Estudios internodales e interacción interregional en los Andes ...

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ESTUDIOS INTERNODALES E

INTERACCIÓN INTERREGIONAL

EN LOS ANDES CIRCUMPUNENOS: TEORÍA, MÉTODO Y

EJEMPLOS DE A P L I C A C I ~ N

Axel E. Nielsen'

RESUMEN Este trabajo pone énfasis en la necesidad de expandir los estudios de interacción interregional mediante la consideración sistemática de la arqueologíá de los espacios "vacíos" o escasamente poblados que se interponen entre las regiones densamente ocupadas o nodos en las redes de interacción.La importanciade este tipo de investigación, denominado '5nternodal': se argumentaprimero enfinción de una perspectiva teórica queprivilegia el rolde los agentesy sus negociaciones en la comprensión delcambio social. Se presentan luego algunas tacticaspara elestudio de los vestigios del tráfico interregionalenlos internodos.Por último se ejemplgican algunasposibilidades de este enfoque mediante la discusión de casos del áreaponteriza boliviana-argentina.

Palabras clave: interacción interregional, trafico, caravanas, enfoque internodal, teorzá de la agencia.

ABSTRACT This paper puts emphasis on the need to expand interregional interaction studies through the systematicconsideration of the archaeology of'émpty"or lightly settledspaces interposed between the dense4 occupied regions or 'hodes"of interaction networks. The importante of this kind of research, called 'Internodal," is argued, first, with referente to a theoreticalperspective that highlights the role of agents and their negotiations in understanding social change. Then some tactics are presentedfor the regionalstudy of interregional trafic in the internodes.Finally, the possibilities of this approach are exemplzped through discussion of case studies pom thefiontier area between Bolivia and Argentina.

Key wordr: interregional interaction, traffic, caravans, internodal approach, agency theory.

I.

Instituto Interdisciplinario Tilcara, Universidad de Buenos Aires, Tilcara, Argentina. Email: anielsenG3arnet.com.ar

Introducción

E1 propósito de este trabajo es argumentar sobre la importancia de lo que denominamos "enfoque internodal" para los estudios de interacción interregional en los Andes centro-sur, delineando su respaldo teórico, discutiendo algunas alternativas metodológicas para su implementación e ilustrando su potencial mediante la discusión de algunos ejemplos de la subárea circumpuneña (Andes tiel suroeste de Bolivia, noroeste de Argentina y norte de Chile). Denominamos "internodales" a los estudios que buscan contribuir al conocimiento de los procesos de interacción interregional a partir de la investigación del registro arqueológico generado e n las propias rutas por las prácticas responsables de la circulación de bienes. Un estudio de este tipo parte de la premisa de que es posible establecer relaciones entre aspectos relevantes de los "sistemas de interacción" (y en última instancia de las sociedades involucradas) y la variabilidad (locacional, formal o de contenido) de los restos materiales presentes en las áreas internodales, P.e., vías de tránsito, señalética asociada, lugares de descanso nocturno de viajeros y caravanas, testimonios del ceremonialismo de viaje, sitios defensivos y restos vinculados a otras actividades realizadas en dichos espacios. El registro arqueológico internodal ofrece información independiente y complementaria de la generada por la evidencia de los nodos -P.e., comunidades productoras o consumidoras, jreas de asentamiento permanente o relativamente más estable cuyo estudio ha acaparado la atención de los interesados en temas vinculados al intercambio. En ciertos casos, estos datos pueden resultar cruciales para discriminar arqueológicamente entre diferentes formas de circulación de bienes. En los Andes, este tipo de enfoque sólo ha sido empleado sistemáticamente para la reconstrucción del sistema vial Inka (p.e., 1-lyslop 1984)~sea porque se supone que redes más antiguas o menos formalizadas carecen de la visibilidad arqueológica necesaria (aunque véase Beck 1991; Schreiber 1991; Wallace 1991) o porque se piensa que esta evidencia tiene poco que aportar al conocimiento generado desde los nodos. En los Andes centro-sur, los primeros trabajos que se aproximaron a la interacción no Inka desde el registro internodal fueron los realizados por Núñez (1976, 1985) sobre geoglifos y arte rupestre en la región de Tarapacá. Desde entonces, este enfoque se ha visto enriquecido con aportes etnográficos y etnoarqueológicos (Lecoq 1987; Nielsen 1997, ~ o o I ~y )ha , producido ejemplos que demuestran su potencial para la investigación de múltiples interrogantes relacionados al tráfico y otros modos de interacción intcrregional (p.c., Berenguer 1994, 1995; Korstanje 1998; Nielsen ~ O O I2oo3a; ~ , Nielsen r t al. 2 0 0 0 ; Sinclairc 1994; Yacobaccio 1979).

Aspectos teóricos Una aproximación histórico-procesuala los estudios internodales Partiendo de conceptos tomados de la economía política y de las teorías de la agencia, en esta sección se busca delinear un marco teórico de referencia para los estudios internodales, tomando en consideración tanto los aspectos ecológico-adaptativos como los políticos y culturales implicados en la interacción interregional, dándoles el lugar que merecen como dimensiones concurrentes de la práctica social. Los aspectos adaptativos de la interacción interregional en los Andes han sido ampliamente discutidos dentro de lo que podría denominarse el paradigma de la "complementariedad". El punto de partida de este enfoque es un simple axioma sintetizado por Salomon: "por razones geográficas, los pueblos andinos deben alcanzar los niveles de consumo definidos como adecuados por sus culturas a través de la articulación de zonas productivas complementarias ubicadas a diversas altitudes y distancias" (1985: 511). A partir de los aportes pioneros de iMurra (1968, 1972), historiadores, etnógrafos y arqueólogos trabajando dentro de este marco conceptual han documentado o infericlo una multiplicidad de prácticas y arreglos institucionales a través de los cuales las poblaciones de los Andes han respondido a este imperativo adaptativo, y han generado una diversidad de modelos (p.e., Browman 1980; Brush 1976; Murra 1975; Núñez y Dillehay 1979; Rostworowski 1977). Herederos de las décadas de 1960 y 1970, los estudios de "ecocomplementariedad" se desarrollaron dentro del marco funcionalista y neoevolucionista dominante en la antropología económica de la época (Van Buren 1996). Esta perspectiva teórica, a la que en el caso de la arqueología se sumaron limitaciones en las bases de datos disponibles (Dillehay y Núñez 1988: 605), hicieron que los "modelos de complementariedad" prestaran escasa atención a los aspectos específicamente sociales de estas prácticas y su papel en la negociación del poder. Enfatizando los beneficios adaptativos de la complementariedad y los niveles de solidaridad implicados (p.e., permeabilidad territorial, alianzas, acuerdos multiétnicos, armonía social), subestimaron la posibilidad de que distintos sectores participaran diferencialmente en los beneficios de estas prácticas y las tensiones resultantes. El énfasis en las relaciones de poder que subyacen a todo sistema económico -sintetizado en el concepto de "economía política" (Roseberry 1988)- ha sido el elemento distintivo de lo que llamaría el "paradigma político" del intercambio (cf. Brumfiel y Earle 1987). Dentro de este marco destacamos dos propuestas que actualmente ejercen considerable influencia en el centro-sur andino: el modelo de sistemas mundiales o centro-periferia y el modelo de economías de bienes de prestigio (Cobb 1992), aplicados a veces en combinación para explicar el surgimiento de las "jefaturas" o sociedades complejas en general (p.e., Kolata 1993; Llagostera 1996 Pérez 2 0 0 0 ; Tartusi y Núñez Regueiro 1993). Ambos planteos buscan identificar mecanismos a

de los cuales el control sobre el intercambio (especialmente de elementos que sin-ieron como "marcadores de estatus") pudo favorecer la acumulación de poder, en áreas centrales (p.e., Tiwanaku) o en élites emergentes. El uso de estos modelos en el centro-sur andino es relativamente reciente, por lo que resulta prematuro abrir juicio sobre su aporte. Quisiéramos, sin embargo, señalar dos limitaciones que muestra la aplicación de estos conceptos en la literatura norteamericana, que tiende a convertirse en referente para las aplicaciones locales de estas ideas. La primera resulta de una visión unilateral de la construcción del poder, que lleva a concebir la relación entre tráfico y desigualdad como una consecuencia necesaria -no resistida- de las estrategias implementadas por individuos ambiciosos (élites, acumuladores o aggrandizers [Clark y Blake 1994; Earle 1997; Hayden 19951). Esto equivale a vaciar las relaciones sociales de su dimensión histórica, ya que la mera existencia de la ambición y de ciertas circunstancias tecnológicas y10 ambientales se consideran condiciones suficientes para el surgimiento de la desigualdad. Tomar en consideración el rol activo de las personas en la producción y transformación de las estructuras, nos obliga a pensar la interacción interregional como un campo de negociación entre partes dotadas de capacidades -estructuralmente limitadas pero efectivas- para llevar adelante sus propios proyectos. .Este proceso puede resultar en diversos tipos de igualdad o asimetría. El segundo problema se refiere a una visión que -parafraseando a Marx (1867: 79) y su discusión sobre el simbolismo de la mercancía en el capitalismpodríamos llamar "fetichista" del significado social y cultural de los bienes intercambiados. Esto es evidente en las clasificaciones apriorísticas de estos objetos empleadas comúnmente en arqueología, como la conocida distinción entre bienes de subsistencia (staples) y ' "suntuarios" o de prestigio (wealth [p.e., Hayden 19981) Este enfoque tiende a presentar el valor como una propiedad intrínseca de los objetos, cuando en realidad constituye una expresión de las relaciones sociales y representaciones que se articulan en torno a su producción, circulación y uso (Appadurai 1986; Godelier 1999; Thomas 1991). Una revisión crítica de esta concepción fetichista del valor es indispensable para entender el carácter histórico de la relación entre tráfico interregional y poder. Finalmente es preciso considerar la dimensión cultural del intercambio para comprender su práctica y sus consecuencias. Los aspectos culturales han ocupado un lugar destacado en los estudios andinos de interacción, ya desde sus inicios bajo el "paradigma de la complementariedad", como lo testimonia el papel central desempeñado por la filiación étnica en los modelos de economía vertical o el reconocimiento de las connotaciones simbólicas de la diversidad ecológica andina, por mencionar sólo algunos ejemplos (Bouysse-Cassagne 1975; Harris 1985; Murra 1975; Platt 1986). Menos atención han recibido -especialmente entre los arqueólogos- los modos en que las prácticas de interacción incidieron (recursivamente) en la construcción cultural del paisaje, en las representaciones del espacio y la sociedad (p.e., Martínez 1992). ::a+

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En suma, buscamos aproximarnos a la interacción interregional entendiéndola no sólo como un aspecto de la economía, sino como un ámbito de negociación de las relaciones sociales y de producción de representaciones y disposiciones culturales. L,lamamos a este enfoque "histórico-procesual" (sensu Pauketat ZOOI),porque creemos que el devenir de las prácticas de interacción y sus relaciones con el cambio social son el resultado contingente de una serie de interacciones complejas, entre actores sociales que impulsan proyectos diversos (negociación), entre acción y estructura (estructuración), entre disposiciones y condiciones objetivas (Bourdieu 1977;Giddens 1984; Sahlins 1981). L,as trayectorias resultantes no pueden ser reducidas a la satisfacción de demandas generales arraigadas en la geografía, al desarrollo de una secuencia evolutiva inexorable o al desenvolvimiento de una esencia cultural "andina", sino que deben ser entendidas por referencia a estos microprocesos. Buscamos explicaciones de causas próximas que nos permitan comprender la genealogía de estas prácticas en toda su complejidad (¿cómo se produjeron los cambios?), como condición necesaria para la elaboración de modelos más generales de causas últimas (Pauketat 2001: 87). Resumiendo, esta forma de abordar el estudio de la interacción interregional implica, en primer lugar, considerar los actores, los contextos relacionales y las prácticas sociales específicas responsables de la presencia de bienes alóctonos en el registro arqueológico. Dichas prácticas pueden ser integradas en dos niveles, "modo de interacción" -secuencia regular y funcionalmente integrada de actividades que posibilitan o impiden la circulación de bienes o personas entre unidades sociales (cf. Renfrew 1975)- y "sistema de interacción" -totalidad de modos de interacción interregional de los que participa una población concreta-. Cabe esperar que cada modo de interacción traiga consecuencias diferentes (ventajosas, perjudiciales, neutrales) para los distintos actores sociales intervinientes. Los conflictos de intereses generados por estas diferencias, sumados a los que surgen de la coexistencia de múltiples modos de interacción en un mismo sistema y a las condiciones cambiantes del entorno socioambiental, originan tensiones que son constantemente negociadas a varios niveles, P.e., doméstico, comunitario, intercomunitario. Los cambios en los sistemas de interacción interregional son el producto contingente de estas negociaciones. Por último, existe un interjuego entre el contexto cultural del intercambio (representaciones del espacio, de los actores sociales y de los bienes) y las prácticas específicas involucradas en la circulación de objetos y personas, relaciones de poder incluidas, lo que pone de relieve el lugar central que ocupan los modos de interacción interregional en la construcción social de la distancia, la identidad y el valor de las cosas. La aplicación de este marco conceptual demanda reconstrucciones "densas", basadas en múltiples líneas de evidencia ricamente contextualizadas. Este requisito señala la importancia de la arqueología internodal como complemento indispensable de los testimonios nodales que han acaparado la atención de los estudios de interacción interregional. Los vestigios depositados en los internodos remiten a un conjunto de

actores (viajeros, pastores, caravaneros, grupos de tareas específicos), prácticas (circulacicín, descanso, aprovisionamiento y extracción de recursos en marcha, ritualidad de viaje) y contextos relacionales (viajeros-viajeros, viajeros-grupos de tareas locales, viajeros-deidades) acotados, directamente vinculados a la circulación interregional de bienes y distintos a los documentados en los nodos. Esta información es necesaria para reconstruir los modos de interacción interregional vigentes en cada época y lugar en los términos concretos que requiere la arqueología. Al combinarse con datos procedentes de los nodos -P.e., contextos de producción, uso y depositación de bienes alóctonos, distribución diferencial por unidades sociales, etc.- permiten un acercamiento empírico independiente a los diversos actores involucrados, con lo que superan la visión normativa de los sistemas de interacción que necesariamente deriva de la consideración exclusiva de un tipo de dato, contexto o fuente.

r re as internodales:prácticas y materialidad Si definimos a los nodos como áreas de cruzamiento o vértices de una red de interacción (Haggett 1976: I I ~ )los , internodos son sencillamente los espacios entre ellos. Traducido en los términos concretos que nos interesan y dependiendo de la escala de análisis, los nodos pueden ser asentamientos relativamente permanentes (escala intra-regional) o regiones caracterizadas por densidades altas de población estable (escala interregional),' mientras que los internodos serían los espacios entre asentamientos o áreas con densidades comparativamente bajas de población estable o carentes de ella. La geografía de la subárea circumpuneña se caracteriza por marcados contrastes de productividad lo que se ha traducido a lo largo de la historia en una distribución muy desigual de la población, con ciertos bolsones relativamente fértiles (valles fluviales, fondos de cuencas altiplánicas, oasis) separados por fajas menos productivas y pobladas (cadenas montañosas, desiertos). Si aplicamos las categorías antes definidas a la porción de esta subárea comprendida entre los 2 0 y 24" latitud sur (Figura I), podemos reconocer ocho grandes regiones nodales: (1) Pica-Tarapacá, (2) Loa Superior, (3) Oasis de Atacama, (4) Norte de Lípez, (5) Cuenca del Río Grande de SanJuan, (6) Cuenca de Cinti-Cotagaita, (7) Cuenca de Miraflores y (8) Quebrada de Humahuaca. Todas ellas admiten el desarrollo de economías agropastoriles, aunque con diferente énfasis y productividad; en los valles y oasis prepuneííos (1, 2, 3, 5, 6, 8) es posible la práctica de cultivos mesotérmicos (p.e., maíz) intensivos con riego, mientras que en las cuencas de puna seca (4,7) la agricultura debió basarse en especies microtérmicas (tubérculos-pseudocereales); también varía el potencial ganadero, elevado en el altiplano pero más restringido en ambos flancos de los Andes. :

El grado de permanencia o estabilidad necesarias para que un establecimiento o región 2 . ~ t g ! a con~itlerarse ~ nodales depende de los grados de movilidad propios del sistema (p.e., .- ~-i~i:~~i~-rrL~nshumancia-sedentarismo).

Entre estas regiones se interponen áreas que por su relieve, aridez o condiciones térmicas extremas parecen haber estado escasamente pobladas en todas las épocas o nunca admitieron asentamientos humanos permanentes, P.e., las fajas de desierto absoluto entre el Loa Superior y Guatacondo, la puna salada a lo largo de la cordillera Occidental o las alturas de las cordilleras de Lípez y Oriental (Tabla 1). Estas áreas internodales,? no fueron sGlo zonas de paso entre nodos, sino que ofrecieron una variedad de recursos de interés para las poblaciones circumpuneñas, P.e., minerales metalíferos, rocas aptas para la talla, sal, animales y plantas silvestres, combustibles, forrajes, etc. Esto lleva a esperar dos grandes clases de ocupación en los internodos: de tránsito y extrtzrtivns. La primera se refiere a la circulación entre nodos de personas, a menudo acompañadas por animales (caravanas)- m á s recientemente vehículos de rueda, transportando diversos tipos de bienes. Esta categoría incluye una serie de actividades que están directamente relacionadas a la interacción y que potencialmente pueden dejar improntas arqueológicas, P.e., marcha, carga y descarga de caravanas, aprovisionamiento cle agua, combustible y (algunas veces) alimentos, descanso de personas y tropas, mantenimiento de equipos y carga, ritos varios, entre otras. La materialidad generada por estas actividades comprende vías de tránsito (caminos o senderos según su grado de formalización e inversión constructiva), señales asociadas a ellas, sitios de descanso (nocturno o prolongado {Nielsen 19971) de viajeros y caravanas, arte rupestre y diversos testimonios del ceremonialismo de viaje. También puede incluir vestigios vinculados con la extracción de recursos del internodo "al pasar". comprende potencialmente una diEl segundo tipo de ocupación -extractivaversidad aún mayor de actividades no relacionadas directamente con la circulación de personas o bienes entre nodos (tráfico) -aunque, como se verá más adelante, pueden estarlo indirectamente- sino con la obtención de recursos específicos, que varían según la época y el lugar, bajo diferentes modalidades, P.e., enclaves permanentes, grupos temporarios de tareas, desplazamientos estacionales. La variedad de restos materiales que pueden resultar de estas ocupaciones aún debe ser explorada, pero incluiría múltiples tipos de sitios frecuentemente citados en la literatura -aunque raramente investigados en profundidad- como canteras-taller, minas, puestos de pastoreo, campamentos estacionales, campos de caza, lugares de procesamiento de presas, estructuras de acopio temporario de recursos, etc. En suma, cabe esperar que las áreas internodales reúnan testimonios materiales tanto de actividades directamente vinculadas al tráfico, como de otras que, en principio, no tienen relación con este fenómeno. Al explicar la variabilidad del registro arqueológico internodal es preciso considerar, además de los determinantes económicos, polí-

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Preferimos la categoría espacial relativamente neutra de "área" antes que la de "regiónVpara cnfiitizar que estos espacios carecen apriori de características distintivas que los unifiquen, m i s allá de su intcrposición entre nodos.

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ricos culturales antes discutidos - c o m u n e s a todos los paisajes culturales- las demandas operativas y logísticas de esta multiplicidad de actividades. Contemplar todas estas facetas al explicar casos concretos aparece como el mayor desafío analítico de los estudios internodales y lavía que permite acceder desde estos vestigios poco notables a interrogantes generales sobre la interacción interregional y su papel en la organización de las sociedades pasadas.

Metodología Un análisis comprensivo de los desafíos que plantea el estudio del registro arqueológico internodal excede las posibilidades de este trabajo. En este apartado nos limitaremos a presentar algunas ideas para encarar una prospección regional de los vestigios de tránsito en los internodos. Otros aspectos relacionados con la interpretación de estos vestigios o la investigación de las ocupaciones extractivas serán considerados al discutir algunos ejemplos en la última sección. La prospección arqueológica de antiguas rutas enfrenta dificultades metodológicas singulares. En primer lugar porque el registro arqueológico del tránsito tiende a ser poco visible y obstrusivo. Los vestigios que dejan los viajeros son pequeños y escasos, en tanto que la infraestructuravial suele ser mínima, excepto cuando estas actividades se encuentran patrocinadas por estados u otros actores sociales habitualmente afiliados con formaciones políticas de escala semejante. En ausencia de este tipo de intervención, las vías e instalaciones asociadas son informales y precarias, producto del propio uso o resultado acumulado de inversiones mínimas realizadas espontáneamente por los propios viajeros. Más aún, en muchos escenarios geográficos, los lugares aptos para la circulación no se encuentran muy circunscriptos, por lo cual -en ausencia de vías formalmente construidas- el tránsito (y sus vestigios) tienden a dispersarse en áreas sumamente extensas. La combinación de ambos factores hace que -de no mediar patrocinio institucional- el registro arqueológico resultante sea poco denso, imperceptible a los sensores remotos, carente de concentraciones discretas de restos reconocibles como sitios y, por lo tanto, difícil de detectar e interpretar, excepto donde condiciones naturalesy/o culturalesparticularesgeneran una elevada redundancia en el tránsito. La segunda dificultad deriva de la necesidad de contar con una cobertura comprensiva de las vías comprometidas en la interacción a fin de poder realizar inferencias sobre la macromorfología de la red y la organización del sistema que la generó (Hyslop 1991: 30; Trombold 1991: 5). Este requerimiento hace que las áreas potencialmente relevantes para este tipo de estudios adquieran proporciones que exceden con creces las escalas que habitualmente se manejan en las investigaciones arqueológicas regionales, o incluso las desarrolladas para la reconstrucción de redes viales formalizadas como la incaica. ¿Cómo muestrear un universo de estas características? Una forma de mitigar la primera dificultad es concentrar la investigación en unidades

de análisis que denominaremos "corredores de tráfico". Estos son áreas que (1) por su configuración topográfica (valles, quebradas, o depresiones longitudinales, series de pasos montaiíosos alineados), (2) por albergar una elevada concentración relativa de recursos logísticamente importantes para viajeros o contingentes en tránsito (agua, leiía, pastos, lugares de refugio, oportunidades para el aprovisionamiento) y10 (3) por representar el derrotero más expedito entre nodos, cabe esperar que hayan sido utilizadas intensa y reiteradamente para la circulación. La redundancia espacial en las actividades de tránsito, generada por estas condiciones favorables, aumenta la frecuencia y concentración de los vestigios materiales del tráfico y, por lo tanto, su visibilidad arqueológica (Brooks y Yellen 1987: 68). Un modo de resolver el problema del muestre0 es trabajar sobre una transecta perpendicular al eje de tráfico que se busca estudiar y suficientemente larga como para interceptar todas las rutas posibles (o razonables) entre los nodos, recordando que por múltiples razones es común que éstas se aparten considerablemente de los derroteros más directos u "óptimos" bajo consideraciones de costo/beneficio. El ancho de esta transecta debería ser tal que asegurara la inclusión de, por lo menos, algún rastro (idealmente un conjunto representativo de ellos) de cada vía que la atraviesa. Los sitios de descanso recurrente suelen concentrar considerable cantidad de desechos y muestran bastante regularidad en su espaciamiento, derivada de la fisiología de las personas y animales que imponc un ritmo uniforme a las paradas a lo largo de la ruta. En condiciones normales, la longitud de la jornada es de 15-25 km para la llama y 25-35 km para burros y mulas (Nielsen zooia; Kisopatrón 1910: 130); este último valor se ajustaría también al caso de personas viajando solas y sin carga (Malville 2001). Tomanclo estos valores como referencia, estimamos que la transecta debería tener un ancho mínimo de 30-40 km, de modo que incluya al menos un sitio de descanso asociado a cada vía que la atraviesa. Estudiando sistemáticamente todos los corredores existentes (o los principales) a lo largo de una transecta como la que acabamos de definir, hay una alta probabilidad de interceptar al menos un segmento de todas las rutas que vincularon los nodos a través del tiempo y de encontrar testimonios arqueológicos que delaten su existencia. Aunque estas evidencias no alcancen para reconstruir la macromorfología total de la red (sensu Trombold 1991: 5), ofrecen una primera "ventana" desde donde estudiarla sistemáticamente, lo que permite identificar las rutas utilizadas, su cronología, importancia relativa y cuencas de tráfico asociadas, explorar temas relacionados con la logística del tráfico, sus agentes o los bienes transportados, o diseñar ulteriores investigaciones de tipo "longitudinal" sobre derroteros particulares.

Casos de estudio Para ilustrar las posibilidades y dificultades del enfoque internodal presentaré en esta sección algunos resultados obtenidos en el marco de un proyecto a largo plazo que

estamos desarrollando en la zona fronteriza tripartita de Bolivia-Chile-Argentina.%l objetivo último de este proyecto es contribuir desde esta perspectiva al conocimiento de la historia social del tráfico circumpuneño. Para ello hemos elegido investigar las alturas de la cordillera Occidental entre los 20 y 24" de latitud sur, internodo que separa los fértiles valles y oasis del piedemonte occidental andino (regiones de PicaTarapaca, Loa Superior y Oasis de Atacama) de los principales bolsones altiplánicopuneños (Norte de Lípez, Río Grande de SanJuan y Cuenca de Miraflores). Al sur de Ollague, el área de estudio se aloja dentro de lo que hemos denominado "región lacustre altoandina", un espacio caracterizado por la presencia de más de un centenar de cuencas endorreicas de altura (pequeños salares y lagunas por encima de 4.200 msnm) dispersas en un ambiente de puna salada o desértica. De acuerdo con la propuesta metodológica presentada, trabajamos sobre una transecta de ancho variable (mínimo 35 km) cuyo límite occidental es la frontera de Chile, aproximadamente la línea de portezuelos entre ambas vertientes de este cordón montañoso. Dentro de esta extensa franja -ubicada íntegramente en territorios de Bolivia y Argentina- seleccionamos los principales corredores transcordilleranos para su investigación sistemática. Los datos que se resumen a continuación corresponden a los corredores Laguna Colorada y Lagunas Verde-Vilama. Cabe enfatizar que la investigación se encuentra aún en sus primeras etapas, por lo que mi intención no es proponer ninguna interpretación definitiva sobre las características del tráfico en ciertas épocas y lugares, sino sólo ilustrar las posibilidades del enfoque propuesto mediante la discusión de evidencias concretas.

Ocupaciones de tránsito en el corredor Laguna Colorada,sector Huayllajara HuayUajara es el nombre de un peque50 arroyo que fluye en sentido SO-NE por unos 8 km al sudoeste de la cuenca de Laguna Colorada. 1,a hondonada donde se aloja el curso de agua forma parte de una ruta pedestre que, de acuerdo a informantes de Quetena, era utilizada hasta hace algunos anos para viajar a Caspana (región del Loa Superior) o a San-Pedro de Atacama por Machuca. Prospectamos sistemáticamente unos 20 km lineales de esta ruta, desde el Portezuelo de Torcorpuri o Panizo a 5.080 msnm (Hito LXXVII) hasta unos 4 km antes de llegar a la orilla de la laguna (4.278 msnm), donde las aguas del arroyo se infiltran en la arena.

4. Este proyecto se inició en 1997 durante una evaluación de potencial arqueológico realizada en la Reserva Nacional de Fauna Andina "Eduardo Avaroa" (Nielsen etal. ZOOO), un internodo por excelencia, y ha continuado con variable intensidad desde entonces gracias al financia-

miento de CONICET-Argentina ("TerritoriosPrehicpánicos e Interacción en el Altiplano Sur Andino" PIP 156198). Actualmente se desarrolla bajo auspicio de la National Geographic Society ("PrecolumbianInterregional Interaction in the Circumpuna Andes: An Internodal Approach" Grant # 7552-03).

I~ocalizamos45 sitios directamente relacionados al tránsito prehispánico en este segmento (Figura 2), 41 de ellos correspondientes a sitios de descanso nocturno de caravanas (25 con alfarería prehispánica, nueve acerámicos, siete subactuales) y cuatro sitioc rituales. Se encontraron, además, varios segmentos de sendas o vías informales de tipo lineal y senderos, P.e., vías informales tipo "rastrillado" creadas por la circulación de tropas de animales cargueros (Berenguer 1995: 195).N o se registraron caminos (\rías formales con alta inversión constructiva) ni alojamientos formalizados (tambos, postas). Estos testimonios revelan que la zona de Huayllajara fue intensamente utilizacia desde tiempos prehispánicos para el tránsito entre las regiones de Atacama-Loa 5iiperior y el altiplano de Lípez. Comencemos por los "sitios de descanso nocturno". La mayoría de ellos se concentran en las terrazas a ambos lados del arroyo, lo que refleja la importancia que otorgan los llameros a la presencia de agua y pastos en la elección de áreas para pernoctar. Idossitios se presentan como dispersiones de desechos asociadas con algunos rasgos precariamente construidos, P.e., parapetos semicirculares o rectos (importantes para proteger las estructuras de combustión de los fuertes vientos que azotan la región), pequeños refugios con techo de piedra construidos contra grandes peñascos icpc pueden alojar apretadamente una o dos personas durante la noche) y corrales o srandes estructuras en U (empleadas para sujetar la tropa durante las operaciones de carga y descarga). El tamaño de los sitios es variable; los más pequeños +.e., HJz, HJ3) constan de un solo parapeto con algunos tiestos o desechos líticos, los más grandes cuentan con docenas de estructuras de distinro tipo y altas clensidades de material. Para entender estas variaciones debemos considerar los procesos que llevan a la formación de estos sitios (Nielsen 1997). Los sitios de descanso nocturno son producto de ocupaciones reiteradas pero muy breves, por lo general de pocas horas, que comprenden un rango limitado de actividades, como cargaldescarga de recuas, procesamiento y consumo de alimentos, reparación de equipos y descanso de animales y viajeros. Típicamente, estas actividades se tlesarrollan bajo estrictas restricciones de tiempo y con escasas posibilidades de reaprovisionamiento, limitaciones que obligan a los contingentes en tránsito a utilizar los recursos disponibles en forma exhaustiva y a invertir la menor energía posible en acondicionar los espacios para pernoctar, por lo que se producen tasas de descarte mínimas y uso reiterado de las mismas estructuras y rasgos naturales para guarecerse o facilitar el manejo de los animales. La tendencia a la redundancia en el uso de los campamentos creada por la circunscripción de recursos y la reutilización de mejoras se ve alterada, en la práctica, por tres Factores. Primero, la propiavoluntad de minimizar el tiempo invertido en el acondicionamiento de espacios, que lleva a abandonar las estructuras cuando se deterioran o acumulan desechos; en lugar de reconstruir un refugio colapsado o limpiar un parapeto cubierto de cenizas, se erige otro a su lado o se busca la protección de un risco cercano.

Segundo, cuando varias caravanas convergen en un área para pernoctar, establecen campamento a cierta distancia una de otra, de esta forma respetan el espacio necesario para el manejo de las tropas. Esto sucede incluso cuando varias recuas a cargo de individuos relacionados viajan "juntas"; aunque por la noche los arrieros se encuentren en una jara a compartir la cena, cada tropa (animales, arrieros, carga) se maneja como una unidad independiente para la marcha, cargaldescarga,pastoreo, vigilancia nocturna, etc. Cuando los llameros de Lípez bajan a los valles orientales en busca de maíz, se pueden observar en algunos segmentos de estas rutas caravanas acampando a intervalos de 502 0 0 m por kilómetros. Algunos llameros recuerdan épocas de tránsito intenso en que al final de la jornada debían prolongar la marcha una o dos horas más de lo previsto porque "todos los alojamientos estaban ocupados". Algo similar ocurre cuando muchas tropas convergen a una feria, como lo ejemplifica la feria de Santa Catalina (frontera argentino-boliviana), donde cada 24 de noviembre llegan docenas de caravanas llameras que acampan a intervalos regulares ocupando una extensa planicie al este del pueblo. Por último, existen circunstancias imponderables que pueden impedir a una caravana completar la distancia prevista para la jornada, y la obligan a establecer campamento antes de llegar a los lugares más favorables. En el caso de Huayllajara, lasjaranas ubicadas a mayor altura y lejos de toda fuente de agua (Figura 2, HJ28, HJ29 y HJ30) probablemente se relacionen con este tipo de situaciones, al ofrecer abrigo a tropas provenientes de la vertiente occidental, que son sorprendidas por la noche antes de alcanzar los sectores más protegidos y dotados de recursos del curso medio del arroyo. Teniendo en cuenta todos estos factores, resulta más acertado concebir a todo este sector del arroyo comprendido entre HJI y HJzg (c. 10 km), como un "área de descanso" recurrentemente utilizada a lo largo del tiempo. Las discontinuidades y variaciones de densidad en la distribución de restos que lleva a la formación de lo que hemos denominado "sitios de descanso nocturno" más o menos discretos responden a la interacción entre los factores recién considerados y variaciones de detalle en las características del terreno.' Esta diferenciación arqueológica entre áreas y sitios de descanso guarda cierto paralelo con la distinción (sistémica) que hacen los llameros actuales entre "jaranas"-áreas generales a las que esperan llegar al final de la jornada y que individualizan mediante topónimos- y "alojamientos" -lugares específicos dentro de lajarana donde se considera apropiado acampar. Estos últimos no poseen

5. Esta propuesta modifica la que hiciéramos antcriormente (Niclsen 1997) dc utilizar el término jara~iapara los "sitios de descanso nocturno". Encontramos que el uso de categorías etnográficas para designar unidades arqueológicas puede llevar a confusiones, al disimular cn la terminología (y a menudo en la interpretación) la existencia de procesos de formación quc median entrc las actividades y sus consecuencias arqueológicas. Reservamos la expresión "sitio de descanso prolongado" para la expresión arqueológica de lo que en esa oportunidad denominamos "jurrrnasde ocupación prolongada" (p. 352).

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77

Sector Huayllajara, frecuencia de cada componente cerámico por sitio.

...n S significa

presencia del material en el sitio pero fuera de las recolecciones superficiales ~:~~l~cibilístic;is. Se excluyen los fragmentos ordinarios que por el momento no pudieron ser I-:ibui(los a componentes cerámicas específicos.

Tabla 3. Sitios de ocupación temporaria-extractiva: cronología e indicadores de filiación.

1 11

S.r corn onente cerámico

"C AP [período]

Sitio

Arquitectura

iMorros

Huayiiajara r (coino. formativo) 1630'40 (Beca r+ggjo)

Ojo del Noviiiito

1

Dieitado

Pedro

Chichas

recintos circulares simples recintos irregulares asociados recintos ovales y

X

1 1

Puerra de Chiilagüita ChiUapa Grandc

670'60 (Beta ,87360)

!

1

1

iDesarroUos Regionales-Inka]

I I

1

L

sub;ur;;g.

X

1

A

Tabla 4. Porcentaje del número de especimenes identificados (NISP) correspondiente a cada taxón por sitio. Carnívoro (zorro) %NISP

Sitio

1

Cáscaras de huevo

Huayilajara 1 (sondeo I)Ojo del iYo\.iUito (recinto I).Puerta de Chillaguita

~

Tabla 5. Instrumentos líticos por sitio.

1

puntas de proyectil

Sitio n

a

HuayUajara I (sondeo I) Ojo del Kovillito (recinto 1) I'uerra de ChiUagüita (recinto I) ChiUagua Grande (recintos 1-3)

cuentas

otros instrumentos

I C-

3

V:

2

I

2

3

,

0 O 3

a

.; I

I

-

3

1 1

3

1

-

I

7

1

z

21

8

I

-

Nota: las cifras en paréntesis corresponden a puntas descartadas durante la fabricación (incluidas en el total).

Tabla 6. Desechos (núcleos-lascas) de diversas materias primas líticas por sitio,

-

1700?70

-

Puerta de Chillagüita

-

Tabla 7. Actividades asociadas a sitios extractivos de la cordillera Occidental. Sitio

1 $E:$: 1

1

Roedor (chinchülido)

%NISP

%NISP

HuayUajara I :0,7 (sondeo I) -

394

1

~

l

Ave i Carnívoro (flamenco)

%NISP 7537

1 l

hrI?;lk 0.2

(recinto 1) Puerta de Chihgüita

1 1 hu:y

Cáscaras de

(100 %) 348 (100 %)



Tabla 8. Bienes de intercambio registrados en sitios extractivos de la cordillera Occidental. otros instrumentos

(recinto 1) ChiUagua Grande (recintos 1-3)

1

cuenras

z

Nota: las cifras en paréntesis corresponclen a puntas descartadas durante la fabricación (incluidas en el total).

Referencias citadas A N < ; I O I < ACarlos ~ ~ A , 1. 2003. Producción y circulación de objetos dc metal en la quebrada dc Hurnahuaca en momentos prchispánicos tardíos. Tesis doctoral. San Micguel de Tucumán: Universidad Nacional de Tucurnán. A I > P . ~ I ) ( IArjun. I < A I , 1986. The SocialLifr of Things. Cambridge: Carnbridge Univcrsity Press BI:CK,Collcen. 1991. Cross-cutting Rclationships: Thc Relativc Dating of Ancient Roads on thc North Coast of Pcm. En Ancient Roud Networks a?idsettlementhierurchies in the New World, editado por C. Trornhold, pp. 66-79. Cambridge: Carnbridge University I'ress. Ri~i