cosmos kids

inventar una libreta mágica parlanchina para Eliza, donde ella le contaría a la libreta .... Una noche antes de regresar a casa, Alina se acercó a su padre y con cierto tono de tristeza, le dijo que como podía hacer para que nunca olvidara .... Diana: – Le temo a la oscuridad porque en ella habitan monstruos ¡estoy segura!
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COSMOS KIDS

NÚM. 500.1 • 1 DICIEMBRE 2017

• $20

Las bromas de Eliza ¿Alguna vez le has jugado bromas a tus amigos? ¿Crees que son divertidas? Bueno, ahora te contaré la historia de una pequeña niña muuuuuuy traviesa, su nombre es Elizabeth, pero todos la llamaban Eliza, era una niña que no sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal, cada vez que le hacía una mofada a sus amigos no sabía medirse y mucho menos entendía que estaba mal, de hecho, pensaba que era gracioso y que todos se divertían junto con ella, pero no era así. Su madre ya le había explicado las cosas que estaban bien y mal para las demás personas, pero Eliza no lo comprendía, su madre ya estaba cansada de hacerla entender. Una vez su madre pensó en una forma distinta de enseñarle que sus bromas no eran tan divertidas como Eliza pensaba, así que se le ocurrió inventar una libreta mágica parlanchina para Eliza, donde ella le contaría a la libreta todo lo que había hecho en el día. Esa noche antes de dormirse, la libreta le preguntó a Eliza: - Dime, Eliza ¿qué cosas hiciste hoy? Eliza le contó las travesuras que hizo ese día, le contó que provocó a sus compañeros haciendo ruidos molestos, que le había escondido sus útiles y que amarró la bufanda a la mesa a una de sus amigas para que cuando se levantara esta se lastimara y así saciar su diversión, después de que Eliza le contó sus diabluras, la libreta mágica no dejaba de repetir esa noche las bromas que hacía a tal grado que no la dejó dormir. Esto se repitió cada vez que le contaba a la libreta mágica sus travesuras, Eliza optó por ya no contarle nada y guardar la libreta mágica en un cajón donde ya no podía escucharla, pero de alguna u otra forma extraña la libreta lograba hacer molestar a Eliza y no dejarla dormir.

Una noche ya sin aguantar, Eliza le pidió a la libreta que la dejara de molestar, y que le permitiera descansar, ésta respondió.

-Ok, sé que te molesta que no te deje dormir, si quieres que deje de hacerlo, lo haré con una condición, que mañana llegues a contarme tres sucesos amables y bondadosos que hayas hecho, para así dejar de molestarte por las noches. Eliza esa noche tampoco pudo dormir ya que aún no cumplía la condición que la libreta le había propuesto, así que en la mañana Eliza decidió hacer obras buenas para con sus compañeros, al llegar la noche, lo primero que hizo fue sacar la libreta y contarle, lo que hizo. -Libreta mágica, hoy me porté bien, al despertar me bañé y fui a la escuela, me di cuenta que uno de mis compañeros no llevaba desayuno para el recreo, así que decidí convidarle del mío, después en la clase de artística, la maestra no fue y en vez de salirme del salón a molestar a mis compañeros decidí leer un cuento del rincón de lectura, y por último al llegar a mi casa le ayudé a mi mamá a poner la mesa para comer con la familia. La libreta sorprendida de las acciones tan diferentes que tuvo Eliza ese día decidió dejarla dormir, pero al día siguiente Eliza siguió con sus bromas, la libreta era mágica así que Eliza no podía mentirle, esa noche la libreta enojada le preguntó a Eliza lo que había hecho durante el día, Eliza dijo otros quehaceres que no eran ciertas, la libreta muy enojada le dijo que no la dejaría dormir hasta que sus acciones cambiaran por completo. Al día siguiente Eliza reflexionó sobre sus actos, decidió cambiar y ser una niña más agradable, la libreta al ver el cambio de Eliza decidió dejarla dormir por las noches siempre y cuando ella cumpliera la condición que le había propuesto en un principio.

Laura Trejo G.

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SIN ROSTRO El volvió porque alguien dijo su nombre, él no era joven o viejo, feo o bien parecido, ya que no podías saberlo, no tenía rostro. Había pasado toda su vida buscando un rostro perfecto, alguno que le quedara y de ese modo alguien lo amaría. Una noche fría así fue, encontró a un pequeño niño que miraba por una ventana vieja, había cierta melancolía en su mirada, pero eso no detuvo a cara larga para arrancarle el rostro, pensó en un plan para obtener lo que quería, pero ¿cómo lo haría?, pensó en un plan, primero entraría por la ventana, alejaría al niño de sus padres y llevarlo a su guarida, se acercó al niño, más cerca y más cerca.

De un momento de furia le arranco el rostro al niño y se lo puso como trofeo de victoria, siempre dejaba una marca en la cara de la víctima, una pequeña y singular frase “sonríe”. Por eso se dice que cada noche el aparece para encontrar un rostro que usar, así alguien lo amaría.

Marlen Perales Aceves

“LA HABITACIÓN MÁGICA” Todo comenzó cuando alguien dejó abierta la ventana… Era un sábado por la mañana, en el que la pequeña Alina y su familia se alistaban para salir a un maravilloso y esperado paseo por la Ciudad de Salamanca, Guanajuato. La familia Portilla, llevaba esperando éste viaje por más de un año, por lo que todos se encontraban muy entusiasmados y ansiosos por que comenzara la gran aventura.

Alina estaba a punto de terminar de empacar sus maletas ¡No cabía de la emoción! imaginaba todos los paisajes que iba a poder contemplar, así como las diversas actividades que en familia se realizarían. La pequeña por unos minutos se dejó caer en su cómoda camita, hacia angelitos en sus suaves y coquetas cobijas y suspiraba como nunca antes lo había hecho.

-¡Llegó la hora familia!- Gritó en el cubo de las escaleras el papá de Alina. La pequeña niña, de inmediato se puso de pie, cerró sus maletas y se paró en la entrada de su recámara, la contempló con detenimiento y dibujando una gran sonrisa comento -¡Aquí vamos!

La mamá de Alina entró por última vez a todas las recámaras para asegurarse que no se olvidara nada, cuando estaba en el cuarto de la pequeña Ali, se dio cuenta que estaba tirado en el piso “Teddy”, el peluche favorito de su hija, la madre sin dudarlo lo recogió. Sin embargo, no se percató que una cinta de su chamarra se atoró en la ventana, provocando que esta se abriera.

Pasaban los días y la familia disfrutaba cada instante de su viaje, visitaban lugares históricos, comían nieve de pasta, cenaban enchiladas mineras, corrían por el ecoparque, tomaban fotos, etc. Todo en el viaje resultaba extraordinario, sin duda, jamás lo olvidarían.

Una noche antes de regresar a casa, Alina se acercó a su padre y con cierto tono de tristeza, le dijo que como podía hacer para que nunca olvidara cada detalle de la gran aventura que habían vivido, el padre de la pequeña, la tomó entre sus brazos y le dijo que no se preocupara, que todos y cada uno de sus gratos recuerdos permanecerían en su memoria y corazón, solo bastaba con que ella lo deseara.

La pequeña Alina antes e irse a acostar, pidió con todas sus fuerzas a una brillante estrella que nunca permitiera que se le olvidaran los momentos vividos en el viaje. Al otro día por la mañana, la familia se preparó para salir de regreso a casa, pues el viaje ya había terminado.

Después de cuatro horas, llegaron a casa de Alina, todos bajaron del auto y se dispusieron a entrar a casa. Alina, subió de inmediato a su habitación, dispuesta a desempacar, sin embargo, en cuanto abrió su recámara notó que algo había cambiado, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo.

La ventana de su habitación estaba abierta, por la cual corría un aire bastante cálido que agitaba las cortinas de un lado al otro, las paredes parecían tener vida ya que reflejaban, todos los paisajes que la pequeña había podido observar en aquel tan maravilloso viaje.

Alina pensó que todo se trataba de un sueño por lo que cerró los ojos y se dió un pellizco, poco a poco abrió nuevamente sus ojitos y pudo comprobar que había sido un milagro, que no estaba soñando, las paredes de su cuarto mostraban todo lo vivido en aquella acogedora Ciudad de Salamanca. La pequeña Alina no cabía de la felicidad , se acercó a su ventana y como ya empezaba a obscurecer, notó la presencia de aquella brillante estrella a la que había pedido del deseo, no había duda, ésta escuchó sus peticiones.

Alina agradeció a la estrella con una gran sonrisa, ahora estaba segura que siempre recordaría su gran viaje familiar.

d

Cuando la luz se va… Estamos en una sala con todos sus muebles como: sofás, estantes y una mesa de comedor alrededor de la cual se sienta una familia mientras cena. En la mesa se encuentra Diana una niña de 6 años, su padre Juan y su madre Elena. Ellos se encontraban platicando sobre los acontecimientos de su día.

Elena: (Sirviendo más agua a Juan y a Diana) -¿Cómo te ha ido en el colegio, Diana? Te portaste bien, ¿verdad? Diana: (Con el cuchillo y el tenedor en las manos, mientras devora con rapidez su filete) -Sí, en clase de matemáticas hemos aprendido a sumar ¡ya sé sumar!, y en dibujo pinté un retrato de nuestra profesora. Juan: -¡Qué divertido!, seguro que es un dibujo muy bonito, cuando terminemos de cenar nos lo enseñas ¿va? Diana: – ¡Claro que sí papá!

Narrador: (Vemos como la cena transcurre en completa tranquilidad y cómo la familia trabaja junta para encargarse de recoger la mesa. Después de esto van y se sientan en el sillón) Juan: (Con el control en la mano) -¿Hay algún programa que quieran ver esta noche? Diana: (Gritando con gran entusiasmo) – ¡Dibujos animados!

Diana: (Cabizbaja) -Sí, papá Narrador: (Transcurre un pequeño espacio de tiempo y llega el momento de irse a la cama, vemos como entre grandes ruegos Paula se resiste a quedarse a solas en su habitación). Juan:(Con voz firme y decidida) -Vamos Paula, es hora de irse a la cama, sin excusas.

Diana: (Con tristeza en la mirada) – ¡Pero papá! no tengo sueño. Juan: – Hemos hecho un trato, un rato de televisión y a la cama. Vamos a tu cuarto, ya. Narrador: (Mario ayuda a subirse a la cama a Diana, y se queda un rato hablando con ella antes de irse) Juan: (De pie al lado de la cama de Diana) – ¿Dejarás que esta noche apague la luz como si fueras una niña mayor? Diana: (Con los brazos cruzados) – ¡No!, me da miedo que no haya luz ¡puede haber monstruos! Juan: (Besando a Diana en la frente en gesto de despedida) -¡Ay Diana, tienes demasiada imaginación, lo hemos hablado muchas veces! Con la luz apagada hay lo mismo que con la luz encendida, tan solo que nuestros ojos no pueden verlo. No debes de tener miedo, pues papá y mamá estamos en la habitación de al lado y nada malo podría ocurrirte aquí. Diana: -No puedo dormir si está la luz apagada ¡tengo demasiado miedo papá!

Elena: (Aparece junto a la puerta de la habitación) – ¿Ya estamos otra noche con el mismo problema? Juan: -Sí, pero qué le vamos a hacer… buenas noches cielo, descansa. Diana: (Cubriéndose con la manta) – Hasta mañana papá. Narrador: (La habitación de Paula se queda en silencio, con la luz encendida, y poco a poco vemos como la niña se va quedando dormida. Mientras duerme, Diana sueña que se despierta en su habitación, donde le espera una desconcertante visita) Diana: (Aún dormida, y sin estar segura de lo que ve) – ¡Alto! ¿Quién eres tú y que haces aquí? ¡Esta es mi habitación! Sombra: (De rodillas junto a la cama de Paula) – Hola, no te alarmes, soy inofensivo. Estoy buscando a una niña que se llama Diana para entregarle un mensaje. Diana: (Sorprendida) – ¡Soy yo! Sombra: (Tendiendo la mano a Diana en gesto amistoso) – Encantado de conocerte, mi nombre es Rix, soy un espíritu que se encarga de velar por la paz y el sueño de los humanos. Me han llegado noticias de que tú, Diana, le tienes miedo a la oscuridad y me gustaría saber el porqué. Diana: – Le temo a la oscuridad porque en ella habitan monstruos ¡estoy segura! Sombra: (Estallando en grandes carcajadas) – Eres muy divertida, pero me temo que tengo que decirte que tus miedos son infundados, porque en la oscuridad no hay nada. Ni monstruos, ni brujas, ni gnomos. Tan solo espíritus que como yo vagamos noche tras noche por las habitaciones donde duermen los humanos para comprobar que todo está en orden, y nadie sueña pesadillas.

Diana: – ¡Pesadillas, las odio! muchas noches tengo sueños malos… Sombra: – Claro, pues al dormir con la luz encendida impides que yo y mis compañeros podamos hacer nuestro trabajo para acabar con los sueños malvados. Tan solo podemos entrar en las habitaciones que están a oscuras. Diana: – ¿Me prometes que si duermo con la luz apagada nada malo me sucederá?

Sombra: – Prometo pasar cada noche por aquí, y protegerte de cualquier pesadilla. Narrador: (En este mismo instante, mientras la sombra pronunciaba sus últimas palabras, Diana despierta en la vida real, y se levanta, con pasos silenciosos a apagar la luz) Diana: (Metiéndose de nuevo en la cama y en voz baja) – Gracias Max, mañana hablaré con papá y mamá ¡se pondrán muy contentos! -Fin-

Otro lugar, otro tiempo. El día 14 de noviembre estábamos todos juntos, era yo,

mi hermana, mi primo y mi mejor amigo;

no

ves.

Pero

yo

no

me

quería

ir

porque

estaba esperando a que la tormenta llegara al muelle.

nosotros teníamos la costumbre de ir al muelle después de clases, pero no sé, ese día estaba raro porque a lo lejos se veía las tormentas que se acercaban a donde estábamos nosotros. Mientras observábamos a lo lejos, me percate que en el mar se movía algo súper extraño, enseguida vino a mente será un tiburón, un pez gigante o a lo mejor una sirena o tritón; yo estaba esperanzado a que fuera una sirena para llevarle a ese lugar que dicen todos, que es hermoso, pero no sé qué fue lo que se movía tan rápido en el mar. Todos ya se quería ir, solo escuchaba a mi hermana decir ya vámonos que se nos hace tarde, que

Así que, me quede observando hasta que llegara la tormenta cuando estuve ahí ocurrieron cosas

extrañas. Se escuchaban voces angelicales como si estuvieran cantando ángeles, pero a lo lejos del mar

pude observar una sirena, estaba tan emocionado que me quede desmayado, pero lo raro fue que amanecí en mi cuarto, con mi pijama y cobijado. Será que habré tenido solo un sueño. Aún sigo recordando ese momento que jamás olvidare y que siempre me preguntaré.

Isabel Vasquez García

POESIA

El valor ¿Qué te pasa Emiliano? –peguntó el maestro de Emiliano. Maestro, no sé, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Qué puedo hacer para mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren, aunque sea un poquito? – respondió Emiliano. El maestro sin mirarlo, le dijo: Emiliano, discúlpame, por el momento no puedo ayudarte, tengo que resolver mis propios problemas. Después se detuvo un momento y agregó: Si tú me ayudas, yo podría resolver con más facilidad uno de mis problemas, y después tal vez yo te pueda ayudar.

Encantado maestro, titubeó Emiliano, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas. Perfecto afirmó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo Emiliano, dijo: toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta esa última casa. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. Emiliano tomó el anillo y marchó en seguida. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a todos los de la comunidad. Ellos lo miraban con poco interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando Emiliano mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

Entre tanto insistir, un señor le ofreció una moneda de plata y un trozo de cobre, pero Emiliano tenía bien claro de que no tenía que aceptar menos de una moneda de oro así que decidió rechazar la escasa oferta.

Qué importante lo que acabas de decir, joven amigo contestó sonriente el maestro.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el aquel pueblo, sin tener la más mínima esperanza, montó el caballo y regresó.

Antes que nada, debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y ve con el joyero, él mejor que nadie lo sabrá, dile que quieres vender el anillo y pregunta cuánto te da por él, pero sin importar lo que ofrezca, no se lo vendas y regresas aquí con mi anillo.

Cuanto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro, podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Emiliano tomó el caballo y se fue. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y le dijo:

Llegó donde estaba el maestro y le dijo - lo siento, no pude conseguir lo que me pedió. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

Dile al maestro, que, si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 80 monedas de oro por su anillo. Muy sorprendido, Emiliano expresó. -¡80 monedas! -Sí. Contestó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por el anillo cerca de 84 monedas, pero no sé... si le urge al maestro... El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido. Siéntate le dijo el maestro, Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única, y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

Laura Trejo G.

Huéspedes sin invitación

Su corazón latía desbocado.

Estaba seguro que había visto girar el girador de la puerta.

Hay dos clases de personas en este mundo las que creen que hay algo más después de morir y los realistas que solo viven el momento, agradecidos por lo que ven cada día. Anna era una de las realistas, lástima que el destino le tenía algo preparado, su familia se cambió de casa y de cuidad, a un pueblito muy alejado a la realidad que ella tenía, la casa tenia cierto toque natural tal y como decía su mama. Algo en esa casa le llamaba la atención, era tal vez los sonidos que venían del sótano todas las noches o tal vez porque tenía la extraña sensación de que alguien la miraba mientras dormía. Anna se dispuso a revisar el sótano para saber que estaba pasando, la madera y las paredes resonaban, las cosas que había en esa casa eran algo extrañas ya que pertenecían a los antiguos dueños.

Encontró un cofre viejo detrás de unos de los estantes, contenía fotos, recuerdos, pertenencias de personas que jamás había conocido en su vida, las preguntas empezaron a rodar por su cabeza, pero estaba dispuesta a descubrir la razón y el misterio que guardaba la casa, trato de preguntar en el pueblo para conseguir algunas respuestas, paso varios días pero nadie decía o mencionaba algo así que llego a un asilo, una de las ancianas reconoció el cofre y dijo que le pertenecía a su familia, se decía que en esa casa debías dejar un objeto valioso para que así la casa tuviera algo de vida, de recuerdos es de lo que se alimenta. Le recomendó que le dejara algo de valor en el cofre y lo sepultara en el sótano, Anna lo hizo y dejo un collar que le había heredado su bisabuela, así la casa tendrá una persona más en la cual podría recordar.

Marlen Perales Aceves

“CORRIDO A LOS SISMOS” Salieron de su edificio a media noche en pijama

Lo que nadie se esperaba

estaban muertos de frio

es que el día 19

y uno que otro temblaba

se repitiera la historia

Era tal vez por el frio…

pero con potencia doble

O por que el sismo no acababa

esa si fue una tragedia…

Que dejó huella imborrable Se regresaron a casa para volver a dormirse

Los mexicanos se unieron

quedaban algunas horas

ayudando a sus hermanos

antes que sonará su alarma

los jóvenes se destacaron

ya casi no descansaron

por ser fieles voluntarios

estaban muertos de miedo.

y así nuestro México lindo Va pa rriba y mejorando.

Las clases se suspendieron pa revisar las escuelas los niños estaban felices por que armaron su puente pero ya el lunes sin falta… Regresaron a la chamba.

NORMA ANGÉLICA VIGIL RODRÍGUEZ