DOMINGO II DE PASCUA

DOMINGO II DE PASCUA. COMENTARIO A LAS LECTURAS. P. JORGE PETERSON, OCSO. PRIMERA LECTURA: Hch 2,42-47. SEGUNDA LECTURA: 1Pe 1,3-9. EVANGELIO: Jn 20,19-31. En el Evangelio de hoy, los discípulos fueron sorprendidos por la inesperada presencia del Resucitado en medio de ellos.
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DOMINGO II DE PASCUA COMENTARIO A LAS LECTURAS P. JORGE PETERSON, OCSO

PRIMERA LECTURA: Hch 2,42-47 SEGUNDA LECTURA: 1Pe 1,3-9 EVANGELIO: Jn 20,19-31 En el Evangelio de hoy, los discípulos fueron sorprendidos por la inesperada presencia del Resucitado en medio de ellos. Después de regalarles su Paz, Jesús les mostró las llagas de sus manos y de su corazón: estas manos que habían bendecido niños, sanado muchos enfermos, y que finalmente fueron clavadas en la Cruz. Su Corazón abierto

derramó hasta la última gota de su Sangre redentora. S. Bernardo dice: “las heridas, que su cuerpo recibió, nos dejan ver los secretos de su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la entrañable misericordia de nuestro Dios”. Él nos amó; su amor se manifiesta especialmente en la entrega hasta la muerte, y la muerte ignominiosa de la Cruz. Mirar a sus llagas es hundirnos en el océano de su misericordia. Este recuerdo de sus llagas aumenta aún más la alegría de los discípulos cuando sorprendentemente el Resucitado apareció en medio de ellos. Podemos captar algo de la inmensidad de este gozo mirando el contraste de su desánimo y sus miedos. Estaban encerrados por miedo. Con la muerte de Jesús, sus sueños y sus esperanzas se esfumaron. Todo había terminado. No sabían qué hacer. Su presencia viva y el saludo de Paz los llenó de alegría, con la alegría pascual; esta alegría viva en los cristianos a través de los siglos. "La alegría del Señor es nuestra fortaleza." S. Pedro muestra cómo la Resurrección de Jesús reavivó a los cristianos del primer siglo. Les reavivó "para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que les es reservada en el cielo". S. Pedro destaca los frutos de esta esperanza: "Alégrense de ella, aunque de momento tengan que sufrir un poco en pruebas diversas." La fe probada "llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo." Por eso, cantamos repetidas veces el grito de gozo, Aleluya, en este tiempo pascual. Tomás no estaba con ellos cuando vino Jesús. La Resurrección era tan inesperada y tan inimaginable que Tomás no pudo creer el testimonio de los demás. Necesitaba comprobarlo por sí mismo. "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo... y no meto la mano en su costado, no lo creo." Este discípulo se resiste a creer de manera ingenua. Puede enseñarnos el recorrido que muchos tienen que hacer para llegar a la fe en Jesús Resucitado. A los 8 días Jesús se presentó de nuevo. Inmediatamente se dirige a Tomás. No lo criticó, no lo rechazó por sus dudas. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le entiende y viene a su encuentro, mostrándole sus llagas. El Señor se ofrece a satisfacer sus exigencias: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae su mano, aquí tienes mi costado." Estas heridas más que comprobar la identidad de Jesús, son más bien un fuerte signo de su amor entregado hasta la muerte en Cruz. Tomás ya no siente necesidad de pruebas. Sólo experimenta la presencia de su Maestro, que lo ama, lo atrae, y le invita a confiar. El discípulo Tomás hizo un recorrido más largo y laborioso que los otros. Pero también fue más lejos en expresar la hondura de su fe: exclamó: "Señor mío y Dios mío." Muchas veces las dudas sirven para purificar y hondar la fe. Lo importante es un encuentro con Jesús que nos ama, nos atrae y nos invita: "no seas incrédulo, sino creyente." Al final Jesús nos habla a todos nosotros. "Dichosos los que crean sin haber visto." En la segunda lectura, S. Pedro también alaba a los primeros cristianos por lo mismo: "No han visto a Jesucristo, y lo aman; no lo ven, y creen en Él." Esta fe trae un "gozo inefable", trae la salvación. Estos textos, incluyendo los de los Hechos, nos animan en nuestras vidas de seguimiento de Jesús. Nos iluminan para vivir más gozosamente nuestra vida cristiana. Celebremos la "fracción del pan" con unión fraterna e inmensa gratitud.