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Romance de Don Fétido y Doña Goda. Nuria Pérez Mezquita. Editorial: Coordinadora de Actividades Teatrales Arrabal Teatro (Requena), 2008 sobre la autora.
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Romance de Don Fétido y Doña Goda

Presenta: César Salvo Leen: Carmen Cervera y Montse García

jueves 25 de Marzo a las 16h. Salón de Sesiones del Ayuntamiento de Villar del Arzobispo

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ESCUCHAR UN RELATO FICHA TÉCNICA Romance de Don Fétido y Doña Goda Nuria Pérez Mezquita Editorial: Coordinadora de Actividades Teatrales Arrabal Teatro (Requena), 2008

sobre la autora Nuria Pérez Mezquita (Zamora, 1968), es Licenciada en Derecho y dramaturga desde 2003 por pura casualidad, como ella misma dice. Ha publicado hasta la fecha diversos trabajos en prosa: Luna Nueva, Espejo de mi alma, El Club Social, Nísperos en almíbar, Don José o el pecado de la Carne Gil y Pastor de vacas. Es en el teatro donde se siente más cómoda e identificada y tiene estrenadas cinco obras: El último templario de Jérez, Burla del amor burlado, Divaneos (30 monólogos para 10 personajes diferentes), Romance de Don Fétido y Doña Goda (entremés en 3 actos) y Paso a Vaso. Ha recibido los siguientes Premios: Finalista en el XVIII Premio Internacional de Cuentos Max Aub (2033), Primer Premio de Relatos Paraules d'Adriana (2004) y Primer Premio en el X Certamen Internacional de Teatro Breve de Requena, precisamente con la obra que vamos a leer.

sobre su obra Aunque se trata de un entremés escrito con toda la técnica y lenguaje del siglo XVII, la obra está escrita en 2006 y fue Primer Premio del X Certamen Internacional de Teatro Breve de Requena en 2007. Por lo tanto sus personajes son clásicos: el caballero que debe disimular su incontenible aerofagia; la dama que se ve obligada a casarse (como y con quien se lo ofrezca), pues debe darle un padre al hijo que espera y así, debe disimular su embarazo; el criado del caballero, famélico, avispado y ocurrente; la criada de la dama, vieja y sentenciosa. Como también lo es su trama, basada en la norma social imperante en la época barroca: la apariencia, que siempre se traduce en engaño. Así pues, el Romance de Don Fétido y Doña Goda, se articula en tres actos, donde la autora nos expone la realidad del caballero en el primero, rico indiano ya mayor que debe encontrar esposa que le dé un heredero para su inmensa fortuna; la realidad de la señora en el segundo, embarazada por un joven seductor que ha huido, que debe encontrar pronto un marido antes que su embarazo se haga más manifiesto; el desenlace final en el tercero, donde gracias a las argucias del criado y la criada, todo sale bien y acaba en boda... y todos contentos.

sobre el género del entremés Se conoce como entremés (o paso) a una pieza dramática jocosa y de un solo acto, protagonizada por personajes de clases populares, que solía representarse entre la primera y segunda jornada de una obra mayor. Es un género que estuve vigente durante el Siglo de Oro español (ss. XVI-XVII) y hasta finales del XVIII, ya que fue prohibido en 1780 por su "vulgaridad y chabacanería" según los ilustrados. Es un género que practicaron grandes escritores como Calderón de la Barca, Cervantes, Moreto y Quevedo, pero es sin duda Luis Quiñones de Benavente el autor más prolífico del entremés, del cual se conocen cerca de 500. A fines del siglo XIX y principios del XX algunos autores reivindicaron la tradición farsesca del entremés y con el nombre de sainete escriben obras autores como Valle-Inclán, los hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches y, más modernamente, Max Aub y Lauro Olmo. El término procede del catalán y está documentado ya en el siglo XV como una especie de pantomima representada en banquetes cortesanos y, con una acepción gastronómica, como "manjar entre dos platos principales". En sus principios, era una acción no exenta de la principal, a manera de descanso o interludio cómico. El género comienza a definirse con los Pasos de Lope de Rueda en el siglo XVI, pues son definiciones sinónimas. Al principio se escribía indistintamente en prosa o en verso. Agustín de Rojas Villandrando, escribe en su obra El viaje entretenido (1603): Y entre los pasos de veras / mezclados otros de risa / que, porque iban entre medias / de la farsa, los llamaron / entremeses de comedias. Es Sebastián de Horozco, quien escribió el primer entremés exento, pero es Luis Quiñones de Benavente quien configura definitivamente el género. Un entremés tenía una importancia capital en un programa teatral del siglo XVII, de manera que una comedia buena con un mal entremés fracasaba irremediablemente, pero una comedia mala con un buen entremés podía mantenerse en cartel y ser un éxito. Había actores especializados en este género, como Cosme Pérez, más conocido por su sobrenombre de Juan Rana, una auténtica celebridad en su época y para quien escribieron gustosos los ingenios cortesanos no menos de cincuenta piezas, algo así como el Martínez Soria de los 60. El entremés formaba la parte más importante y sustancial del llamado teatro menor, donde se daba también otros géneros como la mojiganga, la loa, la jácara, el entremés bailado… La temática derivaba frecuentemente hacia el costumbrismo con carácter satírico y sus personajes tenían un carácter popular y arquetípico, herederos de la tradición clásica grecorromana, un desfile de tipos sociales populares o representativos de distintos oficios, reflejando de forma realista algunos temas que no podían aparecer en la pieza mayor y porque su lenguaje era mucho más realista y vivo que el de la comedia. Así tenemos los personajes del soldado fanfarrón, el hidalgo (señor) ridículo, el criado gracioso y también la criada (en la obra que nos ocupa los tenemos a los dos), el bobo malicioso y engañado (casi siempre el alcalde), el sacristán (rival del soldado), médicos, boticarios, escribanos, pajes, estudiantes, mesoneros, poetas y ciegos (que aparecían cantando) o malhechores (que utilizaban el lenguaje de germanía); mención aparte para el

personaje del maridos, que ofrecía amplio campo al entremés en sus facetas de cornudo, cartujo, burlado, celoso o embebido en las manías de su mujer. En cuanto a la mujer se daba en dos tipos, la recogida en los ambientes honestos del hogar y la familia y sumisa y bondadosa en un ambiente de valores tradicionales, o la suelta que iba a todas partes, pertenecía a cualquier clase social, que se impone por su sensualidad; y así se dan diferentes tipos: cortesanas, busconas, pedidoras, celestinas, fregonas, beatas, gitanas, hechiceras…

quién presenta la obra César Salvo es Licenciado en Filología Valenciana y en Literatura Española, y un gran aficionado al teatro. Ha sido autor ocasional y fundador de diferentes grupos de teatro en Valencia y en El Villar desde finales de los años 60. En la actualidad es director y actor de la Compañía de Teatro LA COMARCAL y ostenta el cargo de Vice-Presidente de la Federación de Teatro Amateur de la Comunidad Valenciana.

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cómo leer un texto dramático A diferencia de la narrativa, cuyos textos son para ser leídos, o de la lírica cuyos textos son para ser sentidos (leídos hacia dentro), los textos dramáticos están escritos para ser dichos, o mejor expresado, para ser interpretados. Y es ésta la palabra clave: INTERPRETAR, un concepto muy amplio que tiene tres lados o miradas bien diferenciadas. El primero sería el de la óptica o perspectiva global (pero también particular) de la persona que dirige la obra y que es responsable del montaje; la segunda óptica corresponde al actor o actriz que recrea el personaje que le han adjudicado; y el tercero es el que se sitúa al otro lado de la cuarta pared, la visión de conjunto de la obra/montaje por parte del público. Ahora bien, la primera cosa que se ha de tener en cuenta para leer un texto dramático es que éste está escrito en clave de diálogo (a veces también de monólogo), esto es: no se narra ni describe una acción o un hecho sino que tanto la acción como los hechos los dicen los personajes con sus diálogos. Así pues, tras la primera lectura cada lector, en este caso actor/actriz, propone una visión -primero- de su personaje y -luegouna visión de su personaje con respecto de cada uno de los restantes personajes y en el contexto general de la obra. Una vez hecho esto, la persona encargada del montaje, esto es el director, contrapone, amplia o precisa esas visiones con su perspectiva global que se condensa en su idea central del montaje de la obra. En este contraste de visiones se ha de llegar a la caracterización de los personajes y una vez realizado ese contraste de visiones pueden comenzar los ensayos. Para la caracterización de los personajes vamos a tener en cuenta, sobre todo, las acotaciones del autor o autora. Éstas pueden venir expresadas en la primera hoja donde se describe el REPARTO (p.e. en La Rosa del Molino, por hablar de una obra conocida, donde se

detallan las características físicas, edad y el vestuario de los personajes), en los comienzos de cada uno de los actos o escenas y a lo largo del texto; pero también puede darse el caso, y es bastante común, de no tener acotación ninguna (como en el teatro clásico grecorromano y en el barroco español). No obstante, las acotaciones pueden ser explícitas: es el caso de las notas entre paréntesis y en letra cursiva que vemos junto al personaje y antes o dentro de la frase… y pueden estar referidas tanto a cómo decir la frase, tipo (tartamudeando) como con qué gesto acompañarla (haciendo una mueca de dolor); o implícitas que son las expresadas propiamente en las palabras de la frase, tipo "lloro porque me causa dolor tu actitud" donde se entiende que lo ha de decir llorando, o "¡A mí mis valientes!" donde se sobreentiende que lo ha de decir con ardor e ímpetu guerrero. Con la suma de todas ellas y entendiendo el contexto general de la obra es la manera en que han de construirse los personajes. Y así llegamos a lo que se conoce como libreto de dirección, que no es otra cosa que el texto del libro pero lleno de acotaciones del director con los que rellena todos los "olvidos" del autor sobre movimiento, desplazamiento, acción, gesto, pausa, intencionalidad y dicción, entre otros y que también pueden creación propia del directos, esto es, cuando hay una re-escritura de la obra.