos que hablamos de la comida en el pasado? ponemos en discusión nuestros sentidos acerca de la idea y práctica de la comida y nos permitimos pensar por qué estamos mucho más habituados a conceptos como dieta o subsistencia. Como ya dijimos, el interés no es sólo por los significados que esas ideas adquirieron sino por las condiciones que hicieron posible que esas ideas y no otras se convirtieran en formas de dar cuenta de la alimentación en el pasado. El tiempo cotidiano que regula estas prácticas, los sujetos que se encargan de su manejo y los cuerpos y sentidos que se inmiscuyen en su preparación y consumo: todo ello se constituye en la idea de comida que intentamos seguir. De la misma manera, preguntarnos ¿qué queremos decir y hacer cuando hablamos de comida? es una invitación a repensar los sentidos y compromisos posibles de nuestra práctica. Pero es más que eso: es una invitación a elegir qué queremos decir y hacer desde nuestros lugares, como sujetos políticos y arqueólogos de un presente conflictivo. Así, elegimos comida y no alimentación porque creemos que de esta manera nos acercamos a otros universos y discursos posibles. La comida como experiencia, como política y como construcción (Curtin 1992; Heldke 1992). Por eso, la apuesta es por una arqueología de la comida que no termine en el pasado, porque reconocemos que tampoco es allí donde comienza. Recibido en Marzo de 2008 Aceptado en Septiembre de 2008

Notas 1. Utilizamos la noción de inseguridad alimentaria para referirnos a contextos en donde la seguridad alimentaria, entendida como el derecho a “tener una alimentación cultural y nutricionalmente adecuada y suficiente” (Aguirre 2006:27), no es respetada. Sin temor a generalizar, podemos imaginar la existencia de estas situaciones de inseguridad en todos los contextos –urbanos y rurales- en donde los arqueólogos vivimos, trabajamos y excavamos. 2. El intento por resumir cómo ha sido el estudio de la “subsistencia” por parte de la arqueología no es el objetivo de este trabajo, ya que reconocemos que se trata de un tema que lo excede. Antes que hacer este racconto, lo que nos interesa es precisar algunos otros puntos de interés en los que una arqueología de la comida podría hacer hincapié. 3. De hecho es una de las expresiones que se utiliza en el Valle de Ambato (Catamarca), lugar en donde se desarrolla el Proyecto Arqueológico Ambato en el que me inserto. La expresión es similar a las que se utilizan en otras zonas del Valle de Catamarca al momento de referir a las “cosas de los indios” (Pizarro 2006).

Bibliografía Aguirre, P. 2006. Estrategias de consumo: qué comen los argentinos que comen. Ciepp-Miño y Dávila, Buenos Aires. Appadurai, A. 1981. Gastro-Politics in Hindu South Asia. American Ethnologist 8 (3):494-511. Bardavio, A. y P. González 1996. La vida quotidiana a la prehistòria: l’estudi de les activitats de manteniment. Balma. Didàctica de les Ciències Socials i Historia 6:7-16. Bourdieu, P. 1994 [1980]. El sentido práctico. Taurus, Madrid. Carrasco Henríquez, N. 2007. Desarrollos de la antropología de la alimentación en América Latina: hacia el estudio de los problemas alimentarios contemporáneos. Estudios Sociales 16 (30):80-101 Curtin, D. 1992. Food/Body/Person. En Cooking, eating, thinking. Transformative philosophies of food, editado por Curtin, D. y L. Heldke, pp 3-22. Indiana University Press.

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2007. Los caminos de las comidas. Implicancias interpretativas de los análisis de residuos orgánicos en vasijas cerámicas: un ejemplo desde el Valle de Ambato, Catamarca. Actas XVI Congreso Nacional de Arqueología Argentina, Tomo II pp. 381-387. UNJu, Jujuy. Pazzarelli, F. y G.Vargas Ibarra 2007. Rico es pues allá. Chicheras, recetas y objetos en un proceso de producción de chicha (ciudad de Córdoba, Argentina).Trabajo presentado en la IV Reunión de Teoría Arqueológica en América del Sur / Inter-Congreso del WAC, Catamarca. Pizarro, C. 2006. Ahora ya somos civilizados. La invisibilidad de la identidad indígena en un área rural del Valle de Catamarca. Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba. Pluciennik, M. 2001. Archaeology, Anthropology and Subsistence. The Journal of the Royal Anthropological Institute 7 (4):741-758. Vargas Ibarra, G. y F. Pazzarelli 2006. Chicha en la ciudad. Los objetos implicados en la producción de chicha en contextos urbanos (ciudad de Córdoba,Argentina).Trabajo presentado en el X Congreso Nacional de Estudiantes de Arqueología, Mendoza.

*Francisco Pazzarelli es egresado de la carrera de Historia (FFyH, Universidad Nac. de Córdoba) desde agosto de 2006. Este trabajo forma parte de su investigación actual centrada en la cultura material asociada a las prácticas de cocina y consumo de alimentos, consideradas como instancias constitutivas de los sujetos y de los grupos, así como implicadas en la constitución de sus diferencias y desigualdades. Desarrolla su trabajo en contextos domésticos arqueológicos del Valle de Ambato (Catamarca, Argentina), dentro de la cultura definida como “La Aguada” (S VI – XI). Sus intereses también se orientan a pensar la constitución de los discursos arqueológicos sobre la alimentación en el pasado junto con sus implicancias sociales y políticas en el presente. Es becario doctoral de CONICET, con lugar de trabajo en el Museo de Antropología, en Córdoba (FFyH, UNC). Dirección de contacto: [email protected]

Misceláneas

OLLAS y cucharines: Recetas de Campaña

La Zaranda de Ideas 4 (2008)

Gramíneas en la mesa, grano a grano y verso a verso por Rosa Aradas* Preparaba una clase sobre la familia de plantas Gramíneas, cuando me llegó el pedido de una receta de cocina para La Zaranda. ¿Dulce ó salado?, pregunté. Me dieron libertad de elección aunque sí aparecieron algunos condicionantes a tener en cuenta: algo que se pueda hacer en campaña, tratando de optimizar recursos, sin mucha disponibilidad de accesorios (buenos hornos, vajilla adecuada, tiempo disponible, etc.), que sea económico… rendidor... sabroso... como un mimo en una tarde de lluvia. Empecé a pensar y no se me ocurría mucho, hasta que volví a mi tarea previa al pedido ¡las Gramíneas! Tan importantes son y fueron casi desde siempre para la alimentación humana (y también para satisfacción de otras muchas necesidades). Son una de las Familias más extendidas sobre la superficie de la Tierra, crecen en casi todos los climas y hábitats y existen alrededor de diez mil especies, muchísimas de las cuales generan gran rendimiento económico y han sido para algunas culturas como columnas vertebrales de su desarrollo (no podemos obviar por caso, la relación vital entre las Culturas Americanas y el maíz (Zea mays)). Y bien, ahí apareció, la Oryza sativa ó traducido a lenguaje comestible el noble, versátil y buen “arroz”. Sin duda cumple todos los requisitos establecidos para la receta y si tenemos la precaución de hervirlo sin sal podemos utilizarlo como plato salado o dulce, según como lo preparemos. Creo que más que una receta lo mío son “sugerencias”, ¡se me ocurren tantas posibilidades que no me decido! (además así es cómo yo cocino “aquí, ahora y con lo que tengo”). Por ejemplo, podemos inventar cualquier tipo de ensaladas mezclando nuestro buen arroz hervido con: - Pollo, carne, atún o pescado fresco (pueden haber quedado de una comida anterior, haberse pescado en algún arroyo cercano en un momento de descanso o simplemente haberse comprado en algún comercio). - Tiritas de jamón o cualquier otro fiambre a elección. - Evitar los puntos anteriores en caso de que haya algún vegetariano en el grupo. - Cebolla (blanca, de verdeo, o cebollín), picada fina (cruda o rehogada en apenas unas gotas de aceite). - Zanahoria rallada, cubitos de tomate u hojas de cualquier ensalada verde disponible (lechuga, rúcula, apio, espinaca, etc.), tiritas de morrón (verde o rojo, crudo o cocido). - Aceitunas (verdes o negras), pickles, champignones, arvejas, granos de choclo (o cualquier otro enlatado que hayan tenido la precaución de incluir en las vituallas). - Tiritas o trocitos de queso tipo Mar del Plata o una buena lluvia de queso rallado. - Ajo y perejil picados muy finos. - Mayonesa, salsa golf, mostaza, ketchup, queso blanco o simplemente aceite y vinagre para homogeneizar la mezcla y un poco de sal y buena pimientita para dar el toque final. 165

Ollas y Cucharines: Recetas de Campaña

- Si hubiese un sobre de gelatina sin sabor, un molde o bol adecuado y una buena heladera para dejarlo reposar, nuestra ensalada se podría parecer a un aspic y podríamos servirla cortada en trozos o utilizarse para rellenar tomates frescos. Otra posibilidad es convertirlo en una práctica tortilla, mezclándolo con huevos en cantidad suficiente (a ojo, según la cantidad de arroz, de comensales y el tamaño de la sartén), queso rallado y cualquier otro de los ingredientes mencionados para las ensaladas (excepto, para mi gusto, las hojas verdes) y condimentos a elección y cocinándolo en una sartén (si hay de teflón, mejor, para usar menos aceite). Si hubiera horno y un recipiente adecuado, en lugar de tortilla se podría armar un pastel, cubriendo la mezcla con queso rallado horneándola hasta que se gratine. También podemos utilizar la mezcla como relleno de zapallitos o morrones o podemos inventar buñuelos agregando harina leudante (también a ojo) y un chorro de soda hasta obtener una pasta espesa que no se derrame demasiado al levantarla por cucharadas. Los buñuelos sí se cocinan en aceite caliente y pueden espolvorearse con azúcar una vez retirados de la sartén (sí, con azúcar, quedan riquísimos). Finalmente vayamos a la opción dulce. Se trata también de buñuelos. Tomamos nuestro arroz hervido sin sal y le agregamos azúcar (tres o cuatro cucharadas para un bol mediano), trocitos de manzana y/o banana o cualquier otra fruta, pasas de uva o trocitos de dulce de membrillo o batata, frutas secas o abrillantadas, cerezas o duraznos en almíbar y/o cualquier otro elemento que se nos ocurra y de los que habitualmente se lleven a las campañas arqueológicas... Al igual que para los buñuelos salados agregamos huevos, harina leudante y un poco de soda o leche hasta obtener la consistencia justa (es cuestión de experiencia y ojo) y perfumamos con esencia de vainilla y/o ralladura de limón, podemos agregar algún licor o canela (consultar a los comensales ya que no a todos les gustan estos sabores). Ahora sí, ya se pueden armar los buñuelos, volcando cucharadas de pasta en aceite caliente. Se cocinan de ambos lados y se escurren sobre papel absorbente. Pueden espolvorearse con azúcar común o impalpable o bañarse con almíbar, chocolate derretido o mermelada reducida. Bueno, hasta acá mis recetas, si es que se pueden considerar como tales. Son las recetas de “o”, o esto, o aquello, más vale invitaciones al ingenio, al descubrimiento y la inventiva que certezas garantizadas. Esta es mi forma de relacionarme con la cocina, así la practico y la disfruto, sin demasiada rigurosidad teórica, si cabe el término, pero con la convicción de que se trata de una de las formas de contacto humano más genuina y constitutiva. Amor en expresión pura, que va y vuelve. Alimento primigenio de todo lo alimentable en el hombre. Cumplida mi misión, vuelvo a mis Gramíneas, a mi clase y a mis vínculos con las plantas y el diseño y construcción del paisaje, que son mi métier y ojalá mis buñuelitos sirvan como excusa para la charla y el encuentro de quienes, en cualquier sitio trabajan para la reconstrucción de los paisajes de otros espacios, otros tiempos y otros hombres.

*Rosa Aradas es Técnica Superior en Paisajismo, entusiasta del estudio de la historia del arte, practicante del arte de la cocina y fanática de las radios que trasmiten música clásica “todo el tiempo”... 166

RECURSOS DE INTERNET

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ARTE RUPESTRE por Agustín Acevedo* En lo que se extiende de este apartado es nuestra intención ofrecerles, como lo hemos hecho año tras año, una guía que sirva a modo de orientación en la búsqueda de información disponible en Internet relativa a diferentes temáticas arqueológicas, siendo en este caso el turno del arte rupestre. Estar al nivel de las ediciones anteriores de esta sección implicaba distanciarnos de la idea de convertirnos en meros reflejos humanos de un buscador de Internet, ofreciendo algo más que el resultado de escribir las palabras “arte rupestre”, o “rock art”, en un recuadro en la pantalla. Con este objetivo en mente, nuestro interés radica en poner a su disposición breves reseñas -no exhaustivas- de la información disponible en Internet, esperando que ustedes puedan convertirla en un recurso para el pensamiento y la acción. Siguiendo una línea respecto de ediciones anteriores, sólo se detallan a continuación las páginas principales de sitios de acceso libre y gratuito, en inglés y español, inclinando la balanza en favor de la selección de aquellos sitios con mayor cantidad de artículos disponibles. Cabe anticipar que la mayoría de los sitios presentados posee artículos disponibles en formato pdf, por lo que será necesario tener, para acceder a su lectura, el programa Acrobat Reader, el cual puede ser bajado en forma gratuita ingresando en http://www.adobe.com/es. Introducción al mundo del arte rupestre Si estás dando tus primeros pasos en mundo poco conocido, sería bueno saber de qué hablamos cuando hablamos de arte rupestre; implicaciones, potencias y limitaciones de su estudio encuentran una explicación clara en estos dos artículos introductorios al mundo del arte prehispánico: - Hernández Llosas, María Isabel 2007. El arte rupestre en la arqueología argentina. Pasado, presente y futuro. http://www.rupestre.com.ar/articulos/rup01.htm - Martínez Celis, Diego y Botiva Contreras Álvaro 2007. Introducción al arte rupestre. http://www.rupestreweb.info/introduccion.html El arte rupestre en el Mundo He aquí una pequeña selección de algunas páginas que no suelen ser primera opción de un buscador, pero que en virtud de la calidad de sus publicaciones electrónicas les permitirán no sólo informarse sobre los tópicos que envuelven la discusión arqueológica en torno al arte rupestre, sino también introducirse en un mundo de manifestaciones rupestres usualmente desconocidas. - http://www.bradshawfoundation.com/inora The Bradshaw Foundation se presenta como 167

Recursos de Internet

una fuente online para el aprendizaje, cuyo objetivo es descubrir, documentar, preservar y promover el estudio del arte rupestre alrededor del mundo. En el interior de su página web, que es verdaderamente enorme, hospeda The International Newsletter on Rock Art (INORA), una publicación online -bilingüe (inglés y francés, por si se emocionaron)- editada por el afamado Jean Clottes y auspiciada por el Comité International d’Art Rupestre, la Union Internationale des Sciences Prehistoriques - Protohistoriques y la Associatión pour le Rayonnement de l’Art Parietal Europeen. Una vez dentro del INORA, accediendo a la sección “newsletter index” podrán disponer de algunos números de esta publicación (en formato pdf) con información acerca de descubrimientos, conservación, artículos y reseñas literarias. - http://www.rockartscandinavia.se Es la página de la Sociedad Escandinava para el Arte Prehistórico, una organización integrada por representantes de Dinamarca, Noruega y Suecia, cuyo propósito reside en incrementar y promover el conocimiento sobre el arte prehistórico escandinavo. Es necesario advertir que la página sólo posee como opcional el idioma inglés -nótese mi ignorancia- además del de origen. Clickeando en la opción “Publications” podrán ingresar a Adoranten: la publicación anual de la sociedad, que ofrece la posibilidad de acceder a algunos de sus trabajos (en formato pdf) disponibles en inglés.También les puede resultar interesante acceder a la sección “Rock art archive”, si su deseo es recorrer algunas galerías de imágenes. - http://www.arara.org/index.htm Es el espacio web de The American Rock Art Research Association (ARARA), una comunidad de investigadores dedicados a la preservación, educación e investigación sobre el arte rupestre. Esta página cuenta con galerías de imágenes, calendario de eventos y, lo más importante, una publicación de acceso gratuito (disponible en formato pdf): La Pintura, newsletter oficial de ARARA, hospedado al interior de la sección “Publications”. Arte rupestre en América Latina No sólo en inglés se discute sobre el arte prehistórico, resulta que también hay arte rupestre en América Latina, y en su investigación se debaten muchos de los aspectos teóricos y metodológicos tratados a nivel internacional. - http://www.rupestreweb.info Rupestreweb es una publicación electrónica editada por Diego Martínez Celis, especializada en la investigación del arte rupestre de América Latina, que se presenta como un espacio de divulgación abierto, gratuito y en permanente actualización. En esta página podrán encontrar numerosos artículos e informes (en formato html), noticias sobre eventos, talleres, exposiciones, simposios, proyectos en curso y reseñas literarias, todo organizado por país. Dado el interés de la publicación por temáticas de origen latinoamericano, salvo escasas excepciones, la mayoría del material disponible está escrito en castellano. - http://www.siarb-bolivia.org Con más de veinte años de existencia la Sociedad de Investigación del Arte Rupestre de Bolivia ha contribuido considerablemente a la investigación del arte rupestre por intermedio de sus publicaciones y encuentros científicos. Su página de Internet es un sitio bastante grande que contiene, entre múltiples posibilidades de acceso, numerosas galerías de imágenes, información sobre proyectos en curso y una abundante cantidad de publicaciones (disponibles en formato pdf) sobre diversas temáticas tratadas en diferentes países, entre los cuales Chile, Bolivia, Perú, Brasil y Argentina, son sólo algunos de ellos.

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Arte rupestre en la investigación argentina Es una realidad que dentro del inmenso espacio que Internet ha creado para la divulgación de información, los sitios argentinos dedicados a promover y hacer conocer las investigaciones respecto del arte rupestre no ocupan mucho lugar, pero es necesario que sepamos que hay arte más allá de la Cueva de las Manos, y una buena opción para conocer qué se debate a nivel nacional es: - http://www.rupestre.com.ar La sección de arte rupestre de NAyA (la Ciudad virtual de Antropología y Arqueología) y sin lugar a dudas el recurso de Internet al cual debemos acudir si nuestro objetivo es conocer la actualidad de las investigaciones en torno al arte rupestre de nuestro país. La página no sólo cuenta con numerosos artículos (disponibles en formato htm) respecto al arte de diferentes regiones, escritos por investigadores destacados en la temática, sino que además ostenta ponencias del VI Simposio Internacional de Arte Rupestre (también disponibles en formato htm), información sobre eventos, galerías de imágenes e incluso información de trabajos disponibles en otros servidores de Internet. Muchos de estos sitios poseen en su interior vínculos conducentes hacia espacios de discusión relativos a la diversidad de temáticas abordadas por cada uno de ellos, razón por la cual consideramos innecesario profundizar demasiado en estos aspectos. Sin embargo, y quizás a modo de ejemplo o de tendenciosidad explicita, ponemos a su disposición -como punto de partida- dos de muchas de las opciones existentes: - http://www.dialectica.com.ar Es el centro de debates de NAyA y se ofrece como un buen espacio destinado a la discusión de tópicos relacionados con el arte rupestre, donde podrán intercambiar pensamientos y conocimientos, con personas provenientes de diferentes locaciones geográficas y científicas. - http://espanol.groups.yahoo.com/group/rupestreweb Como grupo de discusión de una página especializada en la investigación del arte rupestre de América Latina (Rupestreweb), dentro de este espacio podrán debatir e intercambiar ideas y comentarios, sobre artículos publicados en el sitio u otros temas relacionados con el arte prehispánico, con investigadores y estudiosos de Latinoamérica. Para suscribirse a este grupo podrán hacerlo directamente desde este vínculo o por intermedio de la página principal del sitio. En adelante sólo queda su predisposición para introducirse a un mundo de información tan abrumador como interesante, del cual apenas si les hemos ofrecido unos pocos ejemplos. Estará en su interés continuar este trabajo, que quisimos -y esperamos- termine como una introducción. *Agustin Acevedo es estudiante avanzado de la carrera de Ciencias Antropológicas con orientación en Arqueología. Actualmente se encuentra realizando su tesis de licenciatura sobre arte mobiliar de Patagonia y áreas adyacentes, a la vez que desarrolla de sus estudios sobre el arte rupestre del margen norte del Río Chico y Río Santa Cruz bajo la dirección de la Dra. Dánae Fiore en el marco de los proyectos PIP (Conicet) 5209 (Entre ríos y mesetas: ocupaciones humanas prehistóricas en el área de los ríos Chico y Santa Cruz (Santa Cruz, Argentina)) y UBACyT F119 (Los cazadores - recolectores y la organización del espacio. El caso de la cuenca del Río Santa Cruz), dirigidos por la Dra. Nora Franco.

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DESDE AFUERA El secreto por Tamara Vainscheinker* Cava que te cava arremete el buscador con manos de arcilla oculta en la huella prometida. Laborioso el tendón que tensa minucioso hacia el hallazgo del trozo que cura heridas entre la tierra maestra. Arde el fuego libre en el aire feroz su secreto esconde el jarrón en la mano inerte del alma fugaz partida. El secreto está en el mundo, quizás esté en las estrellas, en el mar devorador de vientos y en la inevitable arena. Arremete el buscador, allí donde antes jugaba que la plaza era el desierto y su brazo era la pala.

*Tamara Vainscheinker nació en la Clínica Marini hace poco más de 29 años. Fue muy desmoralizante para ella enterarse que aquella clínica hoy es un tenedor libre gourmet. Pero a pesar de ello siguió adelante. Logró un título terciario de profesora de inglés y está luchando por mantener la cordura en la Facultad de Psicología de la UBA. No somos muy optimistas. Tiene una bella familia que la soporta a pesar a todo. Le garúa finito por estos días. 170

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El arqueólogo del futuro por Leonel Klajnberg* Año 2500 DC. Durante los últimos siglos La Tierra sufrió guerras nucleares, calentamiento global, enfriamiento global, entibiamiento global... Mientras tanto los robots hacían el trabajo que antes hacían los pobres: recoger la basura, manejar los medios de transporte y limpiar las calles y las casas de los pocos que viven humanamente. La humanidad había progresado en muchas cosas -ya había colonizado la Luna y Marte- pero había involucionado en muchas otras -había agotado todos los recursos naturales de la Luna y Marte-. Por eso, para estudiar los errores de los cinco siglos anteriores (y de paso ver si se lograba obtener un nuevo recurso natural), el Gobierno Mundial había ordenado la construcción de ciborgs que investigaran las huellas del pasado. Ellos serían los arqueólogos del futuro, mitad hombres, mitad máquinas. Pero el presupuesto mundial no alcanzaba para construir tantos, ya que los ministros habían gastado los fondos públicos en sus vicios personales, por lo tanto se decidió hacer sólo dos robots. Uno de ellos fue llamado “Excavador 01” y tenía la misión de ir a la parte mas desolada del planeta para socavar información de cómo vivían sus pobladores hace unos 500 años. Este territorio era un lugar que habría sufrido terremotos, glaciaciones, políticos corruptos, y otras catástrofes de igual magnitud. Aquello era lo que antes se había llamado Argentina. Una vez construida la parte robótica del Excavador 01 necesitaban un humano para terminar el modelo final, así que el gobierno eligió al ser mas apto para realizar estas tareas. Sus parámetros de elección fueron: que no le moleste ensuciarse, que le guste rondar en las ruinas y que se queje lo menos posible. Finalmente eligieron al primer vago que pasaba por afuera de la fábrica. El sujeto tenía barba de dos semanas, una camisa medio sucia, pelo largo sin lavar y un pantalón de moda en el siglo XXI. Unos días después que el Excavador 01 fuera terminado, necesitaron ponerlo en acción, pero antes de eso le dieron directivas imprescindibles: la primera era que si, por esas casualidades, encontraba Nutrilium (el mineral mas importante en esos momentos, útil para poner en funcionamiento todas las máquinas que hacían lo que no hacia el hombre) él debía avisar al estado dueño de las licencias de la mayoría de los robot, Los Estados Desunidos, sin despertar sospechas de la Unión Europea Soviética. La segunda directiva consistía en que todos los artefactos que encontrara debía limpiarlos y analizarlos en el momento, para ello el Excavador 01 tenia consigo una espátula en la mano, un pincel y una computadora que analizaba los materiales, la parte humana solo estaba para usar estos aparatos.Y para terminar, la tercera directiva establecía que el Estado no se hacia cargo de los viáticos, las comidas ni las reparaciones que pudiera necesitar el robot. Para realizar estas cosas el Excavador 01 se tenia que arreglar por si mismo. La nave despegó desde el viejo Cañón del Colorado y se dirigió al árido desierto de las Pampas, 171

Desde Afuera

donde se detuvo a medir la radiación y calcular cuánto tiempo soportaría el excavador fuera del módulo. Después de detectar que la radiación era casi imperceptible, se desprendió de la nave una cápsula que contenía al Excavador 01. La misma cayó a tierra y aminoró el golpe destruyéndose completamente, pero haciendo que el excavador pueda salir, casi intacto, y empezara a trabajar. Lo primero que hizo el robot-arqueólogo fue analizar el terreno en su computadora, la cual le decía que la zona en donde podía encontrar restos de civilización se ubicaba 30 kilómetros hacia el norte. Así que el excavador sacó sus propulsores y se dispuso a encender las turbinas para dirigirse rápidamente al sitio, pero el Gobierno Mundial no había presupuestado eso en su kit de herramientas y el propulsor no estaba construido, aunque en los papeles figuraba que sí. Después de caminar los 30 kilómetros el excavador llegó al sitio y, entre lagos congelados y edificios destruidos completamente por las inclemencias del tiempo, observó las ruinas del objeto simbólico de los pobladores que moraban estas tierras hacía tiempo: una especie de monolito blanco con leyendas escritas en su parte baja y una ventana en su parte más alta. Quiso saber para qué era utilizado este objeto y, con ese fin, sacó un pedazo de su estructura; además lo describió y puso toda esa información en la computadora, la cual arrojó un único resultado: “objeto inútil”. El excavador siguió caminando buscando otro monumento significativo y se encontró con algo peculiar... Se trataba de una estructura edilicia de la que en su parte superior sobresalía un domo en el que se leía la leyenda “Congreso de la Nación Argentina”. El excavador tomó una muestra de uno de los asientos en el interior del edificio y gracias a la computadora sacó la conclusión de que nunca fue usado, sólo estaba de adorno, igual que el monolito que había visto anteriormente. Después de entender que esta civilización era medio perezosa, el excavador se sentó en la terraza de otro edificio antiguo y deglutió su comida prefabricada con gusto a pollo. Ese fue el único momento en que el excavador pudo disfrutar su trabajo. Luego de tirar la lata en uno de los cestos -vacíos- de la antigua ciudad, el excavador encontró lo más llamativo que podía esperarse, un valle que mezclaba flora y ruinas de edificios viejos, en el medio del cual se encontraba un pequeño lago congelado y, dentro de éste, restos de personas que vivieron allí hace mucho tiempo. El excavador llegó y accionó la pala automática de su mano robótica pero, como no había presupuesto, la pala no funcionaba automáticamente, así que tuvo que excavar a mano como los pioneros de la arqueología. Esto provocó que la parte humana del excavador se cansara rápidamente y dejara de cavar para recuperar energías. Entonces se sentó a descansar y cuando trataba de abrir una lata de alimento prefabricado con gusto a arroz, vio lo que necesitaba para cumplir su misión. Se fijó en un cartel que decía “Bienvenidos a los bosques de Palermo” y se dio cuenta que debajo había un cuerpo de lo que parecía ser una persona congelada en el pequeño lago. El excavador se dispuso a descongelar esa parte del lago para examinar el cuerpo. Para ello extendió su soplete de la mano robótica pero, como no había presupuesto, el soplete no funcionaba. En consecuencia tuvo que improvisar una fogata y con eso se las arregló para descongelar, aunque fuera, una parte que le permitiera alcanzar algo del cuerpo y analizarlo con la sonda de la computadora. Procesó los datos pero no obtuvo ningún resultado: en la pantalla que indicaba el sexo de la persona, había un signo de interrogación. El excavador no entendía qué pasaba, por lo que decidió descongelar todo el cuerpo y tomar mejores mediciones, pero la computadora seguía poniendo el mismo signo de pregunta. Entonces, el excavador usó su criterio e investigó el cuerpo por su cuenta, pero descubrió algo siniestro: la persona en cuestión tenía la apariencia y contornos de una mujer y, a la vez, los atributos de un hombre, lo que provocaba la confusión del ordenador. El excavador no podía creer lo que veía, pero era la única verdad, 172

La Zaranda de Ideas 4 (2008)

así que tomó una muestra más y se la guardó en su mochila de acero, junto con el pedazo del monolito blanco y el asiento del Congreso. Pasaron los días y las semanas y el Excavador 01 no encontraba más que lo encontrado el primer día: unos monumentos obsoletos hasta en su tiempo y una raza mutante que podía optar entre ambos sexos y, como si fuera poco, ya se le acababan los alimentos prefabricados; así que decidió llamar al Gobierno Mundial para que lo rescatara de esa tierra de la perdición. Un día después la nave que lo recogía llegó, y con ella un grupo de científicos con equipos sofisticados para analizar lo que había recolectado el Excavador 01. Mientras viajaban de vuelta a los Estados Desunidos, las computadoras seguían analizando las muestras y arrojaban estos resultados: - Tiempo de descomposición: 400 años - Materiales: concreto y bronce - Habitantes: mutantes multisexuales - Nutrilium: no encontrado. Recomendación: Abortar Campaña. La nave llegó a la base central de los Estados Desunidos y lo primero que hicieron fue darle un nuevo trabajo al Excavador 01, ahora iba a ser el encargado de limpieza de las instalaciones científicas. Mientras tanto, el mundo celebraba por un nuevo acontecimiento, una gran hazaña… En la parte sur del continente que en épocas anteriores se hacia llamar África, el Excavador 02 había encontrado Nutrilium y por ello el Gobierno Mundial destinaría todos los fondos de ciencia para subvencionar a las empresas privadas que dinamitarían la tierra para extraerlo y, de este modo, la humanidad podría preocuparse por lo que realmente le importaba: obtener dinero a cualquier costo. Por este descubrimiento el Excavador 02 fue nombrado como el arqueólogo no completamente humano más importante de la historia de la humanidad.

*Leonel Klajnberg es casi un diseñador de imagen y sonido profesional que en sus momentos de angustia escribe cuentos y anéctodas personales que pública en Internet, donde ya tiene más de 30 narraciones. En su vasta vida de lucha y sacrificio ha pasado por innumerables trabajos: desde cortador de ropa infantil hasta vendedor de lencería, entre otros oficios poco artísticos. Sus pasiones son las películas de ciencia ficción, los videojuegos y el fútbol. Y, según sus amigos más allegados, todavía no puede creer que le publiquen algo en una revista seria. 173

rescate humorístico

por Marcelo Vitores*

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La Zaranda de Ideas 4 (2008)

*Marcelo Vitores es graduado reciente (siiií!!) de la carrera de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Desde el 2006 participa en el equipo de investigación dirigido por el Dr. Eduardo Crivelli, estudiando cerámica de cazadores recolectores, marco en el que planifica su tesis de licenciatura mientras encomienda al cielo el trámite de su titulo de profesor. Ha sido incorporado como adscripto en dos cátedras de la mencionada carrera y, quien sabe por qué, como miembro del comité editorial de esta noble revista. Tareas todas que lo colman de felicidad, y de textos para revisar. 175

normas editoriales 1. POLÍTICA EDITORIAL La Zaranda de Ideas es una publicación anual con referato que tiene como objetivo la publicación de los resultados de las investigaciones de estudiantes de grado y egresados recientes de carreras de arqueología o disciplinas afines. Consideramos egresados recientes aquellos que no hayan superado los cuatro años de haber defendido su Tesis de grado (o fecha de egreso en caso de no realizar Tesis) al momento del llamado para publicación y que no hayan completado una carrera de postgrado. Los autores envían sus contribuciones, las cuales se someten a consideración del Comité Editor, en forma de Artículos, Informes, Notas Breves, Entrevistas y Reseñas de Libros, pudiendo asimismo enviar colaboraciones a la sección Misceláneas. Todas las contribuciones deberán ser inéditas y podrán presentarse en forma individual o en coautoría, siempre y cuando al menos el 50% de los autores sea estudiante y/o egresado reciente. Los editores se reservan el derecho de selección de las colaboraciones a publicar. La selección de artículos, ensayos e informes de investigación se realizará a partir de la evaluación que de ellos hagan un referato anónimo integrado por un mínimo de dos profesionales especializados en cada tema. La clasificación de un manuscrito como Artículo, Informe de Investigación o Nota Breve es decisión última del Comité Editor, en consulta con los evaluadores del mismo, aunque los autores deben sugerir a que sección presentan su trabajo. Los artículos son usualmente más extensos y abordan tópicos de mayor importancia y alcance para una amplia audiencia. En contraste, los Informes de Investigación pueden ser más técnicos, describen proyectos de investigación en curso, y aportan información de base tanto de actividades de campo como de estudios de laboratorio. Las Notas Breves pueden implicar comentarios que corrigen errores de hecho o proveen nueva información directamente relevante a un artículo publicado previamente en una de las revistas; también pueden aportar información sucinta sobre proyectos de investigación en curso, tales como resultados preliminares de trabajos de campo, análisis de laboratorio, etc., así como información y discusión relativa a cuestiones académicas, científicas y/o profesionales, conclusiones adoptadas en congresos, etc. Las contribuciones a la sección Misceláneas refieren al ámbito cotidiano de la práctica arqueológica: anécdotas de campaña, recursos de internet, la visión de la gente no dedicada a la arqueología, relatos, fotografías, humor, etc. Alentamos la colaboración en cualquiera de las subsecciones, así como la sugerencia de nuevos tópicos. 2. INFORMACIÓN PARA LOS AUTORES 2.1. Responsabilidades del Editor Los Editores se reservan el derecho a no considerar aquellas colaboraciones no pertinentes al perfil temático de la revista o que no se ajusten a las normas de estilo. Los Artículos e Informes de Investigación serán evaluados por el Comité Editor en consulta con dos evaluadores, pudiendo ser alguno de los integrantes del Comité Académico, o bien evaluadores ad hoc. En caso de haber discordancia entre las evaluaciones, el trabajo será remitido a un tercer evaluador a fin de desempatar. Los editores serán quienes seleccionen, con el asesoramiento del Comité Académico, los evaluadores pertinentes para cada trabajo. Los informes de los evaluadores serán anónimos, a menos que éstos decidan hacer pública su evaluación. Las decisiones finales serán responsabilidad de los editores. Los autores tienen derecho a recusar o excusar hasta dos posibles evaluadores, enviando a los editores una carta fundamentando dicha decisión. Las Notas Breves, Entrevistas, Reseñas de Libros y colaboraciones a la sección Misceláneas serán evaluadas por los editores. El Comité Editor se reserva el derecho de rechazar o devolver para su corrección aquellos trabajos que no respondan a las modificaciones sugeridas por los evaluadores y/o por los editores. Las correcciones de los trabajos deberán ser enviadas por los autores en las fechas que los editores oportunamente consignen. En caso contrario, los editores podrán optar continuar con el proceso de evaluación y publicar la versión definitiva del trabajo en un número posterior de la revista. Los autores serán notificados tan pronto como se sustancie la decisión de aceptar o rechazar el manuscrito. La aceptación será a condición de que se realicen las modificaciones de estilo y forma que los editores y/o 176

La Zaranda de Ideas 4 (2008) evaluadores sugieran. Asimismo, si fuera imposible publicar la totalidad de los trabajos aceptados, los editores seleccionarán algunos para ser publicados en el siguiente número de la revista. Aquellas contribuciones que hayan sido aceptadas serán remitidas a los autores por correo electrónico en un archivo PDF, una vez realizada la prueba de edición del correspondiente número de la revista, con el único objeto de controlar posibles errores tipográficos. No se admitirá reescritura del texto en esta instancia.Todo cambio o adición representa tan sólo una sugerencia, que puede no ser tenida en cuenta por los editores. Las contribuciones son voluntarias y los editores no cobran por la publicación en la revista. Los autores recibirán un ejemplar gratuito del número en que aparezca publicado su trabajo. 2.2. Responsabilidades del Autor Los autores firmantes son responsables del contenido de sus escritos, de adecuar sus trabajos a la presente guía estilística, de la exactitud de los datos consignados y de la correcta atribución de las citas y referencias bibliográficas, de los derechos legales por la publicación del material enviado y del apropiado manejo y tratamiento de las cuestiones relacionadas con la coautoría del mismo. No podrán presentarse manuscritos que están a consideración de otras publicaciones. Los autores deben firmar una declaración donde reconocen su responsabilidad sobre los contenidos de las colaboraciones, la precisión de las citas efectuadas, el derecho a publicar el material y la autorización para citar aquellos materiales inéditos que se incluyan en la publicación. Asimismo deberán completar un formulario con sus datos personales (uno por cada autor). Ambos documentos pueden descargarse en la siguiente dirección de internet www.lazarandadeideas.com.ar/normas.htm y deberán ser enviados en conjunto con el trabajo impreso. Los autores son responsables de enviar los trabajos, con las modificaciones sugeridas por los evaluadores y/o el Comité Editor, en las fechas que éstos estipulen para ser admitido para su publicación. De lo contrario aceptarán que la versión definitiva sea publicada en un número posterior de la revista. 2.3 Presentaciones Los trabajos deben enviarse en las fechas estipuladas en el llamado para publicación de dos maneras: a) dos copias impresas del texto, las tablas y las figuras a: Sociedad Argentina de Antropología, Revista La Zaranda de Ideas - Museo Etnográfico - Moreno 350 (1091) Ciudad de Buenos Aires. b) y una copia digital por correo electrónico a [email protected]. El texto debe enviarse en un archivo de Word con tablas y figuras incrustadas en el mismo. Además las tablas y figuras deben enviarse en archivos aparte cuyo nombre sea “Figura 1”, “Tabla 1”, etc. Las Tablas deben enviarse como archivos de Excel (.XLS). Las Figuras deben estar en blanco y negro o en escala de grises, y deben consignarse en formato BMP, JPG o TIFF, con una resolución no inferior a 300 dpi. Las figuras de tipo gráfico de barras, histogramas, etc, generados con Excel deben enviarse como archivos de ese programa. Idioma: para todas las secciones se aceptan colaboraciones en castellano y en portugués, o bien bilingües castellano-idioma original. Tamaño de papel: A4, impreso en una sola cara, todas las hojas numeradas. Márgenes: superior, inferior y derecho 2 cm, izquierdo 3 cm. Fuente: texto arial 12 / bibliografía, notas y agradecimientos arial 9 Párrafo: sin sangría ni tabulaciones, alineación justificada sin silabeo, interlineado sencillo, con un espacio entre párrafos. Extensión: La extensión máxima para Artículos e Informes será de 20 páginas, incluyendo notas, agradecimientos, figuras, tablas y bibliografía. Las Notas Breves, Entrevistas, Reseñas de Libros tendrán como extensión máxima 5 páginas. Las colaboraciones en la sección Misceláneas no deberán exceder 2 páginas. 177

Normas Editoriales 3. GUÍA DE ESTILO La guía estilística de La Zaranda de Ideas está basada en las correspondientes a las revistas Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, Intersecciones en Antropología y Latin American Antiquity. Las consideraciones siguientes son aplicables a todas las contribuciones, salvo los resúmenes (en castellano y en inglés) y las palabras clave (en castellano y en inglés) que sólo deberán ser incluidas en Artículos e Informes de Investigación. 3.1 Secciones del manuscrito -Título -Autor/es -Resumen en castellano -Palabras clave en castellano -Resumen en inglés -Palabras clave en inglés -Texto (Tablas y Figuras incluidas) -Notas -Agradecimientos -Referencias citadas 3.1.1 Título El nombre del trabajo debe estar centrado y en mayúsculas. 3.1.2 Autor/es A dos espacios por debajo del título y alineado a la izquierda. Debe incluirse nombre y apellido del o los autores, incluyendo la pertenencia institucional y dirección postal y/o electrónica. 3.1.3. Resúmenes y Palabras Clave Los Artículos e Informes de Investigación deben estar acompañados por un resumen en castellano y otro en inglés de alrededor de 150 palabras cada uno. La pertinencia y correcta realización del resumen son tomadas en cuenta en la evaluación. Sugerimos efectuar una síntesis de los contenidos y conclusiones del escrito, referir datos novedosos allí presentados y aludir especialmente a la relevancia del manuscrito. El resumen no debe ser una introducción al trabajo, ni restringirse a enumerar las secciones que este último contiene, sino que debe presentar un panorama de los puntos temáticos sobre los que versa, invitando al lector a interesarse por el material. Deben incluirse cinco palabras clave en castellano y en inglés. Sugerimos utilizar términos generales de la problemática que abarca el trabajo. Evite incluir palabras que se encuentren en el título del mismo. Las palabras claves son fundamentales para la indexación de los artículos, por lo tanto si son muy específicas pueden resultar irrelevantes. 3.1.4 Encabezados Los encabezados principales deben estar en mayúsculas, los secundarios en minúsculas con negrita, los terciarios en minúsculas cursivas y los subsiguientes en minúscula normal. Siempre alineados a la izquierda, a dos espacios del texto que le precede y a uno del que le sigue. 3.1.5 Citas - Las referencias bibliográficas irán en el texto siguiendo el sistema autor-año. Ejemplos: (Rodríguez 1980) o (Rodríguez 1980, 1983) o (Rodríguez 1980a, 1980b) o Rodríguez (1980). - Se citan hasta dos autores; si son más de dos se cita el primer autor y se agrega et al. - Citas con números de páginas, figuras, o tablas especificadas: (Smith 1977:3), (Jones y Wilson 1971:Figura 2), (Brown 1968:533-534) Utilice los dos puntos para separar el año de publicación con el resto de la 178

La Zaranda de Ideas 4 (2008) información adicional. No debe existir un espacio entre los dos puntos y la información adicional. El número de páginas debe ser solamente indicado cuando se utiliza una cita textual en el trabajo. - Autores diferentes citados dentro de un mismo paréntesis o comentario siempre se deben ordenar cronológicamente. Ejemplo: (Coe 1965; Ashmore 1986; Freidel y Schele 1989). Separe las citas de diferentes autores con un punto y coma. - Evitar la referencia op. cit. - Las frases citadas textualmente que tengan menos de 8 líneas tipeadas deben incluirse dentro del texto entre comillas (“”). Las citas textuales que alcanzan 8 o más líneas tipeadas deben ser separadas del texto como una cita en bloque, con una línea de espacio arriba y abajo del bloque. Luego de la cita textual, cite entre paréntesis al autor, el año de la publicación, y el número de página(s). 3.1.6. Referencias Citadas La sección referencias comienza bajo el encabezamiento primario de BIBLIOGRAFÍA. Cada referencia debe tener un espacio con respecto a la siguiente, incluso cuando son varios trabajos del mismo autor. Los autores se hacen responsables de que las referencias sean exactas y estén completas. Todas las referencias citadas en el texto deben aparecer en la lista de la sección referencias citadas (excepto las comunicaciones personales y los materiales de primera fuente), y todas las entradas en la lista deben estar citadas en el texto. Los autores se ordenan alfabéticamente por apellidos. Utilice sólo las iniciales de los nombres (con espacios entre ellos) para primer y segundo nombre de autores y editores, del modo que aparecen en el título de sus trabajos. Sólo la inicial del nombre del primer autor va en el orden reverso. Los nombres de los siguientes autores se separan por comas. Dos o más trabajos del mismo autor deben ser listados cronológicamente. Dos o más trabajos del mismo autor o autores, en el mismo año, deben ser listados en el orden en el cual fueron citados en el texto y diferenciados por letras minúsculas seguidas de la fecha (i.e. 1991a, 1991b). Para números ordinales de edición use: 1ra, 2da, 3ra, etc., separados por puntos. Ordene las partes de cada referencia de la siguiente manera: Autor/es. Fecha. Título. Publicación, número, páginas. Editorial, Lugar. Ejemplo de lista bibliográfica: Ashmore, W. 1991. Site-Planning Principles and Concepts of Directionality Among the Ancient Maya. Latin American Antiquity 2:199-226. Fritz, J. M. 1978. Paleopsychology Today: Ideational Systems and Human Adaptation in Prehistory. En Social Archaeology: beyond Subsistence and Dating, editado por C. I. Redman, M. J. Berman, E.V. Curtin, W. T. Langhorne, Jr. N. M.Versaggi y J. Wanser, pp. 37-59. Academic Press, Nueva York. Schiffer, M.B. 1976. Behavioral Archaeology. Academic Press, New York.

La presente es una versión resumida de la guía estilística; la versión completa incluye mayores especificaciones que deben ser tomadas en cuenta en la preparación de los manuscritos y puede ser solicitada al e-mail de la revista: [email protected] o bajada de la siguiente página web: http://www.lazarandadeideas.com.ar/normas.htm 179