50 AFORISMOS DE HIPOCRATES

de Heracles. Según las Quilíadas de Juan Tzetzes, el ahnentafel de. Hipócrates de Cos, llamado el segundo, es: 1. Hipócrates II. «El padre de la medicina». 2.
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Los Aforismos de Hipócrates: Hipócrates de Cos (en griego: Ἱπποκράτης, Cos, c. 460 a. C. - Tesalia c. 370 a. C.) fue un médico de la Antigua Grecia que ejerció durante el llamado siglo de Pericles. Es considerado una de las figuras más destacadas de la historia de la medicina y muchos autores se refieren a él como el «padre de la medicina» en reconocimiento a sus importantes y duraderas contribuciones a esta ciencia como fundador de la escuela que lleva su nombre. Esta escuela intelectual revolucionó la medicina de la Antigua Grecia, estableciéndola como una disciplina separada de otros campos con los cuales se la había asociado tradicionalmente (notablemente la teúrgia y la filosofía), convirtiendo el ejercicio de la medicina en una auténtica profesión. Suelen entremezclarse los descubrimientos médicos de los escritores del Corpus hippocraticum, los practicantes de la medicina hipocrática y las acciones del mismo Hipócrates. Se le atribuye un gran progreso en el estudio sistemático de la medicina clínica, reuniendo el conocimiento médico de escuelas anteriores y prescribiendo prácticas médicas de gran importancia histórica, como el juramento hipocrático y otras obras. Sorano de Éfeso, un ginecólogo griego del siglo II, fue el primer biógrafo de Hipócrates y es la fuente de gran parte de los datos sobre su persona. También se puede encontrar información sobre él en los escritos de Aristóteles, (siglo IV a. C.), en la Suda (siglo X) y en las obras de Juan Tzetzes (siglo XII). Sorano afirma que el padre de Hipócrates se llamaba Heráclides y era médico. Su madre, por su parte, se llamaba Praxítela, hija de Tizane. Hipócrates tuvo dos hijos, Tésalo y Draco, y al menos una hija, puesto que tanto sus hijos varones como su yerno, Polibo, fueron alumnos suyos.

Según Galeno, un médico romano, Polibo fue el auténtico sucesor de Hipócrates, mientras que Tésalo y Draco tuvieron cada uno un hijo a los que llamaron Hipócrates. El mismo biógrafo relata que Hipócrates aprendió medicina de su padre y su abuelo, además de estudiar filosofía y otras materias con Demócrito y Gorgias.15 Probablemente continuara su formación en el Asclepeion de Cos y fuera discípulo del médico tracio Heródico de Selimbria.

La única mención contemporánea que se conserva de Hipócrates proviene del diálogo de Platón Protágoras, en el que el filósofo lo describe como «Hipócrates de Cos, el de los Asclepíadas».

Hipócrates enseñó y practicó la medicina durante toda su vida, viajando al menos a Tesalia, Tracia y el mar de Mármara. Probablemente muriera en Larisa a la edad de 83 o 90 años, aunque según algunas fuentes superó largamente los 100 años. Se conservan diferentes relatos sobre su muerte.

Estos son entre otros sus principales aforismos: 1. Corta es la vida, el camino largo, la ocasión fugaz, falaces las experiencias, el juicio difícil. No basta, además, que el médico se muestre tal en tiempo oportuno, sino que es menester que el enfermo y cuantos lo rodean coadyuven a su obra. 2. La Medicina es el arte de curar las enfermedades por sus contrarios. El arte de curar, el de seguir el camino por el cual cura espontáneamente la Naturaleza. 3. En las disenterías y vómitos espontáneos, si se evacua lo que debe ser expelido, todos estos trastornos podrán ser útiles y poco molestos; pero, si esto no ocurre, serán dañosos. De igual manera, la evacuación de los vasos es útil cuando se practica en términos convenientes, pues, y es muy conveniente tener en cuenta el país, la estación, el tiempo y la naturaleza de las enfermedades, en que pueden convenir o no estas evacuaciones. 4. La robustez extremada es dañosa a quienes hacen ejercicios violentos, como los atletas; pues no pudiendo mejorar ni permanecer estacionarios, es muy fácil que se altere en su perjuicio. Así es conveniente que se disminuya gradualmente el vigor excesivo, para que el cuerpo comience una nutrición nueva. No obstante, precisa no evacuar con exceso; la atenuación debe estar en proporción a la naturaleza y fuerzas del enfermo, pues la excesiva replexión es tan perjudicial como la evacuación extrema. 5. La dieta rigurosa es peligrosa siempre en las enfermedades crónicas y aun cuando está contraindicada en las agudas. Es difícil de soportar un régimen de sobrada tenacidad, como lo es una replexión excesiva.

6. Las faltas cometidas por los enfermos en observancia de lo prescrito, son más perjudiciales cuando el régimen es muy riguroso; porque cualquier exceso en la alimentación es más peligroso, cuando el régimen es muy riguroso que cuando no lo es. Por eso la dieta muy severa y observada por largo tiempo, es nociva aun para los sanos, por las consecuencias dañosas que cualquier exceso puede acarrearles. Por esta razón, es más conveniente un método de alimentación moderado que otro muy riguroso. 7. A enfermedades extremas, remedios heroicos, excelentes y bien administrados. 8. Presentan las enfermedades muy agudas síntomas muy alarmantes, y así en ellas conviene prescribir desde luego la más severa dieta. Mas, cuando la dolencia no presenta este carácter, se puede permitir algún alimento, aumentándose paulatinamente conforme la enfermedad se hace menos intensa. 9. Cuando la enfermedad en su vigor estuviere, es menester usar del régimen más riguroso. 10. Conviene considerar también si la dieta prescrita al enfermo le permite conservar sus fuerzas, hasta que la enfermedad llegue a su desenvolvimiento completo, para que consiga dominarla, o si, por hallarse demasiado débil, sucumbirá antes de esta época. 11. En las enfermedades que adquieren pronto todo su vigor, se debe también prescribir sin pérdida de tiempo un régimen severo; pero en las que llegan más tarde a aquel estado, deberá disminuirse la alimentación, cuando esto suceda o un poco antes; entonces, para que el enfermo conserve todas sus fuerzas, deberá ser más abundante la alimentación del paciente.

12. En las exacerbaciones, conviene quitar el alimento; éstos les serían altamente perjudiciales. Si hay periodicidad en los recargos, se deberá igualmente prohibir todo alimento, al tiempo de su aparición. 13. Las exacerbaciones en cada género de dolencia, la estación del año, la observación comparativa de las agravaciones, ya cotidianas, ya tercianas o de mayores intervalos, sirven para apreciar la marcha futura de la dolencia. Iguales cosas se indicarán por los epifenómenos. Así en la pleuresía, si los esputos se presentan desde el principio, la enfermedad será corta y, si aparecen más tarde, larga y rebelde. Lo mismo puede decirse de las orinas, evacuaciones de vientre y sudores. Indicarán que la enfermedad ha de tener crisis fácil o difícil y si será larga o corta, según se manifiesten. 14. Los viejos llevarán fácilmente la abstinencia; después de ellos siguen los que se hallan en la edad adulta; los adolescentes no pueden tolerarla y mucho menos los niños y, entre ellos principalmente los que son muy vivos. 15. Tienen los que crecen mucho calor innato y así necesitan una alimentación copiosa; de no ser así, se consumirá su cuerpo. Los viejos tienen poco calor; y así los basta con poco para conservarle; demasiada alimentación les extinguiría. Por eso son en ellos las fiebres menos agudas, pues que está frío su cuerpo. 16. En invierno y primavera el sueño es más largo y tienen mayor actividad los órganos de la digestión. Por tanto, en estas épocas, alimentación más abundante. De ello nos presentan ejemplo ciertas enfermedades, los jóvenes y los atletas. 17. Un régimen compuesto de alimentos húmedos y jugosos, conviene a los calenturientos todos y muy particularmente a los adolescentes o personas a él habituadas.

18. Muchas personas necesitan alimentarse una vez al día y nada más; otras dos veces y algunos muchas o pocas veces y aun dividiendo el alimento en porciones pequeñas. Hay que considerar además el hábito, la estación, la edad y el clima. 19. Es la digestión difícil en verano y otoño, muy fácil en invierno y no tanto en primavera. 20. En las enfermedades de acceso periódico, antes de medicinar, hay que suspender el juicio. 21. Durante la crisis, no debe provocarse movimiento, alguno ni con purgas ni otros medicamentos irritantes, sino que se debe dejar obrar a la naturaleza. 22. Lo que conviene evacuar debe ser dirigido por lugar conveniente. 23. Es menester purgar y remover los humores, cuando están cocidos, mas no en estado de crudeza, ni al principio de las enfermedades; a menos que haya urgencia, lo cual ocurre rara vez. 24. No se debe juzgar de las evacuaciones por su cantidad, sino que es preciso atender a si tienen las cualidades necesarias, y si las sobrelleva bien el enfermo. Y si fuera preciso llevarlas hasta el desmayo, hágase, siempre que el paciente pueda soportarlas. 25. En las enfermedades agudas y, sobre todo, al iniciarse, rara vez están indicados los purgantes y, cuando lo están, es con la mayor circunspección y medida. 26 La enfermedad en que el sueño agrava la dolencia es mortal. Lo contrario sucede cuando se alivia. 27. Es bueno el sueño que calma el delirio. 28 Malos son el sueño o el insomnio excesivos.

29. Ni la saciedad, ni el hambre, ni cosa alguna que exceda de lo que la Naturaleza quiera, es bueno. 30. El cansancio y las laxitudes espontáneas y sin motivo, enfermedad denuncian. 31. Si alguno tiene dolor en alguna parte del cuerpo y no lo siente, es señal de que tiene el cerebro perturbado. 32. La extenuación contraída poco a poco, lentamente necesita ser reparada; la que sobreviene en breve tiempo, exige reparación pronta. 33. Si en la convalecencia comen con apetito los enfermos y, sin embargo, sus fuerzas no se reparan, esto claramente indica que toman demasiado alimento; pero, si ocurre esto mismo y no tienen apetito, será necesario purgarles. 34. Conviene hacer fácil y movido aquel cuerpo que se quiera purgar. 35. Cuanto más nutras a los cuerpos impuros, más les dañarás. 36. Es más fácil asimilarse el alimento líquido que el sólido. 37. Las impurezas que quedan en las enfermedades después de las crisis, suelen producir recaídas. 38. La noche que precede a una crisis, es generalmente de exacerbación grave; pero la siguiente suele ser tranquila y buen signo. 39. Todo cambio en la naturaleza de las deyecciones; en los flujos de vientre, es beneficioso, cuando no los empeora.

40. Cuando las fauces están doloridas y el cuerpo aparece cubierto de tumorcillos, conviene examinar las evacuaciones; si fueran biliosas, el padecimiento es del cuerpo todo pero, si son naturales, es bueno y nada peligroso recetar alimentos. 41. No conviene trabajar al hambriento. 42. El tratamiento de algunas enfermedades pone de manifiesto que el tomar de una vez mayor cantidad de alimentos de lo que la Naturaleza tolera, produce alteraciones graves en la salud. 43. Aquellos alimentos que pronto confortan y rápidamente nutren, pronto también son expelidos. 44. No siempre es seguro el pronóstico en las enfermedades agudas, sea de muerte o de sanidad. 45. Quienes tienen laxo el vientre en la juventud, se estriñen conforme avanzan en edad; por el contrario, los estreñidos le tienen suelto en la vejez. 46. El vino quita el hambre. 47. Las enfermedades que proceden de plenitud se curan mediante evacuaciones; las que nacen de evacuación por la replexión; otras se curan asimismo por sus contrarios. 48. En catorce días está hecho el proceso de las enfermedades agudas. 49. El cuarto día es indicador del séptimo; da el octavo principio a la semana siguiente.

Ha de observarse el undécimo, que es el cuarto de este segundo período; asimismo debe atenderse al décimo-séptimo, que es el cuarto de la tercera semana y el siete contando desde el once. 50. Son, por lo general, las cuartanas, de duración corta en el verano y muy largas en el otoño y especialmente cuando se presentan al comenzar el invierno.

Genealogía Las leyendas alrededor de Hipócrates abarcan incluso su genealogía, que le hace descendiente por herencia paterna directamente del dios Asclepio y por vía materna de Heracles. Según las Quilíadas de Juan Tzetzes, el ahnentafel de Hipócrates de Cos, llamado el segundo, es: 1. Hipócrates II. «El padre de la medicina». 2. Heráclides. 3. Hipócrates I. 4. Gnosídico. 5. Nebre. 6. Techado III. 7. Teodoro II. 8. Techado II. 9. Teodoro. 10. Cleomitades. 11. Crisamis. 12. Dárdano. 13. Sostato. 14. Hipoloco. 15. Podalirio. 16. Asclepio.

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Una xilografía representado la cura de un hombro dislocado con un dispositivo descrito por Hipócrates. • • • • • •

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