Malcolm Gladwell: esfuerzo, genio y otras razones del éxito

4 ene. 2009 - Subtitulado El poder de pensar sin pensar, es una fascinante mezcla de los últimos estudios científicos sobre el poder de percepción y análisis ...
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Domingo 4 de enero de 2009

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Malcolm Gladwell: esfuerzo, genio y otras razones del éxito JUANA LIBEDINSKY LA NACION

NUEVA YORK Malcolm Gladwell es el autor del libro del que todo el mundo habla, Outliers. The story of succes (cuya traducción sería algo así como “Los fuera de serie. La historia del éxito”). Ya con su best seller del año 2000, The tipping point (“El punto de inflexión”), Gladwell se había convertido en un dios del marketing que, a la vez, lograba la increíble hazaña de mantener a su público más intelectual satisfecho. Sus artículos en The New Yorker son de lectura obligatoria en la Escuela de Negocios de Harvard; en la lista de “gurúes top de los negocios” está incluso por encima del ex presidente de la General Electric, Jack Welch, y del fundador de Virgin, Richard Branson. Con su segundo libro, Blink, Gladwell reconfirmó su estatus icónico. Subtitulado El poder de pensar sin pensar, es una fascinante mezcla de los últimos estudios científicos sobre el poder de percepción y análisis inmediato del cerebro con historias increíbles sobre cómo éstos se aplican a la vida real. Con Outliers, Gladwell ha vuelto a la carga. En su nuevo libro afirma que los grandes personajes del deporte, las finanzas, la música y muchos otros campos le deben tanto a su genio particular y esfuerzo como a las condiciones sociales que permitieron su despegue. Eso no es demasiado

Periodista de la revista The New Yorker e investigador cultural de gran repercusión, Gladwell desmenuza las razones que explican por qué algunas personas triunfan y otras no. En una cultura que celebra el talento, Gladwell se atreve a sostener que hay más esfuerzo que genio en los que llegan

polémico. Lo que Gladwell agrega es que son las fuerzas sociales las que también explican por qué, dadas ciertas oportunidades, algunas personas van a trabajar tanto más duro para aprovecharlas. Pero Gladwell no se queda en el mero análisis de todo aquello que producen estrellas del hockey sobre hielo, multimillonarios de Internet y genios de las matemáticas o la música. Por el contrario, subrayando las ventajas escondidas, oportunidades extraordinarias y legados culturales, Gladwell llama a una reorganización de las estructuras sociales que darán –justamente a aquellos que no tienen esas ventajas, oportunidades y legados– un punto de partida más equitativo para llegar al éxito.

Oportunidades

Gladwell analiza, por ejemplo, el caso de Bill Gates, y cita una serie de estudios que han encontrado un número mágico de horas para volverse muy bueno en algo: 10 mil horas de práctica. Según Gladwell, la práctica no es algo que se hace una vez que se es bueno en algo. Es lo que se hace para volverse bueno en cualquier campo. En el caso de Bill Gates, Gladwell muestra cómo una serie de eventos afortunados le permitieron llegar con más de diez mil horas de práctica al momento en el cual abandonó sus estudios universitarios en Harvard para armar su empresa de software. Por ejemplo, Gates fue a una escuela privada con una terminal de computadoras sofisticada en un momento en el cual pocas lo tenían e Internet era incipiente. Segundo, su casa estaba cerca de la Universidad de Washington, entonces, cuando la computadora de la escuela no fue suficiente, tuvo acceso relativamente fácil a una más compleja. Así, Gladwell acumula nueve eventos que ayudaron a Gates a despegar: para cuando fundó su empresa, él había estado programando sin parar durante siete años consecutivos. De todo esto Gladwell concluye que Gates obviamente es brillante, pero que sin aquellos golpes de suerte posiblemente no hubiera podido desarrollar su potencial como lo hizo. Quizá había otros chicos igualmente brillantes y dotados para la computación que Gates, pero que al no tener la posibilidad de juntar esas diez mil horas, no pudieron desarrollarse así. Según Gladwell, es deber del Estado nivelar eso. ¿Cómo hacerlo? Gladwell no teme proponer soluciones, aunque éstas sean controvertidas. Por ejemplo, Gladwell reflexiona sobre la alta proporción de genios matemáticos en universidades americanas que son asiáticos. Citando estudios de la Universidad de Pensilvania, Gladwell atribuye este fenómeno no a una habilidad matemática innata en los asiáticos, sino a que los chicos en muchos países de Asia están dispuestos a estudiar más cantidad de horas que sus pares occidentales, algo fundamental para rendir con los números. Esa disposición, argumenta, se debe a una herencia cultural de trabajo duro derivada, entre otras co-

Quién es Nombre y apellido: MALCOLM GLADWELL

Edad: 45 De Inglaterra a Nueva York: Hijo de una jamaiquina y un inglés, nació en Inglaterra, pasó su infancia en un campo en Ontario, Canadá, y actualmente vive en Nueva York. Más de 20 años de periodismo: Graduado en Historia, fue reportero en The Washington Post entre 1987 y 1996. Desde entonces, integra el staff de The New Yorker.

sas, típicamente del cultivo de arroz. “Nadie que se levanta antes del amanecer durante 360 días al año deja de hacer a su familia rica”, es uno de los antiguos proverbios de agricultores chinos estudiados por los historiadores que cita Gladwell. En Occidente, en cambio, las vacaciones son parte de la cultura. Citando estudios de la universidad Johns Hopkins, Gladwell muestra que, durante el año académico, los niños de hogares pobres aprenden más que sus pares de hogares ricos, pero que, durante el período en el que no van a clases, caen dramáticamente por falta de estímulos. Una escuela de una zona marginal del Bronx realizó el experimento de aumentar en casi un 60% las horas anuales de clase. La notable mejora en el rendimiento académico permitió al 80% de estos chicos entrar en la universidad, éxito por el cual el programa ahora se está realizando por todo EE.UU. Gladwell reconoce que el tiempo libre de los chicos es para divertirse, crear y soñar. Pero considera que, si bien algo de esto se está cediendo, es para permitirles salir del círculo de pobreza y crear una sociedad más equitativa en la cual no sólo unos pocos puedan acumular esas diez mil horas de práctica que permiten despegar. El libro, como todo lo que publica Gladwell, ha sido profundamente polémico. En una nota para The New York Times, David Brooks señaló que, aun cuando considera al determinismo social de Gladwell como “una corrección útil a la visión de la naturaleza humana basada en el homo economicus” y elogia su argumento reconociéndole una intención igualitaria, considera que “si Gladwell puede reducir a William Shakespeare a un mero producto de fuerzas sociales”, comprará copias de Outliers para repartirlas en Times Square. Gladwell jamás se inmuta por las críticas que salen a atacarlo. “Mi objetivo es lograr que la gente hable y discuta sobre el tema más que llegar a una verdad develada”, es su mantra. Por otra parte, la realidad es que cada libro o artículo que publica genera un furor mediático inusitado, y que la mayor parte de las reseñas siguen siendo excepcionales. Dos anécdotas de su vida pueden dar alguna pista sobre por qué su visión del mundo es tan distinta de la de la mayor parte de los analistas culturales norteamericanos. Para empezar, si bien sus padres eran intelectuales, Gladwell, nacido en Inglaterra en 1963, fue criado en un campo en Ontario, en una zona rural rodeada de colonias menonitas y donde su principal pasatiempo era criar un par de ovejas que cada fin de año religiosamente se carneaban; como parte de una familia muy religiosa, su principal lectura por mucho tiempo fue la Biblia, y no tuvo televisión hasta los 20 años. Hoy Gladwell todavía prefiere nadar contra la corriente y, en plena era de Internet y siendo el emblema de persona que estudia lo último de lo último, hace la mayor parte de su investigación en la biblioteca de la Universidad de Nueva York en vez de online. Incluso ha declarado que “Google es la respuesta a un problema que no teníamos. El buscador no nos dice qué es interesante o importante. Todavía hay más en una biblioteca que lo que hay en Google”. Hijo de una jamaiquina y un inglés, todavía mantiene el look de “genio loco pero cool”, con los ojos grandes eternamente sorprendidos y la ropa de adolescente que cuelga de su marco delgado. Las editoriales, cuentan en el ambiente, reciben cada año cientos de propuestas de libros que proponen un análisis “gladweliano” de la realidad, pero nadie ha logrado como él ser el elegido del gran público y, a la vez, ser respetado por los lectores más sofisticados. Sin embargo, él se niega a verse como uno de los “outliers” o personajes extraordinarios que analiza en su último libro. “Sólo soy un periodista”, vuelve a insistir, aunque pocos hoy ya realmente le crean.

La red, entre la frivolidad y el compromiso GUILLERMO SCHULMEIER PARA LA NACION

Es indudable que la Web 2.0, los sitios de Internet que le dan peso propio al contenido generado por los usuarios, las redes sociales y las nuevas tecnologías modificaron la conversación mediática –antes monopolizada por los medios de comunicación masiva–, puesto que brindan la posibilidad de expresarse a muchas personas que no tenían un canal para comunicar sus ideas. En esa línea, dentro del menú de herramientas y plataformas disponibles, los blogs se posicionaron como un canal de expresión versátil. Pero como en todas las dimensiones de la comunicación, los nuevos medios navegan entre dos polos marcados por la frivolidad y el compromiso. Desde la iniciativa de “Los calzones de Nadal” (http://www.loscalzonesdenadal.com) que se popularizó antes de la fallida final de la Copa Davis hasta la propuesta de reconstrucción del sistema ferroviario argentino de “Tren Para todos”, que surgió como propuesta superadora del proyecto del Tren Bala, existe un abanico interminable de alternativas que invitan a participar en las más disímiles propuestas. De hecho, ya no resulta extraño que, luego de un suceso mediático global de cualquier índole –desde el cabezazo de Zidane en la final de la Copa del Mundo de 2006 hasta el reciente zapatazo del periodista iraquí contra George W. Bush–, surjan sitios y blogs en Internet que inviten a recrear dichos sucesos. Sin embargo, en la otra cara del fenómeno participativo, se observa también la potencia de Internet para incidir en la realidad. En esta línea se puede mencionar la campaña de Greenpeace en favor de la correcta implementación de la “Ley Basura Cero” y otras en defensa del medio ambiente, como la iniciativa “No uso bolsas plásticas”, impulsada por el blog El Viaje de Odiseo, con su correlato en Facebook. Como se ve, ninguna herramienta tecnológica es buena o mala per se: todo depende del uso que se le otorgue. El autor es el creador del blog Sin Serif (www.sinserif.blogspot.com) [email protected]

Más información. Enlaces, videos y otros contenidos multimedia www.lanacion.com.ar/diario-dehoy/ suplementos/enfoques

Recomendados

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www.trenparatodos.com.ar Este proyecto de reconstrucción del sistema ferroviario nacional y estatal surgió como propuesta superadora de la iniciativa del Tren Bala, impulsada por el Poder Ejecutivo. A la fecha sumó 853.476 adhesiones. www.basuracero.org.ar Impulsada por Greenpeace, la campaña le pide al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que implemente la Ley Basura Cero.

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www.nousobolsasplasticas.com Desde que se lanzó la campaña, el sitio tuvo más de 10.000 visitas y más de 500 personas ya tienen su bolsa de tela.

© LA NACION

Terapia (arriba también se sufre)

Hoy, los Reyes Magos DIEGO SEHINKMAN PARA LA NACION

(Melchor, Gaspar y Baltasar, entrando al consultorio y acomodándose. Melchor, entre dientes, les habla a sus dos socios): Y acuérdense. En su momento le mentimos al Rey Herodes. Pero fue para salvar a Jesús. Al doctor no le mintamos. Baltasar: ¡Pfff! ¡No lo puedo creer! Un trío que llevaba 2000 años consecutivos de éxito, ahora tiene que ir a terapia de grupo... Melchor: ¡Intentémoslo aunque sea! Si en su momento nos orientó una estrella, ¿por qué no nos puede orientar una terapia? B: ¡Dios, qué decadencia! Me imagino a Mateo escribiendo en su Evangelio: “Pero 2000 años después, nadie sabe por qué Los Reyes, en vez de guiarse por la estrella de Belén, se guiaron... por la cartilla de la prepaga”. G: ¡Yo no quiero seguir en el trío con Baltasar! ¡Estoy harto de su ironía melancólica! Ya te lo dije, Baltasar, ¿sabés por qué vos este año estás así? ¡Por celoso! ¡Porque este año, el negro más esperado en enero es Obama!

Terapeuta: Bueno, si me permiten quisie... B: ¡Vendenos tu 33 por ciento y andate del trío, Gaspar, si es lo que querés! Doctor, Gaspar es “la pata asiática” del trío, y ¿y sabe qué? Para mí, el que se quiere abrir y no se anima a decirlo es él. ¿Por qué no decís que como sos asiático ahora te querés asociar vos solo con los fabricantes de juguetes chinos? T: Parece que a los Reyes Magos se les puede pedir cualquier cosa... menos silencio... M: En nombre de los tres, le pido disculpas. T: Señores, ¿por qué vienen a terapia? M: Doctor, ¿cómo se sentiría usted si espera veinte siglos y, justo cuando los niños del mundo están en el súmmum consumista y el trío empieza a facturar en serio, viene la gran crisis y cae en picada el reparto? G: ¡Veinte siglos de paciencia esperando que los niños se convirtieran en los protagonistas del consumo, ¡y ahora esta crisis! B: ¡Qué injusto es todo! ¿A Jesús de Nazaret lo crucificaron por convencer a la gente con sus acciones milagrosas y a Madoff de Wall

Street, por convencer a la gente con sus “acciones milagrosas”, sólo le dieron prisión domiciliaria! M: ¿Y cómo se sentiría usted, doctor, si además de la gran crisis económica aparece otro Rey Mago que distribuye juguetes, llamado Amazon.com, y resulta que este competidor suyo, sólo en Navidad y a pesar de la crisis, alcanza el récord de 6 millones de pedidos. ¡Lo calculé: reparten 73 artículos por segundo! G: Además los chicos ya no quieren ni escribir una carta. Prefieren pedir por Internet, porque el trámite es más rápido y el mouse no exige caligrafía. B: Melchor, contále al doctor de la carta que nos mandó Papá Noel... M: ¡Ah, sí! Papá Noel, que también está en el negocio hace años, nos escribió: “Nunca repartí tan poco en una Navidad. Si la crisis sigue, el año que viene ya no podré usar más el traje rojo y blanco. La Coca-Cola recorta gastos y ya me avisó que no me auspicia más. Se acabó el canje de ropa... Y bueno... Dicen

que la Coca-Cola sirve para aflojar los tornillos. Debe de ser verdad. De tanta Coca, el que tiene flojos los tornillos y toda la estructura... es el capitalismo...”. T: Veo que habían depositado mucha expectativa en la fiesta del consumo... B: Doctor, es que repartir una Playstation, o una consola Wii, deja. Repartir incienso y mirra no... T: Quisiera que piensen bien. ¿Cuál es acá el miedo real? (Melchor, Gaspar y Baltasar se quedan

en silencio.) T: Menos pedidos, una empresa que también reparte regalos por el mundo, los chicos que, en vez de escribir, clickean... ¿Cuál es el miedo que los hace discutir y agredirse tanto entre ustedes? (Melchor, Gaspar y Baltasar, con las cabezas gachas.) T: ... M: Que... que muera... que muera nuestro mito. El mito de los Reyes Magos. B: ... Y que los niños en vez de poner los zapatitos, pongan la “zapatilla”... para poder enchufar al mismo tiempo la computadora, la consola de juegos y el cargador del teléfono celular... ¡que pidieron por Internet! (Todos se quedan en silencio) G: Al final, los que pusimos los zapatitos para ver qué nos traía el capitalismo fuimos nosotros... y lo que nos trajo fue peleas... M: (mirando a los ojos a Gaspar y Baltasar) Cuando repartíamos incienso y mirra... nos llevábamos mejor... T: Por hoy dejamos acá...